DIOS NO ESTA DORMIDO (2)
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INTRODUCCION
INTRODUCCION
¿Y si hoy fuera el último día?
No se trata de una película, ni de una teoría conspirativa. Es una pregunta que alguna vez todos nos hemos hecho: ¿Está cerca el fin del mundo?
Una encuesta reciente hecha a más de 10,000 personas reveló que el 39% de los estadounidenses cree que estamos viviendo en los últimos días. Y la verdad… no los podemos culpar.
Guerras en expansión. El desmoronamiento de la verdad. La inmoralidad celebrada. El pecado convertido en espectáculo. Desastres naturales como nunca antes. Y una sociedad cada vez más hostil al cristianismo.
Todo grita: algo se está por romper.
Y muchos, incluso dentro de las iglesias, se preguntan:
¿Dónde está Dios? ¿Por qué tarda tanto? ¿Realmente vendrá? ¿Y qué pasará cuando venga?
Hoy abriremos uno de los capítulos más directos y urgentes de toda la Biblia sobre este tema: 2 Pedro capítulo 3.
Pedro no nos habla de fechas. No nos da especulaciones. Nos da algo más importante: una perspectiva eterna, una esperanza segura y una advertencia clara.
Esta carta fue escrita para creyentes que estaban siendo sacudidos por falsos maestros y por el sufrimiento. Pedro, sabiendo que pronto iba a morir, no quiere dejar dudas: el regreso del Señor no es una ilusión. No es un mito. No es un retraso. Es una certeza.
En un mundo que se burla del juicio, que ridiculiza nuestra esperanza y que vive como si nunca fuera a rendir cuentas, la Palabra de Dios nos llama a estar atentos, sobrios y preparados.
Cristo viene. Y cómo vivimos mientras esperamos, sí importa.
Abramos la Palabra a 2 Pedro 3
I. La promesa que el mundo desprecia, pero el creyente recuerda
I. La promesa que el mundo desprecia, pero el creyente recuerda
2 Pedro 3:1–4 "1 Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, 2 para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles; 3 sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación."
Vivimos en una cultura que ha aprendido a burlarse de todo lo sagrado. Se ríen del juicio, se burlan del cielo, y usan el nombre de Cristo como si fuera parte de una broma. Pero esto no nos debería sorprender. Pedro ya lo anunció:
2 Pedro 3:3 "3 sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,"
No se trata solo de duda intelectual, sino de rebelión moral. Cuestionan el regreso de Cristo porque no quieren rendir cuentas.
2 Pedro 3:4 "4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación."
Dicen: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento?” (v.4). En otras palabras: “Todo sigue igual. Nada ha cambiado. Cristo no viene.”
¿Te suena familiar?
Hoy los titulares se ríen de nuestra fe. Las redes sociales se llenan de sarcasmo. La esperanza del regreso de Jesús es vista como una fantasía para débiles. Pero Pedro nos abre los ojos: esa burla nace de corazones cegados por el pecado.
Judas 18 "18 los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos."
No es nuevo. Ya fue anunciado. Y hoy, más que nunca, vemos su cumplimiento con claridad. La Palabra nos prepara para no sorprendernos, sino para mantenernos firmes.
Y aquí surge la gran pregunta:
¿Qué hacemos nosotros mientras el mundo se burla? ¿Cómo respondemos cuando incluso algunos dentro de la iglesia empiezan a dudar?
Pedro nos da tres respuestas claras
1. Volviendo a la Palabra con memoria viva (v.2):
1. Volviendo a la Palabra con memoria viva (v.2):
2 Pedro 3:2 "2 para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles;"
En tiempos de confusión, la memoria bíblica es nuestra defensa.
No necesitamos nuevas visiones, necesitamos recordar las antiguas promesas.
Los profetas hablaron del juicio venidero.
Jesús habló de su regreso.
Los apóstoles lo proclamaron con poder.
La fe verdadera se alimenta de lo que Dios ha dicho, no de lo que el mundo opina.
