Ejemplos Inesperados

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S1
Buenas noches, bienvenidos a este nuevo Tiempo con Dios del viernes 8 de agosto de 2025.
‌Me da mucho gusto saludarlos, yo soy Hector Viruega, y soy el responsable de los grupos pequeños de nuestra iglesia. Y para mi es un gusto el poder estar con ustedes en esta noche.
Antes de comenzar, quiero dar unos breves anuncios:
Este próximo domingo damos inicio a una nueva serie de predicaciones: Gigantes.
SALUDOS
Seguimos adentrándonos en el evangelio de Mateo, y ya estamos en el capítulo 21 y hoy vamos a meditar en los versículos 28 al 32; así que les pido por favor si abren sus Biblias en Mateo 21:28-32,
Pero antes de eso vamos a orar:
ORACIÓN
S2-6
Matthew 21:28–32 RVC
Jesús les preguntó: «¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos, y se acercó al primero y le pidió: “Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.” El primero le respondió: “No quiero”; pero después se arrepintió y fue. Luego, se acercó al otro hijo, y le pidió lo mismo. Éste le respondió: “Sí, señor, ya voy”; pero no fue. ¿Cuál de los dos hijos hizo la voluntad de su padre?» Ellos respondieron: «El primero». Entonces Jesús les dijo: «De cierto les digo, que los cobradores de impuestos y las rameras les llevan la delantera hacia el reino de Dios. Porque Juan se acercó a ustedes para encaminarlos en la justicia, y no le creyeron; mientras que los cobradores de impuestos y las rameras sí le creyeron. Pero ustedes, aunque vieron esto, no se arrepintieron ni le creyeron.»
En estos versículos tenemos la parábola de los dos hijos que fueron enviados a trabajar en una viña. Es interesante que esta parábola únicamente la menciona Mateo. Ninguno de los otros evangelios la registra, pero no por eso deja de ser importante.
La parábola en sí, que representa dos tipos de personas. Algunas demuestran ser mejores de lo que prometen ser, representadas por el primero de esos hijos; otras prometen mejor de lo que demuestran ser, representadas por el segundo.
Ambos tenían el mismo padre, pero su manera de responder fue totalmente distinta.
Y a ambos se les había dado la misma orden: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña (v. 28; cf. v. 30).
En sus parábolas, Jesús siempre aludía a cuestiones cotidianas, y esta no es la excepción. Era, y es común que un padre ponga a trabajar a sus hijos. Nadie quiere tener hijos ociosos, y el trabajo es una bendición.
El padre pide una obediencia inmediata: Hijo, ve hoy a trabajar (v. 28), es la orden de un padre que conlleva tanto la autoridad como el afecto.
Y vemos en los hijos, en sus respuestas, en su comportamiento, dos cosas muy diferentes.
Uno de los hijos, el primero, hizo mejor que lo que dijo; demostró ser mejor que lo que prometió. Su respuesta fue mala, pero sus acciones fueron buenas.
Sin embargo, si analizamos su respuesta, nos damos cuenta que es una respuesta grosera, déspota, insolente: No quiero (v. 29).
Imagínense que viene su padre a ustedes, les pide algo, y ustedes simplemente le dicen: “no quiero”.  Yo estoy seguro que a muchos de nosotros nos habrían dado una buena bofetada por irrespetuosos.
Las excusas son malas, pero una negación categórica es peor.
Tal vez, yo hubiera dicho: “oye papá, no puedo, porque tengo que estudiar, o porque quedé de salir con un amigo, o ¿podría hacerlo mañana?” No lo sé. Pero una respuesta seca: no quiero, creo que es impensable.
Sin embargo, en este hijo tenemos un cambio de opinión, y de conducta, después de pensárselo bien: Después, arrepentido, fue (v. 29).
En la Biblia, y en la vida, nos encontramos muchas personas que al principio son rebeldes y tercos, poco prometedores, pero que después se arrepienten, y llegan a algo.
El apóstol Pedro dice que algunos por un tiempo tienen desenfreno de disolución (1 P 4:4); y por su parte, el apóstol Pablo después de dar un largo listado de cosas pecaminosas en 1ª Corintios 6, dice Y eso erais algunos (1 Co 6:11), explicando que ya habían sido justificados y santificados por Dios.
En el pasaje que estamos leyendo dice que: Después arrepentido fue.
El arrepentimiento es el acto por el cual uno se aleja de su pecado, y rebelión y se vuelve a Dios con fe.
