Usando Nuestros Dones Espirituales (Romanos 12:6-8)

Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 756 views
Notes
Transcript
Handout
Texto base: Romanos 12:6-8
Romanos 12:6–8 RVR60
6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; 7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; 8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.
Introducción
Quiero comenzar con una historia que ilustra la importancia de usar los dones que se nos han dado. Leí acerca de un hombre en un pequeño pueblo de las praderas de Saskatchewan, Canadá, que coleccionó violines antiguos y muy valiosos. Llegó a reunir 25 de los violines más raros y costosos del mundo, guardándolos como piezas de museo en su casa
¡Imaginemos la música hermosa que podrían producir esos violines en manos de músicos expertos! Sin embargo, es muy probable que nadie toque jamás esos instrumentos mientras estén almacenados y sin uso
Lamentablemente, algo parecido puede suceder en la iglesia: Dios nos ha dado dones espirituales a cada uno, pero si los mantenemos “guardados”, sin ponerlos al servicio de los demás, la hermosa “música” del servicio cristiano nunca llega a sonar. Ningún don o habilidad, espiritual o de otro tipo, tiene valor alguno si no se utiliza
Es una tragedia cuando un cristiano mantiene su don guardado en lugar de usarlo para servir al Señor que se lo dio
Otra ilustración: se ha dicho que “mientras las madres estadounidenses a menudo broncean los primeros zapatos de sus hijos celebrando la independencia, las madres japonesas guardan un pedazo del cordón umbilical de sus bebés, simbolizando la dependencia y la lealtad”
¡Qué interesante contraste! En la iglesia, Dios desea que valoremos más la dependencia mutua y la lealtad unos a otros que una independencia egoísta
Somos una familia redimida, un cuerpo donde nos necesitamos mutuamente. No fuimos hechos para ser cristianos aislados, sino miembros interdependientes del cuerpo de Cristo. Hoy, al estudiar Romanos 12:6-8, aprenderemos cómo ejercer apropiadamente nuestros dones espirituales.
Este pasaje viene después de la exhortación de Pablo a presentarnos a Dios en sacrificio vivo (Ro. 12:1) y a no tener un concepto más alto de nosotros mismos del que debemos tener, sino más bien a pensar con humildad (Ro. 12:3). Con un corazón humilde y agradecido, reconociendo que todo don proviene de Dios, podemos entonces entender nuestro lugar en la iglesia y servir con los dones que Él por gracia nos ha dado
Un Cuerpo con Muchos Miembros: Unidad en Diversidad
Pablo compara la iglesia con un cuerpo humano: “Así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo en Cristo, e individualmente miembros los unos de los otros” (Ro. 12:4-5). En un cuerpo sano, cada miembro –sea ojo, mano, pie u órgano interno– cumple una función diferente pero vital. De igual modo, cada creyente ha recibido al menos un don espiritual para bendecir a todo el cuerpo
No existe cristiano sin dones; todos tenemos una función que cumplir, aunque sea distinta a la de otros. Es importante aclarar que no todos tenemos el mismo don, ni debemos envidiar los dones de los demás. Dios nos hizo a cada uno con un diseño único. Permítanme ilustrarlo con un breve cuento:
Los animales del bosque decidieron abrir una escuela para mejorar sus habilidades. En la escuela habría clases de correr, volar, nadar y trepar, y todos los animales debían cursar todas las materias. El pato era excelente nadando, pero muy lento corriendo. Tuvo que quedarse después de clase para practicar carrera, desgastó tanto sus patas que terminó volviendo mediocre también en natación.
El conejo corría velozmente, pero fracasó en la natación; tanta frustración le causó un tic nervioso y ya ni correr podía bien. La ardilla trepaba de maravilla, pero en la clase de vuelo la hicieron lanzarse desde la copa de un árbol; se cayó y se lastimó, quedando también mediocre para trepar.
El águila voló estupendamente en la clase de vuelo (¡por supuesto!), pero en la clase de excavación insistió en hacer las cosas a su manera y causó problemas.
Al final, ninguno de los animales pudo destacar, y la escuela cerró en caos y desánimo.