La seguridad de nuestra esperanza no nace de emociones ni de cultura religiosa, sino de las Escrituras. La Biblia no solo predijo la primera venida de Cristo con exactitud, sino que también habla con claridad de su regreso.
Debemos sumergirnos en esas promesas. Es en la Palabra donde nuestra fe se fortalece:
Romanos 10:17 lo dice con claridad: “La fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios.”
Hermanos dejamen decirles algo, Pedro nos recuerda que la fe no se construye sobre emociones, sino sobre la Palabra eterna.
El testimonio profético, la enseñanza de Jesús y la predicación apostólica forman una base firme.
Los profetas hablaron del juicio venidero.
Los profetas hablaron del juicio venidero.
"Y también profetizó de éstos Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos..."
— Judas 1:14–15
Isaías 13:9
“He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores.”
Sofonías 1:14–15
“Cercano está el día grande de Jehová... día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto…”
Jesús prometió su regreso (Juan 14:3).
Jesús prometió su regreso (Juan 14:3).
Juan 14:3 "3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis."
Los apóstoles lo anunciaron con poder
Los apóstoles lo anunciaron con poder
(Hechos de los Apóstoles 1:11 "11 los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo."
Nuestra tarea es recordar. Romanos 10:17 lo dice claramente: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”
Y también Hebreos 2:1 nos exhorta: “Debemos prestar mucha más atención a lo que hemos oído, no sea que nos deslicemos.”
2.Reconociendo que la historia ya ha sido interrumpida antes}
2.Reconociendo que la historia ya ha sido interrumpida antes}
2 Pedro 3:5–6 "5 Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste,6 por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua;"
Los burladores repiten con confianza: “Todo sigue igual desde el principio de la creación”. Ellos suponen que Dios nunca ha intervenido, que la historia fluye sin interrupciones, y que por tanto el juicio venidero es solo un mito. Pero Pedro responde con fuerza:
“Estos ignoran voluntariamente…” (2 Pedro 3:5)
Ese es el problema: ignoran a propósito. No es que no tengan evidencia; es que no la quieren ver. Escogen olvidar lo que la historia misma grita: ¡Dios ya ha juzgado al mundo antes!
Pedro menciona un evento innegable: el Diluvio.
“...el mundo de entonces pereció anegado en agua” (2 Pedro 3:6)
La Biblia nos recuerda que este juicio fue real, total y repentino. La humanidad vivía como si nada fuera a pasar. Hasta que un día... llovió.
“No entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos” (Mateo 24:39)
“Y no quiso el Señor destruir la tierra sin antes advertirlo por medio de Noé, pregonero de justicia” (2 Pedro 2:5)
Los hombres no creyeron a Noé. Lo miraban con burla mientras construía un arca en tierra seca. Pero el juicio vino. Y solo los que creyeron y entraron en el arca fueron salvos.
Pedro usa ese ejemplo con una intención clara: si Dios intervino en la historia antes con juicio, lo hará otra vez.
La repetición del juicio es una certeza, no una probabilidad.
El hecho de que no ha venido aún, no es señal de debilidad divina, ni de que el juicio fue cancelado. Al contrario, es un reflejo de la misericordia y paciencia de Dios:
“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:9)
Hermanos
Hermanos
Hoy también hay quienes se burlan:
— “¿Y ese Jesús que dijeron que volvería?”
— “Han pasado siglos… nada ha cambiado.”
Pero sí ha cambiado. El mundo ya ha sentido el peso del juicio de Dios antes. Y lo sentirá de nuevo.
“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios...” (Hebreos 11:3)
“Y así como está establecido que el hombre muera una sola vez, y después de esto el juicio…” (Hebreos 9:27)
El mismo Dios que creó por su palabra, y que juzgó por medio del agua, volverá a juzgar al mundo—pero esta vez, con fuego (2 Pedro 3:7 "7 pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos."
3. Afirmando las promesas del futuro glorioso
3. Afirmando las promesas del futuro glorioso
2 Pedro 3:7 "7 pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos."
Los burladores niegan el juicio, pero también ignoran la esperanza. Para nosotros, los creyentes, la historia no se encamina hacia el caos eterno, sino hacia una restauración gloriosa. No vivimos para este mundo que se desmorona, sino para los cielos nuevos y la tierra nueva que Dios ha prometido.
