Escogiendo la mejor parte
Tiempo Común 2025 • Sermon • Submitted • Presented
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1 Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminó, dijo uno de sus discípulos: —Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos. 2 Él les dijo: —Cuando oren, digan: »“Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. 3 Danos cada día nuestro pan cotidiano. 4 Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden. Y no nos dejes caer en tentación”. 5 »Supongamos —continuó— que uno de ustedes tiene un amigo y a medianoche va y le dice: “Amigo, préstame tres panes, 6 pues se me ha presentado un amigo recién llegado de viaje y no tengo nada que ofrecerle”. 7 Y el que está adentro le contesta: “No me molestes. Ya está cerrada la puerta y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme a darte nada”. 8 Les digo que, aunque no se levante a darle pan por ser amigo suyo, sí se levantará por su impertinencia y le dará cuanto necesite. 9 »Así que yo digo: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. 10 Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra y al que llama, se le abre. 11 »¿Quién de ustedes que sea padre, si su hijo pide un pescado, le dará en cambio una serpiente? 12 ¿O si pide un huevo, le dará un escorpión? 13 Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!
Introducción
Introducción
Una de las artes de la vida consiste en aplicar el aprendizaje que ella nos brinda en el momento apropiado. A eso le llamamos sabiduría. El evangelio nos presenta la vida del discipulado como un camino en el que los discípulos aprenden de y con Jesús.
Hoy el leccionario nos invita a continuar con la lectura del evangelio de Lucas, pasando del capítulo 10 al capítulo 11. Como lectores, podríamos imaginar una secuencia lineal de los hechos; sin embargo, el relato introduce un “tiempo X” entre el suceso en la casa de Marta y María y la escena de Jesús orando, seguido por la petición de un discípulo: “Señor, enséñanos a orar”.
No obstante, a pesar de ese tiempo “X”, los relatos parecen estar perfectamente ubicados como piezas de un rompecabezas que nos conducen de un momento a otro bajo el mismo pensamiento. Podemos pensar que ese intervalo representa la reflexión o interiorización de la enseñanza para su puesta en práctica.
En ese sentido, la transición del capítulo 10 al 11 recuerda al lector la razón de ser cristianos, es decir, el triple ministerio del creyente: representar a Dios, ser prójimo y sentarse a los pies de Jesús, en otras palabras, llevar una vida de adoración.
El capítulo 10 concluye con el llamado de atención de Jesús a Marta, y con la frase: «María ha escogido la mejor parte y nadie se la quitará». Esta pieza del rompecabezas se ajusta perfectamente a la acción con la que comienza el capítulo 11: «Un día estaba Jesús orando en cierto lugar».
Si bien el domingo pasado afirmamos que el servicio es importante y se presenta como un lenguaje del amor, hoy comprendemos que debe estar fundamentado en la experiencia de fe: estar a los pies de Jesús. La lectura de hoy nos lleva a pensar que Jesús también escogió la mejor parte.
Jesús es presentado en los evangelios como el gran orante, una persona excepcional que pasa tiempo en la presencia de Dios para comprender el enigma de la persona humana. Su ministerio se fundamenta en su experiencia con el Padre: cada encuentro con Dios era un momento preciso para discernir el camino, llenarse de amor y enfrentar los sistemas religiosos y sociales, defendiendo la dignidad humana.
El testimonio de Jesús —su elección de la mejor parte, el encuentro con Dios— repercute en la vida de su comunidad. Por eso, uno de sus discípulos le pide que les enseñe a orar. Escoger la mejor parte ya estaba inquietando la mente y el corazón de sus seguidores.
Sin duda, Jesús dejará su enseñanza, y Lucas la sintetiza en esta perícopa. No entraremos a analizar en detalle las diferencias entre la versión lucana y la mateana —que ciertamente existen—, sino que extraeremos algunas luces importantes sobre el concepto de oración y, por tanto, de comunión con Dios.
1. El modelo de la oración
1. El modelo de la oración
Podemos afirmar que la versión del Padrenuestro en Lucas está diseñada para una audiencia griega, mientras que la de Mateo tiene un enfoque judío. Por ello, encontramos aquí una forma aparentemente más sencilla o resumida, pero profundamente condensada en cuanto a su mensaje sobre los efectos de la oración.
Orar no era una práctica novedosa para los discípulos. La cultura judía es una cultura profundamente orante. Lo que este discípulo pide no es una clase básica de oración, sino una forma efectiva de orar, es decir, una forma de vivir en comunión con Dios, como quien ha elegido la mejor parte.
El modelo de oración que Jesús presenta entrelaza la relación del ser humano con Dios y con el prójimo. En ese sentido, da respuesta a la pregunta sobre el prójimo mientras reconoce la soberanía de Dios:
Padre, santificado sea tu nombre.
Venga tu reino.
Danos cada día nuestro pan cotidiano.
Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden.
Y no nos dejes caer en tentación.
La oración comienza con el reconocimiento de Dios y continúa con una mirada integral a la realidad humana: el alimento, el perdón, la reconciliación, la convivencia. Jesús sitúa la oración como un ejercicio de fe encarnada, como una vivencia que transforma la existencia.
Escoger la mejor parte no se limita a cumplir un precepto religioso, sino a hacer de nuestra vida una oración constante.
2. La oración y el ser prójimo
2. La oración y el ser prójimo
Jesús refuerza su enseñanza con una situación práctica. Presenta, de un lado, a un amigo que llega a medianoche pidiendo pan para atender a un huésped inesperado; y del otro, al dueño de casa que, aunque reacio, finalmente ayuda.
Desde esta perspectiva, Jesús nos recuerda que somos llamados a ser prójimos. La vida de oración no es solo súplica, sino vida compartida, compasiva. ¿Cómo reaccionamos nosotros cuando alguien nos necesita?
Jesús confía en que atenderemos al otro, sea por insistencia o por amistad. Y si nosotros, en nuestra humanidad, sabemos responder al prójimo, ¡cuánto más responderá Dios!
Orar es un acto de amor activo. Elegir la mejor parte implica comprender la bondad de Dios y reflejarla en nuestras relaciones.
3. La oración y los vínculos familiares
3. La oración y los vínculos familiares
La siguiente enseñanza lleva la imagen más allá: ya no es un amigo, sino un padre. Dios no solo responde como amigo fiel, sino como Padre amoroso. Jesús nos muestra la profundidad del amor de Dios comparándolo con el cuidado que tenemos por nuestros hijos e hijas.
Cuando un hijo tiene hambre —física, emocional o espiritual—, el padre amoroso buscará lo mejor que pueda darle. Así también es Dios con nosotros. Cuando escogemos la mejor parte, Dios nos da el mejor regalo: el Espíritu Santo, fuente de vida, discernimiento y amor.
Este don no es un beneficio individual sino comunitario. Al recibir el Espíritu, somos impulsados a ver a cada persona con los ojos del amor con que Dios nos mira.
Los vínculos familiares nos enseñan a confiar, a cuidar, a compartir. Esa lógica del hogar nos ayuda a comprender que Dios es generoso con toda la humanidad.
Conclusión
Conclusión
Escoger la mejor parte es vivir la oración como una experiencia transformadora. Quien ora, no puede levantarse siendo el mismo.
Dios nos llama a ser mejores personas, a reflejar su amor, a aceptar al prójimo. Nuestros vecinos claman por una señal de la presencia de Dios. Nuestra familia necesita evidencias concretas de nuestra vida de oración. Y esa evidencia se manifiesta en actos de compasión y de amor.
Que nuestras oraciones no sean solo palabras, sino caminos hacia el corazón del otro. Así, escogeremos siempre la mejor parte.
