“Aprobados por Dios”

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Sermón: “Aprobados por Dios”

Texto base: Hechos 2:22; Romanos 1:28; Romanos 14:22; Filipenses 1:10; 1 Tesalonicenses 2:4.

1. El ejemplo de Cristo como varón aprobado por Dios

El Señor Jesús fue presentado ante el mundo como un “varón aprobado por Dios” (Hch 2:22). Sus señales, maravillas y prodigios no solo confirmaban su divinidad, sino que también mostraban la aprobación divina sobre su ministerio. Esto nos recuerda que la verdadera aprobación no depende de los hombres, sino del sello de Dios sobre nuestra vida.

2. La aprobación como fruto de la prueba

El término dokimazo enseña que la aprobación viene después de ser probado, como el oro en el fuego (Proverbios 17:3 "El crisol para la plata, y la hornaza para el oro; Pero Jehová prueba los corazones." ). Dios permite circunstancias difíciles no para destruirnos, sino para purificarnos y mostrarnos dignos de confianza. La fe probada es la fe aprobada (1 Pedro 1:7 "para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo," ).

3. El rechazo de aprobar a Dios en el corazón

Romanos 1:28 revela que los hombres “no aprobaron tener en cuenta a Dios”. No fue ignorancia, sino una decisión voluntaria de desaprobar a Dios en sus vidas. El rechazo de la aprobación divina conduce a la degradación moral y espiritual. El verdadero creyente, en cambio, busca agradar al Señor en todo.

4. El conocimiento de la voluntad de Dios como base de aprobación

Romanos 2:18 enseña que el judío “aprueba lo mejor” porque conoce la Ley. Sin embargo, el conocimiento sin obediencia es insuficiente. La aprobación de lo correcto debe estar acompañada de una vida que se somete a la voluntad de Dios.

5. La felicidad de aprobar lo que no condena la conciencia

Romanos 14:22 nos dice: “Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba”. La conciencia limpia y guiada por la Palabra nos conduce a decisiones que agradan a Dios. El creyente aprobado vive sin remordimientos porque su caminar está alineado a la verdad divina.

6. Hombres aprobados para la obra del Señor

En 1 Corintios 16:3, Pablo habla de enviar con cartas a los “designados” o aprobados por la iglesia. La obra de Dios requiere hombres y mujeres cuya integridad haya sido probada y aprobada. No basta con el deseo de servir, es necesario que la vida respalde el ministerio.

7. El valor del discernimiento espiritual en la aprobación

Filipenses 1:10 nos exhorta a “aprobar lo mejor”. La aprobación aquí no es automática, sino fruto de discernimiento espiritual. El creyente debe aprender a distinguir entre lo bueno y lo excelente, escogiendo siempre lo que glorifica más al Señor.

8. Aprobados para confiar el evangelio

En 1 Tesalonicenses 2:4, Pablo declara que él y sus compañeros fueron “aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio”. Este privilegio es dado solo a quienes han pasado la prueba de la fidelidad. El evangelio no se confía a cualquiera, sino a los que muestran responsabilidad espiritual.

9. La aprobación de la Ley como expresión de acuerdo con Dios

Romanos 7:16 enseña que el creyente verdadero “aprueba que la Ley es buena”. Aquí se muestra un corazón que asiente con Dios, que reconoce la justicia de su Palabra y se somete a ella. La aprobación no es solo un sentir, sino un acuerdo con el carácter santo de Dios.

10. El peligro de buscar la aprobación de los hombres

Muchos caen en la trampa de desear más la aprobación humana que la divina (Gálatas 1:10 "Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo." ). Cuando la opinión del hombre se coloca por encima de la verdad de Dios, se pierde la esencia del evangelio. El verdadero siervo vive para agradar a Dios primero.

11. La integridad como base de la aprobación

Proverbios 11:20 "Abominación son a Jehová los perversos de corazón; Mas los perfectos de camino le son agradables." declara que los perfectos de camino son el deleite de Jehová. La aprobación divina está ligada a la integridad del corazón. No se trata de perfección sin errores, sino de sinceridad y fidelidad a Dios en lo íntimo.

12. La aprobación como recompensa de la perseverancia

Santiago 1:12 "Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman." promete que el que soporta la prueba recibirá la corona de vida. La perseverancia en medio de las dificultades produce aprobación delante de Dios. No se trata solo de resistir, sino de permanecer fiel en medio del fuego.

13. El juicio final como la gran aprobación

En aquel día, lo más anhelado por cada creyente será escuchar: “Bien, buen siervo y fiel” (Mateo 25:21). La aprobación final del Señor será la recompensa eterna a quienes le sirvieron con fidelidad en lo poco y lo mucho.

