Está bien tener luchas
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INTRODUCCIÓN:
INTRODUCCIÓN:
Hola amados hermanos, el Señor en Su gracia les bendiga ricamente. Hoy estamos, por la gracia de Dios, hablando de la serie de mensajes que había iniciado a comienzos de año. ¿Recuerdan el nombre?: «Está bien no estar bien». A modo de resumen muy breve, hemos ya visto varios temas anteriormente, para recordarlo:
Está bien estar desanimado/deprimido: Vimos que la Biblia nos da permiso para sentirnos abatidos y que grandes hombres de Dios como Moisés, Elías y David expresaron un profundo desánimo, enseñándonos a ser honestos con Dios en nuestra debilidad.
Está bien estar triste: Descubrimos que la vida cristiana tiene estaciones y que la tristeza es una respuesta bíblica a los tiempos de tormenta, recordándonos que Jesús mismo se entristeció.
Está bien llorar: Entendimos que las lágrimas no son un signo de fe débil, sino una parte esencial del proceso de sanidad, un acto de fe que nos abre al consuelo de Dios.
Está bien tener miedo: Comprendimos que el mandato "No temas" no es una reprensión, sino una tierna invitación al ánimo de un Padre que conoce nuestra fragilidad y nos llama a Su protección.
Y hoy, culminamos esta serie con el tema que subyace a todos los demás: Está bien tener luchas.
Ahora, recordando estos temas anteriores, vamos a ver el de hoy que lo títule: «Está bien tener luchas». Para esto, quiero empezar con esta analogía:
Imaginen por un momento a un escalador suspendido en la pared vertical de una montaña. Sus músculos queman, sus dedos resbalan, el abismo bosteza bajo sus pies. Ha llegado al límite de sus fuerzas. En ese momento, no tiene más opción que hacer lo que fue entrenado para hacer: dejar caer todo su peso sobre la cuerda, confiando plenamente en el anclaje que está arriba y en el compañero que asegura su vida desde la base. Su lucha es real, su agotamiento es extremo, pero su seguridad no depende de su propia fuerza, sino de su confianza en la cuerda y en quien la sostiene.
Hermanos, muchos de nosotros vivimos en esa pared de la montaña.
La lucha, es una realidad ineludible: «mientras hay vida, hay luchas». Y aquí en nuestra amada Bogotá, en este año 2025, esa lucha tiene rostros muy concretos.
Para muchos, la lucha es económica. El DANE nos dice que, aunque la economía muestra cifras macroeconómicas de crecimiento, el subempleo afecta a casi un 25% de la fuerza laboral en la ciudad. Esto significa que 1 de cada 4 personas que trabajan no ganan lo suficiente para vivir dignamente. Miles de familias, incluso dentro de nuestra congregación, viven , «al día», con la angustia constante de los préstamos "de los bancos, tarjetas de crédito o incluso hasta los gota a gota" que, según la Cámara de Comercio, atrapan a más de 300,000 bogotanos en ciclos de deuda impagables. Esta presión financiera no es solo material; es un ataque al alma que produce, según un reciente estudio de la Secretaría de Salud de Bogotá, niveles de ansiedad y depresión un 40% más altos en los estratos 1 y 2.
Pero la lucha no es exclusiva de la pobreza. En los estratos altos de nuestra ciudad, en los barrios más prósperos, la lucha simplemente cambia de rostro. Un estudio del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de la Sabana de este año reveló que en los hogares con ingresos superiores a los 20 salarios mínimos, el 60% de los adultos reportan sentirse "frecuentemente solos" a pesar de estar hiperconectados. La depresión por la presión de mantener el éxito y el estatus es una epidemia silenciosa. La tasa de divorcios en estos hogares duplica la del resto de la ciudad. Como dice Villanueva, «pueden ser ricos, pero no son felices». El dinero puede comprar un apartamento en Rosales, pero no puede comprar la paz.
Y los que no conocen a Cristo enfrentan estas mismas tormentas, pero sin la cuerda, sin el anclaje. Buscan refugio en el éxito, en las adicciones, en las filosofías de moda o en una espiritualidad vacía, solo para descubrir que están escalando sin seguridad alguna.
Hoy, el rey David, un hombre de luchas intensas, nos toma de la mano en el Salmo 31 y nos muestra dónde anclar nuestra fe cuando sentimos que vamos a caer.
