¿A quién iremos?

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Juan 6:60–71

Hoy vamos a continuar nuestro estudio en el Evangelio de Juan, y llegamos a un pasaje que marca un momento de decisión en el ministerio de Jesús. Después de enseñar que Él es el Pan de Vida, sus palabras producen reacciones muy diferentes: algunos se ofenden y lo abandonan, otros confiesan su fe en Él, y uno decide seguir, pero con un corazón traidor.
La pregunta que Pedro pronuncia en este pasaje —“Señor, ¿a quién iremos?”— será el centro de nuestra reflexión. Y quiero que la tengamos presente durante toda la clase, porque es una pregunta que todos debemos responder personalmente.

1. El rechazo del mensaje (vv. 60–65)

El texto comienza diciendo que muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: “Dura es esta palabra, ¿quién la puede oír?” Es importante entender que no se referían a que el mensaje fuera difícil de comprender intelectualmente, sino difícil de aceptar. Lo que Jesús había dicho tocaba lo más profundo de su orgullo y derribaba sus falsas expectativas.
Jesús sabía en su interior que sus discípulos murmuraban, y les preguntó: “¿Esto os escandaliza?” Aquí el verbo “escandalizar” traduce el griego σκανδαλίζω (skandalizō), que viene de σκάνδαλον (skandalon), la parte de un mecanismo de trampa que, al moverse, hace que esta se dispare. Dejando cautivo o atrapada a la presa. Esto nos lleva a entender que no significa simplemente “ofender” o “molestar”, sino ser ocasión de tropiezo, inducir a alguien a apartarse, a caer espiritualmente. En otras palabras, lo que Jesús pregunta no es: “¿Esto los incomoda?”, sino: “¿Esto ha tocado tan profundamente sus conciencias pecaminosas que se sienten empujados a rechazarme?”
Y aquí vale la pena hacer una aplicación práctica. He notado que es común que, cuando escuchamos un sermón que confronta nuestro pecado, tratemos de evadir nuestra responsabilidad personal delante de Dios. Esto sucede aún más cuando el asunto tiene que ver con personas cercanas , un cónyuge, un hijo, un hermano o un amigo muy querido, porque nuestros sentimientos hacia ellos nos hacen resistir la corrección. Pero cuando la Palabra de Dios se predica, no podemos refugiarnos en excusas o en sentimientos; tenemos que dejar que la verdad de Cristo nos confronte y nos transforme. Cuando toca alguna fibra intima en nosotros no hay por que escandalizarse y evadirla, mas bien es una oportunidad preciosas para con valentia enfrentar un pecado en nosotros y tomar decisiones al respecto.
Entonce como vemos la raíz del problema no era ni es la falta de inteligencia, sino incredulidad. Jesús les recuerda que lo que da vida no es la carne, sino el Espíritu. Es decir, comer su carne y beber su sangre no era algo literal, sino una manera espiritual de hablar de recibirle plenamente como Salvador, confiando en su sacrificio.
Y concluye recordando una gran verdad: “Ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado por el Padre”. La fe no nace del hombre, sino que es un regalo soberano de Dios. De esto hablamos bastante cuando vimos el tema de la predestinacion y la gracia irresistible.
Preguntas
¿Alguna vez te ha pasado que una enseñanza bíblica te resultó incómoda o difícil de aceptar?
¿Qué diferencia hay entre no entender algo y no querer aceptarlo?
Si la fe es un don de Dios, ¿cómo debemos orar por los que aún no creen?

