EL REMEDIO PARA EL CORAZÓN INFIEL
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INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Oración
Adorno: Una de las películas que más me ha conmovido en los últimos años —quizás algunos aquí la hayan visto— se titula Beautiful Boy. Está basada en la historia real de un padre, David Sheff, y su hijo, Nic.
Nic era un joven brillante: talentoso, creativo, con una sensibilidad especial para escribir historias. Su padre, David, era lo que muchos llamarían un buen padre: responsable, presente, amoroso. Entre ellos había complicidad, ternura y un lazo afectivo profundo. Aun después del divorcio de sus padres, Nic creció en un hogar seguro, rodeado de una nueva familia estable y de dos hermanitos pequeños a quienes quería con todo su corazón.
Nic era, a los ojos de todos, un buen hijo.
Pero a los doce años su vida tomó un rumbo inesperado. Empezó a consumir drogas, y poco a poco una adicción devastadora se apoderó de él. Lo que había comenzado como un muchacho lleno de promesas, se transformó en una lucha constante contra la autodestrucción. Y lo más doloroso fue ver cómo ese descenso arrastraba también a su padre y a toda la familia, que lo amaban entrañablemente.
La película retrata con crudeza cómo aquel joven lleno de vida va perdiéndose en un proceso degradante: su aspecto físico se marchita, su carácter se oscurece, sus relaciones se quiebran. Nic comienza a mentir, engañar, manipular, incluso a robar y a volverse agresivo… todo con tal de alimentar su adicción.
Y lo más impactante son los contrastes que la película te obliga a mirar de frente: una escena te muestra al hijo amado, lleno de ternura y de sueños; y la siguiente te arroja la imagen dura de ese mismo hijo, irreconocible, consumido por la adicción. Ese contraste es precisamente lo que rompe el corazón del padre… y también el nuestro como espectadores.
Esta historia me recuerda profundamente la relación de Dios con su pueblo, especialmente en los últimos capítulos de Oseas. Hasta este momento, Dios había usado la imagen del matrimonio para describir su relación con Israel: Oseas como esposo fiel y Gómer como una esposa infiel que rompe la exclusividad el pacto matrimonial.
Pero cuando llegamos al capítulo 11, Dios cambia la perspectiva. Por un momento, deja la imagen del matrimonio y nos muestra su amor como un padre hacia su hijo.
Desde Oseas 11:1-4 donde Dios recuerda cómo crió a Israel, cómo lo alimentó y lo enseñó a caminar, hasta llegar a Oseas 13:13 donde lo describe como un hijo insensato. Al igual que David con Nic, Dios ama a su pueblo aunque este se pierda, aunque mienta, se desvíe y se aleje. Su amor no es frío ni distante; es profundo, tierno y perseverante.
Si estuviste aquí el domingo pasado, recordarás que hablamos sobre cómo funciona un corazón infiel: es un corazón que ama lo que no debe, que se lamenta por lo que no tiene valor eterno y que se empeña en hacer lo malo. Los últimos capítulos de Oseas nos muestran que Dios, con paciencia y fidelidad, sana a este tipo de corazón.
Por esta razón, he titulado esta prédica: “el remedio para un corazón infiel”.
A lo largo de estos capítulos veremos como Dios:
Revela su su corazón compasivo.
Expone el corazón rebelde de Israel.
Sana el corazón infiel del pueblo.
Un corazón compasivo, un corazón rebelde y un corazón sanado es lo que vamos a ver en esta mañana.
Así que, acompáñame rápidamente en la lectura de Oseas 11:1-11.
EL CORAZÓN COMPASIVO DE DIOS (Oseas 11:1-11)
EL CORAZÓN COMPASIVO DE DIOS (Oseas 11:1-11)
Dios usa una imagen muy poderosa en significado para mostrar el amor que tiene por su pueblo. Nos habla de cuando Israel era niño, refiriéndose al tiempo en que no eran una gran nación sino más bien un pueblo o una familia insignificante, pequeñitos. Dios claramente nos muestra el propósito de esta ilustración: enseñarnos el tipo de amor que tiene por su pueblo. Dios amó a Israel cuando era niño, y como a un hijo lo llamó de Egipto, haciendo referencia clara al tiempo del Éxodo cuando los libro poderosamente de opresión de Faraón. El amor de un padre por un hijo es uno los amores más grandes e incondicionales que existen, y lleva a los padres a hacer todo tipo de sacrificio para garantizar el bienestar de sus hijos.