El Contexto de la Lucha de David
Antes de sumergirnos en sus palabras, entendamos el mundo de David. La mayoría de los eruditos creen que David escribió este salmo durante el período oscuro en que huía del rey Saúl. Esto no era solo una amenaza física; era una crisis total de reputación y relaciones. En el mundo antiguo, un sufrimiento tan intenso como el de David a menudo se interpretaba como un castigo directo de Dios. Como resultado, incluso los amigos y vecinos lo abandonaban, temiendo ser "daño colateral" del juicio divino. Por eso este salmo es una mezcla tan cruda de confianza y lamento, un vaivén entre el clamor de dolor y la alabanza a Dios. Es la oración de un hombre cuyo mundo, cuerpo y comunidad se estaban desmoronando.
I. El Refugio de la Fe en Medio de la Tormenta (vv. 1-8)
I. El Refugio de la Fe en Medio de la Tormenta (vv. 1-8)
Antes de describir la profundidad de su abismo, David comienza declarando dónde está su única esperanza. No espera a sentirse mejor para confiar; confía para poder, eventualmente, sentirse mejor.
1. Una Declaración de Dependencia Radical (vv. 1-4):
1. Una Declaración de Dependencia Radical (vv. 1-4):
1 En Ti, oh Señor, me refugio; Jamás sea yo avergonzado; Líbrame en Tu justicia. 2 Inclina a mí Tu oído, rescátame pronto; Sé para mí roca fuerte, Fortaleza para salvarme. 3 Porque Tú eres mi roca y mi fortaleza, Y por amor de Tu nombre me conducirás y me guiarás. 4 Me sacarás de la red que en secreto me han tendido; Porque Tú eres mi refugio.
David usa un lenguaje de desesperación y confianza total. Clama: «En Ti, oh SEÑOR, me refugio... Sé para mí roca fuerte, Fortaleza para salvarme» (vv. 1-2). Estas no son meras poesías; son declaraciones de un hombre que sabe que su propia fuerza se ha agotado. Como el escalador, él ha decidido conscientemente soltar su peso sobre la "roca" y el "refugio" que es Dios. Su primera acción no es quejarse de la tormenta, sino correr hacia el único lugar seguro.
Matthew Henry escribe: «La fe y la oración deben ir juntas... David, en angustia, es muy ferviente con Dios en oración para recibir socorro y alivio. Esto tranquiliza a un espíritu apesadumbrado, le hace apropiarse de misericordias prometidas, y maravillosamente sostiene y consuela al alma en la esperanza de ellas».
2. Una Confianza Basada en el Carácter de Dios (vv. 5-8):
2. Una Confianza Basada en el Carácter de Dios (vv. 5-8):
5 En Tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Señor, Dios de verdad. 6 Aborrezco a los que confían en ídolos vanos; Pero yo confío en el Señor. 7 Me gozaré y me alegraré en Tu misericordia, Porque Tú has visto mi aflicción; Has conocido las angustias de mi alma, 8 Y no me has entregado en manos del enemigo; Tú has puesto mis pies en lugar espacioso.
La confianza de David no es un salto al vacío. Está anclada en quién es Dios. En el versículo 5, pronuncia las palabras que Jesús mismo citaría en la cruz: «En Tu mano encomiendo mi espíritu». ¿Por qué? Porque sabe que lo encomienda al «SEÑOR, Dios de verdad». Él ha visto la aflicción de David, ha conocido las angustias de su alma y lo ha puesto «en lugar espacioso» (vv. 7-8). Nuestra fe no se basa en nuestros sentimientos fluctuantes, sino en el carácter inmutable de nuestro Redentor.
El teólogo John Peter Lange comenta: «Aquellos que tienen una gran consolación en las tribulaciones severas son quienes previamente han ganado no solo el verdadero conocimiento, sino también el conocimiento vivo de Dios y una experiencia personal de las bendiciones de la confianza y la comunión con Él. Es para ellos una verdadera ayuda en la oración y sirve para fortalecer su fe».
II. La Realidad del Sufrimiento que Ataca Cuerpo, Alma y Reputación (vv. 9-13):
II. La Realidad del Sufrimiento que Ataca Cuerpo, Alma y Reputación (vv. 9-13):
Después de afirmar su fe, David abre la plenitud de su herida. Y como nos enseña Villanueva, es en esta honestidad brutal donde encontramos la verdadera sanidad. David nos da permiso para admitir que estamos mal.
1. El Dolor que Consume por Dentro (vv. 9-10):
1. El Dolor que Consume por Dentro (vv. 9-10):
9 Ten piedad de mí, oh Señor, porque estoy en angustia; Se consumen de sufrir mis ojos, mi alma y mis entrañas. 10 Pues mi vida se gasta en tristeza Y mis años en suspiros; Mis fuerzas se agotan a causa de mi iniquidad, Y se ha consumido mi cuerpo.
