Fidelidad en el servicio a Cristo Jesús - Parte 7
Sermon • Submitted • Presented
0 ratings
· 5 viewsNotes
Transcript
Handout
Identidad y Santidad: La Marca de los Que Son de Cristo
Identidad y Santidad: La Marca de los Que Son de Cristo
Bosquejo expositivo de:
2 Timoteo 2:19–23
Exordio
Exordio
Vivimos tiempos de confusión doctrinal y debates estériles incluso en la iglesia. Es fácil perderse en controversias que parecen profundas, pero que al final solo desgastan la fe y dividen a los hermanos.
Vasta mirar en las redes sociales y en ellas con encontramos con una abrumadora “desinformación” de parte de “supuestos teólogos o predicadores” que han surgido de un sin número de malas interpretaciones de las sagradas escrituras.
Hombres supuestamente “UNGIDOS” que acuden a la manipulación de la iglesia y confunden fáilmente como lo dice el mismo Señor:
24 »Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarán grandes señales y prodigios, para así engañar, de ser posible, aun a los escogidos.
Y no es que muestre “grandes señales y prodigios” Sino que son hombres astutos que conocen como funciona la psicología emocional y la aplican a la manipulación de los hombres.
Frente a este escenario, Pablo nos recuerda que existe un ¡FUNDAMENTO FIRME! en Dios mismo, una verdad inmutable que sostiene a los creyentes aun cuando todo lo demás se tambalee.
Esta carta, dirigida al joven pastor Timoteo al final de la vida de Pablo, suena como las últimas palabras de un padre que quiere dejar clara su herencia espiritual: la necesidad de arraigarse en la verdad de Dios, apartarse del mal, y vivir en santidad.
Así, pasaremos con Timoteo de la turbulencia de la falsa enseñanza a la paz que da obedecer al Señor, para que nuestra vida sea única y coherente con el evangelio de Cristo.
Introducción
Introducción
En capítulos previos, Pablo ha denunciado a falsos maestros (por ejemplo, «Himeneo y Fileto» que negaban la resurrección), y ahora exhorta a no perder tiempo en disputas vanas sino a abrazar la verdad eterna. El pasaje de 2 Timoteo 2:19–23 se sitúa en este contexto: Pablo asegura que el “fundamento de Dios” permanece firme, advierte sobre la santidad personal (alejándose de la impiedad) y enseña a Timoteo a huir de deseos juveniles y a rechazar controversias necias. En lo que sigue exploraremos cada sección del texto, poniendo énfasis en su significado lingüístico, histórico-cultural y teológico, para luego aplicar estas verdades a nuestra iglesia local.
Desarrollo
Desarrollo
1. Fundamento firme de Dios (2 Timoteo 2:19).
1. Fundamento firme de Dios (2 Timoteo 2:19).
19 No obstante, el sólido fundamento de Dios permanece firme, teniendo este sello: «El Señor conoce a los que son Suyos», y: «Que se aparte de la iniquidad todo aquel que menciona el nombre del Señor».
Pablo conecta la enseñanza con la inmutabilidad de Dios: “No obstante, el sólido fundamento de Dios permanece firme…”. Este “fundamento” (en griego, to themelion tou Theou) alude a la obra y la verdad de Dios como base inamovible de la fe.
En la tradición bíblica esto remite a la ley o pacto divino. De hecho, Pablo cita implícitamente Números 16:5: “El Señor conoce a los que son suyos”. En otras palabras, Dios mismo certifica quiénes le pertenecen verdaderamente, más allá de las apariencias o influencias humanas. Ya esto alude a la IDENTIDAD DEL CRISTIANO, aquel que escucha por que PERTENECE, esto es lo que se conocoe como un cristiano con sentido de pertenencia.
Esto es lo que se ha perdido hoy día en la sociedad y en la iglesia actual, personas que “ESTAN EN LA IGLESIA, pero NO PERTENECEN A LA IGLESIA” dicen creer en Dios pero no están dispuestos a sujetarse a Dios, discuten y pelean contra Dios y apelan al humanismo para justificar sus posturas eréticas.
A la vez, Pablo aplica otro mandamiento del Antiguo Testamento (de Números 16:26): “Que se aparte de la iniquidad todo aquel que menciona el nombre del Señor”, exigiendo una respuesta de santidad.
En contexto, esto significa que quien profesa el nombre de Cristo debe vivir alejado del pecado. Al evocar este antecedente (la separación de los rebeldes contra Moisés en Koré), Pablo insiste en que, así como Dios juzgó a los impíos, ahora pone sobre cada creyente la responsabilidad personal de apartarse del mal para no compartir su suerte. Lingüísticamente, vale notar que “conocer” en la Biblia frecuentemente implica relación cercana y cuidado personal de Dios hacia sus hijos.