Esto es exactamente lo que Dios hace en el capítulo 11. Nos muestra el gran amor con que amó a Israel. Un amor paterno que lo llevó a cuidar de él. Lee nuevamente conmigo Oseas 11:3-4. El lenguaje es muy ilustrativo. Nos muestra un padre que enseña a andar a su hijo, así como cuando el niño da sus primeros pasos y el padre lo guía, lo conduce, lo sostiene por si se cae, lo lleva de la mano hasta que finalmente aprende a caminar.
La siguiente imagen no es tanto la de un hijo sino la de un animal de carga, como la de una novilla o un buey de carga, a quien Dios, lejos de tratar con dureza en la fatiga del trabajo, alimenta, cuida y casi que mima a este animal con su ternura.
Por medio de todo esto, Dios quiere mostrar su corazón compasivo.
Un corazón compasivo que no depende de la actitud o la respuesta del hijo, sino que es compasivo a pesar de la respuesta del hijo. En la última parte del versículo 3 se nos dice: Oseas 11:3 "… Pero ellos no comprendieron que Yo los sanaba." Sin importar que Israel ignorara que era la compasión divina la que lo guiaba, aún así, Dios lo hacía. Es como los bebés que no entienden que sin sus padres no podrían sobrevivir mucho tiempo. Ellos no se enteran de esto, no comprenden que es con amor que papá y mamá hacen todo para mantenerlo sano y salvo. La ignorancia del hijo no limita la compasión del padre.
Pero no termina allí. Dios muestra su compasión aún en medio de la rebeldía del pueblo. Desde el primer momento Dios reprende la actitud idólatra de Israel. Lo hace a lo largo de todo el libro de manera constante y repetitiva, incluso en Oseas 11:2, justo después de afirmar su paternidad sobre Israel dice que son un pueblo idólatra. Esto es lo que conlleva a la disciplina de los siguientes versículos.
Oseas 11:5-7 Parte de la compasión que Dios tiene con Israel es mostrarle que su camino es un camino de muerte. Advertirle que la idolatría lo llevará a la autodestrucción. Ciertamente no volverán a Egipto, nuevamente recordando el Éxodo, ya no serán esclavos en aquella nación pero sí lo serán en Asiria. Sí serían llevados cautivos a Asiria.
Dios no deja a su hijo sin castigo. Esto es muy importante, porque a veces pensamos que la compasión es librar de las consecuencias, pero no es así. Dios no es un Padre que hace la vista gorda mientras su pueblo comete todo tipo de injusticias. No, Dios es un Padre que -movido por us compasión- trae consecuencias para que este pueblo entienda el peligro al que se enfrenta sino abandonan a sus ídolos. La disciplina y el castigo son muestras de amor por parte de Dios. Una de las cosas que suelo decirle a mis hijos es esto, papá no disfruta disciplinarte ni castigarte, pero debo hacerlo para que te apartes del mal. Es una advertencia de que un dolor mayor vendrá sobre tu vida si no te apartas de este camino.
Es lo que Dios hace con su pueblo.
De hecho, en este capítulo vemos el corazón de Dios completamente expuesto y la aparente lucha que Dios tiene. Sabemos que Dios no lucha consigo mismo ni está divido, sino que su voluntad y su carácter siempre es perfecto y sin ninguna sombra de variación. Pero el lenguaje que usa es intencional para dejarnos ver el amor y la compasión con la que ama a su pueblo. Escucha lo que Dios dice en medio de la idolatría de Israel: Oseas 11:8-11.