La moraleja es clara: cada criatura debe hacer aquello para lo que fue diseñada. Un pato nada, un conejo corre, un águila vuela, ¡y está bien que sea así! Este cuento nos recuerda que en la iglesia Dios no nos hizo a todos iguales, sino que a cada uno nos dio capacidades diferentes. No debemos tratar de forzar a todos a encajar en el mismo molde
Más bien, debemos apreciar la diversidad de dones y enfocarnos en usar bien el que Dios nos dio a cada uno, para la gloria de Él y la edificación de los demás
Pero debemos comenzar ya a usar nuestros dones – incluso los más jóvenes entre nosotros pueden empezar sirviendo en cosas pequeñas pero valiosas.
Si eres fiel en lo poco, Dios podrá confiarte más (Lucas 16:10). Entonces, teniendo esta perspectiva de unidad en diversidad, humildad y dependencia mutua, entremos de lleno al pasaje. Romanos 12:6-8 nos presenta siete dones espirituales como ejemplos.
Estos dones son capacidades dadas por el Espíritu Santo para ministrar a otros, y juntos forman un cuadro de cómo la iglesia funciona como un cuerpo vivo. Veamos cada uno y sus aplicaciones prácticas.
Los Dones Espirituales en el Servicio Cristiano
Pablo lista siete áreas de don espiritual en este pasaje. Es importante notar que aquí él no menciona los “dones de señales” milagrosos (como sanidades, lenguas, milagros) que aparecen en 1 Corintios 12, porque esos dones especiales sirvieron principalmente para autenticar a los apóstoles y el mensaje del Evangelio en la era del Nuevo Testamento
Esos dones de señal no caracterizan la función regular de la iglesia en el largo plazo. En cambio, Romanos 12 se enfoca en dones permanentes de proclamación y servicio, que son los que edifican continuamente a la iglesia
También recordemos que estos siete dones son categorías amplias. Hay variedad en cómo se expresa cada don, diferentes grados en que una persona puede tenerlos, y a veces tenemos combinaciones de varios dones
Cada cristiano es único; Dios mezcla “los colores de la paleta” de dones de manera singular en cada uno
No es tanto una definición técnica de cada don, sino un llamado a practicarlos diligentemente. Pablo prácticamente nos dice: “Si tienes este don, ¡úsalo para bendecir a otros!”
Después de todo lo que Dios hizo por nosotros (Romanos 1–11 detalla Su misericordia y gracia), lo lógico es responder sirviéndole con gratitud
A continuación, examinemos cada don mencionado y cómo podemos aplicarlo en nuestra vida y en la iglesia.
1. Don de Profecía – Proclamar fielmente la Palabra de Dios
Romanos 12:6 "6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe;" “If the gift is prophecy, use it according to the proportion of faith” (v.6). En el contexto del Nuevo Testamento, el don de profecía NO se refiere únicamente a predecir el futuro, sino principalmente a proclamar el mensaje de Dios con poder. De hecho, Pablo define este don así: “El que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (1 Corintios 14:3)
Es decir, es la capacidad de hablar de parte de Dios para edificar a otros, exhortarles a la obediencia y darles ánimo mediante la verdad.
Hoy en día, podríamos decir que equivale al don de la predicación o proclamación pública de la Palabra. La palabra griega prophetéia literalmente significa “hablar en público (delante de otros)”. Un profeta en la iglesia primitiva era, en esencia, un portavoz de Dios.
A veces los profetas bíblicos sí comunicaron revelación nueva o predijeron eventos futuros, pero la mayor parte de su ministerio era declarar con valentía la verdad ya revelada por Dios, aplicándola a la vida de las personas.
En el Nuevo Testamento, después de completada la revelación de las Escrituras, el que tiene el don de profecía hoy no da nuevas doctrinas, sino que proclama fielmente la Escritura ya dada en palabras sencillas, es el don de predicar la Palabra de Dios de forma clara, poderosa y relevante.
Romanos 12:6 "6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe;"
Pablo añade que quien profetiza debe hacerlo “conforme a la medida de la fe”. Esto puede entenderse de dos maneras, y ambas son instructivas: (1) Objetivamente, significa que el mensaje proclamado debe estar en armonía con “la fe” – es decir, con el contenido del Evangelio y la doctrina bíblica revelada. Ningún predicador debe salirse del fundamento de la verdad que Dios ya entregó a los santos (Judas 3). Debe hablar “conforme a las palabras de Dios” (1 Pedro 4:11) y no sus propias ideas.
