UNANIMES EN LA IDENTIDAD

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UNANIMES EN LA IDENTIDAD
Abrámonos a la poderosa e inmutable Palabra de Dios. Tengo tres textos que son pilares fundamentales para entender esta verdad: Juan 1:10-13, Santiago 1:18 y Primera de Pedro 1:23.
Dice así la Escritura, escuche con atención, amado hermano, porque aquí está el origen de todo:
Juan 1:10-13: "En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios."
Santiago 1:18: "Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas."
1 Pedro 1:23: "Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre."
¡Aleluya! Tres textos, una verdad poderosa. La enseñanza es clara: nuestro origen no es humano, nuestro origen es DIVINO. No somos engendrados de sangre, ni por la voluntad de hombre. No, señor. ¡Hemos sido engendrados de Dios! ¡Nacimos por su voluntad, por la palabra de verdad! ¡Somos renacidos de simiente incorruptible! ¡A Su nombre, gloria!
La Información Genética del Cielo: Nuestro ADN Divino
Hermanos, la ciencia nos habla del ADN, esa molécula compleja con las instrucciones para vivir, desarrollarse y reproducirse. Nos dice que los hijos se parecen a los padres porque tienen su información genética. Pues bien, la Palabra de Dios nos revela una verdad espiritual mucho más profunda: ¡NOSOTROS TENEMOS LOS GENES DEL QUE NOS CREÓ!. ¡Esta iglesia no es una entidad biológica, pero tiene una información genética, un ADN espiritual que viene directamente del cielo!.
Alguien dijo una vez que así como Eva salió de Adán y tenía todo su ADN, esta iglesia salió de Cristo. Y así como Eva no podía tener un ADN distinto al de Adán, ¡esta iglesia no puede tener una información genética distinta a la de Cristo!. Ese ADN, hermanos, es único, es especial, es celestial. Por eso, ¡esta iglesia tiene que parecerse a Aquel de quien salió!.
Este ADN nos confiere una identidad inconfundible. Es la razón por la que no encajamos con el mundo. Tenemos una genética diferente, un código sagrado que nos separa, nos distingue, nos blinda. ¡Esta iglesia almacena y transmite de generación en generación toda la información indispensable para sus funciones como organismo vivo!. No importa cuántos años pasen, no importa cuántas generaciones nos precedan o nos sigan, ¡esta iglesia seguirá siendo la misma!.
No Se Admiten Cambios: La Inmutabilidad de la Identidad
Y esto, amados, nos lleva a una confrontación profunda: ¡A esta iglesia no se le admiten cambios!. ¡No podemos dejar de ser lo que siempre hemos sido! No importa si estamos en el siglo XXI o en el XXX, ¡esta iglesia no podrá ser diferente! ¡No tiene la opción de cambio!. Tiene que ser como Él la hizo y quedarse como Él la hizo, porque el día que Él venga, vendrá por la iglesia que Él quiso.
¡Aquí no hay iglesias a la carta!. Aquí no es como tú la quieras, como a ti te parece, como a mí me gusta. ¡No! Aquí no hay colores, ni olores, ni sabores distintos. ¡Esta iglesia no evoluciona! ¡No se muda a otro estado! ¡Seguirá siendo lo que Él hizo de ella!.
¿Por qué tanta insistencia, pastor? ¡Porque nuestra identidad viene del Señor Jesús, Él vino del cielo!. Su ADN es el mismo que se transmite a la iglesia. Por eso Él pudo decir: "Yo y el Padre uno somos" (Juan 10:30). Y ahora, ese mismo ADN del Señor se lo transmite a la iglesia, porque el propósito de Dios es que la iglesia se parezca al que la fundó. ¡Que la iglesia tenga la misma identidad de Aquel que vino a formarla! Por eso la Biblia dice en Hebreos 2:11: "Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos".
