La Fidelidad de Dios

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La Fidelidad de Dios

(Deuteronomio 7:9 "Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones;" ;
Lamentaciones 3:22–23 "Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad." )

I. La fidelidad como atributo esencial de Dios

La fidelidad de Dios no es un rasgo pasajero, sino parte de su misma naturaleza. No puede dejar de ser fiel, pues sería negarse a sí mismo. El apóstol Pablo lo afirmó con certeza: «Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo» (2 Timoteo 2:13). Esto significa que toda promesa, toda palabra y todo pacto de Dios están seguros, porque proceden de un Dios que jamás cambia.

II. La fidelidad en contraste con la infidelidad humana

Vivimos en un mundo marcado por la infidelidad: en el matrimonio, en los negocios, en la amistad y aun en el ámbito religioso. Sin embargo, mientras el hombre falla, Dios permanece inmutable. Como dice el Salmo 89:8: «Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú, poderoso eres, Jehová, y tu fidelidad te rodea?» Su fidelidad se muestra en contraste con la debilidad humana.

III. La fidelidad que sostiene al creyente

En medio de la fragilidad y las caídas humanas, la fidelidad de Dios se convierte en refugio. Jeremías, en medio de su dolor, pudo declarar: «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos... grande es tu fidelidad» (Lamentaciones 3:22-23). El creyente puede caer, pero el brazo fiel del Señor lo levanta.

IV. La fidelidad de Dios en la creación

Desde el principio, Dios prometió que los ciclos de la tierra no cesarían: «Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche» (Génesis 8:22). Cada amanecer y cada estación nos recuerdan la fidelidad constante del Creador.

V. La fidelidad en la historia de Israel

Dios prometió a Abraham que su descendencia volvería a la tierra prometida tras siglos de esclavitud. Pasaron generaciones, pero «al cabo de los cuatrocientos treinta años... todos los ejércitos de Jehová salieron de la tierra de Egipto» (Éxodo 12:41). La fidelidad de Dios se cumple aunque la espera sea larga.

VI. La fidelidad en las profecías mesiánicas

Dios anunció por medio de Isaías: «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo» (Isaías 7:14). Siglos después, «cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo» (Gálatas 4:4). Cada profecía cumplida es una evidencia de la fidelidad divina.

VII. La fidelidad en los pactos divinos

El Señor ha establecido pactos con su pueblo, y en todos ha mostrado fidelidad. Moisés lo recordó: «Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman» (Deuteronomio 7:9). Aun cuando Israel fue infiel, Dios permaneció fiel a su pacto.

VIII. La fidelidad en las pruebas personales

Cuando el creyente atraviesa dificultades y oscuridad, le parece que Dios se ha olvidado. Sin embargo, la Escritura dice: «Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir» (1 Corintios 10:13). La fidelidad divina se hace evidente precisamente en los momentos de mayor debilidad.

IX. La fidelidad frente a la traición humana

Los amigos pueden fallar, la familia puede decepcionar y aun los hermanos en la fe pueden traicionar. Pero el Señor nunca abandona. El salmista exclamó: «Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá» (Salmo 27:10). La fidelidad de Dios supera toda traición.

X. La fidelidad en la provisión diaria

Así como alimentó a Israel en el desierto con maná, Dios sigue mostrando fidelidad en nuestras necesidades diarias. Jesús lo enseñó: «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:33). Su fidelidad garantiza que no nos faltará lo necesario.

XI. La fidelidad en el perdón de los pecados

Cuando pecamos, la fidelidad de Dios se manifiesta en su gracia perdonadora: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9). La fidelidad de Dios asegura que nunca rechazará al que se arrepiente.

XII. La fidelidad en la santificación del creyente

Dios no solo salva, sino que sostiene al creyente hasta el fin. Pablo declaró: «Fiel es el que os llama, el cual también lo hará» (1 Tesalonicenses 5:24). Su fidelidad garantiza que completará la obra que comenzó en nosotros.

XIII. La fidelidad en medio de la disciplina

Cuando Dios corrige, lo hace fielmente, no para destruir sino para restaurar. «Jehová es fiel en todas sus palabras, y santo en todas sus obras» (Salmo 145:13). Su disciplina es una expresión de su fidelidad hacia sus hijos.

XIV. La fidelidad en la preservación del alma

Aun en medio de persecución y sufrimiento, podemos confiar en que Él guarda lo que le hemos encomendado. Pablo testificó: «Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día» (2 Timoteo 1:12). Su fidelidad es un escudo de protección.

XV. La fidelidad en la respuesta a la oración

Dios no siempre responde como queremos, pero siempre responde fielmente conforme a su voluntad. «Clama a mí, y yo te responderé» (Jeremías 33:3). La fidelidad de Dios se manifiesta en dar lo que realmente necesitamos.

XVI. La fidelidad en las promesas eternas

Cristo prometió vida eterna a los que creen, y su fidelidad asegura el cumplimiento: «Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano» (Juan 10:28). Ninguna circunstancia puede alterar la fidelidad de Dios.

