Para cultivar un temperamento controlado, es útil practicar la escucha activa, dar espacio antes de responder y reflexionar antes de actuar. Romanos 1:18 nos recuerda que la ira de Dios es justa y siempre busca el bien, a diferencia de la ira humana, que a menudo surge del egoísmo o del dolor personal.
Al aplicar estos principios bíblicos, podemos responder a los desafíos diarios con sabiduría y compasión, reflejando la justicia y el carácter de Dios en nuestras relaciones y decisiones.