Teológicamente, este versículo subraya la seguridad del creyente (Dios le conoce) y, simultáneamente, su llamado a la obediencia activa (apartarse de la iniquidad). En la historia de la redención vemos en Cristo esta doble realidad: Él es nuestra roca firme (base inmutable) y quien nos limpia del pecado. Por tanto, este versículo nos anima a recordar que nuestra identidad en Cristo está segura en Dios (el fundamento no cambia) pero exige como sello la santidad personal (separarnos del pecado).
2. Vasos para honra y deshonra (2 Timoteo 2:20–21).
2. Vasos para honra y deshonra (2 Timoteo 2:20–21).
20 Ahora bien, en una casa grande no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro, y unos para honra y otros para deshonra. 21 Por tanto, si alguien se limpia de estas cosas, será un vaso para honra, santificado, útil para el Señor, preparado para toda buena obra.
Inmediatamente Pablo plantea una comparación cotidiana: “en una casa grande no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos para honra y otros para deshonra.”.
La “casa grande” puede entenderse como la gran familia de Dios en la tierra (la comunidad creyente en general). En ella coexisten tanto personas que, como «vasos de oro y plata», son útiles para fines nobles, como aquellas que, comparables a «vasos de madera y barro», son usadas para propósitos despreciables o malvados.
El comentarista
E. B. Dennett: explica que Pablo describe la iglesia visible en su “forma externa”: creyentes genuinos y falsos profesores están mezclados, por lo cual “los vasos de oro y de plata se mezclan en todas partes con los de madera y tierra”.
Este contraste cultural se basaba en el contexto de la época: en un hogar antiguo se conocía utensilios de distintos materiales para distintos usos. Pablo lo aplica espiritual y éticamente: Dios permite esta mezcla en su “casa”, pero cada creyente debe distinguirse.
Después Pablo añade el requisito: “Por tanto, si alguien se limpia de estas cosas, será un vaso para honra, santificado, útil para el Señor, preparado para toda buena obra.”.
Analíticamente, el término griego traduzco “limpia” (de katharismos) significa purificarse interiormente. Significa apartar las malas prácticas y enseñanzas (los “vasos de deshonra”) de la propia vida.
Solo así una persona se convierte en un “vaso para honra”: un instrumento consagrado al servicio de Dios. Dennett comenta que...
Edward Dennett, 1831-1914
‘purgarse a sí mismo’ es una expresión fuerte: es una decisión personal de separación del mal, análoga a expulsar a un malo de la iglesia (cf. 1 Co 5:7). El resultado es que Dios puede llenarnos de su plenitud en servicio.
7 Limpien la levadura vieja para que sean masa nueva, así como lo son en realidad sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado.
Este pasaje enfatiza la soberanía de Dios (Él dispone del material) y la responsabilidad del creyente (cada uno debe purgarse).
Teológicamente, estamos viendo dos aspectos del plan redentor: Dios (el alfarero) tiene vasos de varios tipos (Rom 9:21),
21 ¿O no tiene el alfarero derecho sobre el barro de hacer de la misma masa un vaso para uso honorable y otro para uso ordinario?
Pero al salvarnos Cristo nos limpia (título de “vivos para el Señor” en Ro 6) y nos convierte en “vasos santificados” destinados a buenas obras (cfr. Ef 2:10,
10 Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.
Obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas).
En sumario, Pablo promete que quien de su parte se separe del pecado pasará de ser vaso inservible a vaso honorable – santificado y útil al Señor.
Como enseña este texto, la pureza personal es la condición para participar del destino glorioso que Dios tiene para sus hijos.
3. Huir las pasiones juveniles (2 Timoteo 2:22).
3. Huir las pasiones juveniles (2 Timoteo 2:22).
22 Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que invocan al Señor con un corazón puro.
En el versículo siguiente encontramos un imperativo directo: “Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue (busca) la justicia, la fe, el amor y la paz…”. El término griego traducido “pasiones juveniles” (epithumiai neotetes) alude a los deseos impetuosos propios de la juventud – sobre todo los lujuriosos o vanidosos.
En la cultura griega-romana se consideraba que los jóvenes eran dados a excesos y nuevos entusiasmos; Pablo aconseja a Timoteo, un hombre aun relativamente joven, a rechazar cualquier impulso desordenado.