(2) Subjetivamente, puede referirse a que la persona debe ejercer su don en proporción a la capacidad o fe que Dios le ha dado para profetizar. Es decir, si Dios te ha dado cierta medida de fe y habilidad para predicar, hazlo dentro de esa esfera, ni más ni menos. En resumen, predica la Palabra de Dios con fidelidad, dentro de los límites sanos de la verdad bíblica y la capacidad que Dios te asignó
Ahora, ¿cómo aplicamos esto? Si alguien aquí siente el llamado y la capacidad dada por Dios para predicar o enseñar públicamente, debe asumir esa responsabilidad seriamente. Necesita prepararse en la Palabra, cultivar su carácter, y cuando enseñe o predique, hacerlo con valentía y dependencia en Dios.
La iglesia necesita la voz de aquellos con este don, para ser edificada y desafiada. A los jóvenes que sienten en su corazón un ardor por predicar les animo: busquen oportunidades para hacerlo – compartan devocionales, lideren un estudio bíblico, testifiquen en la escuela – y háganlo siempre basados en la Biblia. También recordemos que la predicación auténtica siempre exalta a Jesucristo
Apocalipsis 19:10 dice que “el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”. Así que, ya sea predicando a la iglesia o evangelizando a los no creyentes, el objetivo es dar gloria a Cristo y llamar a las personas a Él.
2. Don de Servicio (Ministerio) – Servir con amor en necesidades prácticas
Romanos 12:7 "7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza;" El siguiente don es el de servicio: “si tu don es servir, entonces dedícate a servir” (v.7). La palabra griega aquí es diakonía, de donde obtenemos “diácono” que significa “mesero” o “sirviente”.
Este es un don tan amplio como humilde: es la capacidad especial de identificar y suplir necesidades materiales o prácticas en otros, con alegría y eficiencia. Incluye las muchas tareas de apoyo “tras bambalinas” que permiten que la obra de Dios funcione. En 1 Corintios 12:28 se le llama también don de ayudas – la habilidad de ayudar a otros de manera práctica
Los primeros diáconos en la iglesia de Jerusalén ilustran este don: los apóstoles nombraron a varones llenos del Espíritu y sabiduría para servir las mesas – distribuir alimento a las viudas necesitadas – mientras los apóstoles se concentraban en la oración y la predicación (Hechos 6:1-4).
Esa tarea humilde de repartir comida era un ministerio espiritual importantísimo, porque expresó el amor de Dios en forma práctica y preservó la unidad de la iglesia. De hecho, ninguna iglesia puede funcionar bien sin los que tienen el don de servicio realizando mil tareas necesarias: preparar el lugar de reunión, limpiar, acomodar sillas, llevar alimentos a los pobres, hacer arreglos administrativos, cuidar niños, etc. Son el aceite invisible que permite que la maquinaria ministerial no se atasque. Si tu don es servir, la Palabra de Dios te dice: ¡sirve! No esperes aplausos ni una posición destacada; la gloria de este don es que refleja a Cristo, quien “no vino para ser servido, sino para servir” (Marcos 10:45). Quizá nunca estés en un púlpito, pero ten por seguro que Dios ve cada acto de servicio oculto – y Él no lo considera pequeño. Quienes sirven en lo práctico debieran hacerlo, como dice 1 Pedro 4:11, “con la fuerza que Dios da, para que Dios sea glorificado”.
Si ayudas a otros, hazlo con amor, puntualidad, excelencia y buena actitud.
Un consejo práctico: no digas “Bueno, como mi don es servir, yo solo obedezco órdenes”; más bien, sé diligente y toma iniciativa. Si ves una necesidad, ¡haz algo! Se cuenta que, en sus inicios, un pastor muy ocupado le respondía así a quien sugería un nuevo ministerio en la iglesia: “Me parece excelente. Como Dios te mostró esa necesidad, te animo a que tú mismo te encargues de ello, te apoyaré”
¡Así surgieron ministerios fructíferos! No esperes a que otros siempre organicen todo; si Dios te guía a servir en algo, sé proactivo. La iglesia necesita hacedores, no solo espectadores.
3. Don de Enseñanza – Comunicar la verdad de forma clara y sistemática
El don de enseñanza se menciona a continuación: “el que enseña, que se dedique a la enseñanza” (v.7).
Enseñar no es lo mismo que profetizar, aunque están relacionados.
