Serie S1E19 – Elías 03 | Mira al horizonte
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Mi necesidad de buscar a Dios me llevo a practicar todas las formas que se me enseñaron sobre la oración, Hoy Dios quiere hablarte a ti también sobre algo tan importante como la forma correcta de hablar con Dios. Así que antes de entrar al tema central
Iglesia, antes de entrar a la predicación de hoy, tengamos un momento de reflexión y arrepentimiento sobre como hemos permitido como Iglesia en muchos lugares entrar corrientes no bíblicas sobre la oración.
Hemos convertido la oración en palanca, en espectáculo, en voz de nuestros deseos.
Le hemos faltado el respeto a Dios cuando lo tratamos como un padrino mágico al que se le “arrancan” favores, como si Su mano pudiera forzarse haciendo montón, con estrategias o decretos.
Ya es tiempo que aceptemos que nos ha gustado estar en el centro: ser vistos, ser oídos, ser “los ungidos”, Tocados por el Espiritu, el tema es…. cual espíritu.
La oración bíblica no manipula, se somete;
no ordena, obedece;
no presume, persevera;
no se luce, se oculta para que Cristo sea visto.
“Él debe crecer y nosotros menguar” (Jn 3:30).
“Debemos caminar en el Espiritu y no satisfacer los deseos de la carne” (Gál 5:16).
Hoy tengamos esta reflexión:
– Dejemos de orar sin la cruz, sin la Palabra Escrita de Dios y muy importante sin obediencia.
– Dejemos de orar para validarnos o controlar los resultados.
– Hoy eligamos la voluntad del Padre antes que la nuestra
Con el corazón plantados en Su presencia, en Su voluntad y sobre todo en Su verdad
continuamos con la predica de hoy.
La semana pasada hablamos como el mismo pueblo de Israel olvido quien era Su Dios a pesar de todas la evidencias extraordinarias de cuidado
los rescato de la esclavitud, los sustento hasta la tierra prometida
LES DIO IDENTIDAD (FUERON LLAMADOS EL PUEBLO ESCOGIDO DE DIOS)
Pero a pesar de todo esto
El pueblo comprometió su fe al poner su esperanza en dioses falsos, alianzas de conveniencia, pero Dios permitió una gran sequía en sus vidas (no con el objeto de que sufran por de venganza) sino para que sus corazones vuelvan a El.
Dios pudo haberse olvidado de su pueblo o destruirlos enviándoles fuego del cielo, pero en cambio les a recodado su identidad como hijos amados, enviando fuego del cielo como prueba y recordatorio de quien es Su verdadero Dios, gracias a esto, el pueblo se arrepienten y vuelven a El.
Los planes de Dios siempre se cumplen en la vida de los suyos.
Pero apesar de este gran milagro y el arrepentimiento del pueblo, las circunstancia seguia, la sequía seguía afectando sus vidas, mientras la mayoria festejaba, Elías no se queda celebrando la victoria,
hace lo que todo cristiano hoy tiene que hacer en sus propias batallas,
Postrarse y orar.
Necesitamos entender el verdadero valor, significado y uso de la oración, La oración bíblica, no intenta torcerle el brazo a Dios; la oración debe nacer desde un corazón plantado en Su presencia que se alinea con la promesa que Él ya declaró.
Cuando oras así, no solo tu eres transformado: ¡las circunstancias se rinden al plan de Dios!
EL mismo problema ya no lo vives de la misma manera porque hora descansas en la verdad de Dios, en Su poder redentor y su cuidado.
Veamos esta escena: una mesa, una Biblia abierta… y una familia de rodillas en oración
No están declarando ni decretando, No están “forzando” a Dios para que haga lo que ellos desean;
están rindiendo sus corazónes a la verdad de su palabra, para que Él haga lo que El ya prometió.
Este es el punto de partida hoy: la oración bíblica nunca intenta torcerle el brazo a Dios; la oración biblica nace de un corazón plantado en Su presencia mediante la verdad de Su Palabra, por el poder del espíritu Santo que se alinea con la promesa que Él ya declaró en Su Palabra.
Cuando oras así, no solo hay un fruto de cambio en tus pensamientos y tus emociones (a esto le llamo identidad) : ademas ¡las circunstancias se rinden al plan de Dios!
Esto fue exactamente lo que pasó con Elías. No había nubes, solo sequía.
Pero había una palabra de Dios y un corazón postrado.
Elías no hizo un espectáculo para torcerle el brazo a Dios
(YA SABEN…. NO RECIBO UN NO POR RESPUESTA!!);
En cambio, Se inclinó y oró, volvió a mirar siete veces y actuó como quien ya oyó la lluvia.
