Abramos los ojos a la realidad de que vivimos en un mundo donde el temor parece al acecho constante: incertidumbre económica, preocupaciones familiares, salud, soledad, violencia. Sin embargo, el salmista David nos ofrece, en el Salmo 27:1-6, el antídoto divino contra nuestras fobias diarias: una fe firme en el Señor Jesucristo, que disipa toda sombra de miedo. Porque el poder de la fe transformadora en Jesucristo nos da la convicción de vencer frente a los miedos frecuentes (cotidianos). La elección es suya, fe o fobia, cuando usted escoge poner su fe personal en Dios, usted triunfa sobre sus fobias, ya que ese compañerismo con Él domina cada aspecto de su vida.