EL Libro del PActo

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Manuscrito para Predicación: El Libro del Pacto

Introducción Hermanos, hoy nos reunimos para escuchar la voz de Dios a través de Su Palabra en Éxodo 20:22–24:8 , donde encontramos el “Libro del Pacto”. Después de dar los Diez Mandamientos, Dios entrega a Israel un conjunto de leyes que reflejan Su carácter justo y santo, diseñadas para proteger la vida, la propiedad y la relación especial del pueblo con Él.
Al aceptar este pacto, Israel se comprometió a obedecer a Dios, entrando en una relación única como Su pueblo escogido.
Nuestro tema central es que Dios nos llama a vivir en obediencia a Su Palabra, confiando en Su justicia, sabiduría y fidelidad para guiarnos como Su pueblo especial. Hoy, como cristianos, vivimos bajo el nuevo pacto en Cristo, pero estas verdades siguen siendo relevantes. Preguntémonos: ¿Estamos viviendo de acuerdo con el pacto de Dios, permitiendo que Su Palabra y Su Espíritu guíen nuestras vidas?
Abramos nuestros corazones y dejemos que el Espíritu Santo nos hable mientras exploramos cuatro verdades clave:
Dios es invisible y debemos escuchar Su Palabra, Dios es justo y debemos obedecer Sus leyes, Dios es sabio y debemos seguir Su dirección, y Dios es fiel y debemos confiar en Su pacto.

I. Dios es Invisible: Escucha Su Palabra (Éxodo 20:22–26)

Hermanos, la primera verdad que vemos es que Dios es invisible, y por eso debemos escuchar Su Palabra. En Éxodo 20:22–26, leemos: «Y Jehová dijo a Moisés: Así dirás a los hijos de Israe l: Vosotros habéis visto que he hablado con vosotros desde los cielos. No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis. Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas; en todo lugar donde yo hiciere que se recuerde mi nombre, vendré a ti y te bendeciré. Y si me hicieres altar de piedras, no las labres con herramienta, porque si alzares herramienta sobre ellas, las profanarás. No subirás por gradas a mi altar, para que tu desnudez no sea descubierta sobre él.»
En el Sinaí, Israel vio la gloria de Dios y escuchó Su voz, pero no vio Su forma. Deuteronomio 4:15 nos dice: «Guardad, pues, mucho vuestras almas; pues ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros en Horeb de en medio del fuego.»
Esto fue intencional. Dios no se reveló en forma física para evitar que Israel convirtiera al Dios vivo en un ídolo muerto. Como dice Isaías 40:18: «¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis?»
Israel debía ser un pueblo de la Palabra, dependiendo de escuchar, creer y obedecer la voz de Dios, no de imágenes visibles como las naciones paganas que adoraban ídolos hechos por manos humanas. Dios prohibió altares elaborados, diciendo que un simple altar de tierra o piedras sin tallar era suficiente. ¿Por qué? Porque la atención debía estar en Él, no en la obra humana. También prohibió prácticas paganas como la desnudez en el culto, ordenando a los sacerdotes cubrirse adecuadamente, como leemos en Éxodo 28:42–43 : «Y les harás calzoncillos de lino para que cubran su desnudez desde los lomos hasta los muslos. Y estarán sobre Aarón y sobre sus hijos cuando entren en el tabernáculo de reunión, o cuando se acerquen al altar para servir en el santuario, para que no lleven pecado y mueran.»
Tristemente, Israel desobedeció rápidamente, haciendo un becerro de oro mientras Moisés estaba en el monte, lo que llevó a la muerte de 3,000 hombres (Éx. 32:1–6, 25–29 ).
Hermanos, la idolatría no es solo adorar estatuas; es poner cualquier cosa—dinero, éxito, personas—en el lugar de Dios. 1 Juan 5:21 nos advierte: «Hijitos, guardaos de los ídolos.»
Aplicación: Nuestra adoración debe ser espiritual, centrada en la Palabra de Dios. Preguntémonos: ¿Estamos adorando a Dios en espíritu y verdad, o hay “ídolos” que ocupan Su lugar en nuestras vidas?
Transición: Escuchar la Palabra de Dios nos lleva a vivir bajo Su justicia.