XVII. La fidelidad en el regreso de Cristo

La segunda venida de Cristo es una promesa segura, porque descansa en la fidelidad de Dios. «El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve» (Apocalipsis 22:20). Así como vino la primera vez, vendrá otra vez.

XVIII. La fidelidad en el juicio final

Dios será fiel no solo en bendecir a los suyos, sino también en juzgar justamente. «Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala» (Eclesiastés 12:14). Su fidelidad garantiza justicia perfecta.

XIX. La fidelidad en la preservación de su Palabra

A través de los siglos, Dios ha guardado su Palabra de corrupción y destrucción. Jesús afirmó: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mateo 24:35). La fidelidad de Dios resguarda la verdad escrita.

XX. La fidelidad en los momentos de silencio

Cuando parece que Dios calla, su fidelidad permanece. Job, en medio del sufrimiento, declaró: «He aquí, aunque él me matare, en él esperaré» (Job 13:15). La fidelidad de Dios no depende de nuestras emociones, sino de su carácter eterno.

XXI. La fidelidad frente a la tentación de Satanás

El enemigo intentará sembrar dudas sobre la fidelidad divina, como lo hizo en el Edén. Pero la Escritura afirma: «Fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal» (2 Tesalonicenses 3:3). Su fidelidad nos libra del engaño del adversario.

XXII. La fidelidad como motivo de adoración

Los santos celebran la fidelidad de Dios en la alabanza. El salmista proclamó: «Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su fidelidad por todas las generaciones» (Salmo 100:5). Su fidelidad es fundamento de nuestra adoración.

XXIII. La fidelidad como base de nuestra esperanza

Nuestra esperanza no se basa en circunstancias, sino en un Dios fiel. Hebreos 10:23 nos exhorta: «Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió». Su fidelidad sostiene nuestra esperanza en medio de toda tormenta.

XXIV. La fidelidad revelada en Cristo Jesús

Finalmente, la fidelidad de Dios se revela plenamente en Cristo. Él es «el testigo fiel y verdadero» (Apocalipsis 3:14). En la vida, muerte y resurrección de Cristo vemos la fidelidad perfecta de Dios para salvarnos y sostenernos hasta la eternidad.
🙏 Conclusión: La fidelidad de Dios es inmutable, inquebrantable y eterna. En cada aspecto de la vida —pasado, presente y futuro— podemos descansar en la certeza de que «grande es su fidelidad».

La Fidelidad de Dios

(Salmo 119:138)

1. La fidelidad revelada en la Palabra

El salmista afirma: “Tus testimonios que has ordenado son justos y muy fieles” (Sal. 119:138). La Escritura es el espejo donde vemos reflejado el carácter inmutable de Dios. Todo lo que Él ha revelado es verdad absoluta. A diferencia de los hombres, que cambian sus palabras, el Señor jamás altera su testimonio. «La suma de tu palabra es verdad» (Sal. 119:160). Aquí hallamos un fundamento sólido para nuestra fe: una Palabra justa, veraz y confiable.

2. La fidelidad en mostrar lo mejor y lo peor

Dios no nos ha ocultado la miseria humana. La Biblia describe la ruina de la caída, el dominio del pecado y las consecuencias del mal. Así demuestra que su Palabra es fiel, porque revela tanto la gloria de la gracia como la profundidad de la depravación. «Engañoso es el corazón más que todas las cosas» (Jer. 17:9). El Señor es veraz porque nos advierte de nuestra condición real.

3. La fidelidad en diagnosticar el pecado

La Escritura no adorna el mal ni lo suaviza. Describe el pecado como lo que realmente es: rebelión, enfermedad y muerte. Esa franqueza es un acto de amor. «Porque la paga del pecado es muerte» (Rom. 6:23). Al mostrarnos la verdad, Dios es fiel a su santidad y a nuestra necesidad.

4. La fidelidad en manifestar su odio al mal

La Biblia revela el odio eterno de Dios contra la maldad. Él no puede pasar por alto el pecado. «Muy limpio eres de ojos para ver el mal» (Hab. 1:13). Este testimonio es fiel porque nos recuerda que la justicia divina nunca se corrompe.

5. La fidelidad en advertirnos del castigo

Dios nos ha advertido con claridad: «Nuestro Dios es fuego consumidor» (Heb. 12:29). Sus amenazas son tan ciertas como sus promesas. La fidelidad divina se manifiesta en advertirnos de lo que sucederá si persistimos en el pecado.

6. Ejemplos de fidelidad en el juicio

La historia de Israel y de muchos individuos muestra que Dios cumple sus advertencias. Faraón, Coré, Acán y Ananías y Safira son testigos de que Dios es fiel al ejecutar justicia. «No se engañen; Dios no puede ser burlado» (Gál. 6:7). Lo que Él ha dicho, se cumple.

