Un fe que deja Huella

1 Tesalonicenses  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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INTRODUCCION

1 Tesalonicenses 1:6–10 "6 Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo,7 de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído.8 Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada;9 porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero,10 y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera."
Hermanos, ¿alguna vez han escuchado un eco en una montaña? Uno grita: ¡Hola! … y de repente, la voz vuelve multiplicada: ¡Hola! ¡Hola! ¡Hola! Lo fascinante del eco es que tu voz, tan pequeña, llega mucho más lejos de lo que alcanzarías por ti mismo. Lo que empezó como un murmullo, se convierte en algo que viaja y se expande.
Así funciona también la fe. Lo que Dios hace en ti no está diseñado para quedarse guardado, sino para resonar. Tus hijos lo escuchan. Tus vecinos lo notan. Tus compañeros lo perciben. Cuando Cristo transforma tu vida, esa transformación se convierte en un eco que impacta mucho más allá de lo que imaginas.
Y aquí quiero hacerte una pregunta personal: 👉 ¿Qué eco está dejando tu vida? Porque todos dejamos huellas, todos producimos un sonido. La pregunta no es si resuena, sino qué resuena.
Ahora, entremos al contexto: la iglesia de Tesalónica. Era una ciudad grande, estratégica, llena de comercio y llena de idolatría. Estaba en la vía principal que conectaba Roma con el este (la Vía Egnatia).
Si el evangelio prendía en Tesalónica, ¡se regaría a todas partes!
Pero esa oportunidad venía con un precio.
Ser cristiano allí era peligroso.
La persecución era real. Muchos perdieron trabajo, amistades, reputación.
Algunos fueron arrastrados a los tribunales. Otros fueron rechazados en sus familias.
Y en ese ambiente hostil, la iglesia de Tesalónica nació. Apenas tenía semanas de vida cuando Pablo tuvo que salir huyendo por la persecución .
Imagínese esto: apenas nacía la iglesia, y ya había protestas, persecución y violencia. Pablo y Silas tuvieron que salir huyendo de noche para salvar sus vidas (Hechos de los Apóstoles 17:10 "10 Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos."
.Humanamente, cualquiera pensaría que esa pequeña iglesia moriría en pocos días.Pero ¿qué pasó?
Pero ocurrió lo contrario. En lugar de apagarse, la iglesia de Tesalónica se encendió. En lugar de esconderse, se levantó. En lugar de rendirse, brilló. Tanto, que Pablo escribe esta carta maravillado: esa fe, nacida en la tormenta, se convirtió en un eco que resonó en Macedonia, en Acaya, y en todo lugar.
1 Tesalonicenses 1:7–8 "7 de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído.8 Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada;"
Por eso hoy vamos a estudiar 1 Tesalonicenses 1:6–10. Aquí veremos cinco marcas de una fe que impacta:
Una fe que soporta con gozo en medio del dolor (v.6).
Una fe que se convierte en ejemplo para otros (v.7).
Una fe que resuena como un eco imparable (v.8).
Una fe que rompe con los ídolos y sirve al Dios vivo (v.9).
Una fe que espera con esperanza la venida de Cristo (v.10).
Y el desafío es este: ¿qué eco está dejando tu vida?.
Y esto no es solo historia. Esto es un llamado para ti, para mí, para nuestra iglesia. Porque el evangelio que transforma no se queda en silencio… se convierte en un eco que toca generaciones.

Primer punto: Una fe que soporta con gozo en medio del dolor (v.6)