¡Hermanos! Cuando yo te saludo y te digo "Dios te bendiga, hermano", lo que te estoy diciendo es: "Tu información genética es la misma mía. No somos diferentes. A ti te gusta lo que a mí me gusta. Yo hablo como tú hablas. Hacemos todo lo que a Dios le agrada. ¡Esto es lo nuestro! ¡Esto lo disfrutamos! ¡Es nuestra identidad, una identidad que permanece!".
Las Características Innegociables de Nuestra Identidad (El ADN IPUC)
¿Y cuáles son esas características, hermanos, que nuestro ADN celestial nos ha impreso desde el primer siglo?.
1. Conocemos y Proclamamos a Jesucristo como el Único Dios. ¡Aquí no lo definimos por espacio, como el primero, segundo o tercero! ¡Aquí decimos que Jesucristo es el Dios que existe, el único inmortal, el único que habita en la eternidad! ¡Él es el Dios de esta iglesia!. ¡Esto, hermanos, jamás se predicará de otra manera! ¡A Su nombre, gloria! (Isaías 43:10-11, Isaías 44:6, Deuteronomio 6:4).
2. Amamos. ¡Esta iglesia fue formada desde el amor! Él dijo: "Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros" (Juan 13:34).
3. Nos Dedicamos a la Gran Comisión.¡En nuestro ADN llevamos la orden de predicar a Jesucristo y cumplir la gran comisión! "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" (Marcos 16:15). ¡Esta es nuestra verdadera labor! ¿Por qué crecemos tanto? ¡Porque nos dedicamos a hacer lo que Dios nos mandó!. Hermanos, ¿estamos haciendo nosotros esa labor o estamos entreteniéndonos con cosas que no son del reino?
4. Predicamos Arrepentimiento y Perdón de Pecados. Cuando nos paramos en este púlpito, ¡no venimos a entretener ni a hacer shows!. Llevamos el mismo mensaje: "Arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados, para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio" (Hechos 3:19). ¡Nuestro sermón no ha cambiado y nunca va a cambiar! (Lucas 24:47).
5. Bautizamos en el Nombre de Jesucristo. ¡Desde su origen, esta iglesia ha bautizado en agua por inmersión y en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados!. ¡Hoy todavía lo hacemos y seguiremos haciéndolo! (Hechos 2:38, Hechos 8:16, Hechos 10:48, Hechos 19:5). No hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos (Hechos 4:12). El apóstol Pedro, ungido por el Espíritu, no dejó lugar a dudas. Ni un solo bautismo en el Nuevo Testamento, posterior a la resurrección, se realizó de otra manera. Es en el Nombre que es sobre todo nombre, el Nombre de Jesús, donde está la autoridad y el poder para el perdón de pecados y la identificación con su muerte, sepultura y resurrección (Romanos 6:3-4). ¡Todo lo que hagamos, de palabra o de hecho, lo hacemos todo en el nombre del Señor Jesús!.
6. Recibimos el Bautismo del Espíritu Santo con la Evidencia de Hablar en Lenguas. ¡En el siglo primero, los creyentes fueron llenos del Espíritu Santo y hablaron en otras lenguas! Y déjeme decirles, aunque hayan pasado 20 siglos, ¡todavía hoy el Espíritu Santo se sigue derramando aquí! ¡Todavía el bautismo del Espíritu Santo es vigente! ¡Todavía oímos a los hermanos hablar en otras lenguas!. ¡Y eso, amados, nunca va a pasar de moda aquí! (Hechos 2:4, Hechos 10:45-46, Hechos 19:6). ¡El Espíritu Santo es el protagonista de nuestras reuniones!.
7. Somos Lavados, Justificados y Santificados. ¡Esta iglesia ha sido lavada, justificada, santificada, y así seguirá! ¡No vamos a tener una iglesia sucia, con impiedad! ¡Vamos a permanecer siempre lavados, justificados y santificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios!. ¡Ese es el modelo de la iglesia que Dios quiere! (1 Corintios 6:11, Efesios 5:26-27).