La angustia de David es total. Es física: «Se consumen de sufrir mis ojos... mis entrañas... mi cuerpo» (vv. 9-10). Es emocional: «mi vida se gasta en tristeza y mis años en suspiros». Esto, hermanos, es el lenguaje de la depresión y la ansiedad que los estudios de nuestra ciudad describen. David no se avergüenza de admitir que su ser entero está colapsando bajo el peso del sufrimiento, incluso confesando que su propia iniquidad es causa de su debilidad (v. 10).
John Peter Lange nos recuerda: «La ansiedad del corazón hace que también el cuerpo falle. El único ayudador confiable contra ambos tipos de necesidad es Jehová, el Dios fiel, cuyo gobierno es tan justo como misericordioso. Él es el Dios que redime y que libra».
2. El Aislamiento que Destruye por Fuera (vv. 11-13):
2. El Aislamiento que Destruye por Fuera (vv. 11-13):
11 A causa de todos mis adversarios, he llegado a ser objeto de oprobio, Especialmente para mis vecinos, Y causa de espanto para mis conocidos; Los que me ven en la calle huyen de mí. 12 Como un muerto soy olvidado, sin ser recordado, Soy semejante a un vaso roto. 13 Porque he oído la calumnia de muchos, El terror está por todas partes; Mientras traman juntos contra mí, Planean quitarme la vida.
El sufrimiento de David es también social. Es el oprobio, el espanto, el abandono: «Los que me ven en la calle huyen de mí» (v. 11). Se siente como un objeto inútil, un «vaso roto» (v. 12). Y la causa es la murmuración, la calumnia de muchos que «tramaban juntos contra mí» (v. 13). ¿Cuántos en nuestra iglesia se sienten así? Aislados por el chisme, olvidados por sus amigos, con su reputación destrozada. David valida ese dolor y lo trae ante Dios.
Matthew Henry observa con agudeza: «Sus amigos fueron crueles y llegaron a estar recelosos de él. Fue un horror para sus conocidos; cuando lo vieron, huyeron de él... Que aquellos que están en el lado perdedor no piensen que es extraño si son así abandonados, pero que se aseguren de tener un amigo en el Cielo, el cual no les fallará».
III. La Respuesta de la Esperanza que Reclama el Futuro (vv. 14-24)
III. La Respuesta de la Esperanza que Reclama el Futuro (vv. 14-24)
En medio del dolor físico, emocional y social, David hace un giro. No porque las circunstancias hayan cambiado, sino porque él decide dónde poner su mirada. Este es el acto de fe más poderoso.
1. La Decisión de Confiar en Medio del Caos (vv. 14-18):
1. La Decisión de Confiar en Medio del Caos (vv. 14-18):
14 Pero yo, oh Señor, en Ti confío; Digo: «Tú eres mi Dios». 15 En Tu mano están mis años; Líbrame de la mano de mis enemigos, y de los que me persiguen. 16 Haz resplandecer Tu rostro sobre Tu siervo; Sálvame en Tu misericordia. 17 Oh Señor, no sea yo avergonzado, porque a Ti clamo; Sean avergonzados los impíos; que desciendan en silencio al Seol. 18 Enmudezcan los labios mentirosos, Porque hablan arrogantes contra el justo Con soberbia y desprecio.
El versículo 14 es el corazón del Salmo: «Pero yo, oh SEÑOR, en Ti confío; Digo: “Tú eres mi Dios”». Es una interrupción deliberada del lamento. Es la fe que se rebela contra la desesperación. David pone su vida, sus tiempos, su futuro, en las manos de Dios (v. 15) y desde esa posición de confianza, ora por liberación. No niega su lucha, pero tampoco deja que su lucha tenga la última palabra.
Matthew Henry lo explica así: «Si Dios tiene nuestros tiempos en su mano, puede ayudarnos; y, si es nuestro Dios, nos ayudará; ¿y entonces qué puede desalentarnos? Es un gran apoyo para aquellos que tienen a Dios por su Dios el que sus tiempos estén en su mano, y sin duda él los ordenará y dispondrá para lo mejor».
2. La Celebración de la Bondad de Dios y un Llamado a la Valentía (vv. 19-24):
2. La Celebración de la Bondad de Dios y un Llamado a la Valentía (vv. 19-24):
19 ¡Cuán grande es Tu bondad, Que has reservado para los que Te temen, Que has manifestado para los que en Ti se refugian, Delante de los hijos de los hombres! 20 De las conspiraciones de los hombres Tú los escondes en lo secreto de Tu presencia; En un refugio los pondrás a cubierto de los enredos de las lenguas. 21 Bendito sea el Señor, Porque ha hecho maravillosa Su misericordia para mí en ciudad asediada. 22 Y yo alarmado, decía: «¡Cortado soy de delante de Tus ojos!». Sin embargo, Tú oíste la voz de mis súplicas Cuando a Ti clamaba. 23 ¡Amen al Señor, todos Sus santos! El Señor preserva a los fieles, Pero les da su merecido a los que obran con soberbia. 24 Esfuércense, y aliéntese su corazón, Todos ustedes que esperan en el Señor.
