¿Dónde está vuestra fe?
Este pasaje nos muestra a Jesús dormido en una barca en medio de una tormenta, y luego calmando el mar con una sola palabra. Allí se revela el misterio glorioso de su persona: verdadero hombre (fatigado y dormido) y verdadero Dios (Señor de la naturaleza). La fe que salva es un don de Dios, pero esa fe necesita ser ejercitada día a día. Muchos creyentes sinceros sufren porque no han aprendido a caminar en fe. Las tormentas no destruyen nuestra fe, sino que la prueban y la purifican. Jesús no cuestionó si sus discípulos tenían fe, sino dónde estaba su fe. Es decir: ¿por qué no la aplicaron? ¿Por qué dejaron que el miedo los paralizara? Lo contrario a la fe no es la incredulidad, sino el miedo. Y el llamado de este pasaje es claro: vivir por fe, no solo haber creído una vez, sino seguir creyendo y confiando en Cristo aun cuando parezca que “duerme”. ¿Dónde está tu fe hoy? No en lo que decís creer, sino en lo que hacés cuando la tormenta arrecia.