Isaías lo declaró con visión profética:
“Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado…”
(Isaías 65:17–18)
Pedro lo confirma con la misma certeza en su epístola:
“Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.”
(2 Pedro 3:13)
Esta es nuestra esperanza. No es una ilusión, no es escapismo, no es una fantasía religiosa. Es una promesa sellada por la Palabra de Aquel que no puede mentir. Si Dios ha cumplido todo hasta ahora —desde la creación, el diluvio, el nacimiento virginal de Cristo, su muerte y resurrección—, ¿por qué dudar de que cumplirá también esto?
Por eso, cuando el mundo se burla de tu fe, no te intimides.
No te sientas inferior.
No respondas con sarcasmo ni con ira, sino con profunda convicción.
Afirma en tu corazón que lo que tú crees no es un mito, sino una verdad eterna.
“Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.”
(Isaías 40:8)
Cristo viene. Esta no es una idea simbólica, ni una expresión poética. Es una realidad futura tan cierta como que Él ya vino una vez. Él mismo lo dijo:
“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”
(Apocalipsis 22:12)
Así que no estamos locos por esperar lo que Él prometió; el mundo está ciego por no verlo. No estamos fuera de la realidad por creer en Su venida; estamos firmes sobre la roca más segura que existe: Su Palabra.
Querido hermano, querida hermana:
– No te avergüences del evangelio.
– No te avergüences de esperar Su regreso.
– No te avergüences de vivir con la vista puesta en lo eterno.
Lo que hoy el mundo ridiculiza, mañana se postrará ante el Señor. Cuando el mundo dude, tú aférrate. Cuando el mundo se burle, tú cree. Cuando el mundo se enfríe, tú arde con esperanza.
La venida de Cristo no es un mito ni una ilusión optimista. Es una certeza gloriosa.
Así que:
– Vive con esperanza.
– Predica con valentía.
– Ama con urgencia.
– Sirve con fidelidad.
– Y espera con gozo.
Porque Él viene…
y cuando venga, su pueblo no será avergonzado.
II. Recuerden el propósito del aparente retraso (2 Pedro 3:8–9)
II. Recuerden el propósito del aparente retraso (2 Pedro 3:8–9)
“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”
— 2 Pedro 3:8–9 (RVR1960)
Pedro cambia ahora el enfoque: del escarnio de los burladores, a la razón divina detrás de la aparente “tardanza” de Dios. Y lo primero que nos dice es algo que debemos recordar con humildad y reverencia: Dios no ve el tiempo como nosotros.
Pedro gira la atención de los burladores a la sabiduría y propósito de Dios en el aparente retraso. Esta sección nos invita a vivir con una perspectiva eterna: no viendo el tiempo desde nuestra impaciencia, sino desde la soberanía divina.
1. Dios no se atrasa. Él espera con propósito. (v.8)
1. Dios no se atrasa. Él espera con propósito. (v.8)
Pedro nos exhorta a no ignorar una verdad crucial: Dios no está limitado por el tiempo como nosotros.
“...para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.”
— 2 Pedro 3:8
Salmo 90:4 lo afirma: “Mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó...”
Dios vive en la eternidad. Sus promesas no se retrasan; se cumplen en el tiempo exacto del cielo.
Ejemplos bíblicos:
Abraham esperó 25 años por Isaac (Génesis 21:5).
Israel esperó 400 años en Egipto (Éxodo 12:40–41).
El Mesías fue prometido desde Génesis, pero llegó “cuando vino el cumplimiento del tiempo” (Gálatas 4:4).
Mientras nosotros decimos: “¡Ya es tarde!”, Dios dice: “Apenas es el momento perfecto”.
2. La paciencia de Dios es una muestra de su amor. (v.9)
2. La paciencia de Dios es una muestra de su amor. (v.9)
“El Señor no retarda su promesa... sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca...”