II. Dios es Justo: Obedece Sus Leyes (Éxodo 21:1–23:19)

La segunda verdad es que Dios es justo, y debemos obedecer Sus leyes. Las leyes del “Libro del Pacto” protegen la vida y la propiedad, reflejando la justicia de Dios. Salmos 33:5 declara: «El ama la justicia y el derecho; de la misericordia de Jehová está llena la tierra.» Aunque las leyes no cambian la naturaleza humana, promueven orden y evitan la anarquía, como en los tiempos de los jueces, cuando Jueces 17:6 dice: «En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía.»
Veamos algunas leyes clave:
Leyes sobre siervos (Éx. 21:1–11 )En Éxodo 21:2–6, leemos:«Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; mas al séptimo saldrá libre de balde. Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, saldrá con él su mujer. Si su amo le hubiere dado mujer, y ella le diere hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo. Mas si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre; entonces su amo lo llevará ante los jueces, y lo hará acercarse a la puerta o al poste, y le horadará la oreja con lesna; y será su siervo para siempre.»
Los judíos no podían esclavizar a su propio pueblo. Un siervo por deuda debía ser liberado tras seis años, tratado con humanidad (Lev. 25:39–43). Las mujeres siervas tenían derechos, como ser tratadas como hijas si se casaban con el amo o su hijo (Éx. 21:8–11).
2. Delitos capitales (Éx. 21:12–17 )Éxodo 21:12–14 dice:«El que hiriere a alguno, de modo que muera, él morirá. Mas el que no armó asechanzas, sino que Dios lo puso en sus manos, entonces yo te señalaré lugar al cual ha de huir. Pero si alguno se ensoberbeciere contra su prójimo y lo matare con alevosía, de mi altar lo quitarás para que muera.»
El asesinato premeditado era castigado con la muerte, pues atenta contra la imagen de Dios (Gen. 9:6: «El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre»).
Se distinguía entre asesinato y homicidio accidental, con ciudades de refugio para proteger al acusado (Núm. 35:30–31).
Maltratar o maldecir a los padres también era grave (Éx. 21:15, 17: «El que hiriere a su padre o a su madre, morirá. Y el que maldijere a su padre o a su madre, morirá»).
3.Lesiones personales (Éx. 21:18–32)Éxodo 21:18–19 establece:«Si riñeren dos hombres, y uno hiriere a otro con piedra o con el puño, y no muriere, pero quedare postrado en cama, si se levantare y anduviere fuera sobre su bordón, el que le hirió será absuelto; solamente pagará por el tiempo que estuvo sin trabajar, y hará que le curen.»
Las peleas que causaban lesiones requerían compensación. Herir a una mujer embarazada exigía multas o, si había daño grave, la ley del talión: “Ojo por ojo” (Éx. 21:22–25: «Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, será penado conforme a lo que le impusiere el marido de la mujer y pagará según los jueces. Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe»). Esta ley aseguraba justicia proporcional (Mat. 5:38–44).
4. Daños a la propiedad (Éx. 21:33–22:15)Éxodo 22:1 dice:«Si alguno robare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas.»
Negligencia que causara la muerte de un animal requería compensación (Éx. 21:33–34). Robar animales exigía restitución hasta cinco veces (Éx. 22:1–4). Los dueños debían vigilar sus animales y campos (Éx. 22:5–6).
5. Leyes misceláneas (Éx. 22:16–23:19)
Prohibían prácticas paganas como la hechicería (: ) y la idolatría (: ). Éx. 22:18 «A la hechicera no dejarás que viva»Éx. 22:20«El que ofreciere sacrificio a dioses, excepto solo a Jehová, será muerto»
Exigían compasión hacia extranjeros, viudas y huérfanos (: ; : ). Éx. 22:21–22 «Y no afligirás a la viuda ni al huérfano. Si tú llegas a afligirle, y él clamare a mí, ciertamente oiré yo su clamor»Sal. 68:5«Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada»
Promovían justicia imparcial (: ). Éx. 23:6–7«No pervertirás el derecho de tu mendigo en su pleito. De palabra de ment ira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificaré al malvado»
Ordenaban celebrar las fiestas de Pascua, Pentecostés y Tabernáculos ().Éx. 23:14–17
Aplicación: La justicia de Dios nos llama a tratar a otros con equidad y compasión. Como cristianos, debemos practicar el perdón personal, pero apoyar la justicia en la sociedad (Mat. 5:17–20: «No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir»; 1 Cor. 6:1–8). Pregunta: ¿Estás viviendo justamente, cuidando a los necesitados y honrando a Dios con tus acciones?
Transición: La justicia de Dios se complementa con Su sabiduría, que guía a Su pueblo.

