CONFIANDO EN DIOS ANTE UN FUTURO INCIERTO (Parte II)
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INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
En la semana pasada iniciamos este tema compartiendo sobre las 3 íes que nos invitan a confiar en Dios ante un futuro incierto:
Ignorancia
Impotencia
incertidumbre
Los discípulos experimentaron estos estados de ánimo ante la afirmación de Cristo de que les dejaría, y ellos no podrían acompañarlos. Ellos habían dejado todo para estar con el Maestro; estuvieron más de tres años acompañándolo; convivir con Jesús les había cambiado la vida; ellos priorizaron su llamado por encima de su familia, entre otras cosas más, y ahora… ¡el Maestro dice que se va!
El Señor les consuela ministrando su corazón; y de eso hablaremos hoy, en esta segunda parte de este tema “Confiando en Dios ante un futuro incierto” (parte II).
ANTE UN FUTURO INCIERTO, CRISTO NOS INSTRUYE A ENFRENTAR LA ANGUSTIA (TURBACIÓN DE CORAZÓN) (VER V. 1A)
ANTE UN FUTURO INCIERTO, CRISTO NOS INSTRUYE A ENFRENTAR LA ANGUSTIA (TURBACIÓN DE CORAZÓN) (VER V. 1A)
Las malas noticias, nos turban; la falta de dinero, nos turban; los conflictos, en especial con los seres queridos, nos turban; el mucho trabajo, nos turba; el no tener trabajo, nos turba; la impotencia, nos turba; la incomprensión, nos turba; y la lista podría ser interminable.
En la Biblia encontramos también personas que se turbaron:
Herodes se turbó ante la noticia de los Magos de que el Rey de los judíos había nacido (Mt. 2:3)
Los discípulos al ver a Jesús caminar por el mar, se turbaron. (Mt. 14:16)
Zacarías (el padre de Juan el Bautista), al ver al ángel mientras realizaba su ministerio sacerdotal, se turbó (Lc. 1:12)
Los corazones de los discípulos estaban llenos de una mezcla de emociones. Estaban tristes debido a la nada alentadora perspectiva de la partida de Cristo; avergonzados debido al egoísmo y al orgullo que habían evidenciado; perplejos debido a la predicción de que uno de entre ellos traicionaría al Maestro, que otro lo negaría y que todos quedarían confundidos a causa de él; y finalmente, vacilantes en la fe, pensando probablemente: “¿Cómo puede ser el Mesías alguien que va a ser traicionado?” Sin embargo, al mismo tiempo, aman a su Maestro. Esperan contra toda esperanza. Todo esto se da a entender en las palabras, “No se turben más vuestros corazones”.[1]
La turbación o angustia es algo natural que nos puede acompañar toda nuestra vida; será parte de nosotros siempre; es un estado de sobresalto que experimentamos antes situaciones inesperadas.
Pero hoy el Señor nos invita a que enfrentemos la turbación o angustia que provocaría mirar el futuro incierto que está por delante.
La turbación o angustia es peligrosa. A continuación, les comparto algunos peligros de la turbación o angustia:
Trastornos de ansiedad generalizada (TAG): La angustia constante puede derivar en un estado permanente de alerta, preocupación excesiva y agotamiento emocional.
Depresión: La angustia prolongada puede llevar a sentimientos de desesperanza, baja autoestima y anhedonia (incapacidad de disfrutar).
Problemas psicosomáticos: Dolores musculares, gastritis, migrañas, insomnio, entre otros síntomas físicos, pueden originarse o agravarse por estados de turbación emocional.
Alteraciones en las relaciones interpersonales: Una persona turbada puede volverse irritable, retraída o desconfiada, afectando sus vínculos familiares, sociales y laborales.
Bloqueo cognitivo y toma de malas decisiones: La angustia entorpece la claridad mental, lo que puede llevar a decisiones impulsivas, evitación o parálisis emocional.
Fuga hacia adicciones: En un intento de calmar su angustia, algunas personas recurren al alcohol, drogas, consumo compulsivo o uso excesivo de tecnología.
27 »La paz les dejo, Mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo.
La paz del Señor es la píldora que necesitamos ante el estado de turbación y angustia que podríamos experimentar en nuestras vidas.
La paz que nos sana de la turbación o angustia no es una paz que se experimenta como el mundo la da: en ambientes de quietud, en la meditación y concentración, en las técnicas de relajación, entre otras cosas. La paz que sana la turbación o angustia viene de Cristo; viene de la relación con él; viene directamente de dentro de él.