14. Vivir hoy para ser aprobados mañana

La vida cristiana debe vivirse con la mirada puesta en la aprobación de Dios. Cada decisión, palabra y acción debe buscar el sello divino. Como dice 2 Timoteo 2:15: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse”. Esta es la meta suprema del creyente.
Conclusión: La aprobación de Dios no es automática, ni superficial. Es el fruto de pruebas superadas, de integridad demostrada y de un corazón que busca agradarle en todo. El creyente debe vivir no para el aplauso de los hombres, sino para recibir la aprobación divina que trasciende el tiempo y la eternidad.
La aprobación de Dios se presenta en varios contextos en las Escrituras.
Pablo afirma haber sido "aprobado por Dios para predicar el evangelio", lo cual implicaba pasar por pruebas y ser hallado fiel
1. Esta aprobación divina conlleva la responsabilidad de agradar a Dios y no a los hombres al predicar Su palabra1.
Santiago habla de la bendición para quienes perseveran bajo pruebas, indicando que al superarlas recibirán "la corona de la vida" prometida a los que aman a Dios
2. Se enfatiza que el cristiano debe esforzarse por "permanecer aprobado ante Dios", manteniendo un testimonio recto
3. En el contexto de la iglesia primitiva, aquellos "aprobados" para tareas importantes eran personas cuyo carácter e integridad habían sido probados
4. Finalmente, se señala que la aprobación de Dios puede implicar sufrimiento y perseverancia, contradiciendo la idea de que la obediencia a Dios garantiza prosperidad y bienestar terrenal5.
Remando contra la corriente (1ra Pedro) Las circunstancias contemporáneas

las circunstancias contemporáneas

Sermón: “Aprobado por Dios”

Texto base: 2 Timoteo 2:10–18

1. El sufrimiento como camino a la gloria

Pablo recuerda a Timoteo que los elegidos de Dios no están exentos de pruebas. El apóstol habla de soportar, sufrir e incluso morir con Cristo para participar de su vida. Esta es la senda asignada a los redimidos: no hay triunfo sin cruz, ni gloria sin entrega. Jesús mismo dijo: “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Juan 12:25). El sufrimiento no es señal de fracaso, sino evidencia de fidelidad. Cuando soportamos pruebas con fe, estamos siendo moldeados como instrumentos de honra para Dios.
El creyente aprobado no huye de la dificultad, sino que entiende que en la escuela del dolor se forja un carácter semejante al de Cristo. Así como el oro se purifica en el fuego, nuestra fe se fortalece en la adversidad (1 Pedro 1:7).

2. La fidelidad de Dios es nuestra garantía

Pablo afirma que hay tres cosas imposibles para Dios: morir, mentir y fallar a los que confían en Él. ¡Qué seguridad tan grande! Aun cuando nuestra fe es débil y temblorosa como un “lino humeante”, el Señor permanece fiel. “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo” (2 Timoteo 2:13).
Esto nos recuerda que nuestra aprobación no depende de nuestra perfección humana, sino de la fidelidad divina. Dios se ha comprometido con su palabra y jamás quebrantará sus promesas. Aunque el mundo considere fracaso lo que hacemos por Cristo, en el cielo se reconoce como victoria. El creyente aprobado descansa en la verdad de que Dios nunca abandona a los suyos (Hebreos 13:5).

3. El llamado a ser obreros aprobados

En los versículos 14–15, Pablo enfatiza que el verdadero obrero de Dios busca ser aprobado por Él y no por los hombres. El apóstol instruye: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15).
El obrero aprobado no se conforma con un conocimiento superficial, sino que escudriña, aplica y vive la Palabra con integridad. Su testimonio debe parecerse a un surco recto en el campo: sin desviaciones, claro y consistente. El cristiano que vive con esta pasión deja una huella firme, construyendo sobre fundamentos eternos y no sobre lo pasajero de este mundo (Mateo 7:24–25).

4. El peligro de apartarse de la verdad

Pablo advierte contra los falsos maestros que se desvían en palabras inútiles y engañosas (vv. 16–18). La falsa doctrina corroe como gangrena, destruyendo la fe de muchos. Himeneo y Fileto son mencionados como ejemplos de hombres que se apartaron de la verdad, trastornando la fe de otros.
El obrero aprobado no juega con la Palabra, no la acomoda a sus deseos, sino que la defiende con valentía. En un tiempo donde abundan enseñanzas distorsionadas, debemos permanecer firmes en la verdad del evangelio (Gálatas 1:8–9). La fidelidad doctrinal es clave para mantenernos aprobados por Dios y para edificar a otros en la fe.

5. Construir para la eternidad

Finalmente, Pablo enseña que la meta del creyente es construir una vida que sea de beneficio permanente para el mundo y de aprobación delante del Maestro. El obrero aprobado no busca reconocimiento humano, sino el aplauso de Cristo en el día final. “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor” (Mateo 25:21).
Cada decisión, cada servicio y cada sacrificio hecho por amor a Cristo no será en vano (1 Corintios 15:58). El verdadero éxito no se mide por los aplausos del mundo, sino por la satisfacción del Señor. El creyente aprobado vive con la mirada puesta en la eternidad, sabiendo que lo que construya sobre Cristo permanecerá para siempre.
👉 Conclusión: Ser aprobado por Dios significa vivir fielmente en medio del sufrimiento, confiando en su fidelidad, trabajando con diligencia en la Palabra, resistiendo la falsa doctrina y construyendo para la eternidad. Que nuestro mayor anhelo sea escuchar un día la voz del Señor diciendo: “Bien, buen siervo y fiel”.