Si la profecía (predicación) es proclamar la verdad de forma general y exhortativa, la enseñanza es la habilidad de explicar la verdad de manera sistemática, detallada y constante para que otros la entiendan y la apliquen.
Un maestro toma la Palabra de Dios y la desmenuza claramente, construyendo conocimiento en los oyentes poco a poco. Este don se manifiesta en muchos contextos: puede ser un maestro de Escuela Dominical explicando una historia bíblica a niños, un líder de jóvenes impartiendo doctrina básica, un profesor en un instituto bíblico, o un mentor discipulando a un nuevo creyente con las verdades fundamentales de la fe.
La iglesia primitiva daba gran valor a la enseñanza: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles...” (Hechos 2:42).
La Gran Comisión incluye “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:20).
Pablo mismo veía su llamado como predicador y maestro (2 Timoteo 1:11). Le dijo a Timoteo: “Lo que has oído de mí… encárgaselo a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Tim. 2:2).
Vemos así varias “generaciones” de enseñanza: Pablo enseñó a Timoteo, Timoteo a otros hombres, y éstos a otros más. Sin esa cadena de maestros fieles, la iglesia se estanca en su crecimiento doctrinal.
Quien tenga este don, debe usarlo diligentemente. ¡Necesitamos maestros de la Biblia en todos los niveles! Por ejemplo, ¿está Dios llamando a alguno de ustedes a enseñar a los niños? ¡Esa es una labor preciosa! Un niño que recibe la sana doctrina crecerá sobre roca firme.
O quizás puedas liderar un estudio bíblico en casa, o guiar a un hermano joven en la fe a entender mejor las Escrituras. Pide al Señor oportunidades y prepárate bien.
Recuerda que enseñar conlleva responsabilidad: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos juicio más estricto” (Santiago 3:1). Esto nos humilla a depender de Dios para enseñar la verdad, solo la verdad, y nada más que la verdad.
Seamos como Jesús, el Maestro por excelencia, que explicaba las Escrituras con sencillez y poder de tal manera que hasta los niños entendían, y los adultos eran asombrados.
Si tienes este don, dedícate a profundizar en la Biblia y a cultivar el arte de enseñarla de forma interesante y clara. Tu servicio equipará a la iglesia para madurar y discernir la voluntad de Dios.
4. Don de Exhortación (Consuelo y Ánimo) – Animar y aconsejar a otros a vivir la verdad
Romanos 12:8 "8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría."
Pablo sigue: “el que exhorta, que se dedique a la exhortación” (v.8).
El término griego aquí es parakaléo, que significa “llamar al lado”. Se refiere a la capacidad de venir al lado de alguien para aconsejarle, animarle, consolarle o urgirle a la acción correcta.
Es un don versátil y muy necesario en la iglesia. Podemos entender la exhortación como aplicar la verdad a situaciones específicas de la vida de alguien, para ayudarle a crecer o a levantarse.
Quien tiene este don a veces hará el papel de consejero, escuchando a un hermano en crisis y dándole aliento o guía bíblica.
Otras veces será como un entrenador espiritual, motivando al desanimado a no rendirse, o empujando con amor al creyente perezoso a obedecer a Dios.
También puede ser un consolador, que se sienta junto al que sufre para llorar con él y recordarle las promesas de Dios.
La exhortación toma muchas formas: desde una conversación privada, una carta de ánimo, hasta una predicación que mueve corazones a la acción.
Este don refleja en cierta manera el ministerio del Espíritu Santo, a quien Jesús llamó “el Consolador” (el Paráclito) (Juan 14:16). El exhortador participa en la obra de animar y fortalecer espiritualmente a otros. La exhortación complementa a la enseñanza: la enseñanza muestra el camino; la exhortación impulsa a andar por él
Un maestro transmite conocimiento;
un exhortador apela a la voluntad y las emociones para que ese conocimiento produzca cambio de vida
Claro, muchas veces la misma persona puede ser maestra y exhortadora, pero hay quienes destacan especialmente en esta última.
Si Dios te ha dado un corazón sensible a las luchas de las personas y una palabra oportuna para cada caso, probablemente tienes este don.