Dios hace cuatro preguntas retóricas. No es que Dios no sepa qué va a hacer con Israel o que esté perdido en su paternidad. No es como los padres que dicen: “¿qué haré con este hijo rebelde?” como si no supieran qué hacer en verdad. Las preguntas retóricas que Dios hace son para dar más fuerza o peso a lo que va a decir a continuación. Dios quiere que Israel entienda una cosa, Dios disciplina a sus hijos pero no los desecha. Dios corrige lo que está mal, pero no deja huérfano a sus hijos. Una cosa es que Dios traiga las consecuencias del pecado como advertencia y disciplina, y otra muy distinta es que Dios derrame su ir por completo sobre alguien y lo castigue por todo su pecado con lo que merece.
Dios podría hacerlo y no estaría mal porque Él es Justo, Santo y Perfecto. Pero muestra su compasión.
Esto es importante, porque muchas veces el castigo y la disciplina pueden producir en nosotros una sensación de desesperanza. Algunas veces, cuando debo disciplinar a mi hijo mayor, su respuesta es: “¿nunca más vas a jugar conmigo papá?”, “¿nunca más comeré helado?” o “¿me quitarás el juguete para siempre?”. Y yo le digo: “Hijo, no exagere, te estoy disciplinando pero no te estoy desterrando de la casa”.
Es muy fácil confundir la disciplina con el desprecio. Si no se hace bien, un hijo podría realmente sentir que sus padres lo desprecian. Por eso Dios quiere enfatizar esto, su disciplina no es un acto de desprecio sino de compasión. Su corrección es un acto de amor.
Oseas 11:8 "¿Cómo podré abandonarte, Efraín? ¿Cómo podré entregarte, Israel? ¿Cómo podré Yo hacerte como a Adma? ¿Cómo podré tratarte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de Mí, Se enciende toda Mi compasión.”
Adma y Zeboim eran ciudades que fueron destruidas por completo junto con Sodoma y Gomorra como consecuencia de su pecado. La idea es clara, te castigaré pero este castigo no será para muerte sino para corrección y vida. No te dejaré a tu suerte, ni te abandonaré.
Me encanta cómo lo describe Oseas en un lenguaje poético. Sabemos que Dios tiene dominio de todas las cosas y de todas sus reacciones. Dios no se deja llevar por emociones, aunque las experimenta no es controlado por ellas, pero el lenguaje poético lo comunica de una forma tan pasional que nos lleva a comprender el corazón mismo de Dios.
Mira el contraste entre los versículos 5-7 y el versículo 8. Dios quiere enfatizar su compasión aún en medio del juicio que traerá sobre su pueblo.
Sí, como consecuencia de tu pecado serás castigado pero yo no te voy a abandonar.
Presta atención al lenguaje que Dios usa. Es importante entender que Dios ejerce su voluntad en perfecto control, que su carácter es perfectamente harmonioso y completo, que nunca tiene una respuesta visceral ni descontrolada. Dios nunca actúa de forma impulsiva. No se deja llevar por la ira. Dios experimenta emociones igual que nosotros, experimenta ira, de hecho Oseas 12:14 "Efraín le ha irritado amargamente...”, pero a pesar de eso, Dios siempre está en perfecto control de todas sus reacciones al pecado. Quiero que quede claro, Dios nunca actúa por impulsividad ni de forma visceral, Dios siempre está en perfecto control de todo, de sí mismo y de todo. Dios no desata su ira de forma descontrolada como aquel que pierde los papeles.
Muchas veces los padres debemos respirar profundo más de una vez para evitar castigar a nuestros hijos con ira, Dios no. Dios no debe contar hasta 10 para calmarse, porque Él siempre actúa de forma correcta y justa, nunca de forma emocional y visceral. Y esto es lo que vemos en los siguientes versículos: Oseas 11:9-11.
Dios traerá juicio pero no vendrá para exterminar una vez y para siempre al pueblo por su maldad sino que vendrá a juzgar para corregir. Y encaminar a su pueblo. De hecho, las palabras que usa al final del capítulo 11 son de redención y restauración: Oseas 11:11 "De Egipto vendrán temblando como aves, Y de la tierra de Asiria como palomas, Y Yo los estableceré en sus casas, declara el Señor."
