Está bien estar enojado
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Introducción:
Introducción:
Buen día amados hermanos, el Señor les bendiga en esta mañana maravillosa que nos regala. Es para mí un privilegio y un gusto estar con ustedes aquí delante de Dios y de parte de Él para compartir esta enseñanza.
Bueno, como se han dado cuenta, conmigo vamos a seguir desarrollando la serie que inicie este año llamada: «Esta bien no estar bien». Hoy vamos con otro tema muy importante, y como ya sabran hemos venido hablando de otros que son:
Está bien estar desanimado/deprimido
Aprendimos que la Biblia nos da permiso para sentirnos abatidos, mostrando cómo grandes siervos de Dios expresaron su angustia más profunda.
Rechazamos la presión de fingir que todo está bien, reconociendo que la honestidad ante Dios es el primer paso para un encuentro verdadero.
Entendimos que Dios mismo nos da las palabras para nuestro lamento en las Escrituras, encontrándonos en nuestra debilidad.
Está bien estar triste
Descubrimos que la vida cristiana tiene diferentes estaciones, y la tristeza es una respuesta bíblica y válida a los tiempos de pérdida y tormenta.
Comprendimos que la fe no exige una alegría constante, sino una confianza constante en un Dios que es soberano tanto en la celebración como en el luto.
Vimos en Jesús el ejemplo perfecto de alguien que experimentó una gama completa de emociones, incluyendo una profunda tristeza, validando así la nuestra.
Está bien llorar
Derribamos la idea de que el llanto es un signo de fe débil, entendiendo que es una parte esencial y bíblica del proceso de sanidad.
Nos aferramos al ejemplo de que "Jesús lloró", lo que nos da el máximo permiso para expresar nuestro dolor y revela el corazón compasivo de Dios.
Aprendimos que el llanto dirigido a Dios se convierte en un clamor de fe que abre la puerta a Su consuelo y eventual restauración.
Está bien tener miedo
Comprendimos que el mandato "No temas" no es una reprensión por sentir miedo, sino una tierna invitación de Dios a encontrar ánimo en Su presencia.
Vimos que la Biblia está llena de personas fieles que sintieron miedo, y que reconocerlo es un signo de humanidad, no de fracaso espiritual.
Aprendimos que el miedo, cuando lo llevamos honestamente a Dios, nos conecta con nuestra vulnerabilidad y nos abre a experimentar Su poder y protección.
Está bien tener luchas
Aprendimos que la fe no espera a que la tormenta pase, sino que se ancla en Dios como nuestro Refugio en medio de la crisis.
Entendimos que la lucha es una experiencia total que afecta cuerpo, alma y relaciones, y que es válido presentarle a Dios nuestro "vaso roto" sin máscaras.
Descubrimos que la fe toma la decisión de confiar en medio del caos, poniendo nuestros tiempos en las manos de Dios y transformando el dolor en testimonio.
Bueno, ahora vamos a desarrollar el tema de hoy que títule: «ESTÁ BIEN ESTAR ENOJADO». Para empezar quiero que…
(Analogía)
Imaginen una olla a presión en la cocina. Es una herramienta poderosa. Si la llenamos y la ponemos al fuego, la presión interior comienza a aumentar. Esa presión, bien canalizada, ablanda lo más duro y cocina los alimentos a la perfección. Pero para que sea segura, tiene una válvula de escape que libera el vapor de forma controlada. Si bloqueamos esa válvula por miedo al ruido que hace, la presión seguirá aumentando en silencio hasta que la olla explote violentamente, destruyendo todo a su alrededor.
Hermanos, nuestro corazón es muy parecido. La injusticia y el mal en el mundo encienden un fuego dentro de nosotros, y eso genera una presión llamada enojo. Muchos en la iglesia, por miedo a parecer "poco espirituales", bloqueamos la válvula. Reprimimos el enojo, sonreímos y decimos "Dios te bendiga", mientras por dentro la presión nos está enfermando o preparándonos para una explosión destructiva. Hoy, la Palabra de Dios nos va a enseñar dónde está la válvula de escape santa que Dios mismo diseñó para nuestro enojo: los salmos de lamento e imprecación.
¿Qué son los Salmos Imprecatorios?
¿Qué son los Salmos Imprecatorios?
