LA COSECHA FINAL

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LA COSECHA FINAL

Texto base: Deuteronomio 11:13–14 "Si obedeciereis cuidadosamente a mis mandamientos que yo os prescribo hoy, amando a Jehová vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma, yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite."

1. El principio divino de siembra y cosecha

Desde Génesis hasta Apocalipsis, Dios establece un orden inmutable: lo que el hombre siembra, eso también cosechará (Gálatas 6:7 "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará." ). En lo espiritual, este principio se aplica al evangelio: sembramos la Palabra de Dios, y la cosecha son almas transformadas. Las lluvias tempranas y tardías en Israel nos recuerdan que Dios tiene tiempos y procesos para su obra, y que todo apunta a un fin: la recolección final.

2. La condición para recibir la lluvia

El pasaje de Deuteronomio deja claro que la bendición no es automática: requiere escuchar atentamente los mandamientos, amar al Señor y servirle con todo el corazón y alma. No podemos esperar una cosecha espiritual si el pueblo de Dios vive en indiferencia o tibieza (Apocalipsis 3:15–16 "Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca." ). La obediencia es la llave que abre las ventanas de los cielos.

3. La lluvia temprana: preparación del terreno

En Israel, la lluvia temprana ablandaba la tierra endurecida después del verano. Espiritualmente, esto simboliza el obrar inicial del Espíritu Santo que quebranta corazones y abre el camino para la siembra de la Palabra (Oseas 10:12 "Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia." ). Sin esa obra preparatoria, la semilla no puede penetrar y germinar.

4. La siembra en el tiempo oportuno

Dios no siembra fuera de temporada. La iglesia primitiva recibió la lluvia temprana en Pentecostés (Hechos de los Apóstoles 2:1–4 "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen." ) para iniciar la gran misión. Nosotros también debemos reconocer las oportunidades divinas y sembrar cuando el Señor abre puertas, sabiendo que cada semilla sembrada en su tiempo dará fruto.

5. La lluvia tardía: maduración de la cosecha

Así como las últimas lluvias maduraban el grano antes de la recolección, el derramamiento final del Espíritu Santo será para madurar la iglesia y reunir la gran cosecha mundial. Joel 2:23–28 "Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio. Las eras se llenarán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite. Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros. Comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros; y nunca jamás será mi pueblo avergonzado. Y conoceréis que en medio de Israel estoy yo, y que yo soy Jehová vuestro Dios, y no hay otro; y mi pueblo nunca jamás será avergonzado. Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones." profetiza esta lluvia tardía como una señal del tiempo final, previa al regreso de Cristo.

6. El propósito central: la cosecha de almas

Cualquier mover del Espíritu que no tenga como fruto la salvación de almas, no proviene del corazón de Dios. Jesús mismo dijo que había venido para buscar y salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10 "Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido." ). La evidencia de un avivamiento genuino no es solo la emoción, sino la multiplicación de discípulos.

7. Pentecostés: modelo de la lluvia temprana

En Pentecostés, Dios envió la lluvia temprana y tres mil almas fueron añadidas en un solo día (Hechos de los Apóstoles 2:41 "Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas." ). El poder del Espíritu vino para capacitar a la iglesia a testificar con denuedo y extender el evangelio hasta lo último de la tierra. Este patrón se repetirá en la cosecha final.

8. Dos mil años de siembra fiel

A lo largo de los siglos, misioneros, pastores y creyentes han sembrado la Palabra en todo el mundo, muchas veces sin ver la cosecha completa. Hebreos 11:39–40 "Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros." nos recuerda que muchos murieron sin recibir lo prometido, pero su labor no fue en vano: forman parte de las primicias de Dios.

9. La paciencia del Señor de la mies

Santiago 5:7 "Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía." describe a Jesús como el Labrador que espera pacientemente el fruto precioso de la tierra. No se retrasa por negligencia, sino por amor, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9 "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento." ). Su paciencia es salvación para muchos.

10. Zacarías y la profecía de la cosecha final

Zacarías 12:10 "Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito." anuncia un derramamiento del Espíritu sobre Israel y un reconocimiento profundo de Jesucristo como el Mesías. Esta profecía apunta a un avivamiento global en los últimos tiempos, donde tanto judíos como gentiles serán alcanzados antes del regreso de Cristo.

11. Señales del tiempo de cosecha

El evangelio ya ha llegado a casi todas las naciones, cumpliendo Mateo 24:14 "Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin." . El crecimiento de la iglesia en lugares antes cerrados y el hambre espiritual en muchos corazones son señales de que la cosecha está madura y lista para ser recogida.

12. La urgencia de los obreros

Jesús dijo: “La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos” (Mateo 9:37 "Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos." ). La iglesia no puede quedarse pasiva; debemos orar y responder al llamado, siendo obreros dispuestos para recoger lo que generaciones anteriores sembraron con lágrimas (Salmo 126:5–6 "Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas." ).

13. La cosecha y el regreso de Cristo

Apocalipsis 14:15 "Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura." presenta un ángel clamando: “Mete tu hoz y siega; porque la hora de segar ha llegado”. El regreso de Cristo estará directamente ligado a la cosecha final. Él vendrá por una iglesia madura, limpia y santa, lista para presentarse como esposa sin mancha.

14. Preparando el corazón para la cosecha

No solo debemos estar dispuestos a trabajar; debemos estar listos espiritualmente. La santidad personal, la unidad en la iglesia y la llenura del Espíritu son requisitos para participar en la cosecha final (Efesios 5:18 "No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu," ; Juan 17:21 "para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste." ). Dios busca obreros que sean vasos limpios y útiles.

15. El gozo de la siega eterna

La cosecha final culminará en la fiesta celestial, cuando toda nación, tribu y lengua adore al Cordero (Apocalipsis 7:9–10 "Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos;y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero." ). Los que sembraron y los que segaron se alegrarán juntos, porque la recompensa será eterna y el fruto de la labor permanecerá para siempre.
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