La Palabra te dice: ¡úsalo! Dedica tiempo a estar con las personas, sé intencional en animar. Puede ser tan simple como enviar un versículo y unas palabras de aliento por mensaje a alguien enfermo, o acercarte al hermano nuevo y ayudarle a integrarse, o confrontar con amor a tu amigo que está en un mal camino.
La iglesia necesita aquellos creyentes positivos, alentadores, que siempre tienen un “vamos adelante” que ofrecer. La Biblia nos ordena a todos: “Anímense unos a otros cada día” (Hebreos 3:13, NVI).
Pero ciertamente algunos estarán especialmente dotados para hacerlo de manera eficaz y frecuente. Un punto importante: hagámoslo con paciencia y doctrina (2 Tim. 4:2). La buena exhortación no es solo decir “échale ganas” o dar consejo humano; debe estar basada en la Palabra de Dios y guiada por el amor. A veces exhortar implica advertir a alguien que su pecado le dañará (y llamarle al arrepentimiento), lo cual requiere valor moral. Otras veces implica consolar profundamente a quien está sufriendo, lo cual requiere empatía genuina. En todos los casos, dependamos del Espíritu Santo, quien es el mayor Consolador. Si tu don es exhortar, no te quedes callado cuando ves la necesidad: quizás Dios precisamente te puso allí para hablar esa palabra de aliento o corrección que tu hermano necesita
Una aplicación para todos: Estemos abiertos a recibir la exhortación de quienes tienen ese don. A veces Dios nos va a hablar o animar por medio de un hermano o hermana que nos aconseja. ¡No lo desprecies! Es Dios cuidando de ti a través del cuerpo de Cristo.
5. Don de Repartir (Dar con Generosidad) – Compartir recursos con sinceridad y alegría
Ahora Pablo menciona el que reparte o da: “el que reparte, que lo haga con liberalidad” (v.8). Todos los creyentes somos llamados a ser generosos y compartir con los necesitados (Efesios 4:28; 2 Cor. 9:7). Pero este pasaje indica que hay un don espiritual especial de generosidad, dado a algunos miembros del cuerpo. Es la capacidad de contribuir recursos (dinero, bienes, tiempo) de manera abundante y voluntaria para suplir las necesidades de la obra de Dios o de su pueblo. La palabra griega usada para “dar” aquí (metadídōmi) lleva la idea de “dar de uno mismo, impartir una parte de lo que uno tiene”, incluso a costo personal
. Es interesante: todos debemos dar, pero algunos tienen la gracia de dar por encima de lo ordinario, de manera extraordinaria. Podríamos llamarlos “súper-dadores” – no porque buscan título, sino porque Dios les ha dado un corazón desprendido, ojos atentos a las necesidades, y frecuentemente los medios para contribuir de forma significativa
gty.org
. La instrucción para este don es: dar con liberalidad. La palabra implica sinceridad, simplicidad de intención, generosidad sin segundas intenciones
gty.org
gty.org
. En otras palabras, dar sin hipocresía ni egoísmo. Jesús enseñó que cuando demos, no hagamos tocar trompeta; que no sepa nuestra mano izquierda lo que hace la derecha (Mateo 6:2-4). La generosidad genuina no busca aplauso humano, sino la gloria de Dios y el bienestar del prójimo. Debemos cuidar dos peligros: (1) La avaricia o reserva egoísta – pensando “bueno, daré, pero no demasiado, no vaya a quedarme corto yo”
gty.org
gty.org
. Quien tiene el don de dar supera ese cálculo tacaño y confía en que Dios proveerá. (2) El orgullo – dar para ser visto. Los fariseos daban así, por eso Jesús los llamó hipócritas. El dador espiritual, en cambio, da con discreción, por amor y obediencia, no para impresionar
gty.org
gty.org
. Su gozo está en saber que sus recursos están avanzando el reino de Dios. Un ejemplo bíblico precioso son los cristianos de Macedonia. A pesar de su “profunda pobreza”, abundaron en riqueza de generosidad, dando aún más allá de sus fuerzas y rogando el privilegio de ayudar a los santos necesitados
gty.org
gty.org
. ¿Cómo pudieron? Pablo dice en 2 Corintios 8:5 que “primeramente se dieron a sí mismos al Señor”. Ahí está la clave: un corazón entregado totalmente a Dios no retiene sus bienes cuando Dios le mueve a ofrendar. Tal vez algunos en esta iglesia tienen este don de dar. A menudo, Dios bendice económicamente a ciertos creyentes para que sean canales de bendición hacia otros. Si es tu caso, hazlo con sencillez de corazón. Y todos podemos aplicar este principio: dé lo que dé tu mano, que sea de corazón y para Dios. Recordemos que “Dios ama al dador alegre” (2 Cor. 9:7).