Antes de entrar en el Salmo 10, debemos entender qué tipo de oración es esta. En la Biblia encontramos oraciones que nos chocan, que nos incomodan. Son los llamados "salmos imprecatorios". La palabra "imprecación" simplemente significa proferir una maldición o un juicio contra alguien. Son oraciones de enojo, donde los siervos de Dios le piden que actúe y castigue a los malvados. Nos sentimos incómodos porque pensamos: "¿No nos mandó Jesús a amar a nuestros enemigos?". Y es una pregunta válida. Pero el hecho de que estas oraciones estén en la Biblia, inspiradas por el Espíritu Santo, nos dice que tienen un propósito divino para nosotros.
Estos salmos no son un permiso para odiar o para tomar venganza por nuestra propia mano. ¡Todo lo contrario! Son un modelo de lo que debemos hacer con nuestra ira. En lugar de dejar que nos consuma o de atacar a nuestros enemigos, estos salmos nos enseñan a llevar nuestra furia, nuestro dolor y nuestro clamor por justicia directamente al único que tiene el derecho de juzgar: a Dios mismo. No se trata de tomar la espada, sino de entregarle la espada al Juez Justo del universo, confiando en que Él actuará.
La enseñanza de hoy tendrá estos tres puntos para que los tengan en cuenta:
¿Qué es lo que nos debería enojar? (vv. 1-11)
El Desahogo de la Ira Santa: ¿Cómo procesamos nuestra furia delante de Dios? (vv. 12-15)
La Transformación de la Ira Humana: ¿En qué anclamos nuestra esperanza de justicia? (vv. 14, 16-18)
Vamos entonces con nuestro primer punto, y la lectura del Salmo 10…
I. La Anatomía de la Ira Justa: ¿Qué es lo que nos debería enojar? (vv. 1-11):
I. La Anatomía de la Ira Justa: ¿Qué es lo que nos debería enojar? (vv. 1-11):
1 ¿Por qué, Señor, te mantienes distante? ¿Por qué te escondes en momentos de angustia? 2 Con arrogancia persigue el malvado al indefenso, pero se enredará en sus propias artimañas. 3 El malvado hace alarde de su propia codicia; alaba al ambicioso y menosprecia al Señor. 4 El malvado levanta insolente la nariz, y no da lugar a Dios en sus pensamientos. 5 Todas sus empresas son siempre exitosas; tan altos y alejados de él están tus juicios que se burla de todos sus enemigos.
6 Y se dice a sí mismo: «Nada me hará caer. Siempre seré feliz. Nunca tendré problemas.» 7 Llena está su boca de maldiciones, de mentiras y amenazas; bajo su lengua esconde maldad y violencia. 8 Se pone al acecho en las aldeas, se esconde en espera de sus víctimas, y asesina a mansalva al inocente. 9 Cual león en su guarida se agazapa, listo para atrapar al indefenso; le cae encima y lo arrastra en su red. 10 Bajo el peso de su poder, sus víctimas caen por tierra. 11 Se dice a sí mismo: «Dios se ha olvidado. Se cubre el rostro. Nunca ve nada.»
El salmo no comienza con enojo, sino con una pregunta dolida a Dios: «¿Por qué, SEÑOR, te mantienes distante?» (v. 1). Luego, el salmista dedica diez versículos a describir, con la precisión de un fiscal, la maldad que lo atormenta. Antes de expresar su furia, nos muestra su causa. El enojo piadoso no nace de nuestros caprichos, sino de lo que ofende a Dios y destruye al prójimo.
1.1. El desprecio arrogante hacia Dios (vv. 3-6, 11):
1.1. El desprecio arrogante hacia Dios (vv. 3-6, 11):
La raíz de la maldad que indigna al salmista es el orgullo que «menosprecia al SEÑOR» (v. 3). El malvado, en su éxito, levanta la nariz y «no da lugar a Dios en sus pensamientos» (v. 4). Se convence a sí mismo de que Dios es irrelevante, que «se ha olvidado... Nunca ve nada» (v. 11). Hermanos, nuestro primer enojo santo debe ser por la gloria de Dios. Nos debe doler y enojar cuando el nombre de nuestro Padre es blasfemado y Su soberanía es ignorada.