UN PARÉNTESIS (Muchas iglesias diluyen el evangelio a favor de los jovenes, afirman que a los jovenes hay que llevarles el evangelio “de una manera dinámica, atractivo y llamativa”, Esto ha llevado a determinados pastores a menguar el evangelio, acomodar o acondicionar sus iglesia de modo que estos jovenes se sientan “incluídos” en el evangelio) (Discotecas dentro de la iglesia, iglesias pintadas de negro con un sin número de luces artificiales con colores extravagantes, humo que sale del púlpito y una coreografía llamativa.) artístas que se auto nombran “cristianos” pero la realidad se encuentra muy lejos.
¿Quee le paso a los hijos de Aarón? ofrecieron fuego extraño en el altar y la Gloria del Altísimo los consumió
¿Qué les paso a los hijos de Elí? Fueron desechados por el Altísimo y murieron violentamente por pisotear el templo del Altísimo.
Un comentario señala que esto implica huir incluso de la tentación sexual (cf. 1 Co 6:18, “huid de la fornicación”) y más ampliamente de todo deseo descontrolado.
El énfasis está en evitar el pecado, no dialogar con él: así como hiciera José huyendo de la esposa de Potifar (Gén 39:12), el creyente debe escapar las trampas de la carne.
Pero Pablo no se queda en lo negativo; ordena también “seguir… la justicia, la fe, el amor y la paz”.
Estas cuatro palabras resumen virtudes cristianas fundamentales. Como explican los comentaristas, las tres primeras (justicia, fe, amor) son actos internos del creyente – vivir rectamente ante Dios (justicia), confiar en Él (fe) y reflejar Su naturaleza (amor).
La última, “paz”, se logra “con los que invocan al Señor con corazón puro”
(palabra comúnmente entendida que alude a la convivencia armónica entre creyentes devotos). Pablo, al emparejar estas cualidades con la comunidad de fe, recuerda la exhortación de Hebreos 10:24-25:
la vida cristiana es contagiosa y se edifica en comunión.
En suma, la fuga del pecado va unida a la persecución de la santidad.
Cuando concentramos nuestro corazón en Cristo, como indica Dennett, adquirimos “un solo ojo”: nos enfocamos en lo que agrada a Dios. Así, “perseguir la justicia” implica vivir según el Espíritu (Rom 8:4), “la fe” sostener la esperanza bíblica (Heb 11), “el amor” reflejar el amor de Dios (1 Co 13), y “la paz” promover la unidad del cuerpo de Cristo. Esta combinación de huir y buscar es inseparable: como anotan los expositores, no basta prohibir lo malo; hay que emprender diligentemente lo bueno.
Teológicamente esto enlaza con el objetivo redentor: Hebreos 12:14
14 Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
Llama a perseguir la “santidad” (hagiasmos), porque “sin ella nadie verá al Señor”. En otras palabras, nuestra fuga de la lujuria juvenil y nuestra búsqueda de justicia son expresiones prácticas del llamado a la santidad que brota de la obra de Cristo en nosotros.
4. Rechazar los razonamientos necios (2 Timoteo 2:23).
4. Rechazar los razonamientos necios (2 Timoteo 2:23).
23 Pero rechaza los razonamientos necios e ignorantes, sabiendo que producen rencillas.
Por último, Pablo ordena “Pero rechaza los razonamientos necios e ignorantes, sabiendo que producen altercados (peleas).”. El apóstol quiere dejar claro que no estamos llamados a enredarnos en disputas vanas.
El adjetivo “necios e ignorantes” describe debates sin fundamento, surgidos de la estulticia más que del amor por la verdad.
En el contexto de las cartas pastorales, esto apunta a discusiones teológicas sin fruto (como genealogías o interpretaciones bizantinas de la ley) que Pablo compara a enredos inútiles (cf. Tit 3:9).
El énfasis es que tal involucramiento desencadena “altercados” – del griego machai, literalmente “combates” verbales.
Numerosos comentaristas acentúan que… las controversias insensatas generan división y resentimiento.
Como un comentarista observa, Pablo no se refiere a discutir con los incrédulos o defender la sana doctrina; sino a evitar especulaciones insensatas que solo “engendran contiendas”.
William Barclay lo resume:
William Barclay
“si después de una conversación no estamos más unidos entre nosotros y más cerca de Dios, entonces algo salió mal.”
Por ello, el siervo de Dios debe saber mantener la calma: no es apropiado “responder al necio como necio” (Prov 26:4).
4 No respondas al necio de acuerdo con su necedad, Para que no seas tú también como él.
En consecuencia, rechazamos las provocaciones que solo sirvan para inflamar discusiones inútiles.