Este acto de confianza desata en David una alabanza anticipada. ¡Aún en la ciudad asediada (v. 21), celebra la maravillosa misericordia de Dios! Admite su pánico pasado («Y yo alarmado, decía: “¡Cortado soy de delante de Tus ojos!”», v. 22), pero testifica que Dios aun así lo escuchó. Y su experiencia personal se convierte en un llamado para toda la comunidad: «¡Amen al SEÑOR, todos Sus santos!... Esfuércense, y aliéntese su corazón, todos ustedes que esperan en el SEÑOR» (vv. 23-24).
Como dice John Peter Lange: «La fe de David no ve el número y el poder de sus enemigos, sino solo la mano de Dios, que distribuye a los hombres sus destinos. Así, el creyente trata sus asuntos en su aposento con su Dios en lugar de con sus enemigos; y mientras ellos se imaginan que están completamente seguros, el poder de sus oraciones lucha contra ellos desde el cielo».
Conclusión y Aplicación
Conclusión y Aplicación
Hermanos, la vida del creyente no es la ausencia de luchas, sino la presencia de un refugio en medio de ellas. Como escribe Thomas Merton, citado en la lectura: «La verdadera fe nunca es meramente una fuente de consuelo espiritual. Antes de traer paz, debe involucrarnos en la lucha».
El Salmo 31 nos da el mapa para esa lucha:
Comienza con Confianza: Antes de ahogarte en tu problema, declara quién es tu Dios. Aférrate a la cuerda de Su carácter.
Sé Brutalmente Honesto: No finjas una alegría que no sientes. Nombra tu dolor, tu angustia física, tu soledad, tu miedo. Llévale a Dios tu "vaso roto". Como Jesús en Getsemaní, admite: "Padre, esto es difícil".
Termina con una Decisión: En medio de tu honestidad, haz la elección consciente de decir "Pero yo, en Ti confío". Pon tus años, tu futuro, tu problema financiero, tu soledad, en Sus manos.
Tu lucha, sea en la escasez de un barrio popular o en la soledad de un apartamento lujoso, es real. Pero tu Roca es más real aún. Que esta semana, cada uno de nosotros pueda tomar su lucha personal y, como David, transformarla en un testimonio, animando a otros a esforzarse y alentar su corazón, esperando en el SEÑOR.
Pregunta de Reflexión y Tarea Semanal:
Pregunta de Reflexión y Tarea Semanal:
Pregunta de Reflexión:
Pregunta de Reflexión:
David llegó a un punto de quiebre en el versículo 14, donde interrumpió su lamento con una declaración radical: «Pero yo, en Ti confío». En tu lucha actual,
¿qué te impide hacer esa misma declaración con todo tu ser? ¿Qué miedo, qué duda o qué dolor tienes que entregarle a Dios para poder decir genuinamente: «Tú eres mi Dios, mis tiempos están en Tu mano»?
Tarea para la semana: Escribe tu propio Salmo 31
Tarea para la semana: Escribe tu propio Salmo 31
Esta semana, te animo a que tomes un tiempo a solas con Dios, con un cuaderno y tu Biblia, y sigas el mapa que David nos dejó. Escribe tu propio salmo personal de lucha y confianza:
El Refugio (vv. 1-8): Comienza escribiendo quién es Dios para ti. Basado en las Escrituras y en tu experiencia, declara Sus atributos: "Tú eres mi Roca, mi Libertador, mi Dios de verdad...".
La Realidad (vv. 9-13): Con total honestidad, escribe sobre tu lucha. No te guardes nada. Describe cómo te afecta física, emocional y socialmente. Sé específico. Dale a Dios tu "vaso roto".
La Respuesta (vv. 14-24): Haz una pausa y, por fe, escribe las palabras: "Pero yo, en Ti confío, Señor". A partir de ahí, entrégale tus "tiempos" a Él. Termina con una oración de alabanza por Su bondad y una palabra de ánimo para ti mismo y para otros que esperan en Él.
No tienes que ser un poeta. Solo tienes que ser honesto. Que este ejercicio transforme tu lucha en un acto de adoración.
Oremos…