Pero ¿Cómo podemos obtener esa paz que sana la turbación o angustia? La Biblia nos da esa respuesta:
6 Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús.
La oración es el lugar diseñado por Dios para que el creyente reciba la paz que cura la turbación o angustia que produce observar el futuro incierto.
No se turbe tu corazón ante la realidad de los temas de actualidad: la economía, el panorama político, las agendas anticristianas que buscar eliminar a Dios, las catástrofes naturales, el aumento de la delincuencia y la maldad, etc.
No se turbe tu corazón ante el pesimismo de otras personas que quieren que experimentes el mismo nivel de ansiedad y desesperanza que ellos tienen.
No se turbe tu corazón ante el posible silencio de Dios en medio de la realidad en la que pudieras estar pasando.
No se turbe tu corazón ante la densa oscuridad que vives ahora, confía en Dios, que el hará.
Ante todo esto, confía en Dios y su paz te acompañará.
“La persona que alimenta su corazón con la historia de lo que Dios ha hecho en el pasado no se angustiará nunca por el futuro.” Autor: William Barclay
ANTE UN FUTURO INCIERTO, CRISTO NOS INSTRUYE A CREER EN ÉL (VER V. 1B)
ANTE UN FUTURO INCIERTO, CRISTO NOS INSTRUYE A CREER EN ÉL (VER V. 1B)
¿A qué se refiere la Biblia con creer? Y ¿Cómo espera Dios que sea esta creencia?
¿A qué se refiere la Biblia con creer? Y ¿Cómo espera Dios que sea esta creencia?
Respondiendo a la primera pregunta, hay algunas puntualizaciones que nos permitirán entender el concepto bíblico de este término.
Creer viene del gr. πιστεύω (pisteuō): considerar cierto, creer, con la implicación de confianza; 2. confiar, fe, creer hasta el punto de confiar totalmente; 3. tener la fe cristiana, hacerse creyente del Evangelio; 4. confiar, poner algo bajo el cuidado de otro.[2]
Creer, también ser persuadido de, y por ello fiarse de, confiar. Significa, en este sentido de la palabra, apoyarse en, no una mera creencia.
De los escritores de los Evangelios,
Mateo usa el verbo en diez ocasiones
Marcos diez
Lucas nueve
Juan noventa y nueve.
Serían unas 128 veces solo en los evangelios.
Por tanto, creer es depositar toda nuestra fe y confianza en Jesús; es apoyarnos en Él de tal manera que nos sostengamos aferrados a ÉL; es fiarle o confiarle nuestras vidas, nuestro destino, nuestro futuro.
Y nuestra segunda pregunta ¿Qué expectativas tiene Dios sobre cómo debería ser este creer en Él?
Nuestro creer en el Señor debe de ser una respuesta de obediencia (v. 1b)
Nuestro creer en el Señor debe de ser una respuesta de obediencia (v. 1b)
En nuestro versículo esta palabra está en imperativo, o sea que es un mandato que se espera que obedezcamos.
Aunque en la RV60 se traduce “creéis en Dios, creed también en mí.”, una mejor traducción sería “creed en DIOS, creed también en Mí.” BTX4 | “crean en Dios, crean también en Mí”[3] NBLA.
Nuestro creer en el Señor debe de llevarnos a obrar en consonancia a lo que creemos, como lo hizo Abraham:
Nuestro creer en el Señor debe de llevarnos a obrar en consonancia a lo que creemos, como lo hizo Abraham:
3 Porque ¿qué dice la Escritura? «Y creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia».
Nuestro creer en el Señor debe llevarnos a una unidad verdadera con los demás creyentes.
Nuestro creer en el Señor debe llevarnos a una unidad verdadera con los demás creyentes.
32 La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma. Ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común.
Nuestro creer en el Señor no debe de avergonzarnos.
Nuestro creer en el Señor no debe de avergonzarnos.
16 Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego.
Nuestro creer en el Señor debe de ser para la salvación de nuestras almas.
Nuestro creer en el Señor debe de ser para la salvación de nuestras almas.
16 »Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17 »Porque Dios no envió a Su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. 18 »El que cree en Él no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
Creer en el Señor nos garantiza que nuestras vidas están seguras en Él y que no debemos temer al futuro porque nuestros nombres están inscritos en el libro de la vida.
El Señor nuestro Dios, que nos ordena creer, también nos da la capacidad para creer.
