La unción debe aumentar en nuestra vida

Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 341 views
Notes
Transcript

1. Dios se revela como el que disciplina a su pueblo

En Ezequiel 7:9, el Señor se presenta como “El que castiga”. Esto nos recuerda que la corrección de Dios no es arbitraria, sino justa y necesaria para purificar a su pueblo. “Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (Hebreos 12:6). Si la unción ha de aumentar en nuestra vida, debemos permitir que el Señor trate con nuestras actitudes ocultas y nos lleve al arrepentimiento verdadero.

2. El pecado oculto impide el fluir del Espíritu

En Ezequiel 8, Dios mostró a su profeta la idolatría escondida en el templo, invisible a los hombres pero clara ante los ojos de Dios. “No hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia” (Hebreos 4:13). Hoy, el templo somos nosotros (1 Corintios 6:19). Si deseamos unción creciente, debemos permitir que el Espíritu Santo examine y limpie cada rincón de nuestra vida.

3. La verdadera profecía expone la realidad del corazón

En 1 Corintios 14:24-25 vemos cómo la palabra profética revela los secretos del corazón, llevando a las personas al reconocimiento de la presencia de Dios. No se trata de impresionar, sino de permitir que Dios confronte al pecador con su verdad. Una iglesia con unción creciente será un lugar donde la gente cae de rodillas diciendo: “Verdaderamente Dios está entre vosotros”.

4. La idolatría en el templo: una advertencia para hoy

En Ezequiel 8:14, las mujeres lloraban a Tamuz dentro del templo. Esto muestra que las prácticas paganas pueden infiltrarse en la adoración del pueblo de Dios. Hoy, la idolatría puede no ser de piedra, pero sí del corazón: amor desmedido por el dinero, poder, reconocimiento o placeres. “Hijitos, guardaos de los ídolos” (1 Juan 5:21). La unción no aumenta en un corazón dividido.

5. La gloria de Dios se aleja donde hay pecado persistente

En Ezequiel 9:3, la gloria de Dios comenzó a retirarse del templo. ¡Qué tragedia! Muchos ministerios comienzan en el fuego del Espíritu, pero terminan en la rutina porque toleraron el pecado. “No contristéis al Espíritu Santo de Dios” (Efesios 4:30). La unción no se mantiene automáticamente; requiere santidad continua y dependencia de Dios.

6. La unción debe crecer con el tiempo, no disminuir

Un ministerio lleno del Espíritu no se estanca; se expande. “La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Proverbios 4:18). Sin embargo, muchos líderes pierden la frescura espiritual porque dejan de cultivar su comunión con Dios y comienzan a predicar para agradar a los hombres.

7. La búsqueda del dinero apaga la unción

Jesús dijo: “No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24). Cuando el ministerio se convierte en un medio de lucro, la presencia de Dios se aparta. La unción aumenta en aquellos que sirven sin dobleces, con corazón limpio, sin vender la verdad por beneficios temporales.

8. La fidelidad en el llamado es clave para mantener la gloria

Pablo exhortó a Timoteo: “Cumple tu ministerio” (2 Timoteo 4:5). Dios nos llama a permanecer firmes, aunque vengan presiones externas. La unción crece en quienes se mantienen fieles al mensaje de la cruz, aunque sea impopular. “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10).

9. Dios marca a los que gimen por la santidad de su iglesia

En Ezequiel 9:4, los que lloraban por el pecado en el templo recibieron una marca de protección. ¿Dónde están hoy los creyentes que claman por la santidad en la casa de Dios? “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación” (Mateo 5:4). La unción aumenta en aquellos que interceden por un despertar espiritual.

10. La indiferencia ante el pecado conduce a muerte espiritual

Los que no tenían la marca en Ezequiel 9 perecieron. La frialdad ante la deshonra del nombre de Jesús es señal de un corazón apagado. “Santificado sea tu nombre” (Mateo 6:9) debe ser una carga en nuestra oración diaria. Si no nos duele el pecado en la iglesia, la unción no puede fluir con poder.