Miremos también el Salmo 52:5
5 Pero Dios te destruirá para siempre; Te arrebatará y te arrancará de tu tienda, Y te desarraigará de la tierra de los vivientes. (Selah)
Este salmo denuncia a un hombre poderoso y engañoso (probablemente Doeg el edomita), que confiaba en sus riquezas y se fortalecía «destruyendo a otros» (v. 7). Nos muestra que el enojo justo se enciende contra aquellos que usan su poder para el mal, en lugar de para la gloria de Dios.
O también el Salmo 139:19-22
19 Oh Dios, ¡si les quitaras la vida a los impíos! ¡Si de mí se apartara la gente sanguinaria, 20 esos que con malicia te difaman y que en vano se rebelan contra ti! 21 ¿Acaso no aborrezco, Señor, a los que te odian, y abomino a los que te rechazan? 22 El odio que les tengo es un odio implacable; ¡los cuento entre mis enemigos!
Aquí, el salmista declara un odio intenso no por una ofensa personal, sino porque los malvados son enemigos de Dios: «Señor, ¿no aborrezco a los que te aborrecen...?». Su enojo es una expresión de su lealtad y celo por el honor de Dios.
1.2. La opresión violenta hacia el indefenso (vv. 2, 7-10):
1.2. La opresión violenta hacia el indefenso (vv. 2, 7-10):
Este desprecio a Dios se traduce directamente en violencia contra los vulnerables. El salmista describe cómo el malvado «persigue... al indefenso» (v. 2), cómo su boca está llena de «maldad y violencia» (v. 7), y cómo «asesina a mansalva al inocente» (v. 8), como un león que atrapa a su presa (v. 9). Este no es un simple desacuerdo; es opresión, es injusticia, es maldad pura.
Los malvados de los salmos son aquellos que «practican el engaño», «aman el mal más que el bien», «se fortalecen destruyendo a otros» y «se aprovechan de los pobres». Este es el tipo de maldad que debe encender un fuego santo en nuestros corazones.
Vamos ahora con el punto 2… versículos 12 al 15
II. El Desahogo de la ira Santa: ¿Cómo procesamos nuestra furia delante de Dios? (vv. 12-15):
II. El Desahogo de la ira Santa: ¿Cómo procesamos nuestra furia delante de Dios? (vv. 12-15):
12 ¡Levántate, Señor! ¡Levanta, oh Dios, tu brazo! ¡No te olvides de los indefensos! 13 ¿Por qué te ha de menospreciar el malvado? ¿Por qué ha de pensar que no lo llamarás a cuentas? 14 Pero tú ves la opresión y la violencia, las tomas en cuenta y te harás cargo de ellas. Las víctimas confían en ti; tú eres la ayuda de los huérfanos. 15 ¡Rómpeles el brazo al malvado y al impío! ¡Pídeles cuentas de su maldad, y haz que desaparezcan por completo!
Después de diagnosticar el problema, el salmista no toma un arma, no organiza una venganza. Él va a la única corte de justicia que nunca se corrompe: la presencia de Dios. Y allí, abre la válvula de su corazón.
2.1. Un clamor por la intervención Divina (vv. 12-13):
2.1. Un clamor por la intervención Divina (vv. 12-13):
Su oración es un grito de guerra espiritual: «¡Levántate, SEÑOR! ¡Levanta, oh Dios, tu brazo! ¡No te olvides de los indefensos!» (v. 12). Esto no es tomar la ley en nuestras propias manos, sino entregarle la espada al único Juez justo. Es reconocer nuestra impotencia y clamar por el poder de Dios. Es el acto de fe más grande que puede hacer alguien que sufre una injusticia.
Ahora también observemos este ejemplo de David en el Salmo 7:6
6 Levántate, oh Señor, en Tu ira; Álzate contra la furia de mis adversarios, Y despiértate en favor mío; Tú has establecido juicio.
David, falsamente acusado, le pide a Dios que se levante en Su ira y que despierte para impartir el juicio que ha decretado. Es un llamado a que el Juez celestial tome su asiento y ponga fin a la calumnia y la maldad.
2.2. Una oración sin máscaras (v. 15):
2.2. Una oración sin máscaras (v. 15):
15 ¡Rómpeles el brazo al malvado y al impío! ¡Pídeles cuentas de su maldad, y haz que desaparezcan por completo!
Aquí viene la parte que nos incomoda: «¡Rómpeles el brazo al malvado y al impío! ¡Pídeles cuentas de su maldad...!» (v. 15). Solemos pensar que esto es pecaminoso. Pero, ¿quiénes somos nosotros para engañar a Dios? Él ya conoce la furia en nuestro corazón.