Hablamos que por gracia somos salvos, por medio de la fe, lo cual es totalmente ciertio y correcto, pero podríamos decir que la “moneda” de la salvación, tiene dos caras: una de ellas es la fe; y la otra cara de la moneda es el arrepentimiento.
La única evidencia de nuestro arrepentimiento es obedecer inmediatamente, en este caso era que el hijo se pusiera a trabajar; y entonces lo pasado sería perdonado, y todo estaría bien.
En esta parábola Dios es representado como el padre, y vean que bondadoso es.
Nuestro Padre Celestial de alguna ya sabe de nuestra rebeldía, pero es lento para la ira y grande en misericordia. Ya que en ese contexto, un hijo que le dijera a su padre en su cara que no quería ir, cuando él se lo mandó, merecía ser expulsado y desheredado; pero nuestro Dios esperará para tener piedad (Is 30:18) y, a pesar de nuestra anterior necedad, si nos arrepentimos y enmendamos, nos aceptará favorablemente.
¡Bendito sea nuestro Dios por su gracia, amor y misericordia!
Por otra parte, tenemos al segundo hijo.
El otro hijo habló mejor que lo que hizo; prometió mejor que lo que demostró. Su respuesta fue buena, pero sus acciones fueron malas. A él el padre le dijo de la misma manera(v. 30).
Este hijo parecía muy prometedor. Daba la apariencia de ser un hijo modelo, obediente, respetuoso.
El hijo responde de inmediato: Sí, señor, voy (v. 30). Le dice a su padre el título respuetuoso de señor. Además, no dice “iré”, como dando a entender “iré más tarde”, no, el muchacho está decidido: ya voy.
Esta es la respuesta que deberíamos ofrecer de corazón, sinceramente, a todos los llamamientos y mandamientos de la Palabra de Dios (Jeremías 3:22; Salmo 27:8).
Pero tristemente, fracasó en la realidad: Y no fue (v. 30).
Lastimosamente esto es muy común en las personas.
Hay muchos que dan buenas palabras y hacen buenas promesas, tal vez dejándose por algún buen impulso del momento, pero se quedan allí y no van más lejos, y así no llegan a nada. Decir y hacer son dos cosas distintas, y tristemente son muchos los que dicen y no hacen.
Los fariseos fueron acusados concretamente de esto (cap. 23:3). Muchoshablaban de piedad, pero su corazón iba por otro camino.
El mundo está lleno de personas que tienen buenas intenciones pero que sus acciones no respaldan sus dichos. Tal vez porque encontraron que lo que tenían que hacer algo que era demasiado difícil, o porque tenían que dejar algo que era demasiado costoso para ellos, y así sus intenciones son inútiles.
Mientras que el primero fue grosero, irrespetuoso e insolente; este segundo fue mentiroso, incumplido, irresponsable, voluble y falto de palabra.
Sin embargo, Jesús hace una apelación: ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? (v. 31).
Ambos tenían sus faltas. Pero la pregunta es: ¿cuál era el mejor de los dos, y el menos culpable? Y se resolvió pronto: El primero, porque sus acciones fueron mejores que sus palabras, y su final mejor que su principio.
Ezequiel 18:21 "Pero si el malvado da la espalda a todos los pecados que cometió, y cumple todos mis estatutos y actúa con apego al derecho y la justicia, no morirá, sino que vivirá."
La Escritura nos muestra que son aceptos como que hacen la voluntad del Padre aquellos que, no habiéndola hecho, se arrepienten y se enmiendan.
Esta parábola tiene como preámbulo una pregunta que los principales sacerdotes y los ancianos le hicieron a Jesús y que vemos en Mateo 21:23 y dice que "...se acercaron a él mientras enseñaba, y le preguntaron: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te dio esta autoridad?»"
A lo cual Jesús les respondió con una pregunta:
Mateo 21:25 "El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres?» (Y) Ellos discutían entre sí, y decían: «Si decimos que era del cielo, él nos dirá: “Entonces, ¿por qué no le creyeron?”"
Jesús les hace ver en los versículos Mateo 21:31–32 que los principales sacerdotes y los ancianos eran como el segundo hijo, porque les pregunta
"¿Cuál de los dos hijos hizo la voluntad de su padre?» Ellos respondieron: «El primero».
Entonces Jesús les dijo: “De cierto les digo, que los cobradores de impuestos y las rameras les llevan la delantera hacia el reino de Dios.
Porque Juan se acercó a ustedes para encaminarlos en la justicia, y no le creyeron; mientras que los cobradores de impuestos y las rameras sí le creyeron.