2. El abandono de muchos discípulos Juan 6 66–69

Primero veamos que el pasaje nos muestra que, en aquella multitud, había básicamente tres grupos:
Los judíos hostiles, que desde el principio estaban cerrados a creer, aferrados a su tradición y a su propio concepto de Dios.
Los discípulos en sentido amplio, seguidores regulares de Jesús, pero que lo hacían más por interés personal que por verdadera fe; cuando el mensaje dejó de complacerles, se apartaron.
Los doce, el grupo íntimo que había sido llamado para estar con Él y ser enviados, pero entre quienes también había uno que no creía de corazón.
Ahora esto nos puede llevar a eflexionar que podemos encontrar tres tipos de personas mut parecidas hoy en dia.
Personas que asisten, pero que en el fondo tienen un corazón resistente al evangelio, porque aceptar a Cristo implicaría renunciar a su propio sistema de vida.
Otros que parecen estar muy cerca, pero en realidad siguen a Jesús solo mientras les convenga o les dé beneficios visibles; cuando el evangelio les confronta, se alejan.
Y también están aquellos que, con sus luchas y debilidades, han reconocido que Jesús es el Santo de Dios y han decidido permanecer con Él cueste lo que cueste.
Segundo el texto dice: “Como resultado de esto, muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él”. Aquí no hablamos de la multitud ocasional, sino de personas que habían seguido a Jesús de manera regular. Pero cuando el mensaje les exigió fe y renuncia, regresaron a su vida anterior.
Jesús, lejos de rebajar el mensaje para retenerlos, mira a los Doce y les pregunta: “¿Acaso queréis iros también vosotros?” Era una oportunidad para que cada uno evaluara si su compromiso con Él era real o superficial.
Simón Pedro responde en nombre de los demás: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Santo de Dios”.
Aquí Pedro reconoce tres cosas:
No hay alternativa: fuera de Cristo no hay salvación.
Sus palabras son vida eterna: no son meros sonidos, sino verdades que salvan.
Jesús es el Santo de Dios: el Mesías enviado, consagrado para la obra de redención.
Preguntas
¿ Que significa paa ti seguir a Cristo?
¿Qué significa para ti que Jesús tiene palabras de vida eterna?
¿Cómo podemos fortalecer nuestra convicción para no apartarnos en tiempos de prueba?

3. La advertencia sobre Judas Juan 6 70–71

Jesús responde: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?” Se refería a Judas Iscariote, quien lo entregaría. Aquí aprendemos algo inquietante: se puede estar muy cerca de Jesús físicamente, participar en actividades religiosas, e incluso ser contado entre los “discípulos”, pero tener un corazón lejos de Él.
Note que el que lo entregaría no era uno de los que se fueron, sino uno de los que se quedó. Esto es todavía más solemne: la traición no vino de un opositor declarado, sino de alguien que permaneció en la intimidad, que escuchó las enseñanzas, que vio los milagros y que compartió la mesa con el Maestro.
Jesús utiliza aquí la palabra griega diábolos (διάβολος), que significa literalmente “calumniador” o “acusador falso”. En la traducción griega del Antiguo Testamento (la Septuaginta), este término se usa para describir al adversario, al enemigo espiritual que se opone a Dios y acusa a su pueblo (Job 1; Zacarías 3:1–2). No siempre significa “Satanás” en persona, pero sí describe a alguien que adopta el carácter y la obra del diablo: engañar, acusar, destruir, traicionar.
En este contexto, Jesús no está diciendo que Judas sea Satanás encarnado, sino que, al igual que el diablo, su vida estaba marcada por la falsedad y la oposición a la obra de Dios. Judas es un ejemplo dramático de que es posible estar cerca de la verdad y no abrazarla, oír las palabras de vida y permanecer muerto espiritualmente.
Este contraste es profundamente bíblico: así como Pedro confiesa “Tú eres el Santo de Dios”, Judas, aunque externamente cerca, es descrito como “diablo” en carácter. Esto nos llama a examinar si nuestra cercanía a Cristo es solo externa ,asistencia, actividades, servicio, o si proviene de un corazón regenerado por el Espíritu Santo.
La buena noticia es que, mientras haya vida, hay oportunidad de pasar de una cercanía superficial a una comunión verdadera. Cristo no rechaza a quien viene a Él con fe sincera, y su gracia es poderosa para transformar incluso al más endurecido. El Señor desea que nuestra relación con Él no sea una rutina religiosa, sino una experiencia viva de fe, amor y obediencia.
Preguntas
¿Por qué es peligroso seguir a Jesús solo por costumbre o conveniencia?
¿Cómo podemos examinarnos para asegurarnos de que nuestra fe es verdadera?
¿Qué nos enseña la historia de Judas sobre la importancia de un corazón sincero delante de Dios?

Conclusión y aplicación

Este pasaje nos deja tres grandes lecciones:
El evangelio confronta — No todos lo aceptarán; la raíz del rechazo es la incredulidad.
Jesús es el único camino — No hay “plan B” para la salvación; Él tiene palabras de vida eterna.
La fe verdadera persevera — Algunos seguirán por interés, pero solo los nacidos de nuevo permanecerán.
Desafío para la semana: Medita cada día en la pregunta de Pedro: “¿A quién iremos?”. Examina tu corazón y pregúntate: ¿Sigo a Cristo por quién es Él, o por lo que espero recibir de Él? Ora para que el Señor te dé un corazón dispuesto a aceptar su palabra, aun cuando sea confrontante.
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