1 Tesalonicenses 1:6 "6 Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo,"
Pablo dice que los tesalonicenses recibieron la Palabra, pero no en un ambiente de fiesta ni comodidad, sino “en medio de mucha tribulación”.
La tribulación fue real: Hechos de los Apóstoles 17:5 "5 Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo."
nos cuenta que una turba se levantó contra ellos, arrastraron a Jasón, y acusaron a los creyentes de “alborotar al mundo entero”.
Desde su nacimiento, la iglesia de Tesalónica nació en fuego.
1 Tesalonicenses 1:6 "6 Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo,"
La paradoja: tribulación por fuera, gozo por dentro. La palabra griega para tribulación es θλῖψις (thlipsis), viene de la idea para describir la presión extrema de aplastar uvas en un lagar hasta que explotaban. Así se sentían los cristianos de Tesalónica: apretados por todos lados, perseguidos, presionados para renunciar a Cristo.
Pero, dice Pablo, en ese sufrimiento había algo sorprendente: “con gozo del Espíritu Santo”.
Aquí está la paradoja cristiana:
donde el mundo ve dolor, el Espíritu produce gozo.
No es alegría superficial, es un gozo profundo que solo el Espíritu Santo puede dar.
Ilustración
Imagínese esto: cuando cae un aguacero fuerte, ¿qué hace la mayoría de gente? Corre, busca refugio, se cubre. Pero hay niños que salen a la calle, saltan en los charcos y se ríen en medio de la tormenta. El mismo aguacero que deprime a algunos, para otros es motivo de gozo.
Así es la vida cristiana: el mismo sufrimiento que aplasta al mundo, para el que tiene al Espíritu Santo puede ser ocasión de gozo.
Y aquí es donde nos toca a nosotros, Iglesia. ¿Por qué vale la pena tener esta marca en tu vida? Porque todos vamos a sufrir. El sufrimiento es inevitable, pero el gozo es opcional.
Vas a enfrentar rechazo, aunque no sea una turba como en Tesalónica. Quizá tu familia no entienda tu fe.
Vas a pasar por pruebas económicas, Algunos sienten el peso de una familia rota., por enfermedades.
Y en esos momentos, la pregunta es: ¿vas a enfrentar la tribulación con amargura o con el gozo del Espíritu?
Dejame decirle algo hermnos Si no tienes al Espíritu, sale queja, sale amargura, sale desesperanza. Pero si el Espíritu Santo habita en ti, sale gozo inexplicable, esperanza firme, paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7 "7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús."
Hermanos, no midamos nuestra fe por los días de calma, sino por la manera en que reaccionamos en la tormenta. El mundo no necesita ver cristianos sonrientes en la comodidad, sino cristianos radiantes en la oscuridad. Eso fue lo que impactó a Tesalónica: una iglesia que, en medio de la persecución, no se quebró, sino que brilló.
👉 Te dejo esta pregunta en el corazón: Cuando tu vida es presionada… ¿sale el gemido de la carne o el gozo del Espíritu?

Un ejemplo que inspira y transforma (1 Tesalonicenses 1:7)

1 Tesalonicenses 1:7 "7 de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído."
Pablo usa aquí la palabra griega týpos, que literalmente significa: marca, molde, huella. Es la palabra que se usaba cuando el martillo golpeaba el metal y dejaba un sello imborrable. Pablo está diciendo: “Ustedes, iglesia en Tesalónica, dejaron una marca. Son un molde de lo que significa seguir a Cristo.”
Ahora, recordemos el contexto histórico. Tesalónica era una ciudad clave, capital de Macedonia, ubicada en la vía Egnatia: una carretera estratégica que conectaba Oriente con Occidente. Era como decir: lo que pasa en Nueva York o en Ciudad de México no se queda ahí, sino que rápidamente llega a todas partes.
Por eso Pablo se emociona tanto: porque la fidelidad de esta pequeña iglesia en medio de la persecución no solo bendecía a sus miembros, sino que estaba inspirando a creyentes en todo el norte (Macedonia) y en el sur (Acaya).
Imagina que caminas en la playa , siempre dejamos nuestras huellas en la arena verdad . Detrás de ti, tu hijo pequeño viene intentando poner sus pies en las tuyas. Él no necesita que le expliques con palabras, simplemente imita lo que ve.
Hermanos, así es la vida cristiana: otros están poniendo sus pies en nuestras huellas.
Tus hijos están siguiendo tu ejemplo en casa.
Tus vecinos están observando tu conducta.
Tus esposo perdido
Los nuevos creyentes en la iglesia te están mirando más de lo que piensas.
La pregunta no es si estás dejando huellas, porque todos dejamos huellas. La verdadera pregunta es: ¿hacia dónde están conduciendo tus huellas?
La Biblia entera subraya este principio del ejemplo:
Filipenses 1:27 – “Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo…”
Mateo 5:16 – “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”
1 Timoteo 4:12 – “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.”
3 Juan 11 – “…el que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.”
Los tesalonicenses no tenían templos lujosos, ni redes sociales, ni programas de evangelismo sofisticados. Lo único que tenían era su testimonio. Y eso bastó para impactar a toda la región.
Hermanos, hoy Dios no está buscando grandes talentos, ni personalidades famosas, ni iglesias con pantallas gigantes. Dios está buscando vidas que sean coherentes:
Cristianos que viven en casa lo mismo que confiesan en la iglesia.
Padres que modelan a Cristo más con acciones que con palabras.
Jóvenes que no tienen miedo de ser luz en medio de la presión de este mundo.
Porque al final, la gente no siempre recuerda lo que les dijiste, pero nunca olvida lo que vieron en ti.
¿Y sabes qué? Ese es el evangelio más poderoso: el evangelio encarnado en tu vida diaria.
La iglesia de Tesalónica llegó a ser un ejemplo para todos los creyentes. Su testimonio trascendió sus muros, su ciudad, su generación.
Hermanos, ¿no anhelan que nuestra iglesia sea así? Que cuando alguien piense en nuestra comunidad, no diga: “Qué lindo local, qué buena música,” sino: “¡Qué ejemplo de fe, amor y esperanza!”
Y esto nos lleva a algo más personal:
Tu vida puede ser un ejemplo que anime a otros a perseverar… o una excusa que otros usen para justificar su tibieza.
Tus huellas pueden guiar a tus hijos hacia Cristo… o pueden confundirlos en el camino.
Así que déjame preguntarte con todo el peso de este versículo:
¿Qué historia está contando tu vida? ¿Qué marca estás dejando en quienes te siguen?
No olvidemos: el evangelio siempre se propaga más por imitación que por información. Lo que tú vives en carne propia, eso mismo otros querrán copiar.
Hermanos, vivir como ejemplo no es opcional. El mundo ya nos está observando.
La única decisión que nos queda es: ¿seremos un ejemplo que glorifique a Cristo o uno que lo deshonre?

