Elige la vida
Tiempo Común 2025 • Sermon • Submitted • Presented
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15 Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; 16 porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. 17 Mas si tu corazón se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres, 18 yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para entrar en posesión de ella. 19 A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; 20 amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar.
Introducción
Introducción
La toma de decisiones de una persona es el reflejo de varios factores, como la personalidad, el carácter, los valores aprendidos en casa y las circunstancias que la conducen a decidir. Algunas de las decisiones más difíciles de tomar en la vida están relacionadas con la persona con la que queremos compartir la vida, la profesión que elegimos y el estilo de vida que queremos llevar, aspectos como la salud y la espiritualidad. La toma de decisiones es difícil, ya que siempre corremos el riesgo de equivocarnos. Una tarea compleja para los padres y madres consiste en enseñar a los hijos a tomar decisiones; no obstante, cada día les ayudamos en esa empresa a través de nuestro propio ejemplo.
El texto que hoy leímos nos habla de una toma de decisión. Moisés le habla al pueblo de Israel y lo exhorta a elegir entre el bien y el mal. El Deuteronomio es también conocido como la segunda ley o la repetición de la ley, porque en los discursos de Moisés se constata una confirmación de la ley que Dios ha dado y que está escrita en el libro de Levítico.
Lo que hoy leímos corresponde al tercer discurso de Moisés (27,1–31,30), que es una advertencia profética. El llamado de Dios es un llamado a la búsqueda del bien. Ahora bien, ¿cómo podemos entender las categorías de bueno y malo?
Una mirada desde la ética nos permite entender lo bueno desde la categoría de virtud y lo malo desde la categoría de vicio. El vicio es aquello que deforma a la virtud, y la virtud es aquello que se ajusta al buen vivir y, en consecuencia, a la buena convivencia.
Sin duda, el deseo de Dios es que nosotros aprendamos a elegir bien. Revisemos cómo el texto nos ayuda a comprender lo que esto significa:
1. El bien y la relación con el buen vivir
1. El bien y la relación con el buen vivir
15 Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal;
Los versículos 15 al 17 nos muestran la relación entre el bien con la vida y la prosperidad, y del mal con la muerte y la destrucción. Un regalo de Dios es la vida. Los cristianos creemos en la sacralidad de la vida; la existencia humana es un regalo de Dios que debe ser apreciado y respetado.
Desde esa perspectiva, una vida próspera, como la que el Señor promete, va más allá de lo puramente económico. En nuestros tiempos podemos ver gente con mucho dinero, pero sin las garantías de una vida feliz. El concepto de la vida en el Señor abarca mucho más que la prosperidad económica: salud, estabilidad emocional y espiritual, buenas relaciones familiares y la presencia misma de Dios en nosotros.
La vida, entonces, es un concepto más amplio que el hecho de mantener un cuerpo y respirar. Somos vida que da vida al universo; no en vano Jesús afirmó que Dios es Dios de vivos y no de muertos (Mateo 22:32).
Elegir vivir implica marcar una pauta ética que nos lleva a la plenitud y la felicidad. Los seres humanos y, en particular, la iglesia del Señor deben elegir la vida; en otras palabras, abrir los ojos para ver todos los regalos que Dios nos da. Estamos acá porque Dios quiere que vivamos bien, que nuestras vidas sean restauradas, que nos apartemos del pecado y que vivamos para su gloria dando testimonio de su amor.
2. El bien y su relación con la Palabra
2. El bien y su relación con la Palabra
Otro aspecto importante en la comprensión sobre el bien tiene que ver con el mandamiento de Dios. El amor es la clave en la relación del ser humano con Dios. Ahora bien, ese amor se refleja en el cumplimiento de los mandamientos de Dios.
Moisés refiere tres acciones importantes que el creyente debe hacer: amar, andar y cumplir.
Amar a Dios es la base de todas nuestras relaciones, pero ello se refleja en el amor al prójimo. Dios desea que nos enamoremos de Él, porque cuando eso pasa encontramos motivos para vivir, para buscar nuestro bienestar y para compartir el amor de Dios con todas las personas que están a nuestro alrededor. Dios es amor, esa es su esencia, y su relación con nosotros surge desde el amor. El arca del pacto, el anuncio de los profetas y, lo más importante, la venida de Cristo y su entrega por la humanidad, surgen desde el amor de Dios.
Conocer la Palabra debe hacernos enamorar de Dios. Cuando nos enamoramos, nuestra vida cambia en función de un proyecto de pareja; de la misma manera, cuando nos enamoramos de Dios, nuestra vida da un giro en función del amor, del servicio y de la compasión.