11. El juicio comienza por la casa de Dios

“Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1 Pedro 4:17). En Ezequiel 9, los primeros en ser juzgados fueron los ancianos que dirigían al pueblo. Los líderes que descuidan la santidad y la verdad conducen a la iglesia a la ruina espiritual. La unción exige responsabilidad y temor del Señor.

12. La adoración verdadera no busca al sol, sino al Hijo

En Ezequiel 8:16, los sacerdotes daban la espalda al templo y adoraban al sol. ¡Qué imagen tan actual! Muchos hoy dan la espalda a Cristo y buscan luces terrenales. La adoración genuina es centrada en Jesús, no en espectáculos. “El Padre busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad” (Juan 4:23).

13. La unción crece en quienes permanecen quebrantados

El aumento de la unción no viene de métodos humanos, sino de un corazón que reconoce su necesidad de Dios. “El sacrificio de Dios es el espíritu quebrantado” (Salmo 51:17). No importa cuántos años llevemos en el ministerio; si dejamos de depender de Dios, la gloria se apartará.

14. La unción protege a quienes guardan el nombre del Señor

Dios puso una marca sobre los que gemían por su santidad. Esa marca es símbolo de protección espiritual. “Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Timoteo 2:19). Los que honran el nombre de Jesús verán la unción crecer, mientras que los indiferentes la perderán.

15. La necesidad urgente de avivamiento y pureza en la iglesia

La visión de Ezequiel es una advertencia y un llamado: la gloria puede irse si la iglesia no se arrepiente. Pero si buscamos a Dios de todo corazón, Él restaurará la unción y el poder del Espíritu. “Si se humillare mi pueblo... entonces oiré desde los cielos... y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14). El fuego del Espíritu puede volver a arder, si estamos dispuestos a limpiar el templo de nuestro corazón.

Sermón: Preparación para recibir la unción del Espíritu

Texto base:

“Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1:8)

1. El deseo genuino de ser lleno del Espíritu

La primera pregunta que todo creyente debe responder es: ¿realmente deseas ser poseído por el Espíritu Santo? No se trata de buscar solo poder o emoción, sino rendir toda la vida a su gobierno. Jesús dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37). La verdadera unción comienza con un corazón sediento que busca no una experiencia pasajera, sino la presencia misma de Dios. La preparación inicia cuando el anhelo del Espíritu supera cualquier otro deseo.

2. Reconocer que el Espíritu Santo es Señor absoluto

Recibir la unción significa aceptar que el Espíritu no es un invitado temporal, sino el Señor que gobierna cada aspecto de la vida. “El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17). Esto implica obediencia total a la Palabra escrita, renunciando a todo pecado oculto. La preparación exige rendir el control de la vida al dominio del Espíritu.

3. La renuncia al yo como condición indispensable

Antes de ser lleno, el creyente debe vaciarse de sí mismo. Jesús declaró: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lucas 9:23). Negarse a sí mismo significa morir al orgullo, al amor propio y a los ídolos que ocupan el trono del corazón. La unción requiere un corazón totalmente desocupado para que solo Cristo reine.

4. El vaciamiento produce un dolor necesario

Muchos creyentes retroceden en este proceso porque confunden la prueba con el abandono de Dios. Sin embargo, la desilusión personal es la puerta a la plenitud espiritual. Pablo testificó: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20). La muerte al yo es dolorosa, pero es la única manera de que la vida de Cristo fluya en nosotros.

5. La prueba del corazón revela los ídolos ocultos

Dios confronta todo aquello que compite con su señorío. El salmista oró: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos” (Salmos 139:23). La preparación para la unción incluye permitir que el Espíritu muestre ídolos ocultos, amores desordenados y dependencias que estorban su plenitud en nosotros.

6. La rendición absoluta es el precio de la unción

La pregunta clave es: ¿estás dispuesto a entregar todo? Abraham fue probado cuando Dios le pidió a Isaac (Génesis 22:2). La unción exige una entrega semejante, dispuesta a renunciar incluso a lo más amado si Dios lo pide. Esta rendición no empobrece, sino que abre la puerta a la abundancia del Espíritu.

7. El Espíritu Santo no negocia con el pecado

Muchos quieren el poder del Espíritu sin abandonar los hábitos que lo entristecen. “No contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados” (Efesios 4:30). La preparación incluye una limpieza consciente del corazón, arrepentimiento genuino y el deseo de vivir en santidad.