(Aunque la circunstancias no cambien, vivimos como si ya cambiaron)
(ACTUO CREYENDOLE A DIOS PONIENDO SU DESCANSANDO EN EL)
La oración verdadera mis hermanos, no busca manipular a Dios; se apoya en lo que Dios dijo y persevera en la oración cuando parece que “no hay respuesta”
y OBEDECEMOS aunque solo se vea una nubecita insignificante a lo lejos, como Elias.
En (1 R 18:41–46)
• Veremos la oración que persevera: una postura humilde que se aferra a la Palabra de Dios.
Porque una oración que Persevera “vuelve a mirar y vuelve a mirar y vuelve a mirar” hasta que la nube aparece.
Porque?
Porque La Promesa de Dios siempre termina cumpliéndose, pero ten mucho cuidado en esto: No le pongas palabras tuyas a Dios que el nunca dijo ni promesas que nunca prometio: Nuestra esperanza es que con Dios siempre la lluvia cae y nos fortalece,
fortalece nuestra identidad como hijos amados para el plan que a preparado para nuestras vidas
Saliendo Fortalecidos para correr el siguiente tramo.
Iglesia, quizá estas pasando por “una sequía”, Asegurate que la Biblia este abierta y tu corazón este plantado en Su presencia
RECUERDA: el cielo no está cerrado.
Y como dice el Titulo de hoy: Mira al horizonte: cuando oramos conforme a Su voluntad,
Dios cambia primero nuestro corazón… y después cambia clima (circunstancias)
VERSICULO
1 REYES 18:41-46
Mapa
1. — Se inclinó y oró (v. 41-42) Ruego
2. Perseverancia — Vuelve a mirar (v. 43-44a)
3. Promesa — La lluvia grande se desató (v. 44b-46)
1. — Se inclinó y oró (v. 41-42) Ruego
En 1 Reyes 18:41, Elías le dice a Acab:
Sube, come y bebe; porque se oye el estruendo de mucha lluvia.
Aquí pasa algo que no debemos dejar escapar: ¡todavía no había ni una nube en el cielo!
Ni un cambio en el viento, ni una gota de lluvia, no había nada… pero Elías ya hablaba como si la lluvia estuviera cayendo.
¿Por qué?
Porque Dios ya lo había dicho (1 R 18:1). Y para Elías,
la palabra de Dios es más real que las circunstancias. No está reaccionando a lo que ve, sino afirmando lo que Dios ya declaró.
⸻
Lo que debemos aprender
1. La fe verdadera actúa antes de ver
• Elías no espera a que empiece a llover para creer.
• Igual que Noé construyó el arca sin ver lluvia (Hebreos 11:7), y Abraham creyó en un hijo cuando su cuerpo ya estaba como muerto (Romanos 4:18-21).
2. Como iglesia debemos descansar en lo que Dios dijo, no en lo que sentimos o vemos.
• El “come y bebe” a Acab es como decir: “Prepárate, porque lo que Dios dijo ya está en camino.
• Nosotros vivimos muchas veces en ansiedad porque queremos ver primero y actuar después. Pero la fe bíblica es lo opuesto: obedecemos y actuamos (Porque confiamos en lo que Dios ya dijo)
3. Las forma en como vivimos nuestra fe contagia a otros.
• Elías le transmite seguridad a Acab, aunque Acab era un rey incrédulo.
• Nuestra confianza en Dios debe ser tan firme que hasta los incrédulos se vean confrontados por ella.
Aplicación:
• Tal vez hoy estás en la sequía — no ves nada, no sientes nada, todo parece igual de seco que ayer.
• Mis hermanos, Pero si Dios ya te habló, tu respuesta no es esperar a que cambien las circunstancias para confiar… es caminar como si ya estuvieras bajo la lluvia.
• Es perdonar aunque la reconciliación no haya llegado.
• Es seguir sembrando aunque las hojas estén secas.
• Es orar por tu familia aunque parezca imposible que se rindan a Dios.
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Elías nos enseña que la fe no es esperar sentado hasta que Dios cumpla… es vivir desde ya como si lo prometido estuviera sucediendo.
Cuando Cristo murió en la cruz y dijo “Consumado es”, muchas cosas aún no habían pasado… pero en el cielo, la victoria ya estaba escrita.
No esperes a sentir la lluvia para creer en el Dios que la envía.
Cree hoy… y que tu vida sea un testimonio de que Él es fiel.
En cambio, Elías no corre a celebrar con Acab.
No busca la comodidad, ni el reconocimiento de lo que acaba de suceder.