EL CORAZÓN REBELDE DE ISRAEL (Oseas 11:12-13:16)
EL CORAZÓN REBELDE DE ISRAEL (Oseas 11:12-13:16)
Ahora, al igual que con nuestros hijos, su verdadero problema no era su mala conducta en sí. Tedd Trip, conocido autor del libro “Pastoreando el corazón de tu hijo”, afirma que sería un error enfocarse únicamente en la conducta externa, y que más bien debemos apuntar al corazón, porque de ahí es que nace la conducta.
Para comprender el pecado del pueblo de Israel, y también el nuestro propio, es importante que leamos el v.7. Oseas 11:7 "Pues Mi pueblo se mantiene infiel contra Mí; Aunque ellos lo llaman para que se vuelva al Altísimo, Ninguno lo exalta." El pecado del pueblo es realmente un síntoma de algo mucho más profundo, la infidelidad.
Una infidelidad que viene determinada por aquello que Israel ama. El domingo pasado leímos en Oseas 10 como el corazón infiel ama más la bendición a aquel que lo bendice. Y el problema de Israel, no era tanto un problema de conducta externa, sino un problema de infidelidad en el corazón. No amaban a su Dios. Por eso Dios usa inicialmente la imagen del matrimonio, porque así muestra a Israel cuál es su verdadero problema.
De hecho, lo primero que Dios identifica es que ellos están lejos del Señor, que lo han abandonado, que se han alejado y que no quieren volver a Él:
Oseas 11:2 "Cuanto más los llamaban los profetas, Tanto más se alejaban de ellos; Seguían sacrificando a los Baales Y quemando incienso a los ídolos." Los profetas representaban a Dios, alejarse de ellos era alejarse de Dios. Era no querer escuchar lo que Dios había dicho.
Oseas 11:7 "Pues Mi pueblo se mantiene infiel contra Mí; Aunque ellos lo llaman para que se vuelva al Altísimo, Ninguno lo exalta."
Oseas 11:12 "Efraín me rodea de mentiras, Y de engaño la casa de Israel; Judá todavía anda lejos de Dios, Y del Santo, que es fiel." Si estás leyendo la Reina Valera tu traducción dirá lo opuesto, que Judá camina con el Señor. La frase en Hebreo es difícil de traducir, pero la traducción de Las Américas parecer más acertada, especialmente cuando seguimos leyendo en Oseas 12:2 "El Señor también tiene pleito con Judá, Y castigará a Jacob conforme a sus caminos; Conforme a sus obras le pagará." No tiene mucho sentido afirmar que Judá camina con el Señor, y luego 2 versículos más tarde afirmar que Dios tiene pleito con ellos por su pecado. Lo más acertado parece ser traducir la frase como lo hace la Biblia de las Américas, Judá también anda lejos de Dios.
Oseas 12:6 "Y tú, vuelve a tu Dios, Practica la misericordia y la justicia, Y espera siempre en tu Dios." El llamado divino de volver a Dios implica que se habían alejado.
Oseas 13:6 "Cuando comían sus pastos, se saciaron, Y al estar saciados, se ensoberbeció su corazón; Por tanto, se olvidaron de Mí." Olvidarse es otra forma en la que Dios afirma que el pueblo está lejos de Él. Lo han abandonado. Lo han dejado.
Verás, el problema no es la conducta externa, sino el afecto del corazón.
En Mateo 15:8–9 el Señor confronta al pueblo con estas palabras “Este pueblo con los labios Me honra, Pero su corazón está muy lejos de Mí.”
Nuestro mayor problema no es una conducta externa sino el deseo de nuestro corazón.
Israel se había alejado de Dios porque no amaba a Dios, amaba otras cosas. En Oseas 11:12-13:16 Dios expone el corazón rebelde de Israel porque ellos no amaban al Señor. Ahora, quiero que veas cómo se manifestaban estos otros amores:
SU CONFIANZA NO ESTABA EN DIOS
En primer lugar, su confianza estaba depositada en otras cosas pero no en Dios. Esto no está en orden, sino que encontramos esto a lo largo de todo el texto. Una de las cosas Israel hacía era depositar su confianza en la bondadosa ayuda de Dios. Lee Oseas 12:8 "Efraín ha dicho: «Ciertamente me he enriquecido, He adquirido riquezas para mí; En todos mis trabajos no hallarán en mí Iniquidad alguna que sea pecado»." en otras palabras, ellos pensaban que su prosperidad se debía a su propia justicia y no a la bondadosa gracia de Dios. No hallarán pecado en todos mis trabajos, Dios me tiene que bendecir porque soy bueno. Mi confianza está puesta en mí mismo. Yo sirvo en la iglesia, yo no soy como aquel, yo hago esto o aquello. Confianza en mi propia justicia. Eso es un síntoma de que nos amamos a nosotros mismo por encima de Dios.