8. Permanecemos en la Sana Doctrina.¡Esta iglesia no cambia de doctrinas permanentemente! ¡Se mantiene en la palabra, permanece en la doctrina! ¡Aquí los vientos de doctrinas nuevas no tienen cabida! ¡No importa quién las predique, ninguno de nuestros pastores puede levantarse a predicar lo que la Biblia no diga! ¡Somos celosos de la Palabra, firmes en el fundamento de la doctrina apostólica!.
9. No Somos Mundanos. ¡Aunque estamos en el mundo, no somos del mundo! ¡No amamos el mundo ni las cosas que hay en el mundo! Tenemos una membrana que nos vuelve impermeable a las tendencias del mundo. ¡El mundo atrás, aquí adelante Cristo! (1 Juan 2:15-17).
10. Aguarda la Bendita Esperanza. ¡Desde el primer siglo, esta iglesia mira hacia el cielo! ¡Estamos esperando que el dueño de esta iglesia venga por ella!. Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo (Filipenses 3:20). ¡A Su nombre, gloria!
¡Amados, esta identidad no se comparte con nadie!. ¡Somos un linaje escogido, un real sacerdocio, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios! (1 Pedro 2:9).
¡Cuidado con las Enfermedades de Afuera y las Dependencias Humanas!
Nuestra herencia genética nos blinda de enfermedades ajenas. ¡Esta iglesia no se va a mezclar con nada ni nadie!. ¡Se ha mantenido y se va a mantener pura! No nos afecta el sistema del mundo. ¡Tenemos un sistema inmune que nos protege y nos mantiene!. Por eso, ¡nadie espere una mutación genética aquí! ¡Esta iglesia no va a cambiar! ¡Seguiremos igual, creyendo igual, predicando igual!.
Y en esa pureza, hermanos, está nuestra independencia. ¡Esta iglesia no depende de nada de afuera!.
No depende del dinero. ¡Tristemente, muchas organizaciones tienen el dinero como único objetivo! ¡Sus púlpitos están llenos de predicadores de prosperidad! ¡Pero esa enfermedad no nos puede tocar! Pedro dijo: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda" (Hechos 3:6). ¡Aquí el dinero es secundario!
No depende de los hombres ni de sus talentos. ¡Amamos a nuestros líderes, pero esta iglesia no depende de ellos! Pablo plantó, Apolos regó, ¡pero el crecimiento lo ha dado Dios! (1 Corintios 3:6-7).
No depende de gobiernos ni de política. ¡Esta iglesia no tiene colores políticos! ¡Los púlpitos no son para los políticos, son para los que predican a Jesucristo!.
No depende de la arquitectura de los templos, ni de academias, ni de halagos del mundo. ¡Bienvenidos los templos hermosos, las academias, pero esta iglesia depende de la unción, de la sabiduría que baja del cielo! ¡No buscamos el favor de los hombres, sino el favor de Dios!.
¡Esta iglesia, hermanos, tiene un cordón umbilical que aún no se le ha cortado! ¡Un cordón umbilical que la nutre directamente del cielo, que es Dios mismo!.
Un Llamado Urgente a la Restauración y el Compromiso
¡Amados! Mirando el libro de los Hechos, vemos cómo era la iglesia del siglo primero, y la comparamos con la iglesia de hoy, ¡y sacamos la conclusión de que es la misma iglesia! ¡Los mismos genes!. ¡La misma sana doctrina, la misma comunión, la misma oración, el mismo temor a Dios!.
Pero hoy, también necesitamos examinarnos. La palabra dice: "Descubrir dónde hay algún defecto y corregirlo".
Necesitamos más unción del Espíritu Santo que erudición.
Necesitamos más profetas que vayan contra la multitud que predicadores que la sigan.
Necesitamos más adoradores que cantantes.
Necesitamos más guerreros que grandes ministros.
Necesitamos más pasión que tecnología.
Necesitamos más convertidos a Cristo que miembros de las congregaciones.
Necesitamos un cristianismo original, no una religión de emociones y sensacionalismo.
Necesitamos verdad con entusiasmo y vida cristiana con pasión.
Necesitamos más diligencia para ganar almas que para hacer negocios.