Pero ustedes, aunque vieron esto, no se arrepintieron ni le creyeron."
¡Que tremenda palabra!
La finalidad principal de la parábola es mostrar que los publicanos y las rameras, que nunca hablaban del Mesías ni de su Reino, sin embargo, aceptaban la doctrina y se sometían a la disciplina de Juan el Bautista, su predecesor, mientras que los sacerdotes y los ancianos, que tenían grandes esperanzas acerca del Mesías y parecían estar muy dispuestos acoger sus disposiciones, menospreciaron a Juan el Bautista, y se opusieron a los objetivos de su misión.
Sin embargo, la parábola tiene un mayor alcance en el futuro.
Los gentiles que fueron en otro tiempo […] rebeldes(Tit 3:3–4), y que habían sido durante mucho tiempo, hijos de desobediencia(Ef 2:2), como el hijo mayor; sin embargo, cuando el evangelio se predicó entre ellos, se hicieron obedientes a la fe (Hch 6:7); mientras que los judíos que decían: Señor, voy (v. 30), eran más prometedores (Éx 24:7; Jos 24:24), con todo, no lo fueron; tan solo Salmo 78:36 "...con los labios lo adulaban, y con la lengua le mentían."
Con esto lo que Jesús está diciendo es que el bautismo de Juan si era del cielo y no de los hombres (v. 25), porque además da varias evidencias de esto:
(1) Por la finalidad de su ministerio, Jesús les dijo: Vino a vosotros Juan en camino de justicia (v. 32). Si quisiéramos comprobar si la comisión de Juan era del Cielo, debemos recordar cual es la característica, a lo cual Jesús dijo: Por sus frutos los conoceréis (cap. 7:16): los frutos de sus enseñanzas, los frutos de sus hechos.
Ahora bien, era evidente que Juan vino en camino de justicia. En su ministerio, enseñó a arrepentirse y hacer obras de justica. En su conducta, se mostró como un gran ejemplo de rigor, seriedad y desprecio hacia el mundo, negándose a sí mismo, y haciendo el bien a todos los demás. Por eso, Cristo se sometió al bautismo de Juan, porque así convenía que cumpliesen toda justicia (cap. 3:15).
Luego entonces, si Juan vino así en camino de justicia, ¿podían ellos ignorar que su bautismo era del cielo, o ponerlo en duda?
(2) Por el fruto de su ministerio: Los publicanos y las rameras le creyeron (v. 32); hizo un inmenso bien entre lo que se consideraba el peor tipo de personas.
Si Dios no hubiera enviado a Juan el Bautista, no habría coronado sus obras con un fruto tan maravilloso; tampoco habría hecho de él un instrumento para la conversión de las almas.
Si los publicanos y las rameras creen su anuncio, sin duda alguna el brazo del Señor está con él (Jn 12:38).
Para avergonzarlos a los religiosos, coloca ante ellos la fe, el arrepentimiento y la obediencia de los publicanos y las rameras, lo cual agravó su incredulidad y falta de arrepentimiento.
Los publicanos y las rameras eran como el primer hijo de la parábola, de quien se esperaba poca obediencia.
Eran poco prometedores. Su disposición era generalmente grosera y su conducta libertina y depravada y, con todo, muchos de ellos fueron convertidos mediante el ministerio de Juan.
Ellos también representaban al mundo gentil, pues, los judíos clasificaban a los publicanos con los paganos; es más, los judíos describían a los paganos como rameras y nacidos de fornicación (Jn 8:41). Duros los condenados judíos de ese tiempo.
Por otra parte, los escribas y los fariseos, los principales sacerdotes y ancianos, y ciertamente la nación judía en general, eran como el otro hijo, que tenía buenas palabras. Hacían una engañosa profesión de religión y, sin embargo, cuando el Reino del Mesías vino a ellos por medio del bautismo de Juan, lo menospreciaron, le dieron la espalda; es más, se alzaron contra él, se rebelaron.
Es más dificil que un hipócrita se convierta, que alguien que es un pecador evidente.
La apariencia de piedad, se convierte en una de las fortalezas de Satanás, con la cual se opone al poder de la piedad (2 Ti 3:5 LBLA; 2 Co 10:4).
Y Jesús les dice que los publicanos y las rameras iban delante de ellos al reino de Dios (v. 31), pero como dicen por ahí, ni se inmutaron. No se arrepintieron ni creyeron enseguida, no fueron provocados a celos (Ro 11:14).
Analicemos un poco estos ejemplos inesperados que da Jesús.
Primero. Los publicanos eran los cobrador de impuestos, y si ahora no nos gusta pagar impuestos, bueno en esa época menos, por varias razones.