7. La fidelidad en ofrecer refugio en Cristo

La fidelidad de Dios no solo se ve en castigar el mal, sino en proveer escape en Cristo. «Para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna» (Jn. 3:16). Quien huye a Cristo encuentra seguridad eterna.

8. La fidelidad en preservar a su pueblo

«Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo» (1 Cor. 1:9). El Señor sostiene a los suyos hasta el fin. La confianza del creyente no está en su capacidad, sino en la fidelidad de Dios que no miente.

9. La fidelidad en la disciplina

Dios disciplina con fidelidad. «Al que ama, disciplina» (Heb. 12:6). A veces su amor se manifiesta en vara y azote, pero incluso en la aflicción se revela su fidelidad. Él sabe cuándo dar alegría y cuándo permitir lágrimas.

10. Reconocer la fidelidad en la corrección

Daniel dijo: «Tuya es la justicia, y nuestra la confusión de rostro» (Dan. 9:7). El pueblo de Dios debe reconocer que la corrección no es injusticia, sino fidelidad que busca nuestro bien.

11. La fidelidad en afligir con propósito

El salmista confesó: «En tu fidelidad me afligiste» (Sal. 119:75). La aflicción no contradice la fidelidad divina, sino que la confirma. Él no aflige sin razón, y cada lágrima tiene un propósito en sus planes eternos.

12. La fidelidad en no abandonar en la aflicción

Aunque disciplina, Dios no abandona. «No quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi fidelidad» (Sal. 89:33). Su amor permanece incluso en el castigo. Esa es la seguridad del creyente.

13. La fidelidad en atraer al arrepentimiento

Por medio de la prueba, Dios busca nuestro regreso. «En su aflicción me buscarán de mañana» (Oseas 5:15). Cada tribulación es una llamada de su fidelidad para acercarnos más a Él.

14. La fidelidad en la glorificación

«Fiel es el que os llama, el cual también lo hará» (1 Tes. 5:24). La fidelidad de Dios asegura que lo que Él comenzó en nosotros, lo perfeccionará hasta el día de Cristo. No dejará incompleta su obra.

15. La fidelidad en la seguridad eterna

«A los que justificó, a éstos también glorificó» (Rom. 8:30). Dios es fiel a su propósito eterno. La seguridad del creyente descansa en su fidelidad, no en sus obras. Él guarda a los suyos hasta el final.

16. La fidelidad en la preservación de la fe

«Yo sé a quién he creído» (2 Tim. 1:12). Pablo descansaba en que el Dios fiel guardaría su depósito. Así también, la fe de los santos es preservada por Aquel que nunca falla.

17. La fidelidad que libra de la preocupación

Quien conoce la fidelidad de Dios, no se consume en ansiedad. «Echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1 Ped. 5:7). El mismo que sustentó ayer, sustentará hoy y mañana.

18. La fidelidad que guarda en la vejez

«Hasta la vejez yo mismo seré, y hasta las canas os sostendré» (Isa. 46:4). Dios no abandona al creyente en ninguna etapa de la vida. Su fidelidad es constante, desde la juventud hasta la eternidad.

19. La fidelidad que libra en la tribulación

«En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal» (Job 5:19). La fidelidad de Dios es nuestra seguridad en medio de cualquier adversidad. Nunca deja al justo desamparado.

20. La fidelidad que calma las murmuraciones

Cuando entendemos que Dios es fiel, nuestras quejas se apagan. «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios» (Sal. 46:10). Su fidelidad transforma la murmuración en adoración.

21. La fidelidad que se honra en la confianza

Dios se agrada cuando confiamos en su fidelidad aun bajo prueba. Job pudo decir: «Jehová dio, Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito» (Job 1:21). La confianza en la fidelidad divina honra al Señor.

22. La fidelidad que nos impulsa a obedecer

«Encomienden sus almas al fiel Creador, haciendo el bien» (1 Ped. 4:19). Confiar en la fidelidad de Dios no es pasividad, sino obediencia perseverante. El que cree en un Dios fiel, camina en fidelidad.

23. La fidelidad que asegura la providencia

«Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien» (Rom. 8:28). La fidelidad divina gobierna cada detalle de nuestra vida. Incluso lo que parece adverso, coopera para nuestro bien eterno.

24. La fidelidad que será reconocida en gloria

Un día veremos plenamente que Dios siempre fue fiel. «Bien, buen siervo y fiel» (Mat. 25:23). Esa será la declaración final del Maestro, confirmando que el Dios fiel cumplió su obra en nosotros y nos guardó hasta el fin.
📖 Conclusión: La fidelidad de Dios es absoluta, inmutable y eterna. Nos advierte, nos disciplina, nos sostiene y nos glorifica. Su fidelidad es motivo de confianza, esperanza y adoración. Quien medite en esta verdad, hallará paz en medio de la tormenta, seguridad en la incertidumbre y gratitud en toda circunstancia.
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