Sermón: “Aprobados por Dios para predicar el evangelio”

Texto base: 1 Tesalonicenses 2:4

1. La aprobación de Dios es un proceso continuo

La frase de Pablo: “fuimos aprobados por Dios” (1 Tes. 2:4a) revela que la vida cristiana y ministerial no se mide por un solo momento, sino por un proceso constante de pruebas. Desde su conversión en Damasco, Pablo fue llevado al desierto de Arabia, pasó tiempo en Tarso, y enfrentó persecuciones en cada viaje misionero. Cada experiencia era un examen de fidelidad. Así también, Dios nos somete a pruebas para verificar si nuestra fe es genuina y si nuestro servicio refleja su gloria. Como dice Santiago 1:12: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida”. Ser aprobado no es algo automático, sino un caminar diario bajo la mirada de Dios.

2. Dios confía su evangelio a los fieles

El resultado de haber pasado las pruebas fue que Pablo recibió el privilegio de predicar el evangelio. No era un mérito humano, sino un encargo divino. En 1 Timoteo 1:11–12 declara con gratitud: “según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado. Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio”. Esto nos enseña que Dios no deposita su tesoro en cualquiera, sino en quienes han mostrado fidelidad en lo pequeño (Lucas 16:10). El evangelio es un encargo sagrado, no un pasatiempo, y el siervo debe cuidarlo como la mayor riqueza que Dios confía.

3. La conciencia de ser puestos en el ministerio por Dios

Pablo nunca vio su llamado como algo humano, sino como una comisión divina. Él sabía que no era predicador por elección personal, sino porque Dios lo había puesto en el ministerio. Esa certeza lo llenaba de responsabilidad y gratitud. Quien sirve en la obra debe tener la convicción de que no lo hace por tradición familiar, por conveniencia o por reconocimiento, sino porque el Señor lo ha llamado. Efesios 3:7 confirma esta verdad: “del cual fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder”. Sin esta seguridad, el ministerio se convierte en un peso; con ella, se convierte en un privilegio.

4. La tentación de agradar a los hombres

Pablo declara: “no para agradar a los hombres, sino a Dios que prueba nuestros corazones” (1 Tes. 2:4b). Aquí encontramos un peligro real: el deseo de suavizar el mensaje para no incomodar. Muchos predicadores enfrentan la tentación de callar ciertas verdades para mantener la aprobación de su audiencia. Pero el siervo fiel sabe que su misión no es complacer a los hombres, sino agradar al Señor. Gálatas 1:10 lo expresa con claridad: “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”. El predicador aprobado nunca negocia la verdad.

5. La fidelidad se mide en la integridad del mensaje

Un siervo aprobado no cambia el contenido del evangelio. Pablo predicaba lo mismo en Tesalónica, en Filipos o en Jerusalén, sin importar quién lo escuchara. La fidelidad a la Palabra es la evidencia más clara de haber sido aprobado. 2 Timoteo 4:2 nos exhorta: “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”. Hoy, más que nunca, la iglesia necesita predicadores que no alteren el mensaje para ser aceptados por la sociedad, sino que lo transmitan tal como Dios lo dio.

6. La aprobación de Dios está ligada a la obediencia

El apóstol no fue aprobado por su elocuencia ni por su inteligencia, sino por su obediencia. Desde el momento en que escuchó la voz de Cristo camino a Damasco y respondió: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hechos 9:6), comenzó un caminar de entrega total. El que es obediente, aunque sea débil, será aprobado; pero el desobediente, aunque tenga talento, será descalificado. Como dice 1 Samuel 15:22: “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios”. Dios sigue buscando siervos que respondan con fidelidad a cada instrucción suya.

7. El verdadero propósito: agradar al Señor

En último término, la motivación del apóstol no era el reconocimiento humano, sino la aprobación divina. Pablo vivía consciente de que su juez final no era el mundo, sino Cristo. 2 Corintios 5:9 resume su pasión: “por lo cual también procuramos, o ausentes o presentes, serle agradables”. La meta del siervo fiel no es llenar auditorios ni recibir aplausos, sino oír de labios del Maestro: “Bien, buen siervo y fiel” (Mateo 25:21). Ese debe ser también nuestro anhelo: vivir y servir de tal manera que el Señor mismo nos apruebe.
📖 Conclusión: El ejemplo de Pablo nos enseña que ser aprobados por Dios no es un estado instantáneo, sino un camino de pruebas, fidelidad y obediencia. Dios sigue buscando siervos que no prediquen para agradar a los hombres, sino para cumplir fielmente el encargo del evangelio. Al final, lo único que contará será la voz de nuestro Señor aprobando nuestra vida y ministerio.
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