Estos cobradores de impuestos trabajaban para el Imperio Romano, lo que los convertía en traidores a los ojos de sus compatriotas.
Se les consideraba al mismo nivel que las rameras, paganos, ladrones y asesinos debido a sus prácticas de explotación y enriquecimiento personal.
Los judíos los despreciaban tanto que los insultaban en público y maldecían el suelo que pisaban.
Desde el punto de vista religioso, los publicanos eran considerados ceremonialmente impuros y estaban excomulgados de las sinagogas. Esta mala reputación se debía en parte a que el sistema de recaudación de impuestos se prestaba a abusos, permitiendo que los publicanos cobraran más de lo estipulado para su beneficio personal. A pesar de este estatus social tan bajo, los evangelios muestran que Jesús interactuaba con los publicanos, lo que generaba críticas de sus opositores.
Es más, Jesús llamó a uno de esos publicanos a ser su discípulo. Ustedes saben de quien se trata, Mateo o Levi, el evangelista; y es muy probable que Jesús lo haya usado de modelo para la parábola del publicano arrepentido y el fariseo engreído que encontramos en Lucas 18:9-14, donde Jesús describe a un fariseo orgulloso de si mismo y de su justicia, y aun publicano que ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo, y clamaba a Dios diciendo: “Dios mío, ten misericordia de mí, porque soy un pecador.”
Jesús agrega: “el publicano volvió a su casa justificado, y no el otro. Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.”
Otro publicano que nos narra la Biblia es Zaqueo, que era un chaparrito así, que vivió en Jericó, y al pasar Jesús por ahí, se subió a un sicomoro.
(A poco no la recitaron “cantando”. Mención honorífica al que en el chat me ponga la siguiente estrofa de este canto).
Ya en serio, Zaqueo era jefe de los publicanos en Jericó, y como decía el canto, Jesús fue a su casa, lo cual era totalmente impensable para un rabino judío. Y es ahí donde Zaqueo tiene un encuentro con el Dios verdadero, que lo hace llegar al arrepentimiento, y de haber sido un avaro cobrador de impuestos, ahora ofrece la mitad de sus bienes a los pobres, y a todos aquellos a los que había desfalcado, se compromete a devolverles cuatro veces lo que les había quitado (Lc 19:1–10).
Finalmente las rameras. En la Biblia tenemos una muy mencionada: Rahab.
Esta mujer, que por cierto, también vivía en Jericó pero unos 1,300 o 1,400 años antes que Zaqueo.
Ella vivía en una casa sobre la muralla de Jericó y protegió a los espías enviados por Josué cuando los israelitas se alistaban para conquistar Jericó.
Ella a dio una asombrosa confesión de fe en Dios y pidió protección para ella y su familia, lo cual le fue prometido, y de esta manera, esta mujer salvó a su familia.
Lo interesante de esta mujer es que Mateo, el publicano, hecho evangelista la menciona entre los antepasados del Señor Jesús, casada con Salmón, de la tribu de Judá, madre de Booz, esposo de Ruth la moabita (Mt. 1:5), osea que fue bisabuela del rey David.
Es interesante también que el autor de la carta a los Hebreos, y Santiago, el medio hermano de Jesús, en sus cartas la mencionan, y se refieren a ella como “la ramera”.
En la epístola a los Hebreos leemos “por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes” (He. 11:31), mientras que Santiago resalta que Santiago 2:25 "Lo mismo sucedió con Rahab, la prostituta. ¿Acaso no fue justificada por las obras, cuando hospedó a los mensajeros y los ayudó a escapar por otro camino?"
Dos cosas muy importantes veo aquí:
Santiago dice que fue “justificada por obras” (Stg. 2:25). Y sabemos que la salvación es por fe, pero Santiago hace el mismo énfasis que Jesús en la parábola que estamos estudiando: la fe verdadera se demuestra a través de la obediencia, por medio de las obras.
En segundo lugar pareciera que tanto el autor de la carta a los Hebreos, como Santiago son despectivos al llamar a Rahab ramera, o prostituta, pero yo creo que lo que intentan es resaltar lo mismo que Jesús hace en su parábola; que todos pueden tener cabida en el Reino de los Cielos, sin importar cual haya sido su pasado, y su incorporación al pueblo de Dios es ejemplo del trato que reciben de Dios todos aquellos que se arrepienten.
Cierro con varios puntos:
S7