Necesitamos que la sal no pierda su sabor y que las lámparas estén encendidas.
Necesitamos un despertamiento, un evangelismo como expresión de la iglesia.
Y sí, necesitamos ofrendas, pero más que tu dinero, ¡necesitamos tu vida! ¡Más que tu bolsillo, tu alma! ¡Qué bueno que un día te traigas tú como ofrenda!.
Necesitamos estar de rodillas ante Dios para poder estar en pie delante de los hombres. ¡No necesitamos tanto dinero para construir templos, necesitamos oración para que los templos tiemblen con la presencia de Dios!.
Necesitamos inundar el trono de la misericordia con clamor y ruegos, más penitentes, más intercesores.
¡Amada iglesia, yo no quiero cambiar!. ¡No quiero voces extrañas, no quiero pensar diferente, no quiero ver la iglesia de otra manera! ¡Quiero ver esta iglesia como Dios quiere que siempre sea! ¡Una iglesia santa, sin mancha y sin arruga! ¡Una iglesia que no tolera el pecado, que vive en contravía del mundo, que conoce a Dios, que lo ama, que lo valora, que lo obedece!.
El Llamado al Altar: ¡Permanece en la Identidad!
Hoy, el Espíritu Santo nos confronta. ¿Hemos diluido nuestra identidad? ¿Hemos permitido que el mundo permee esa membrana que nos blinda? ¿Hemos dejado de exaltar la unicidad de Dios, de predicar el arrepentimiento, de buscar la llenura del Espíritu, de bautizar en el nombre de Jesús con la convicción apostólica? ¡Es tiempo de volver a la esencia!
Si en tu corazón hay algo que ha cambiado, si te has desviado de esta preciosa identidad, si sientes el llamado a reafirmar tu compromiso con la iglesia que Dios fundó, ¡este es tu momento!
Ponte de pie, si no lo estás. Levanta tus manos al cielo ahora mismo, no mañana, ¡ahora! ¡Quiero dar gracias a Dios por esta iglesia hermosa, la que Él compró a precio de sangre!.
Padre, te doy gracias por tu iglesia, ¡la misma de todos los tiempos!. Te pido, Señor, que nunca nos permitas que se cambie nuestra identidad. Ayúdanos a sostenernos como Tú quieres que seamos. Que pasen los tiempos, pero que permanezca tu gracia, tu amor, tu palabra, tu doctrina en nosotros. Que tu Espíritu Santo se mueva, que llene los corazones, que inunde de gozo, que podamos seguir teniendo temor y reverencia por todo lo que Tú eres.
Ahora, iglesia, si has escuchado la voz del Espíritu, si necesitas arrepentirte de cualquier dilución en tu fe, si necesitas buscar el bautismo en el nombre de Jesús, si anhelas la llenura fresca del Espíritu Santo con la evidencia de hablar en lenguas, o simplemente quieres reafirmar tu pacto de permanecer en esta gloriosa identidad, ¡ven al altar!
¡Ven ahora mismo! No dejes que el tiempo pase. ¡Este altar te espera! La presencia de Dios está aquí para sanar, para restaurar, para llenar, para reafirmar. ¡Ven a Él, ven a la fuente de tu identidad! ¡Ven a unirte a este linaje escogido, a este real sacerdocio, a esta nación santa! ¡Ven a ser parte de la única, la perfecta de Él!
¡Vamos, iglesia! Levanta tu voz, clama a Dios. No te quedes sentado. Si tu corazón ha sido tocado, ¡corre al altar! El Señor está aquí. Te llamo al arrepentimiento. Te llamo a la santidad. Te llamo a la obediencia al bautismo en el nombre de Jesús. Te llamo a buscar la llenura del Espíritu Santo. Te llamo a permanecer en la identidadhasta que Él venga.
¡Vamos! ¡El altar está abierto!¡Te espero aquí, en el nombre poderoso de Jesucristo! ¡Que no se nos pierda nuestra identidad! ¡Que permanezca! ¡Gloria a Dios!
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