Buscar las cosas de arriba

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Colossians 3:1–14 RVR60
1 Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. 3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. 4 Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. 5 Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;6 cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,7 en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas.8 Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.9 No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos,10 y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno,11 donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. 12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.

Introducción

La vida cristiana se nos presenta mediante un interesante contraste de palabras: vida y muerte, arriba y abajo, error y verdad. La experiencia de la fe, es decir, el encuentro con Cristo, nos confronta con nuestra propia realidad. Los seres humanos somos incapaces de alcanzar el buen vivir por nuestros propios medios. Necesitamos a Dios para que nos libere del miedo y de las culpas que nos han acompañado desde los orígenes de la humanidad.
La vida sin Dios es una vida marcada por la culpa, el dolor y la angustia, a menudo disfrazada de bienestar. Por eso, la ideología del bienestar puede convertirse en un instrumento del sistema de consumo. Aunque el trabajo duro parece justificar el alivio del estrés, el verdadero bienestar se alcanza cuando nuestra mente se libera de las presiones y ataduras que arrastramos desde hace generaciones.
Las palabras del apóstol Pablo a los colosenses nos recuerdan una verdad fundamental de la fe: todos estábamos muertos en nuestros pecados, y por la gracia de Dios hemos resucitado con Cristo. La muerte y resurrección de Cristo son el punto de partida para una nueva manera de concebir la vida. Desde esa perspectiva, la exhortación de Pablo es sencilla y profunda: “Busquen las cosas de arriba”.
Pero, ¿qué significa buscar las cosas de arriba? Intentaremos hoy dar respuesta a esta pregunta.

1. Buscar las cosas de arriba significa comprender cuales son las cosas de abajo.

El ejercicio diario de la vida cristiana consiste en morir a lo terrenal. Sin embargo, esto no implica dejar de ser o aislarnos de nuestra realidad. Cada día, debemos enfrentarnos con decisión al sistema de dolor que atraviesa la vida humana. Dios no nos llama al ascetismo, sino a vivir de forma distinta.
Las cosas de abajo —lo terrenal, lo mundano— son aquellas que reconocemos como pecado. La palabra pecado significa “errar en el blanco”. Sin embargo, como suele tener una connotación moral, podríamos caer en la tentación de pensar que estamos fuera de ese riesgo.
Cuando miramos hacia afuera, solemos identificar el pecado con la inmoralidad sexual, que es consecuencia de malas decisiones, pensamientos errados y acciones desordenadas. Pablo relaciona esta inmoralidad con la avaricia y, en consecuencia, con la idolatría. Al mirar fuera de la iglesia, detectamos estas actitudes. Pero el mensaje del evangelio no nos permite quedarnos en la observación ajena: el encuentro con Cristo nos confronta personalmente.
Pablo menciona también otro tipo de “cosas de abajo” que afectan nuestra vida, y para identificarlas debemos mirar hacia nuestro interior. Se trata, en el fondo, de un diálogo honesto con Dios y con nosotros mismos, que nos permita descubrirnos y transformarnos. Los versículos 8 y 9 lo expresan con claridad: “ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas, mentira”.
Pecado no es solo lo que se ve desde afuera; también es lo que habita dentro, lo que afecta nuestra conciencia, nuestras relaciones, nuestras palabras. Las cosas de abajo son aquellas que destruyen la dignidad humana, esclavizan nuestra alma y oscurecen la imagen de Dios en nosotros.

2. Buscar las cosas de arriba significa comprender el lugar que Cristo ocupa en nuestras vidas.

Colossians 3:2–4 NVI
2 Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, 3 pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. 4 Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria.
Pablo presenta la muerte de Cristo como el antecedente esencial de nuestra nueva vida. Reconocer a Cristo es reconocer nuestra muerte, y recibirlo es experimentar la resurrección. Esta resurrección —nuestra experiencia de fe— nos da la certeza de que estamos en las manos amorosas de Dios.
Una vida transformada por Cristo es una vida que ilumina su camino, que vive para el Señor. Cristo es nuestro modelo, nuestro juez, nuestro guía. Nuestra ética se mide en relación con su vida. Él es el centro de nuestro ser, el punto de referencia para nuestras decisiones y prioridades.
Cuando Cristo es nuestra vida, no hay lugar para el temor ni para la angustia. Hay esperanza. Y con esperanza, podemos construir un presente firme, con valores fundados en el amor, la fe y la justicia. Con Cristo en el centro, nuestra mente se renueva y comenzamos a ver el futuro con los ojos de Dios.

3. Buscar las cosas de arriba significa vivir en el vínculo del amor.

Las familias se constituyen por los vínculos que crean. Cuando Cristo es nuestra vida, nuestra naturaleza cambia. Pasamos de una cultura del odio a una cultura del amor. Aprendemos a ver al otro como un igual, a reconocer en cada persona la imagen de Dios.
Cristo es “el todo y en todos”. Eso significa que su presencia transforma nuestras relaciones y nuestras comunidades. Las cosas de arriba —la experiencia de fe— se fundamentan en un amor que edifica vínculos de confianza, afecto, humildad, amabilidad y paciencia.
Ese amor se concreta en el perdón, porque Dios nos ha perdonado. El perdón es expresión de la paternidad de Dios y de nuestra pertenencia a la familia de la fe. El perdón no es debilidad, es el poder del amor en acción.
Buscar las cosas de arriba es buscar todo lo que brota del amor y que construye comunidad.

Conclusión

Dios nos está llamando a buscar las cosas de arriba: todo lo que nace del amor y el perdón, porque eso nos libera del dolor, la culpa y la tristeza. Dios nos llama a la esperanza y a la transformación, a construir un mundo nuevo, un mundo de paz, reconciliación y bondad. Que nuestra vida esté centrada en Cristo, y que nuestro caminar refleje las cosas de arriba.
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