Es pura hipocresía: «Decimos cosas como, “Oh Señor, bendícelo”, aunque, en nuestros corazones, queremos invocar un rayo para que mate a esa persona... Pero con Dios no podemos hacer eso; él nos conoce por completo». Es más santo ser honesto en nuestro enojo que ser hipócrita en una falsa piedad.
O miremos aquí este otro ejemplo en el Salmo 109:8-13
8 Sean pocos sus días, Y que otro tome su cargo. 9 Sean huérfanos sus hijos, Y viuda su mujer. 10 Vaguen errantes sus hijos, y mendiguen, Y busquen el sustento lejos de sus hogares en ruinas. 11 Que el acreedor se apodere de todo lo que tiene, Y extraños saqueen el fruto de su trabajo. 12 Que no haya quien le extienda misericordia, Ni haya quien se apiade de sus huérfanos. 13 Sea exterminada su posteridad, Su nombre sea borrado en la siguiente generación.
Un salmo "para audiencias maduras". El salmista pide que los hijos de su enemigo queden huérfanos y mendigos, y que su descendencia sea aniquilada. Es quizás el ejemplo más extremo de entregarle a Dios la furia más oscura y profunda, sin filtro alguno.
III. La Transformación de la Ira Humana: ¿En qué anclamos nuestra esperanza de justicia? (vv. 14, 16-18):
III. La Transformación de la Ira Humana: ¿En qué anclamos nuestra esperanza de justicia? (vv. 14, 16-18):
Psalm 10:14,
16-18
14 Pero tú ves la opresión y la violencia, las tomas en cuenta y te harás cargo de ellas. Las víctimas confían en ti; tú eres la ayuda de los huérfanos.
16 El Señor es rey eterno; los paganos serán borrados de su tierra. 17 Tú, Señor, escuchas la petición de los indefensos, les infundes aliento y atiendes a su clamor. 18 Tú defiendes al huérfano y al oprimido, para que el hombre, hecho de tierra, no siga ya sembrando el terror.
El salmo no termina en el grito de ira. Una vez que la presión ha sido liberada en la presencia de Dios, el corazón del salmista encuentra su verdadero ancla, y su perspectiva cambia radicalmente.
3.1. Confianza en el carácter justo de Dios (vv. 14, 17-18):
3.1. Confianza en el carácter justo de Dios (vv. 14, 17-18):
La furia da paso a la fe cuando el salmista recuerda quién es Dios: «Pero tú ves la opresión y la violencia... tú eres la ayuda de los huérfanos» (v. 14). Y concluye: «Tú, SEÑOR, escuchas la petición de los indefensos, les infundes aliento y atiendes a su clamor» (v. 17). La paz no llega porque el enemigo haya sido destruido instantáneamente, sino porque recordamos que el Juez del universo está atento, ve, escucha y actuará.
Miremos este otro ejemplo en el Samo 28:6-7
6 Bendito sea el Señor, Porque ha oído la voz de mis súplicas. 7 El Señor es mi fuerza y mi escudo; En Él confía mi corazón, y soy socorrido; Por tanto, mi corazón se regocija, Y le daré gracias con mi cántico.
Inmediatamente después de pedirle a Dios que les pague a los malvados conforme a sus obras (v. 4), el salmista estalla en alabanza: «¡Bendito sea el SEÑOR, que ha oído mi voz de súplica!». El acto de entregar el juicio produce una liberación que lleva a la adoración.
3.2. Descanso en el Reinado eterno de Dios (v. 16):
3.2. Descanso en el Reinado eterno de Dios (v. 16):
En medio de su clamor, el salmista hace una de las declaraciones de fe más grandes de toda la Biblia: «El SEÑOR es rey eterno» (v. 16). Esta es la respuesta final. Aunque el malvado parece prosperar ahora, su reino es temporal. El Reino de nuestro Dios es eterno.
Sobre este cambio de ánimo, «mientras derramamos nuestra ira al Señor, nuestros corazones se transforman y nuestros ojos se vuelven más claros. Somos capaces de ver mejor». La honestidad ante Dios nos lleva a ver Su soberanía, y esa visión transforma nuestra ira en adoración.