8. La soledad del alma en el proceso de vaciamiento

Renunciar a los ídolos trae un desierto interior que ninguna reunión evangélica ni comunión externa puede llenar. Moisés pasó 40 años en el desierto antes de ser llamado (Éxodo 3:1-4). Esa soledad es el laboratorio donde Dios forma vasos vacíos para su gloria.

9. La lucha espiritual y la oposición de Satanás

Satanás intentará persuadirnos de que retrocedamos, susurrando que tomemos la vida con calma. “Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). La batalla espiritual es intensa porque el enemigo sabe que un creyente lleno del Espíritu es una amenaza real para su reino.

10. La importancia de perseverar hasta la plenitud

Muchos comienzan el proceso de búsqueda, pero pocos perseveran hasta ser llenos. Jesús dijo: “El que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24:13). La unción no es para los que buscan a medias, sino para los que insisten hasta que Dios responda.

11. La noche oscura del alma no es meritoria, pero es necesaria

El sufrimiento en el proceso no nos hace más justos, pero rompe con las cadenas que nos atan a lo terrenal. “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos” (Filipenses 3:10). Esta experiencia prepara el terreno para que la gloria del Espíritu descienda.

12. La obra es por gracia, no por mérito humano

Todo lo que recibimos es por la sangre de Cristo, no por nuestros esfuerzos. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe… no por obras” (Efesios 2:8-9). La unción no se compra con sacrificios humanos, pero requiere un corazón dispuesto y rendido.

13. La atención centrada únicamente en Dios

El propósito de la preparación es que nuestra mirada se fije en el Señor. Colosenses 3:2 dice: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”. Un corazón dividido no puede experimentar la plenitud. La unción desciende sobre los que han hecho de Cristo su único centro.

14. La plenitud del Espíritu produce transformación total

Cuando el Espíritu llena, la vida cambia radicalmente. Los discípulos que antes temían, después de Pentecostés hablaron con denuedo (Hechos 4:31). La preparación para la unción no termina en vacío, sino en un desbordamiento de poder que impacta a otros.

15. La unción como resultado de un corazón completamente rendido

Finalmente, la unción del Espíritu es el fruto de una entrega total y de un proceso que nos lleva a morir para que Cristo viva en nosotros. “Sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18). Esta es la voluntad de Dios para cada creyente: que no tengamos algo de Él, sino todo, y que Él no tenga algo de nosotros, sino todo.

EL COSTO DE LA UNCIÓN

Texto base: Marcos 1:21-26; Hechos 10:38; Isaías 10:27

1. La unción pone en evidencia la autoridad de Dios en la vida del creyente

Jesús enseñaba en la sinagoga de Capernaúm y todos reconocían que su enseñanza era con autoridad, no como la de los escribas (Marcos 1:22). Esa autoridad no era producto de un título humano, sino del poder del Espíritu Santo que reposaba sobre Él. De igual manera, un creyente que busca y paga el precio por la unción reflejará una autoridad que el mundo no puede explicar ni resistir. El costo de esa unción es una vida rendida, consagrada y apartada para Dios.

2. La unción despierta la oposición del reino de las tinieblas

Cuando Jesús ministraba, el espíritu inmundo comenzó a gritar: "¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: ¡el Santo de Dios!" (Marcos 1:24). El infierno reconoce a los que están llenos del Espíritu. Por eso, cuando un hombre o una mujer decide caminar en la unción, debe saber que será blanco de ataques espirituales. No es casualidad, es el costo de portar el poder que derrota las obras de Satanás.

3. La unción es lo que rompe el yugo y libera a los oprimidos

Isaías 10:27 declara: "Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción." No hay estrategia humana ni talento natural que pueda romper las cadenas del pecado y de la opresión. Solo la unción del Espíritu lo hace. Pero para que opere en nosotros, debemos buscarla intensamente y estar dispuestos a rendirlo todo.

4. El ministerio sin unción no amenaza a Satanás

Se puede tener actividad religiosa, programas y servicios, pero sin la unción, todo se vuelve una obra humana que no produce transformación. Satanás no teme a la organización, pero sí tiembla ante un hombre o mujer de oración lleno del Espíritu. Pablo dijo: "No con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder" (1 Corintios 2:4). Ese poder tiene un precio.

