Hechos 4
Hechos 1.6-11
6–8. ¿restituirás el reino a Israel en este tiempo?—Indudablemente sus ideas carnales acerca del reino mesiánico habían sido modificados ya, aunque hasta dónde, es imposible decir. Pero como ellos esperaban con sencillez alguna forma de restauración del reino de Israel, no se les contradice ni regaña sobre este punto. No toca a vosotros saber los tiempos, etc.—indicando no solamente que éste no era el tiempo, sino que, además, la pregunta estaba fuera de razón, en vista de la ocupación actual y futuro trabajo de ellos. recibiréis la virtud—“poder” (véase
1:6 Señor, ¿restaurarás…el reino a Israel? Los judíos esperaban que el Mesías (el Ungido de Dios) ocuparía el trono de David (
Los apóstoles sabían que la llegada del Espíritu Santo había sido prometida. Tenía que cumplirse antes del establecimiento del reino. Por eso, al escuchar esta promesa, la pregunta lógica surgió: ¿qué del reino? ¿Se establecería ya? Como judíos fieles, lo anhelaban y les interesaba saber la verdad (1:6).
La respuesta de Jesucristo a su interrogante no intentaba cambiar su perspectiva en cuanto al tema, la cual era acertada. Sin embargo, les informó que no era responsabilidad de ellos analizar e interpretar el calendario profético de Dios, ni andar presentando conferencias sobre las profecías en cuanto a la llegada de este (1:7), sino solamente ser testigos en todo el mundo de lo que habían visto (1:8), lo cual confirmaría la promesa del Padre a efectuarse en pocos días. El cumplimiento geográfico exacto de esta promesa proporciona un bosquejo adecuado para el libro.
Aunque el énfasis principal al referirse a los pueblos listados era determinar adónde serían testigos, también constituye una indicación de los grupos que, con trasfondos teológicos distintos como judíos, samaritanos y gentiles, recibirían las buenas nuevas de salvación. La proclamación del evangelio a todos éstos constituyó uno de los mayores problemas para el desarrollo del nuevo pueblo y es uno de los temas principales en el libro de Los Hechos.
¡PENSEMOS!
¿Por qué fue tan importante esta promesa en el comienzo de la iglesia? ¿Será un énfasis limitado al inicio de ella, o sigue en pie todavía? ¿Cómo se compara esta situación con la la Gran Comisión presentada en
Vv. 6—11. Se apresuraron para preguntar lo que su Maestro nunca les mandó ni les animó a buscar. Nuestro Señor sabía que su ascensión y la enseñanza del Espíritu Santo pronto pondrían fin a esas expectativas y, por tanto, sólo los reprendió; pero esto es una advertencia para su Iglesia de todos los tiempos: cuidarse de desear conocimientos prohibidos. Había dado instrucciones a sus discípulos para que cumplieran su deber, tanto antes de su muerte y desde su resurrección, y este conocimiento basta para el cristiano. Basta que Él se haya propuesto dar a los creyentes una fuerza igual a sus pruebas y servicios; que, bajo el poder del Espíritu Santo, sean de una u otra manera testigos de Cristo en la tierra, mientras en el cielo Él cuida con perfecta sabiduría, verdad y amor de sus intereses. —Cuando nos quedamos mirando y ocupados en nimiedades, que el pensar en la segunda venida de nuestro Maestro nos estimule y despierte: cuando nos quedemos mirando y temblando, que nos consuelen y animen. Que nuestra expectativa así sea constante y jubilosa, poniendo diligencia en ser hallados irreprensibles por Él.
1:6. Es muy esclarecedora la pregunta de los discípulos: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?
Esta oración se introduce con el conectivo entonces (men oun), el cual asocia el pensamiento del v. 6 con el 5. En la mente de los discípulos, el derramamiento del Espíritu Santo y la llegada del reino estaban estrechamente relacionados. Es lógico que lo estuvieran, porque el A.T. frecuentemente unía los dos (cf.
C. La misión (v. 8)
Para confirmar la misión el Señor les anunció que recibirían poder del cielo cuando viniera sobre ellos el Espíritu Santo.
Para nosotros, como seres humanos, nada es más estimulante que poseer fuerza. No la podemos crear, pero nos encanta reunirla de todos modos y dominar. Son los elementos que hacen posible que seamos grandes y los demás nos sirvan. No obstante, aquí el Señor Jesús no les está prometiendo poder físico como el de Sansón o el del ejército romano, posible de ser controlado por los hombres. No, les anuncia la venida del poder de Dios que los controlaría a ellos. Es el poder proveniente de la unión vital con el Dios eterno. En ese momento quedaría totalmente cumplida la promesa que tendría siempre evidencias frescas y renovadas.
El Espíritu los capacitaría de tal modo que podrían vivir y explicar a otros las maravillas de Dios. Los seres humanos que no conocían la verdad serían impactados por el modo de reprochar del Espíritu y se convertirían al Señor.
Para los apóstoles en aquella hora como para nosotros ahora, la presencia del Consolador cambia todas las cosas. La enseñanza y la guía a toda la verdad (