Amar a Dios implica andar en sus caminos. ¿Cuáles son sus caminos? Muchas veces nos llenamos de normas que no tienen mucho que ver con la ordenanza de Dios. El camino de Dios es el camino del amor y la justicia. El camino de Dios no es una senda ritual de adoración dominical o de la Santa Cena mensual o de un bautismo; nada de esto tiene sentido si nuestra vida no es una entrega absoluta a Dios. Caminar en los caminos de Dios implica asumir el costo del discipulado. También significa tener claras nuestras prioridades.
Jesús enseñó que ese camino es un camino angosto. Sin embargo, el camino no es angosto porque tengamos que dejar los vicios y las malas costumbres; de eso se encarga el Espíritu Santo, quien intercede por nosotros y nos ayuda. Andar en ese camino angosto es entregarnos por completo y en amor a los más necesitados; implica extender nuestras manos a los pobres, abrazar a los enfermos, compartir nuestro abrigo y nuestro techo con los inmigrantes y con todos los que sufren. Por eso es un camino difícil, angosto porque no son muchas las personas que quieren seguir este camino.
En últimas, andar en Dios implica cumplir los mandamientos del Señor. Una vez más, el texto nos lleva a la categoría del amor. Los evangelios refieren que, cuando le preguntaron a Jesús cuál era el gran mandamiento, Él respondió: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”. Cuando amamos a Dios no hacemos daño. La ley mosaica está diseñada no para ser un ritual, sino un estilo de vida saludable. A nosotros no nos cobija esa ley en el estricto sentido de la palabra; sin embargo, sigue siendo válida en tanto que la vemos como norma para la convivencia entre los seres humanos y con Dios.
Las cartas de Juan nos recuerdan ese mandamiento nuevo y antiguo: el mandamiento del amor al hermano como un reflejo del mandamiento del amor a Dios. Toda la ley y los profetas se resumen aquí.
La relación del bien con la Palabra es una relación del bien con el amor: esencia y mandamiento divino.
3. El bien y su relación con la dependencia de Dios
3. El bien y su relación con la dependencia de Dios
Hay muchos aspectos para destacar en este pasaje; sin embargo, hoy estamos tomando los más importantes para la comprensión de la categoría del bien. El bien tiene una relación importante no solo con la Palabra y el buen vivir, sino con la dependencia misma de Dios.
En el evangelio, Jesús invita a sus seguidores a tomar la cruz y seguirle. Es claro que el camino de la fe no es un camino fácil; sin embargo, es un camino que todos podemos elegir si decidimos depender de Dios.
El versículo 20 del libro que hoy leímos y que cierra el pasaje y el capítulo se presenta en imperativo: “Ama al Señor tu Dios, obedécelo y aférrate a él”. Nuestra vida depende de Dios, y es por el Señor que nosotros podemos lograr el buen vivir.
La buena vida es la vida que depende de Dios. Además de amar y obedecer, el texto nos invita a aferrarnos a Dios. Todo lo que nosotros hacemos depende de Dios, y los resultados son para su gloria y su honra.
Depender de Dios es soltar el miedo a equivocarnos y comprender que el amor de Dios nos cuida, también es dejar nuestro egoísmo a un lado y mirar al otro con amor, reconociéndole como hijo o hija de Dios y asegurar una vida tranquila, con bienestar, salud y riqueza espiritual.
Reconocer a Cristo como nuestro Señor implica quebrarnos ante Él en la seguridad de que nos mira con amor, compasión y bondad; que cuida de nosotros y de los nuestros y que cumple todas sus promesas.
Conclusión
Conclusión
Elegir bien y elegir el bien es abrir el corazón en la presencia de Dios. Es reconocer nuestra necesidad de Él, amarlo con sinceridad, depender de su gracia y caminar en sus sendas de amor y justicia.
El llamado de Moisés al pueblo sigue siendo el llamado de Dios a nosotros hoy: “Elige, pues, la vida” (Dt 30:19). No se trata de una decisión abstracta, sino concreta: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.
En un mundo que constantemente nos ofrece caminos de egoísmo, violencia y muerte, la iglesia está invitada a ser testimonio de vida: cuidando la creación, extendiendo la mano al necesitado, abriendo espacio para el inmigrante, abrazando al enfermo y trabajando por la paz.
Que nuestra elección sea, hoy y cada día, Cristo mismo: camino, verdad y vida. Y que, al elegirlo a Él, encontremos juntos la verdadera felicidad y el gozo de ser comunidad en su nombre.