6. Don de Liderazgo (Presidir o Administrar) – Guiar y organizar con esmero y esmero
El siguiente don en la lista es: “el que preside, que lo haga con diligencia” (v.8). La palabra “presidir” aquí significa “ponerse al frente”. Se refiere al don de liderazgo y administración en la iglesia – la capacidad de dirigir a otros, de organizar actividades o ministerios, de llevar las riendas para que las cosas marchen bien. En 1 Corintios 12:28 se llama el don de administraciones (gobierno), usando una palabra de navegación que alude al piloto de un barco
gty.org
gty.org
. Un líder espiritual es como el timonel que mantiene la nave de la iglesia en curso, evitando caos y enfocando los esfuerzos hacia la meta común. En el Nuevo Testamento, este don claramente lo deben tener los ancianos/pastores (quienes “presiden bien” – 1 Tim. 5:17 – y deben “gobernar” su casa antes de gobernar la iglesia – 1 Tim. 3:4-5). Pero no se limita a oficiales. También los diáconos y otros hermanos o hermanas pueden tener habilidades de liderazgo en distintas áreas (por ejemplo, dirigir el ministerio de jóvenes, coordinar evangelismo, administrar recursos, etc.)
gty.org
gty.org
. Ciertamente, el liderazgo cristiano debe ser diferente al secular: es un liderazgo siervo, enfocado en servir a los demás, no en el estatus. Jesús es nuestro modelo: el Buen Pastor que guía a sus ovejas dando Su vida por ellas. La exhortación para este don es hacerlo “con diligencia”. La palabra sugiere hacerlo con esmero, prontitud, empeño y celo
gty.org
gty.org
. Un líder debe tomarse en serio su responsabilidad, trabajar duro y no ser perezoso ni descuidado. ¡Qué daño hace un líder flojo o negligente! Cuando un líder no prepara bien, o no está pendiente, las cosas se caotizan y otros sufren. Por eso, el que lidera debe hacerlo con prontitud y excelencia, “poniendo mano a la obra” ágilmente. Un punto importante es que el liderazgo en la iglesia es necesario y es un don. A veces se piensa que la iglesia primitiva era 100% espontánea, sin estructuras; pero en realidad, siempre que faltaba liderazgo piadoso, sobrevenía el desorden. Por ejemplo, la iglesia de Corinto tenía muchos dones espirituales, pero un gran desorden, en parte porque no se menciona que tuvieran líderes sólidos que pusieran orden
gty.org
gty.org
. En el libro de Jueces vemos el triste refrán: “Cada uno hacía lo que bien le parecía” cuando no había autoridad. Dios es un Dios de orden, y Él dota a algunos con habilidades de coordinación, visión y mando para que Su obra avance sin trabas. Si Dios te ha dado esa capacidad de liderar – quizá eres bueno organizando proyectos, delegando tareas, inspirando a otros a participar – entonces lidera con humildad y fervor. No caigas en el orgullo: Uzzías fue un rey que comenzó bien, pero cuando se llenó de soberbia e invadió funciones que no le correspondían (intentó usurpar el rol sacerdotal), Dios lo hirió con lepra (2 Crónicas 26:16-21). Eso nos enseña que un líder debe reconocer sus límites y depender de Dios. Lidera sirviendo, no dominando (1 Pedro 5:2-3). Y, muy práctico: si ves una necesidad en la iglesia que requiere organización, sé tú parte de la solución. Quizá Dios te la mostró porque quiere que tomes la iniciativa de organizar ese ministerio. Como dijo un pastor: si Dios pone en tu corazón “deberíamos tener tal ministerio”, tal vez Él te está llamando a ti a encabezar ese esfuerzo
gty.org
gty.org
. No esperes a que “alguien más” lo haga. Con oración y consejo, da el paso en fe. La iglesia necesita líderes en todos los niveles: desde guiadores de grupos pequeños, directores de alabanza, coordinadores de obras sociales, hasta misioneros que lideren nuevas obras. ¿Te ha dado Dios este don? Entonces prepárate (por ejemplo, aprendiendo de buenos líderes bíblicos como Moisés, Nehemías, Pablo), sé diligente y ponte al servicio de la iglesia en esta capacidad. Hazlo todo “como para el Señor”.