Mientras el rey se va a comer y beber, Elías sube a la cumbre del Carmelo y se postra con el rostro entre las rodillas.
Es la imagen de alguien que entiende que la verdadera batalla no se gana en los banquetes, sino de rodillas en la presencia de Dios.
Él ya tiene una promesa —Dios le dijo que vendría lluvia—, pero aún así ora. No porque dude, sino porque sabe que las promesas de Dios se abrazan y se vive en dependencia total a EL y no en la pasividad de la espera.
Elías, un hombre con autoridad frente a reyes y multitudes, se hace pequeño delante de Dios. Su posición externa es alta: profeta reconocido de mucho respeto.
Pero en su postura interna es más baja que nunca: rostro en tierra, totalmente rendido y en dependencia de Dios.
Aplicación
- Tu vida emocional y espiritual no debe depender de lo que pasa en lo publico, sino de cuánto te postras en lo privado.
- La oración no es una opción secundaria cuando todo está hecho; es el trabajo central cuando parece que nada se está moviendo.
- A veces Dios te pondrá en posiciones visibles de liderazgo, pero si tu corazón no está postrado, el puesto te alejará de la fuente.
Pregunta:
¿Qué tanto depende tu paz, tu gozo y tu dirección espiritual de tu tiempo de rodillas?
Pero Elías, en el Carmelo, era solo la sombra que apunta a un Jesús aún más grande.
En Getsemaní, Jesús también se postró con el rostro en tierra. Él no buscó escapar de la Cruz, sino alinear su sentir con la voluntad del Padre:
“Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya.”
En ese momento Dios abrió los cielos, no para una lluvia física, sino para que la gracia de Dios fuera derramada sobre todos nosotros.
Este pasaje nos recuerda que la oración no es un acto débil ni simbólico, sino un arma poderosa en manos de un hijo de Dios.
Santiago pone como ejemplo a Elías, un hombre “con pasiones semejantes a las nuestras”, para dejarnos claro que el poder no estaba en su perfección, sino en el Dios al que oraba. Elías oró conforme a la voluntad de Dios y vio el cielo cerrarse… en el tiempo oportuno pero tambien abrirse cuando Dios en el tiempo que El ya lo tenia presupuestado.
La clave está en dos cosas:
1. Confesión y restauración
– un corazón desnudo delante de Dios que busca estar en paz con los demás.
2. Oración persistente alineada a la voluntad de Dios
– no para imponerle nuestros planes, sino para pedir lo que Él ya tiene presupuestado hacer.
Cuando vivimos así, nuestra oración tiene peso en el cielo y tiene un efecto claro en la tierra.
2. Perseverancia — Vuelve a mirar (v. 43-44a)
Imagínate al siervo de Elías subiendo y bajando la ladera del Carmelo.
Una vez… nada.
Dos veces… nada.
Tres, cuatro, cinco, seis… y nada.
Es fácil imaginar el cansancio en las piernas y la pregunta en la mente:
¿Para qué sigo subiendo si no hay nada?
Pero Elías no se rinde. Sabe que la promesa no depende de lo que ven nuestros ojos, sino de lo que dijo Dios.
Por eso insiste: “Vuelve, vuelve, vuelve”.
Y a la séptima vez, el siervo regresa con un reporte casi ridículo: “Es una nubecita… como la palma de la mano”.
A cualquiera le parecería insignificante, pero para Elías era la señal que esperaba del cielo.
Esa pequeña nube era la confirmación de que lo que Dios prometio ya estaba en camino.
Qué debemos aprender en esto?
1. Dios nos entrena en la perseverancia
• Muchas veces veremos “seis nadas” antes de ver “una nubecita”.
• La perseverancia no es opcional; es parte del proceso de maduración en la fe.
2. Valorar lo pequeño como el inicio de algo grande
• La nubecita parecía muy pequeña e insignificante, pero traía una tormenta detrás.
• Dios muchas veces empieza con algo que parece insignificante: una conversación, una oración, un paso de fe.
3. Nuestra obediencia abre la puerta al cumplimiento
• El siervo obedeció siete veces. Si se hubiera rendido en la sexta, no habría visto la nube.
Aplicación:
• Tal vez hoy estás en tu “sexta subida”, cansado de esperar, sin ver nada.
• mi invitación es clara: No te rindas antes de tiempo. La séptima está más cerca de lo que crees.
• aprendamos como iglesia a celebrar las “nubecitas” que Dios nos muestra, porque son la garantía de que lo que Él prometió está por llegar.
La intercesión verdadera no se alimenta de probabilidades humanas, sino del carácter de Dios.