Una fe que resuena como un eco (1 Tesalonicenses 1:8)

1 Tesalonicenses 1:8 "8 Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada;"
El verbo que Pablo usa aquí para “resonado” es exechetai, del cual viene nuestra palabra “eco”. Literalmente Pablo está diciendo: “La palabra del Señor hizo eco desde Tesalónica.”
Imagínate un grito en una montaña: “¡Cristo es Señor!” —y ese grito no muere ahí, sino que rebota en los valles, en los pueblos, en las aldeas, hasta que todos lo escuchan. Eso era la iglesia en Tesalónica.
No tenían medios modernos.
No tenían predicadores famosos.
Ni siquiera llevaban muchos años en la fe.
Pero tenían algo que ningún método humano puede producir: una fe tan genuina que no podía quedarse en silencio.
de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada;"
Imagina conmigo.
Pablo sale de Tesalónica después de la persecución. Su corazón está preocupado: “¿Habrán resistido? ¿Se habrán mantenido firmes esos nuevos creyentes?”
Él viaja hacia Berea, luego a Atenas, luego a Corinto. Cada ciudad tenía su propia cultura, sus propios ídolos, sus propios templos. Pablo se prepara mentalmente para comenzar desde cero, como siempre: explicar, razonar, abrir la Escritura, compartir el evangelio.
Pero cuando llega… ¡la sorpresa!
En Berea alguien le dice: —“¿Usted viene de Tesalónica? ¡Ah, sí! Hemos escuchado de esa gente. Dicen que dejaron los ídolos y que ahora sirven al Dios vivo.”
En Atenas, en medio de tanta filosofía, alguien comenta: —“He oído de un grupo de tesalonicenses que, aunque perseguidos, siguen cantando a su Dios. ¡Qué extraño, qué admirable!”
En Corinto, cuando Pablo apenas abre la boca, lo interrumpen: —“Hermano Pablo, ya nos hablaron de esa iglesia del norte. Su fe se escucha como un rumor que no se puede apagar. Ya sabemos lo que Dios está haciendo en Tesalónica.”
¿Lo ves? El eco ya había llegado antes que Pablo.
1 Tesalonicenses 1:8 "8 Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada;"
Esto no es poca cosa. Pablo había recorrido ciudades enteras donde nadie sabía nada de Jesús. Pero aquí, por primera vez, se topa con el testimonio adelantado de una iglesia joven.
Lo mismo pasó en Hechos 11:19-21, cuando los creyentes dispersados por la persecución anunciaban a Cristo, y “la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor.”
O en Filipenses 1:12-13, cuando Pablo desde la cárcel dice: “Las cosas que me han sucedido han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás.”
El evangelio no depende de un solo predicador. Cuando la iglesia entera vive y anuncia su fe, la Palabra se adelanta, se esparce, abre caminos.
Este ejemplo els comparti a loas hermanos el jueves, Hermanos, imaginen esto como cuando alguien lanza una piedra al lago. La piedra cae en un punto, pero las ondas se expanden cada vez más, hasta alcanzar toda la orilla.
Tesalónica fue ese punto. Una iglesia perseguida, pequeña, pero fiel. Dios usó esa fidelidad para generar ondas, un eco, que alcanzó Macedonia, Acaya… y Pablo mismo se quedó sin palabras porque la iglesia ya había predicado con su vida.

