CRECIENDO EN GRACIA
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INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
En estas semanas estamos tratando del tema de la madurez cristiana, y su importancia para vivir aquella vida abundante y para cumplir el propósito para el cual hemos sido llamados. Los puntos más importantes han sido:
Todos estamos llamados a crecer espiritualmente. El Espíritu Santo que hace esa obra de transformación. Pero hay que estar atentos a su guía, a través de la oración y lectura de la Palabra de Dios.
hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;
Este proceso de crecimiento no es instantáneo, de una sola vez. El mismo apóstol Pablo reconoce esa limitación.
Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Por sobre todas las cosas, el amor debe ser el motor en la vida de todo cristiano.
El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.
Aun los discípulos más cercanos a Jesús, como Simón Pedro, Jacobo y Juan, tuvieron que pasar un proceso hacia la madurez. Y ¿cuánto más nosotros?
La vida de Pedro tiene mucho para enseñarnos de cómo es el camino hacia la perfección. a pesar de haber sido usado poderosamente por Dios, recién pudo llegar a la madurez cristiana en más de 20 años después de Pentecostés.
Esto nos recuerda que incluso los apóstoles de Cristo eran humanos y podían cometer errores en su camino hacia la perfección.
1. ¿ERRORES O PECADOS DELIBERADOS?
1. ¿ERRORES O PECADOS DELIBERADOS?
Atención, digo errores, imperfecciones, y no pecados, que hacen algunos a sabiendas, deliberadamente. Aquellos que los hacen, es muy posible que no sean convertidos. Este pasaje advierte contra el pecado de apostasía.
Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados,
La apostasía es una retirada o abandono intencional de la fe. Los apóstatas son aquellos que se acercan a Cristo, hasta el borde de la fe salvadora, que escuchan y entienden el Evangelio, y están al borde de la fe salvadora, pero luego rechazan lo que han aprendido y se alejan.
Estas son personas que quizás incluso sean conscientes de su pecado e incluso hagan una profesión de fe. Pero en lugar de avanzar hacia la madurez espiritual, su interés en Cristo comienza a disminuir, las cosas del mundo tienen más atracción para ellos, y llega el momento que pierden todo deseo por las cosas de Dios y se alejan.
En cambio, el apóstol Juan, ya anciano, nos dice que:
Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
El verdadero creyente nunca pierde la salvación. No es lo mismo que aquellos que, al igual que Judas, anduvieron un tiempo con Jesús. Ningún otro que haya rechazado la verdad tuvo mayor exposición al amor y la gracia de Dios que Judas.
Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.
Por tal razón el púlpito cristiano debe predicar siempre sobre arrepentimiento genuino y perdón, para que la persona decida por si misma si desea seguir a Cristo o volver al mundo.
2. ESTAMOS LLAMADOS A CRECER
2. ESTAMOS LLAMADOS A CRECER
Entonces no resulta tan extraño ni difícil, que la persona sellada con el Espíritu Santo esté dispuesta a crecer. Este es el cristiano, el seguidor de Cristo, que procura andar en santidad.
vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.
Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.
Una marca del cristiano genuino es que da fruto.
Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.
Tengamos presente que este crecimiento bajo la guía del Espíritu Santo no tiene nada que ver con aquellos conceptos de crecimiento y desarrollo personal tan populares en el siglo 21. Un ejemplo son aquellos cursos o sesiones de coaching personal tan mentados estos días, que buscan incrementar la llamada “inteligencia emocional”.
Esta es una cita de un psicólogo y famoso periodista David Goleman: “Cuanto más alto sea el puesto de un profesional exitoso, más claro queda que su eficacia se debe a sus capacidades de inteligencia emocional.”
Claramente el objetivo de este tipo de “crecimiento” es puramente materialista, egocentrista y de búsqueda de poder.
¡Que diferente es el ejemplo del profeta Daniel!. La sabiduría que tuvo la debía a su comunión intima con Dios. Daniel ejercitó una gran integridad y, al hacerlo, recibió el respeto y el afecto de los poderosos gobernantes a los cuales sirvió. Sin embargo, su honestidad y fidelidad a sus gobernantes, nunca lo llevó a comprometer su fe en el único Dios verdadero.
3. ALCANZAR MADUREZ PARA ANUNCIAR
3. ALCANZAR MADUREZ PARA ANUNCIAR
Así como Daniel, que creció y llegó a madurar, aún a pesar de estar como cautivo en tierra extranjera, nosotros tenemos un objetivo más noble y elevado, para el cual fuimos rescatados y levantados.
Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.
Que nuestro deseo de crecer no sea el mezquino afán de parecer mejores que los demás, o de tener poder sobre otros, sino el deseo de servir en amor.
¡Alabado sea Dios! – Anunciemos sobre el arrepentimiento, perdón y verdadera conversión. Anunciemos salvación y vivamos en santidad. ¡Cristo viene pronto!
¿Y qué debemos usar como única referencia para guiar a las gentes al temor reverente a Dios? Pues la Santa Biblia – la palabra profética más segura.
Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;
Tal como el Profeta Isaías preguntaba, podríamos decir, ¿qué debo anunciar?
Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo. La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo. Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.
Por tanto, la base de nuestro anuncio es la inerrante, exacta y eterna Palabra de Dios.
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.
4. UN RETO QUE DEBEMOS AFRONTAR
4. UN RETO QUE DEBEMOS AFRONTAR
Tenemos el reto de seguir firmes en la misión, a pesar de las dificultades, a pesar de nuestras propias limitaciones.
Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor. Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución;
Por tal razón necesitamos avanzar en nuestro crecimiento en la fe. Sigamos el ejemplo de hombres y mujeres fieles que nos antecedieron.
Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido;
Tengamos cuidado de no ser llevados por cualquier viento de doctrina. Algunos tropiezan con verdades fundamentales. Tenemos el desafío constante de decir la verdad, incluso si es incómodo para la mayoría de las personas.
Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.
Pablo conocía muy bien la responsabilidad puesta en su corazón por el propio Jesús y también desde el Antiguo Testamento (tal como en Ezequiel 3:17-21), de ir a anunciar salvación. Nosotros también tenemos esa responsabilidad.
Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!
CONCLUSIÓN
CONCLUSIÓN
La Biblia describe al cristiano maduro, no por su edad o años en el evangelio, sino como aquel que, a través de la obediencia a la palabra de Dios, desarrolla el carácter de Cristo, mostrando discernimiento, amor, paciencia y servicio a los demás.
Un cristiano maduro no se queda en las primeras enseñanzas, sino que busca el conocimiento sólido de Dios para vivir de una manera que glorifique Su nombre, incluso a través de la predicación de la verdad.
Nuestro mensaje de reconciliación con Dios que damos al mundo, debe estar motivado por el amor. Amor a esas almas que aún están perdidas, y solo espera la voz del Pastor, anunciada a través de sus siervos.
Finalmente tengamos siempre presente que Dios nos ama y desea que seamos transformados más y más a la imagen de su hijo Jesucristo. Estamos en el cuenco de sus manos, y nada ni nadie nos quitará a de allí. Entonces anuncia la Palabra confiando en la protección de Dios.
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Hermano, hermana, que la gracia del Señor en tu vida sea el vehículo para expresar el amor de Dios, mediante el servicio de ayuda, o alcanzando un tratado, una palabra de aliento, luz para sus almas.
OREMOS