Las estadísticas dicen: “No hay posibilidades”.
La fe dice: “Mi Dios sigue siendo fiel”.
El siervo de Elías vio una nubecita pequeña, casi insignificante. En términos humanos, eso no garantiza nada. Pero para el que confía en la promesa, una nubecita es suficiente para seguir orando y actuando.
Tal vez hoy, en tu matrimonio, tu salud o en tu iglesia, lo único que ves es algo pequeño:, una mejoría mínima en tu problema, un visitante nuevo en la congregación después de muchas tiempo. El mundo diría: Eso no es nada”… pero el cielo dice: “Ahí viene la lluvia”.
Cristo en el texto…
En la cruz, todo parecía pequeño y sin esperanza: un solo hombre, clavado y sangrando, aparentemente derrotado, el pueblo seguía en cautiverio y no expulsaron al enemigo.
Pero al tercer día, esa “nubecita” de fe se convirtió en la tormenta más grande de salvación que el mundo haya visto jamas.
Lo que parecía insignificante y pequeño fue suficiente para cambiar la eternidad de una inmensa humanidad que no tenia esperanza alguna.
No subestimes las señales pequeñas de Dios. La fe ve en lo mínimo una garantía de lo máximo.
Así como la nubecita anunció la lluvia, la cruz anunció la resurrección.
Si Cristo pudo transformar un viernes de muerte en un domingo de victoria, Él puede transformar tu “nubecita” en un aguacero de bendición.
Iglesia, No sueltes, no te rindas… El séptimo intento puede ser el definitivo, vale la pena subir de nuevo y ver el horizonte una vez mas.
3. Promesa — La lluvia grande llego (v. 44b-46)
Contexto
• Elías manda a Acab subir al carro: ¡Apresúrate, porque la lluvia te detendrá!
• Los cielos se oscurecen, el viento enloquece y el diluvio cae; el profeta corre delante del carro hasta Jezreel.
En 1 Reyes 17:1, Dios había cerrado los cielos como juicio, cumpliendo lo que había dicho en Deuteronomio 28: si el pueblo se apartaba, la lluvia se detendría. Fue un tiempo de sequía, no solo física, sino espiritual. Pero en 1 Reyes 18:1, Dios anuncia que es tiempo de volver a enviar la lluvia, no porque el pueblo lo mereciera, sino porque la misericordia de Dios es mayor que su pecado.
Esta lluvia es la señal visible de algo mucho más profundo: que cuando el corazón del pueblo se vuelve a Dios, Él responde con bendición. La sequía se transforma en fruto, el cielo cerrado se abre, y la tierra reseca vuelve a dar vida.
La oración de Elías no fue para convencer a Dios de algo nuevo, sino para alinearse con lo que Él ya había prometido. Cuando el pueblo se humilla y reconoce al único Dios verdadero, la bendición no se hace esperar.
Juan 7:37-38, NBLA
Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva
Así como la lluvia llegó sobre Israel cuando el pueblo volvió al Señor, así también la gracia de Cristo llegó a nosotros cuando estábamos secos y muertos en nuestros pecados. La cruz fue la nube que parecía pequeña, pero que trajo el aguacero eterno dE salvación.
Jesús mismo dijo:
Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: ‘De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva’” (Juan 7:37-38, NBLA).
La mayor bendición no es solo que Dios cambie nuestras circunstancias, sino que nos ha dado en Cristo una fuente que nunca se seca. Hoy, si tu corazón se vuelve a Él, no solo verás llover afuera, sino que experimentaras en tu alma los ríos de Su Espíritu.
Pregunta:
¿Qué promesa bíblica debes volver a abrazar hoy?
Mensaje a cristianos
Iglesia, quizá estás orando desgastado, cansado o en desanimo, porque sigues viendo solo nubecitas.
Hoy el Señor te dice: “Sigue mirando al horizonte; Yo cumplo lo que prometí.”
nuevos creyentes
la lluvia de misericordia ya fue derramada en la cruz. La invitación es, ve a Jesús; deja la sequía del pecado y vive lo que Dios ya presupuesto para ti.
Preguntas de reflexión
1. ¿Cuándo fue la última vez que tu oración se basó en quien es Dios y no en lo que tus ojos ven en la circunstancia ?
Oración final
“Señor, hoy nos postramos como Elías. Alinea nuestro corazón con tus promesas. Danos perseverancia hasta ver la nube del tamaño de tu mano y la lluvia de tu favor.
Que en Cristo nuestros corazones vuelvan a Ti y nuestra tierra se llene de tu gloria. Amén.”