Hermanos, piensen en esto: ¿no les gustaría que suceda lo mismo con nosotros?

Que cuando alguien llegue a otra ciudad, antes de hablar de Cristo, ya digan: —“¡Ah, sí! Hemos oído de esa iglesia. Se aman de verdad. Sirven de corazón. No se avergüenzan del evangelio.”
Ese debe ser nuestro anhelo como iglesia: que el eco de nuestra fe se adelante a nuestras palabras.
No estoy diciendo que no debemos predicar,volantear, Claro que debemos. Pero cuando el eco de tu vida y de tu fe ya ha hablado, la predicación solo confirma lo que la gente ya percibió.
Hermanos, ¡qué hermoso sería que nuestra iglesia fuera conocida no por su nombre, ni por su edificio, ni por sus programas, sino porque el eco de nuestra fe ya resuena en todas partes!
Que cuando alguien pregunte por nosotros, no digan: —“Ah, ellos tienen buenas actividades.” Sino: —“Ellos creen, ellos aman, ellos sirven al Dios vivo.”
👉 ¿Qué eco está dejando tu vida? 👉 ¿Qué rumor de fe se escucha de nuestra iglesia en el vecindario, en la familia, en el trabajo?
El eco del evangelio no se fabrica con marketing. Se produce cuando una iglesia vive lo que predica.

Una conversión que transforma y una esperanza que sostiene (1 Tes. 1:9-10)

2 Tesalonicenses 1:9–10 "9 los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, 10 cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros)."
Noten conmigo la secuencia perfecta: conversión → servicio → esperanza.
Tesalónica estaba llena de ídolos. Había templos para Zeus, Afrodita, Dionisio… cada esquina tenía un altar. Ser cristiano allí no era solo una decisión religiosa, era un escándalo social.
Decir “dejo mis ídolos” era decir: “rechazo lo que mi familia ha adorado por generaciones.”
Era exponerse al desprecio, al negocio perdido (como pasó en Hechos 19 con los que fabricaban ídolos en Éfeso).
Era nadar contra toda la corriente de la cultura.
Y sin embargo… ¡lo hicieron! Porque descubrieron al Dios vivo y verdadero.
Pablo dice: “os convertisteis”. Esa palabra en griego describe un giro radical, un cambio de dirección. Ellos estaban caminando hacia los ídolos —ídolos de piedra, de oro, de cultura, de religión muerta— y de pronto dieron la vuelta y comenzaron a caminar hacia el Dios vivo y verdadero.
En Tesalónica, como en casi todo el mundo greco-romano, había templos en cada esquina, sacrificios para apaciguar a los dioses, imágenes de dioses falsos en cada mercado. Pero un día escucharon el evangelio, y la gracia de Dios los hizo romper con eso para abrazar al Dios que habla, que escucha, que salva.
Ahora, alguien dirá: “Pero yo no tengo estatuas en mi casa, pastor. Yo no adoro imágenes.” Y yo respondería: “Es cierto, pero todavía hoy hay ídolos modernos: el dinero, la comodidad, el éxito, la fama, incluso la familia cuando ocupa el lugar de Dios.”
Un ídolo es todo aquello que ocupa el trono del corazón, que te controla más de lo que Cristo lo hace. Y Pablo dice: la conversión verdadera no es solo creer algo nuevo, es dejar algo viejo. No es agregar a Jesús a la lista de dioses, es dejar todo para servirle solo a Él.
Servir al Dios vivo y verdadero
Y miren qué hermosa frase: “servir al Dios vivo y verdadero”. ¿Se dan cuenta de la diferencia? Los ídolos son mudos, están muertos, no contestan. El salmista lo decía: “Tienen boca, y no hablan; ojos tienen, y no ven” (Sal. 115:5).
Pero el Dios al que servimos está vivo. ¡Él resucitó! Y cuando una iglesia entiende esto, no sirve por obligación, sino con pasión. No viene a calentar un asiento, viene a rendirle la vida al Rey que está vivo.

Esperar del cielo a su Hijo

Y no termina ahí. Pablo dice que ahora ellos esperaban. El cristianismo no solo es mirar atrás a la cruz, es mirar adelante a la venida. Ellos vivían con la expectativa de que Jesús volvería.
Miren qué balance tan hermoso:
Miraban atrás a la resurrección: Jesús resucitó de los muertos.
Miraban al presente: sirviendo al Dios vivo y verdadero.
Miraban al futuro: esperando del cielo a su Hijo.
Esa es la vida cristiana completa: memoria, servicio y esperanza.