Esta autoconfianza los llevó a la auto-exaltación. Oseas 13:1 "Cuando Efraín hablaba, reinaba el temor; Se había exaltado a sí mismo en Israel, Pero por causa de Baal pecó y murió."
Pero no solo en su propia justicia, Efraín confiaba más en sus gobernantes que en su Dios.
Oseas 13:9–10 "Tu destrucción vendrá, oh Israel, Porque estás contra Mí, contra tu ayuda. ¿Dónde está ahora tu rey Para que te salve en todas tus ciudades, Y tus jueces de quienes me decías: «Dame rey y príncipes»?" Esta pregunta expone la confianza en los reyes. Dios está haciendo referencia a aquel episodio en 1 Samuel 8, donde Israel pide un rey como las demás naciones, y Dios claramente indica que ellos lo han despreciado a Él, y no a Samuel.
Es por eso que el texto dice que Israel se ha rebelado en contra de aquel que es su ayuda, y ha puesto su confianza en los reyes. Ellos confiaban en la estrategia política de estos reyes porque ellos hacían alianzas con otras naciones.
Lee conmigo la última parte de Oseas 12:1 "… Hacen además pacto con Asiria, Y el aceite es llevado a Egipto." El aceite representa el regalo entregado a Egipto como señal del pacto entre ambos. Lo que está haciendo es enfatizando la confianza que Israel ponía en estas naciones poderosas y no en el Señor.
Mira la progresión: Confiaban en su propia justicia, confiaban en sus reyes, y confiaban en la otras naciones. Por eso hacían lo que hacían ¿Ves que el problema no es externo sino el corazón?
Cuando ves que una persona prioriza el trabajo por encima de su crecimiento espiritual, ¿por qué crees que lo hace? El problema no es la conducta, el problema está en lo que esa persona está depositando su confianza. El problema es el corazón, no que falte al culto en sí mismo. Usted dirá, pastor, pero es que tengo que trabajar, y yo te diré, pero acaso tu Dios no te puede prosperar si buscas primeramente el reino de Dios y su justicia? Ves que el problema no está en lo que haces, lo que haces es un síntoma de lo que amas en tu corazón.
También vemos personas que no dan generosamente en la iglesia, ¿por qué? ¿por qué aún teniendo más que suficiente dan tan poco? El problema no está en que den mucho o poco, sino que probablemente están confiando en sus riquezas. Todo lo debo ahorrar por si acaso. Todo lo debo guardar para el futuro, y entonces, no doy generosamente porque no puedo poner en peligro mi futuro. La Biblia nos llama a dar generosamente, pero no porque Dios necesite tu dinero sino porque te llama a poner tu confianza en quien es tu proveedor.
Hay personas que están dispuestas a hacer algo poco ético si su jefe se los pide, simplemente porque no quieren perder su trabajo. Este temor revela su confianza. Verás, no es la conducta externa, es el corazón detrás de la conducta. Por eso este segundo punto no es la conducta rebelde sino el corazón rebelde de Israel.
Quiero te hagas las siguientes preguntas:
¿En qué está depositada mi confianza?
¿Qué cosas me hacen sentir tranquilo?
¿Qué me harían sentir ansioso e intranquilo si las perdiera el día de mañana?
Cuando enfrento un problema, ¿a quién llamo? ¿A Dios en oración o a la persona en quien confío? No es que no podamos pedir ayuda, pero nuestra reacción casi siempre es acudir al humano antes que a Dios. Y esto revela nuestra en quién confiamos.
