Todos necesitamos sanar
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Estamos enfermos
Estamos enfermos
Nuestro cuerpo está enfermo: se está muriendo.
Nuestra alma está enferma: tiene vacíos sin fondo.
Nuestra mente está enferma: tinene una cosmovisión incompleta.
Nuestro espíritu está enfermo: necesita un salvador.
La sanidad del mundo es la misión de la iglesia
La sanidad del mundo es la misión de la iglesia
Empieza en nosotros entender de lo que se trata el reino de Dios
La grandiosa y trascendental saniadad integral de la humanidad es un acto sencillo que tú puedes/debes hacer.
El poder del reino de Dios es que no se trata de eventos portentosos, sino de una vida que entrega su vida a Jesús y acepta ser sanada.
20 Los fariseos le preguntaron a Jesús cuándo iba a venir el reino de Dios, y él les respondió: —La venida del reino de Dios no se puede someter a cálculos.
21 No van a decir: “¡Mírenlo acá! ¡Mírenlo allá!” Dense cuenta de que el reino de Dios está entre ustedes.
Con este texto Bíblico hacen mucho sentido las advertencias de Jesús cuando realizó muchos de sus milagros y les pidió a las personas que no dijeran nada.
Humildad para sanar a otros
Humildad para sanar a otros
El reino de Dios es una acción humilde, sencilla, sin publicidad.
El reino de Dios es tan poderoso que no necesita publicidad para impactar al mundo.
Jesús tomó a 12 y cambió la humanidad. Eso hace el reino de Dios.
Sanar al mundo es sanar a uno.
Nuestra misión no se trata de un acto de orgullo, mirando a los demás como menos solo porque son pecadores o están perdidos.
Nuestra misión es un acto de humildad, porque sigues estando enfermo, pero estás dispuesto a ayudar a otros enfermos.
Recuerda estas dos claves necesarias para que emprendas la misión de ayudar a sanar a otros:
La clave para sanar las heridas de otros está en reconocer las heridas propias.
La clave para sanar las heridas de otros está en reconocer las heridas propias.
También tienes heridas que debes sanar, si aprendes del proceso podrás ayudar a otros.
Esto nos confronta con la necesidad imperante de venir delante de Dios a reconocer nuestras heridas.
Tienes un alma herida que necesita sanidad.
Atender las heridas propias a veces produce temor y normalmente nos provoca a huir, evadir y negar, pero a menos que afrontemos nuestras heridas, será difícil sanar a otros.
Sin nuestras heridas tendríamos la actitud incorrecta para servir.
No servimos porque estamos sanos, sino porque estamos sanando.
Somos miembros vitalicios del hospital de Dios.
La clave para sanar las heridas de otros está en aprender a sanar las heridas propias.
La clave para sanar las heridas de otros está en aprender a sanar las heridas propias.
Reconocer las heridas no es suficiente, tenemos que sanarlas.
Esto convierte a los cristianos en las personas más resilientes de la tierra, con la diferencia de que no solo volvemos al estado original, sino que nos convertimos en una nueva persona.
Resiliencia: La palabra inglesa resilience describe la elasticidad de los objetos que tienen el poder o la habilidad de volver a la forma o posición original después de haber sido doblados, comprimidos o estirados.
Este es un tema de disposición, porque la sanidad no depende de nosotros, pero sí la disposición de sanar. Esto es: aceptar que el sanador nos sane.
9 Los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a los que tienen el corazón totalmente comprometido con él. ¡Qué necio has sido! ¡De ahora en adelante estarás en guerra!».
Este texto nos deja dos ideas muy claras: la primera es que si deseas ser sanado, puedes ser sanado por el sanador y la segunda es que tú no puedes sanar a nadie, lo que haces es acompañar el proceso de sanidad.
Una advertencia: el milagro de la sanidad no es tu responsabilidad
Una advertencia: el milagro de la sanidad no es tu responsabilidad
Cada uno debe andar su propio camino
No puedes asumir la responsabilidad que le corresponde a la otra persona porque entonces dejarías de ser ayuda y serías alguien que perjudica en vez de alguien que ayuda.
Puedes acompañar el proceso de sanidad, pero solo eres un medio.
La sanidad completa la hace Jesús, tu tarea es presentarle al médico, no hacer la operación.
Cuando reconoces tu vulnerabilidad te das cuenta que no puedes cambiar al mundo, pero que tu aparente pequeña acción de ayudar a uno termina siendo el detonante para cambiar al mundo.
Tu testimonio es la mejor medicina para sanar a los heridos
Tu testimonio es la mejor medicina para sanar a los heridos
31 Les contó otra parábola: «El reino de los cielos es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.
32 Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas.»