Reflexión final del punto

Hermanos, ¿qué significa esto para nosotros hoy? Significa que no podemos vivir con un pie en los ídolos y otro en Cristo. Si Él es vivo y verdadero, todo lo demás es falso.
Significa que nuestra vida no puede ser pasiva. No basta con creer en Dios, hay que servir al Dios vivo. Y significa que cada día debe ser vivido con la expectativa de su venida. ¿Qué pasaría si hoy mismo sonara la trompeta? ¿Nos encontraría sirviendo, amando, esperando?
La conversión verdadera siempre produce un cambio visible: de los ídolos al Dios vivo, del egoísmo al servicio, de la desesperanza a la esperanza.
Esa era la marca de Tesalónica. Y esa debe ser también la marca de nuestra iglesia.
👉 Hermano, hermana, déjame preguntarte:
¿de qué tienes que volverte hoy?
¿Qué ídolo necesita caer en tu corazón?
¿Cómo se ve en tu vida servir al Dios vivo?
¿Y qué tan viva está tu esperanza en el regreso de Cristo?

Conclusión – “Una iglesia que deja huella eterna”

Hermanos, miren conmigo cómo termina este primer capítulo. Es como si Pablo nos estuviera mostrando una fotografía de la iglesia en Tesalónica, y cuando uno observa bien esa foto, lo que se ve es impresionante.
Eran nuevos en la fe, perseguidos, pobres quizá… pero tenían marcas que nadie podía borrar.
Recibieron la Palabra en medio de tribulación con el gozo del Espíritu Santo.
Se convirtieron en ejemplos que otros podían imitar.
Su fe resonó como un eco que viajó más lejos de lo que podían imaginar.
Y sobre todo, se convirtieron de los ídolos al Dios vivo, comenzaron a servirle con entrega, y vivieron esperando a Jesús que viene del cielo.
¿No es eso lo que define a un cristiano? Recibir, imitar, resonar, servir y esperar.
Imaginen por un momento: Pablo llega a otra ciudad, listo para predicar como siempre… y la gente le dice: “¡No hace falta que nos hables! Ya escuchamos lo que pasó en Tesalónica. Ya sabemos cómo esos hermanos dejaron sus ídolos, cómo sirven a un Dios vivo, cómo esperan a Jesús.”
¿Se dan cuenta? La fe de ellos iba delante de Pablo. Su testimonio predicaba antes de que él abriera la boca.
Hermanos, ¿no les gustaría que pase lo mismo con nosotros? Que alguien diga: “Ah, ¿vienes de la Iglesia Omega? ¡He escuchado de ustedes! Sé cómo aman, cómo sirven, cómo viven con esperanza.”
Ese es el eco que Dios quiere levantar en cada vida aquí.

Y ahora la pregunta: ¿por qué vale la pena tener estas marcas en la vida? Porque estas son las cosas que permanecen cuando todo lo demás pasa.

El gozo en la prueba no es solo teoría: es lo único que te sostiene cuando llega el dolor.
Ser ejemplo no es solo responsabilidad: es el legado que otros necesitan ver.
Hacer resonar la fe no es solo tarea de la iglesia: es la manera de que tu vida tenga impacto eterno.
Convertirse, servir y esperar no es solo doctrina: es vivir con propósito hoy, sabiendo que Cristo viene pronto.

Llamado final

Así que, hermanos, este es el desafío:
Si todavía cargas con ídolos en el corazón, es hora de girar a Cristo.
Si tu fe se ha quedado solo en palabras, es hora de que se convierta en ejemplo vivo.
Si el dolor te ha robado la alegría, pídele al Espíritu Santo ese gozo sobrenatural en medio de la prueba.
Y si has olvidado que Cristo viene, levanta hoy tu mirada: nuestra esperanza está en el cielo.
Porque cuando estas marcas están en nosotros, la fe no se queda encerrada en estas cuatro paredes… resuena como un eco que transforma familias, barrios, ciudades, generaciones enteras.
Así que mi oración es esta: que la Iglesia Omega sea recordada como Tesalónica. Una iglesia que imita a Cristo. Una iglesia que es ejemplo. Una iglesia que hace resonar su fe. Una iglesia que sirve al Dios vivo. Y una iglesia que espera a Jesús.
Hermanos… ¿quieren dejar un eco en esta ciudad? 🙌
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