SATISFACCIÓN
Pero no era solo su confianza, sino que también era su satisfacción. Aquello que los hacía sentir bien y satisfechos. Solo quiere leer dos versículos
La primera parte de Oseas 12:1 "Efraín se alimenta de viento, Y persigue sin cesar al viento del este…”
Cuando tenemos muchas ganas de comer solemos decir cosas como: “Tengo tanta hambre que me comería un elefante” Es posible que el dicho varíe dependiendo de la región pero lo que expresa es que el deseo de comer es bastante grande. Imagina que alguien dice: “tengo tanta hambre que comería aire”, no tendría mucho sentido, ¿o sí? El aire no satisface el hambre. El aire no puede calmar el apetito. Quien aspira aire para calmar su hambre está loco.
Así es Israel, buscando su satisfacción en otras cosas menos en Dios. Principalmente en su propia prosperidad.
Oseas 13:6 "Cuando comían sus pastos, se saciaron, Y al estar saciados, se ensoberbeció su corazón; Por tanto, se olvidaron de Mí."
No es que simplemente confiaban en sus recursos, sino que sus recursos los hacían estar satisfechos consigo mismos. Es decir, su identidad, su valor, su significado como gene venía de los recursos. Sus recursos eran aquello que los hacía sentir bien. Tenían sensación de plenitud, de llenura, de que no les faltaba nada.
Ni Sheff, este joven que luchó con la adicción a las drogas escribió un libro llamado Tweak, en él describe la primera vez que probó una sustancia en particular. Me he permitido hacer una traducción de este extracto del libro: “Aquella sustancia cambió mi vida para siempre. En el momento que la probé, inmediatamente se apoderó de mí una sensación que había estado buscando toda mi vida. Fue como decir Dios mío esto es lo que anhelaba todo el tiempo. Esta sustancia me completaba”.
Esto es satisfacción. Aquello que produce una sensación de bienestar, de plenitud, de placer, de llenura, de gozo. Aquello que me hace feliz.
De nuevo, ¿por qué alguien hace lo que hace? Porque ama estar satisfecho en otra cosa que no es Dios.
Pregúntate:
¿Qué es aquello que produce frustración o irritación si no lo consigues?
¿Qué es aquello que si no lo consigues estás dispuesto a pecar para conseguirlo?
¿Te sientes insatisfecho con tu realidad presente?
¿Qué es aquello que dices: Si tan solo pudiera cambiar esto, entonces, todo en mi vida se arreglaría?
¿Qué es aquello con lo que sueñas despierto?
A veces no es solo lo que hacemos sino lo que dejamos de hacer, ¿por qué dejamos de hacer ciertas cosas? ¿Por comodidad? ¿Encontramos nuestro descanso en otras cosas y no en Cristo?
Amados, por temas de tiempo seré muy breve en la siguiente sección, pero quiero terminar este punto donde Dios expone el corazón rebelde de Israel nuevamente comentando algo que Nic Sheff relata en una entrevista: cuenta que una vez fue a un hospital porque estaba pasándolo bastante mal, y cuando llegó le preguntaron cuál era su problema, y él dijo: “Soy un alcohólico y un drogadicto”, y en el hospital le dijeron: “no, así es como has estado lidiando con tu problema”. Más adelante dirá comentaría que él estaba intentando llenar ese fuerte vacío que había en su corazón, que era como un agujero negro nada lo satisfacía.
El problema de la idolatría es que nace de un corazón rebelde que no ama al Señor sino que busca en otros amores su satisfacción. De ahí que la imagen más usada en el libro de Oseas sea la del matrimonio -aunque ahora estemos viendo la del Padre con el hijo.
EL CORAZÓN SANADO DEL PUEBLO (Oseas 14:1-9)
EL CORAZÓN SANADO DEL PUEBLO (Oseas 14:1-9)
¿Cómo responde Dios ante esto?
Oseas 14:1-9.
Dios los llama a volver. Éste es un llamado constante desde el capítulo 11. Los profetas los llamaron en Oseas 11:2 y ahora Dios los vuelve a llamar en Oseas 14:1.