Dios no es lento. Es misericordioso.
Él no olvida, espera.
Él no posterga por negligencia, sino por compasión.
Otros textos clave:
Ezequiel 33:11 — “...no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva de su camino y viva.”
1 Timoteo 2:4 — Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.”
Cada día que pasa sin juicio es un día más de gracia para que los perdidos se arrepientan.
Si Cristo hubiera venido hace 10 años, ¿dónde estarías tú?
Él esperó por ti… ¿no esperarás tú también con esperanza por otros?
3. La espera no es inútil, sino formativa.
3. La espera no es inútil, sino formativa.
Dios usa la espera para moldear nuestro carácter, purificar nuestra fe y profundizar nuestra esperanza.
“La tribulación produce paciencia; la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.”
— Romanos 5:3–4
Como dijo A. W. Tozer:
“Dios nunca usa grandemente a un hombre hasta que primero lo haya herido profundamente.”
La espera duele, sí, pero también santifica.
No es tiempo perdido; es tiempo invertido por Dios en ti.
Isaías 64:4 lo confirma:
“Desde tiempos antiguos no oyeron ni prestaron oído... ningún ojo vio a otro Dios fuera de ti, que trabaje para el que en él espera.”
4. Aplicación práctica: Confía en el Dios que espera contigo.
4. Aplicación práctica: Confía en el Dios que espera contigo.
No confundas silencio con ausencia, ni demora con olvido.
Dios está presente. Dios está obrando. Dios está esperando... contigo.
“Tened paciencia... afirmad vuestros corazones, porque la venida del Señor se acerca.”
— Santiago 5:7–8
Tal vez estás orando por:
Un hijo rebelde
Un milagro que no llega
Un llamado que no se cumple
La espera no es castigo, sino una escuela de formación eterna.
Dios no ha terminado contigo. Y lo mejor de todo: ¡Él vendrá en el momento perfecto!
CONCLUSION; 🧭 Conclusión del sermón: “Dios no está dormido”
Hermanos, hemos recorrido un pasaje profundamente necesario para nuestros tiempos. En medio de un mundo burlón, olvidadizo y ciego espiritualmente, Pedro nos ha recordado tres grandes verdades que sostienen nuestra fe:
La Palabra de Dios es nuestra ancla: No caminamos a oscuras ni vivimos de opiniones. Tenemos una Palabra segura, inspirada, profética, y poderosa. Cuando el mundo grite “¡es mentira!”, tú proclama: “¡Así dice el Señor!”
La historia ya ha sido interrumpida antes: No vivimos en un ciclo inquebrantable de rutina. Dios ya ha intervenido. El juicio ha venido antes, y vendrá otra vez. La historia no es circular, es lineal… y tiene un final glorioso escrito por Dios mismo.
Las promesas del futuro glorioso son verdaderas: El Señor no tarda. No se ha olvidado. Él vendrá. Y cuando lo haga, no será en secreto ni simbólicamente. Vendrá en gloria, en majestad, en poder… y tú y yo lo veremos. Y ese día, todo lo que parecía una locura —esperar, predicar, perseverar— será vindicado.
Entonces, ¿qué hacer ahora?
– Despierta tu memoria espiritual. No vivas adormecido. Recuerda las promesas, revive tu esperanza, y rehúsa dejar que el mundo te enfríe.
– No te dejes intimidar por los burladores. Ellos olvidan… tú recuerda. Ellos niegan… tú afirma. Ellos se ríen… tú adora.
– Sigue confiando en el carácter de Dios: Él no miente. Él no falla. Él no se olvida. Si tarda, es por amor. Si espera, es por misericordia. Pero vendrá… ¡y su pueblo no será avergonzado!
🎯 Así que, hermano, hermana: no vivas como si Dios estuviera dormido. Vive como si Cristo viniera hoy.
Camina con fe. Ora con fervor. Sirve con pasión. Anhela su regreso.
Y mientras el mundo se burlan, tú levanta tu mirada… porque nuestra redención está cerca.
“El que ha de venir, vendrá, y no tardará” (Hebreos 10:37).