Conclusión

A diferencia de otras palabras u ocasiones donde Jesús le dice a sus oyentes:
“Ahora ve y haz lo mismo.”
En esta ocasión no lo hace.
¿Por qué? bueno porque Jesús no alaba o emula a ninguno de los dos hijos porque ambos son necios. El primero es rebelde y déspota y el segundo es ladino y mentiroso, porque tristemente así es la condición de los hombres.
Esta parábola resalta la importancia de la acción sobre las palabras e invita a reflexionar sobre quién realmente cumple la voluntad de Dios.
Este pasaje:
S8

1.- Nos anima a examinarnos a nosotros mismos.

No solo debemos escuchar la llamada de Dios, sino también debemos responder a ella con acciones. Seamos hacedores de la palabra.
Nos desafía a ser sinceros en nuestro caminar con Cristo, rompiendo con la hipocresía y siendo verdaderamente obedientes a Su palabra, especialmente cuando estamos enfrentando decisiones difíciles en nuestra vida espiritual.
Jesús dijo: Juan 14:15 "»Si me aman, obedezcan mis mandamientos."
S9

2.- En la vida y en el cielo encontraremos ejemplos inesperados.

Denis Gomes, un querido amigo, dice que en el cielo nos llevaremos muchas sorpresas, porque encontraremos gente que no creíamos que llegarían allá, y por el contrario, no veremos personas que pensábamos que estarían allá; como es el caso en primer lugar de los publicanos y las rameras, y en segundo lugar de los fariseos y principales religiosos judíos.
S10

3.- Jesús no rechaza a nadie.

Finalmente, algo maravilloso es que Jesús no rechaza a nadie. Primero, no rechazó a publicanos y rameras que se le acercaron, pero de alguna manera está dejando la puerta abierta para los fariseos y principales religiosos de los judíos al decirles, Mateo 21:31b "...les llevan la delantera hacia el reino de Dios."
Jesús no ha sacado del camino de Dios a esos orgullosos, de alguna manera se mantiene con la posibilidad abierta de que ellos se arrepientan y sean partícipes del reino, como fue el caso del apóstol Pablo.
Finalmente, la parábola muestra un modelo de obediencia que se encuentra en Cristo, quien siempre cumplió la voluntad del Padre, a diferencia de muchos que prometen y no cumplen.
En Jesús, vemos el cumplimiento perfecto de la voluntad divina, ya que a pesar de las tentaciones y rechazos, Él siempre responde con acción en favor de la humanidad.
OREMOS
S11

Ejemplos Inesperados Mateo 21:28-32

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