Pero el volver a Dios debe hacerse por medio de la confesión específica de los pecados del corazón. Fíjate como debe ser la respuesta de Israel, el texto dice que debe ser por medio de la oración (Oseas 14:2-3).
Deben implorar por la bondadosa ayuda de Dios. Por su misericordia. En otras palabras, Israel debe rogar a Dios por medio de la oración que los perdone y los limpie.
Este tipo de oración no se produce cuando el corazón está convencido de su propia justicia. Este tipo de respuesta no se produce cuando el corazón ama este mundo más que a Dios.
Esta respuesta solo se produce en un corazón que está completamente quebrantado por el pecado. Quiero que pienses en esto, este tipo de ruego y de arrepentimiento solo ocurre en un corazón desesperado. Para que esto ocurra Dios tiene que llevar a Israel a un punto de desesperación en el que entienda cuán grave es su situación. Cuando leemos el libro de Oseas nos damos cuenta que la temática es muy repetitiva, el tono siempre es el mismo, las exhortaciones siempre son las mismas. Podríamos pensar que Oseas pudo haber dicho lo mismo en menos de 14 capítulos, básicamente la estructura de todo el libro es:
Oseas 1-3 se introduce la historia del matrimonio de Oseas con Gómer.
Oseas 4-13 Dios expone el pecado de Israel de diferentes formas.
Oseas 14 Los llama al arrepentimiento.
¿Por qué dedicar 9 capítulo a exponer de formas muy parecidas la idolatría de Israel? Creo que es porque Israel, a pesar de las advertencias, no habían tocado fondo. Creo que es porque Dios quiere hacerle ver a Israel cuán grave en verdad es su estado espiritual. Nosotros tendemos a minimizar nuestro pecado. Tendemos a confesar y pasar página muy rápido.
No quiero que me mal interpretes, no es que debamos pagar penitencia para que Dios nos perdone, no en absoluto. Creo que lo que ocurre es que no estamos conscientes de cuán grave es mi situación y por tanto no voy con desesperación al Señor para ser sanado.
Cuando una persona tiene una adicción a las drogas, todos los que están alrededor de esa persona comienzan a notar que su aspecto cambia, que su higiene personal está descuidada, que la persona se está deteriorando más y más. La persona pierde peso, se ve demacrada, desaliñada, incluso comienzan a tener temblores en su cuerpo por la dependencia de la sustancia. Todos pueden ver la decadencia excepto el adicto.
Esto es lo que nos sucede a nosotros. Nuestro estado espiritual es grave pero no nos damos cuenta. Por eso, Dios tiene que hacernos ver la realidad. Por eso insiste en decirle a Israel de diferentes maneras y constantemente que su pecado los llevará a la muerte. Lo que quiere que es abran los ojos y vean que, de la misma forma que un adicto está en decadencia por la droga, ellos van camino a al destrucción por su idolatría.
Éste es un llamado para todos, tanto para cristianos como para quienes no lo son. Tanto para los miembros de nuestra iglesia como para quienes nos visitan. Para quien está predicando y para quien está ahí sentado.
Nuestro corazón es el problema y debe ser sanado. Por eso Dios nos llama a volver a Él por medio de la confesión.
Lo mejor que Dios puede hacer por ti y por mí es ayudarnos a ver cuán mal estamos para que entonces podamos responder.
Limpiar nuestro corazón no es algo que podamos hacer nosotros mismos, por eso debemos venir rogando, suplicando a Dios para que nos limpie. Esto es a lo que Jesús hace referencia cuando habla en Mateo 5:3 "«Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos."
Solo el que es consciente de la gravedad de su estado responderá rogando por ayuda. El orgulloso, el humilde sí.
¿Cómo responde el Señor?
Oseas 14:5-9.
Él nos sanará, él lo hará.
APLICACIONES
APLICACIONES
La información no te sanará: Ilustración del paciente con cáncer.
Oseas nos muestra a Dios como ese esposo y padre de familia que ama a pesar de la traición. Es mi oración que ese amor inquebrantable nos cautive de tal manera que estemos dispuestos a renunciar a todos nuestros otros amores.
¿Amén?
Oremos.