7. Don de Misericordia (Mostrar Compasión) – Ayudar a los necesitados con alegría genuina
El séptimo don mencionado es el de misericordia: “el que hace misericordia, que lo haga con alegría” (v.8). Este es el precioso don de mostrar compasión práctica hacia los que sufren, los débiles, necesitados o afligidos. Implica no solo empatía emocional, sino acciones concretas de ayuda. El creyente con este don tiene un radar especial para detectar el dolor ajeno que otros podrían pasar por alto, y siente una carga profunda por aliviarlo en la medida de lo posible. Podríamos pensar en ministerios como visitar a los enfermos, apoyar a los pobres, acompañar a personas con discapacidad, ir a cárceles a compartir esperanza, rescatar adictos, consolar a los enlutados, etc. – todo eso son expresiones del don de misericordia. Jesús mismo ejemplificó perfectamente la misericordia. El leproso, el ciego, la viuda que lloraba, el endemoniado marginado – todos hallaron en Él compasión y ayuda. Él lloró con los que lloraban y se conmovió ante la multitud hambrienta. En Lucas 4:18-19, Jesús citó a Isaías diciendo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos; y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”
gty.org
. Esto resume cómo el corazón de Dios se inclina hacia los marginados y abatidos. Quienes tienen este don reflejan ese corazón de misericordia de Jesús en la iglesia. La indicación de Pablo es que se ejerza con alegría. ¡Qué importante! La palabra griega es hilarótēs, de donde viene “hilaridad”
gty.org
. Nos pinta la idea de hacerlo con una actitud alegre, positiva, incluso contagiosa. ¿Por qué recalcar esto? Porque tratar con personas en dolor, pobreza extrema o situaciones difíciles puede ser agotador y deprimente si no se cuida el corazón. Hay quienes ayudan pero lo hacen con cara larga, por pura obligación, o con un espíritu de amargura. Eso no sana, sino que hiere más. Si vas a visitar a un enfermo desanimado y llegas con semblante triste y quejumbroso, difícilmente lo vas a levantar. En cambio, si vienes con gozo, con palabras de fe y amor sinceras, traes un rayo de luz a su oscuridad
gty.org
gty.org
. Proverbios 17:22 dice: “El corazón alegre es buena medicina”. Por eso, el que muestra misericordia debe pedir a Dios gozo en el servicio, para derramarlo donde hay tristeza. No es un gozo superficial, entiéndase bien; es el gozo profundo del Señor que permanece incluso en medio del sufrimiento, y que puede levantar al caído. Romanos 12:15 nos insta a “llorar con los que lloran” – sí, identificarnos con el dolor – pero al mismo tiempo, podemos traer el consuelo del Espíritu que produce gozo aun en la tribulación. La misericordia no siempre puede solucionar el problema de la persona (por ejemplo, sanar su enfermedad o revertir su pérdida), pero puede rodearla de amor y darle razones para seguir adelante. Si tienes este don, no te aísles: necesitamos tu sensibilidad en la iglesia. Seguramente tú serás quien note primero cuando alguien está sufriendo en silencio. No tengas miedo de acercarte, de ofrecer ayuda. Puede ser llevándole una comida a una familia en aprietos, ofreciendo transporte a quien lo necesite, o simplemente escuchando y orando con el que está afligido. Hazlo con el rostro y las manos de Cristo, que mostraba misericordia sinceramente. Y una vez más, hazlo con alegría. Dios promete bienaventuranza al que se compadece: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5:7). También Proverbios 14:21: “El que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado”
gty.org
. ¡Hay gozo en servir a los que sufren! Muchos hermanos que sirven, por ejemplo, en comedores comunitarios o visitando cárceles, testifican que ellos mismos son bendecidos y alegrados al dar misericordia.