10 Tenlos por culpables, oh Dios; ¡Que caigan por sus mismas intrigas! Échalos fuera por la multitud de sus transgresiones, Porque se rebelan contra Ti. 11 Pero alégrense todos los que en Ti se refugian; Para siempre canten con júbilo, Porque Tú los proteges; Regocíjense en Ti los que aman Tu nombre. 12 Porque Tú, oh Señor, bendices al justo, Como con un escudo lo rodeas de Tu favor.
Tras pedir a Dios que declare culpables a sus enemigos, el salmista concluye con una explosión de alegría, declarando que todos los que se refugian en Dios se alegrarán y cantarán para siempre, porque Él es un escudo para los justos.
Para ir entrando en la recta final hermanos, vamos a entrar a las conclusiones, luego una aplicación, preguntas de reflexión y una tarea para todos hoy
Conclusiones:
Conclusiones:
Hermanos, el enojo no es el opuesto del amor; la apatía sí lo es. Dios nos llama a enojarnos por las cosas que a Él le enojan. Pero nos prohíbe que ese enojo se convierta en amargura reprimida o en venganza personal. El Salmo 10 nos da el camino: ver la injusticia, llevar nuestra ira honesta a Dios en oración, y anclar nuestra alma en Su carácter justo y Su reino eterno. Solo así la presión de nuestro corazón puede ser transformada en un clamor por la gloria de Dios.
Y no pensemos que este tipo de oración es solo cosa del Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo, tras ser gravemente herido por un hombre, no toma venganza, sino que entrega el juicio a Dios, diciendo: «Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos» (2 Timoteo 4:14).
14 Alejandro, el calderero, me hizo mucho daño; el Señor le retribuirá conforme a sus hechos.
Y en Apocalipsis, las almas de los mártires bajo el altar claman a gran voz: «¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre...?» (Apocalipsis 6:10).
10 Clamaban a gran voz: «¿Hasta cuándo, oh Señor santo y verdadero, esperarás para juzgar y vengar nuestra sangre de los que moran en la tierra?»
Entregar nuestra ira y nuestro clamor por justicia a Dios es un principio bíblico eterno.
En resumen, hoy aprendimos tres verdades vitales:
La Anatomía de la Ira Justa: nuestro enojo debe nacer no de heridas a nuestro ego, sino del dolor que causa el desprecio a Dios y la opresión a los indefensos.
El Desahogo de la Ira Santa: en lugar de reprimir o ejecutar nuestra ira, debemos llevarla sin máscaras a Dios, clamando por Su intervención y confiando en Su derecho a juzgar.
La Transformación de la Ira Humana: la honestidad brutal ante Dios nos libera, transforma nuestra perspectiva y nos lleva a descansar en Su carácter justo y Su reinado eterno, trayendo paz a nuestra alma.
Hablar acer del evangelio de Cristo como liberador de esta situación.
Aplicaciones, pregunta reflexión y tarea:
Aplicaciones, pregunta reflexión y tarea:
Aplicación:
Aplicación:
Esta semana, cuando sientas enojo por algo o alguien, en lugar de reprimirlo o explotar, busca un lugar a solas y ora en voz alta las palabras del Salmo 10:12-15. Hazlo tuyo. Siente la libertad de entregarle tu clamor de justicia a Dios.
Como familia o grupo pequeño, elijan una noticia sobre la corrupción o la violencia en Colombia. Luego, en lugar de solo lamentarse, oren juntos usando el Salmo 10 como guía, pidiendo a Dios que "se levante" y traiga Su justicia a esa situación.
Preguntas de reflexión:
Preguntas de reflexión:
¿Qué injusticia (personal o social) has visto recientemente que te causó más indiferencia que enojo? ¿Qué te dice eso sobre la condición de tu corazón y tu pasión por la gloria de Dios y el bienestar de tu prójimo?
Si fueras a ser completamente honesto con Dios sobre tu enojo, sin ninguna máscara religiosa, ¿qué le dirías? ¿Qué oración imprecatoria personal necesitas elevar a Él esta semana para liberar la presión de tu alma?
Tarea para esta semana:
Tarea para esta semana:
¿Estás enojado con alguien ahora mismo? La sugerencia es que expreses tu enojo al Señor. Tómate este tiempo para abrir tu corazón al Señor. Dile lo que realmente sientes acerca de la persona que te ha lastimado. Tal vez quieras escribir esto en un diario.
Oremos…