Charles Spurgeon
ANTE UN FUTURO INCIERTO, CRISTO NOS INSTRUYE A ESPERAR EN SU PROMESA DE QUE PRONTO ESTAREMOS JUNTOS (VER V. 2-3)
ANTE UN FUTURO INCIERTO, CRISTO NOS INSTRUYE A ESPERAR EN SU PROMESA DE QUE PRONTO ESTAREMOS JUNTOS (VER V. 2-3)
Imagina una madre que espera con ansias el regreso de su hijo que está en el extranjero. Cada día mira hacia la puerta, anhelando ese momento de reencuentro. Así como ella, nosotros vivimos en la esperanza de encontrarnos con el Señor. En Romanos 8:18 se nos recuerda que los sufrimientos actuales no se comparan con la gloria que se revelará en nosotros. Esa promesa nos llena de gozo.
18 Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada.
La gran esperanza de todo creyente es que un día estaremos juntos al Señor. En este sentido, el texto nos muestra tres verdades que alentarán nuestros corazones ante un futuro incierto.
La primera verdad que el Señor nos enseña es que existe un lugar fuera de este mundo donde está el Padre Celestial. (v. 2a)
La primera verdad que el Señor nos enseña es que existe un lugar fuera de este mundo donde está el Padre Celestial. (v. 2a)
Este lugar es propiedad del Padre (“casa de mi Padre”).
Este lugar es un lugar familiar (“casa”).
Este lugar es un lugar espacioso (“muchas moradas”).
1 Porque sabemos que si la tienda terrenal que es nuestra morada, es destruida, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos, eterna en los cielos.
La segunda verdad que el Señor nos enseña es que Él fue a preparar un lugar para nosotros. (v. 2b)
La segunda verdad que el Señor nos enseña es que Él fue a preparar un lugar para nosotros. (v. 2b)
Siempre los preparativos se realizan antes de la llegada de los invitados; nunca cuando los invitados están presentes.
Nuestro Señor se fue para preparar todo para nosotros; para el día en el que estaremos juntos con Él.
Él se adelantó para que todo esté listo en la casa celestial.
Aunque para los discípulos de entonces, se les hacía difícil entender esto, pronto el Espíritu Santo les ayudó y con ansias, esperaban su reunión con el Señor.
La tercera verdad que el Señor nos enseña es que Él regresará por nosotros. (v. 3)
La tercera verdad que el Señor nos enseña es que Él regresará por nosotros. (v. 3)
Su partida para preparar nuestro lugar era inminente (“porque me voy a preparar lugar”, v. 2c).
Su regreso será cuando termine (“vendré otra vez”).
Él vendrá personalmente por nosotros (“los tomaré donde yo voy”).
Estaremos juntos con el Señor (“para que donde yo esté, allí estén ustedes también”).
15 Por lo cual les decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. 17 Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. 18 Por tanto, confórtense unos a otros con estas palabras.
APLICACIONES Y CONCLUSIONES
APLICACIONES Y CONCLUSIONES
Cristo es la garantía que tenemos para vencer toda turbación y angustia ante un futuro incierto y desalentador; su paz es la píldora que nos sana y la oración, la farmacia donde conseguirla.
Aferrémonos a Cristo y sostengámonos con todas nuestras fuerzas en medio de las turbulencias que enfrentaremos ante las incertidumbres del futuro.
Esperemos expectante la promesa de que pronto Cristo vendrá por nosotros y que lo presente será momentáneo en comparación con lo eterno y hermoso que el prepara para nosotros, lo que creemos.
8 Es mejor refugiarse en el Señor Que confiar en el hombre.
Si te sientes ansioso sobre el futuro, dedica tiempo cada mañana a orar y entregar tus preocupaciones a Dios. Lee Juan 14:1-13, y anota las promesas de Jesús sobre su presencia y providencia. Haz un espacio en tu hogar donde puedas meditar y reflexionar sobre cómo puedes confiar en Él. Considera escribir tus preocupaciones en una hoja y luego quemarla como símbolo de entrega, así como recordar que tienes un lugar preparado en Él.
[1] Hendriksen, William. 1981. Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Juan. Grand Rapids, MI: Libros Desafío.
[2] Swanson, James. 1997. En Diccionario de idiomas bı́blicos: Griego (Nuevo testamento), Edición electrónica. Bellingham, WA: Logos Bible Software.
1 O creen.
[3] Nueva Biblia de las Américas. 2005. La Habra: The Lockman Foundation.