5. La unción requiere una vida de santidad y obediencia

Jesús, siendo el Hijo de Dios, vivió en completa obediencia al Padre. Hechos 10:38 dice que "anduvo haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él." La unción se sostiene en un corazón limpio y una vida rendida. No es solo un acto de oración, sino un estilo de vida.

6. La distracción es una de las armas más sutiles del enemigo

En medio del avivamiento en Jerusalén, Satanás trató de desviar a los apóstoles hacia tareas secundarias. Su objetivo era que dejaran la oración para dedicarse a la administración (Hechos 6:2-3). Hoy en día, el enemigo sigue usando la misma táctica: mantenernos ocupados en cosas buenas, pero no en lo esencial.

7. La devoción apostólica sostiene la demostración apostólica

Los milagros, señales y prodigios en el libro de los Hechos eran resultado de hombres consagrados en oración y en la Palabra. Cuando se abandona la comunión con Dios, el poder se apaga. Jesús dijo: "Separados de mí nada podéis hacer" (Juan 15:5). El costo de la unción incluye mantener la conexión constante con la vid verdadera.

8. La oración es la base para mantener el aceite fresco

Los apóstoles declararon: "Nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra" (Hechos 6:4). Orar no es opcional para quien desea ministrar en la unción. La intimidad con Dios no se sustituye con talento, carisma o actividad ministerial. Solo los que pagan el precio en el secreto reciben la recompensa en público.

9. La unción exige una disciplina de enfoque espiritual

No se puede vivir en la unción de manera intermitente. Requiere un compromiso diario de buscar al Señor, apartarse del pecado y mantener la mente renovada. Pablo exhorta: "No se embriaguen con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sean llenos del Espíritu" (Efesios 5:18). Es un mandato continuo, no un evento ocasional.

10. Satanás busca reducirnos cuando no puede destruirnos

Si no logra que caigamos en pecado, intentará que vivamos sin fruto, ocupados pero sin impacto eterno. Muchos ministros han dejado de lado la búsqueda del Espíritu para atender solo la administración, la logística o las redes sociales. Pero el Evangelio no avanza por estrategias humanas, sino por el poder de Dios (Romanos 1:16).

11. La unción se multiplica en la obediencia al llamado

Los apóstoles tomaron la decisión correcta: delegaron las tareas administrativas y se enfocaron en su verdadera misión. Eso permitió que "la palabra de Dios creciera, y el número de los discípulos se multiplicara grandemente" (Hechos 6:7). Cuando priorizamos la presencia de Dios, el fruto llega de manera sobrenatural.

12. La comunión con Dios es el nivel más alto de ministerio

No hay nada más importante que cultivar intimidad con el Padre. Jesús mismo buscaba lugares apartados para orar, incluso en medio de multitudes (Marcos 1:35). Si el Hijo de Dios necesitaba comunión diaria con el Padre, ¡cuánto más nosotros! Esa es la fuente de la unción.

13. La unción es costosa, pero su fruto es eterno

El precio de la unción puede significar renunciar a comodidad, reconocimiento humano y ambiciones personales. Pero la recompensa es ver vidas transformadas, yugos rotos y el reino de Dios avanzando. Pablo dijo: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" (Gálatas 2:20).

14. La unción no es un lujo, es una necesidad en los tiempos actuales

Vivimos en una generación donde el conocimiento abunda, pero el poder de Dios muchas veces falta. La iglesia necesita hombres y mujeres llenos del Espíritu que no solo prediquen, sino que demuestren el evangelio con autoridad y compasión. El mundo no será ganado por discursos, sino por la manifestación del poder de Dios (1 Corintios 4:20).

15. La invitación final: invierte en lo eterno, no en lo temporal

Jesús sigue buscando a aquellos que estén dispuestos a pagar el precio. No se trata de cuánto haces, sino de cuánto te rindes. "Pero tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre" (1 Timoteo 6:11). La unción está disponible, pero requiere un corazón dispuesto a morir a sí mismo para que Cristo viva plenamente.
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.