III. Dios es Sabio: Sigue Su Dirección (Éxodo 23:20–33)

La tercera verdad es que Dios es sabio, y debemos seguir Su dirección. En Éxodo 23:20–23, Dios promete: «He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él. Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren. Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, y yo los destruiré.»
Este Ángel, probablemente Cristo, el Ángel del Pacto (Éx. 14:19), tenía autoridad para perdonar pecados y llevar el nombre de Dios. Si Israel obedecía, Dios prometía provisión y victoria. Dios también advirtió contra la idolatría: «No te inclinarás a sus dioses, ni los servirás, ni harás como ellos hacen; antes los destruirás del todo, y quebrarás totalmente sus estatuas» (Éx. 23:24). La obediencia traería bendiciones: protección, victoria y control gradual de la tierra (Éx. 23:27–31). Deuteronomio 7:20 menciona el “avispón” que debilitaría a los enemigos: «Y también enviará Jehová tu Dios avispas sobre ellos, hasta que perezcan los que quedaren, y los que se hubieren escondido de delante de ti.»
Aplicación: Como cristianos, Jesús nos guía hacia nuestra herencia eterna (Jn. 14:1–6: «No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros»). Debemos rechazar los “ídolos” modernos y seguir la dirección sabia de Dios a través de Su Palabra y Espíritu. Pregunta: ¿Estás siguiendo la guía de Dios, o te estás desviando hacia los “ídolos” del mundo?
Transición: La sabiduría de Dios nos lleva a confiar en Su fidelidad para cumplir Su pacto.

IV. Dios es Fiel: Confía en Su Pacto (Éxodo 24:1–8)

La cuarta verdad es que Dios es fiel, y debemos confiar en Su pacto. En Éxodo 24:3–8, leemos: «Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todas las leyes; y todo el pueblo respondió a una voz, y dijo: Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho. Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de mañana edificó un altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel. Y envió jóvenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como ofrendas de paz a Jehová. Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y la puso en tazones, y la otra mitad de la sangre roció sobre el altar. Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todo lo que Jehová ha dicho, y obedeceremos. Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros respecto a todas estas cosas.»
Moisés compartió las leyes, el pueblo prometió obedecer, y el pacto fue sellado con sangre, rociada sobre el altar, el libro y el pueblo (Heb. 9:19–20: «Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado»). Este pacto cumplía la promesa de Éxodo 6:6–8: «Por tanto, dirás a los hijos de Israel: Yo soy Jehová; y yo os sacaré de debajo de las cargas de los egipcios, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes; y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo de las cargas de los egipcios. Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad. Yo Jehová.»
Aplicación: Hoy, vivimos bajo el nuevo pacto sellado con la sangre de Cristo (Heb. 10:16–18: «Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades»). La fidelidad de Dios nos asegura Su presencia, pero debemos responder con obediencia. Pregunta: ¿Estás confiando en la fidelidad de Dios y viviendo en obediencia a Su nuevo pacto?

Conclusión

Hermanos, el “Libro del Pacto” nos revela a un Dios invisible que habla, justo que ordena, sabio que guía y fiel que cumple Sus promesas. Nos llama a escuchar Su Palabra, obedecer Sus leyes, seguir Su dirección y confiar en Su pacto. Como cristianos, somos parte del nuevo pacto en Cristo, y debemos reflejar Su carácter en todo lo que hacemos.
Llamado a la acción:
Escucha la voz de Dios en Su Palabra, evitando los “ídolos” modernos.
Vive justamente, mostrando compasión y equidad en tus relaciones.
Sigue la guía sabia de Dios y confía en Su fidelidad para cumplir Sus promesas.
Oración final: Señor, gracias por Tu Palabra que nos guía, Tu justicia que nos protege, Tu sabiduría que nos dirige y Tu fidelidad que nos sostiene. Ayúdanos a vivir como Tu pueblo del pacto, reflejando Tu amor y santidad en el mundo. En el nombre de Jesús, amén.
Cita inspiradora: “Dios no solo nos da leyes para obedecer, sino un pacto para confiar, una guía para seguir y una promesa para abrazar. ¿Estás viviendo plenamente en Su pacto?”
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