En palabras prácticas: si alguien busca un altercado, no le demos vueltas; en Cristo ganamos en paz y no en disputa. Esta actitud refleja madurez espiritual y se opone al orgullo legalista o a la vanagloria intelectual que Pablo criticó en otros lugares (cf. 2 Tim 2:14-18). Así, cerrar el pasaje con esta exhortación nos prepara para el siguiente consejo de ser siervos apacibles (2 Tim.2.24),
24 El siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido.
Marcando una división clara entre el camino de la contienda inútil y el camino del testimonio piadoso.
Aplicación práctica
Aplicación práctica
En nuestra iglesia local el llamado de 2 Timoteo 2:19–23 tiene implicaciones concretas.
1. Para los creyentes:
Este pasaje nos reta a examinar nuestra vida y nuestro discurso. Ante todo, recordemos que somos “vasos para honra” (v.21) porque Cristo nos ha limpiado; por eso, esforcémonos en santificar nuestra conducta. En lugar de tolerar pecados cómodamente, “purguémonos” de iniquidad personal (mala literatura, programas impuros, chismes) para ser útiles al Señor. Además, alimentemos las virtudes de justicia, fe, amor y paz.
Cultivar la justicia implica ser honestos y justos en la familia, el trabajo y la iglesia.
Practicar la fe significa confiar en Dios en cada circunstancia, incluso en pruebas.
El amor (griego agape) se manifiesta en servicio humilde a los demás y en perdón mutuo.
Y la paz la haremos posible reuniéndonos como creyentes con corazón puro (p. ej. participando de la comunidad y edificándonos mutuamente).
Siendo vasos honrosos, debemos prevenir toda impureza, y huir activamente de las pasiones desordenadas – por ejemplo, usar filtros de Internet, no tolerar bromas lascivas o pornografía, o refrenar habladurías.
En resumen, llamamos a cada creyente a un compromiso de vida santa y coherente con el evangelio. Como Hebreos 12:14 lo ordena:
14 Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
Al obedecer esto, damos testimonio de la obra redentora de Cristo en nosotros.
2. Para los visitantes no creyentes u oyentes:
Pablo también nos da luz para hablar con quienes aún no creen. El “fundamento firme” de Dios significa que nuestra confianza no está en opiniones humanas o emociones pasajeras, sino en el Dios que conoce y cuida a los suyos. De modo práctico, los creyentes podemos asegurar a los incrédulos que Dios nos ofrece una identidad segura («Él conoce a los que son suyos»), pero exige dejar atrás la vida impía.
Invitemos a los demás a apartarse del pecado, no como mero ascetismo, sino como paso necesario para disfrutar de Su perdón y paz. Además, si asisten a la iglesia, vean el valor de una comunidad unida; no somos un club de debate envenenado, sino un grupo que ama y edifica. Así, en nuestras conversaciones con ellos, evitemos toda contienda innecesaria: no entremos en disputas estériles que sólo provocan rechazo. Antes bien, hablemos con humildad (como versículo 24 enseña), enfocándonos en lo bueno. Por ejemplo, podemos comentar que el evangelio es un mensaje de gracia que purifica (hacer referencia al vaso limpio) y ofrece propósito, más que un sistema de reglas que lleva a pleitos teológicos.
Resaltaremos que Jesús transforma vidas (cumple el plan de redención) y nos capacita a vivir “justos” y amorosos.
En síntesis, demos ejemplo práctico de esta enseñanza: huir de la cólera, del chisme y del orgullo, persigamos la bondad y la unidad; así los visitantes verán en nosotros algo atractivo – paz y orden espiritual – que ellos no hallan en controversias humanas.
En conclusión
En conclusión
2 Timoteo 2:19–23 nos llama a fundamentar nuestra vida en Dios y a vivir según el evangelio.
Esto conecta con la gran historia bíblica: desde el pecado original hasta la cruz, el plan redentor de Dios siempre apunta a apartar el mal y apartar un pueblo santo para sí. Cada creyente es invitado a colaborar con ese plan purificándose internamente, para que el mundo vea la realidad del reino de Dios – vasos honrosos llenos del poder de Cristo.
Vivir así es nuestra contribución a la historia redentora, pues mediante la santidad (“apartarse de la iniquidad”) proclamamos al mundo el nombre de quien nos ha salvado.
________________________________________
Fuentes: La explicación de los versículos se ha basado en la versión NBLA (Nueva Biblia de Las Américas). Los comentarios bíblicos aquí citados (traducciones de dennett, Henry, Fee, etc.) ilustran el contexto histórico-cultural y el significado teológico de 2 Timoteo 2:19–23. También se ha recurrido a recursos introductores sobre Pablo y la epístola. Cada cita está referenciada para profundizar en la enseñanza bíblica y su aplicación.