Conclusión: Aviva el Don que Dios te Dio
Hemos recorrido la lista de dones en Romanos 12: profecía (predicación), servicio, enseñanza, exhortación, dar, liderazgo, misericordia. Tal vez al escuchar estas descripciones, te has identificado fuertemente con uno o dos. Puede que digas: “Eso es, yo siento un llamado especial a la enseñanza” o “A mí me apasiona ayudar a los necesitados” o “Disfruto organizando cosas para la iglesia”. Si es así, Dios te está recordando que uses ese don con dedicación. Por otro lado, puede que aún no tengas claro cuál es tu principal don. No te angusties; la mejor manera de descubrirlo es empezar a servir en algo y ver dónde Dios te utiliza más y dónde sientes Su gozo y poder fluyendo. Muchas veces la necesidad misma es el llamado. En todo caso, ningún creyente está exento de servir. Pablo nos llama a todos a presentarnos como sacrificio vivo (Ro. 12:1) y a usar lo que tenemos para el bien común. “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros” (1 Pedro 4:10) – esa es la regla para todos
gty.org
gty.org
. Quiero enfatizar dos actitudes finales: gratitud y disponibilidad. Primero, seamos agradecidos. Dios, por pura gracia, nos salvó y nos regaló estas capacidades espirituales. No las merecíamos; Cristo pagó un precio altísimo en la cruz para hacernos Sus siervos útiles. Entonces, usar nuestros dones es una forma de dar gracias por Su misericordia. ¿Recuerdan la parábola de los talentos? El siervo que escondió su talento fue reprendido duramente por su señor por su negligencia. ¡Que no se diga de nosotros que menospreciamos los dones de Dios! Segundo, tengamos disponibilidad. Presentémonos cada día ante Dios diciendo: “Señor, aquí estoy, úsame en lo que quieras. Abro mis manos con lo que me has dado – mi tiempo, mis habilidades, mis recursos – para bendecir a otros en Tu nombre”. Cuando toda la iglesia adopta esta actitud, ocurren cosas maravillosas: los necesitados son atendidos, los perdidos oyen el evangelio, los pequeños crecen en la fe, los débiles son sostenidos, y el amor de Cristo se hace tangible en la comunidad. Hermano, hermana: ¡la iglesia te necesita! Quizá pienses que tu parte es insignificante, pero no lo es. Si tú no la haces, algo faltará
gty.org
gty.org
. Dios te diseñó específicamente para un rol que nadie más puede cumplir exactamente como tú
gty.org
. ¿Te imaginas un cuerpo donde de pronto el pie dijera “no camino más” o el ojo “no quiero ver hoy”? Sería un desastre. Así también, cada miembro de la iglesia debe funcionar. No digamos: “Que otros evangelicen, o enseñen, o den, yo no hago falta”. ¡Sí haces falta! Y cuando todos participamos, el cuerpo crece “bien concertado y unido” (Ef. 4:16). Finalmente, recordemos que todos estos dones se deben ejercer en amor (1 Cor. 13). En el próximo versículo de Romanos 12 (v.9), Pablo dice: “El amor sea sin fingimiento...”. El amor es la motivación y el marco de referencia. Sin amor, aun el don más espectacular es en vano. Pero con amor, el servicio más pequeño es honrado por Dios. Entonces, mi desafío para ti hoy es: Identifica tu don y avívalo. Si ya sabes cuál es, pregúntate: ¿Lo estoy usando plenamente? ¿Tengo que reavivarlo? 2 Timoteo 1:6 dice: “te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti”. No dejes que el fuego se apague por la apatía o el temor. Si no tienes claro tu don, ora a Dios y comienza a servir donde veas oportunidad – Dios irá confirmando tu lugar en Su obra. Imaginemos nuestra iglesia como una orquesta en la que cada músico toma su instrumento y toca con dedicación la partitura que el Maestro (Cristo) nos dio. ¿Qué melodía hermosa se escuchará? ¡La gloria será de Dios! Al final, ese es el propósito: que al ejercer nuestros dones, Dios sea glorificado en todo por medio de Jesucristo (1 Pedro 4:11). Cuando la iglesia sirve unida, el mundo verá a Cristo reflejado en nosotros. Oro para que salgamos dispuestos a hacer la “música” del servicio con los “violines” que Dios nos ha dado, en lugar de guardarlos en un estante. Que cuando el Señor Jesús regrese, nos encuentre ocupados en Sus negocios, usando cada talento para multiplicar el bien en Su reino. Presentemos nuestros cuerpos, nuestros dones, nuestros todo, al Señor – Él merece nada menos que eso. Amén.>
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.