El legado eterno de la mujer

FAMILIAS FELICES  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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OIntroducción

Hace unos años, escuché la historia real de una mujer en Europa del Este, en tiempos de guerra. Su esposo había sido llevado prisionero, y ella se quedó sola con tres pequeños hijos. No tenía mucho que ofrecerles: apenas un pedazo de pan al día, un poco de agua, y el refugio de una casa humilde. Sin embargo, sus hijos crecieron escuchándola orar cada mañana y cada noche. Ella siempre decía: “No sé cómo saldremos adelante, pero sé en quién he creído. Si yo falto, quiero que mis hijos recuerden que Cristo nunca falla”.
Hoy, muchos años después, uno de esos niños, ya convertido en pastor, dijo en una entrevista: “El hambre y el frío fueron duros, pero lo que jamás se borró de mi mente fue escuchar a mi madre clamar a Dios por mí. Ese es el mayor legado que recibí”.
Querida iglesia, todas las mujeres dejan un legado: algunas dejan un legado de quejas, otras de indiferencia, algunas de dolor… pero también hay mujeres que dejan un legado eterno. María, la madre de Jesús, fue una de esas mujeres. Su vida nos muestra que el verdadero impacto no está en la fama, en la riqueza o en los títulos, sino en una fe sincera que se mantiene aun cuando la vida se queda en silencio, aun cuando se queda sola sin José, aun cuando el mundo no la entiende.
Y ese es el primer paso para un legado eterno de una mujer de Dios:

Primer Punto: Su fe humilde en la voluntad de Dios

Lucas 1:38 RVR60
38 Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.
Dejenme explicarl Este versículo , porque no está aislado. Viene después de un anuncio inesperado y humanamente imposible. En Lucas 1:26–37, el ángel Gabriel visita a María y le revela que sería madre del Hijo del Altísimo.
Notemos algunos detalles que nos ayudan a comprender la magnitud de la situación:
María era una virgen comprometida con José, pero aún no casada. En la cultura judía, un embarazo fuera del matrimonio era un escándalo y podía costarle la vida (Deuteronomio 22:23–24
El mensaje era humanamente incomprensible: “Concebirás en tu vientre… y llamarás su nombre Jesús” (Lucas 1:31 "31 Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS."
. ¿Cómo podía una joven, sin experiencia y con la vida aún por delante, procesar esto?
La promesa era mayor que ella misma: su hijo sería “grande, y será llamado Hijo del Altísimo” Lucas 1:32 "32 Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;"
María no estaba escuchando algo sencillo. Estaba enfrentando el momento más decisivo de su vida, un océano de verdades y responsabilidades que la desbordaba. Sin embargo, su respuesta sería recordada por siglos.
Lucas 1:38 "38 Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia."
Aquí encontramos dos declaraciones que nos muestran la clave de un legado eterno:
Identidad asumida: “He aquí la sierva del Señor
María se reconoce no como dueña de su vida, sino como sierva. Ese es el corazón que deja legado: el que se rinde a la voluntad de Dios (Proverbios 31:30).
Entrega absoluta: Hágase conmigo conforme a tu palabra”
No dijo:
“Hágase si José está de acuerdo”,
“Hágase si la gente me entiende”,
ni “Hágase si todo sale bien”.
Fue una rendición total, confiando en que Dios tenía un plan más grande que sus miedos, sus dudas y sus límites .
Querida hermana y hermanos, María nos enseña tres verdades que inspiran y animan:
Tu identidad en Dios importa más que la opinión de los demás. Cuando declaras: “Soy sierva del Señor”, tus palabras, tus decisiones y tu vida se alinean con la voluntad de Dios
Salmo 100:2 "2 Servid a Jehová con alegría; Venid ante su presencia con regocijo." Josué 24:15.
Josué 24:15 RVR60
15 Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.
La entrega a Dios trasciende tus circunstancias. No importa si la vida parece difícil, si otros no te comprenden o si todo parece en tu contra. Obedecer a Dios y confiar en Él en medio de problemas deja una huella que nadie puede borrar (Deuteronomio 6:6–7; Mateo 6:33).
Un legado eterno se construye con tus acciones diarias. Cada oración, cada ejemplo de fe, cada gesto de amor y obediencia es como una semilla que dará fruto en tus hijos, familiares y en quienes te rodean. Tu influencia no se mide por fama, dinero o reconocimiento, sino por cómo reflejas a Cristo en tu vida cotidiana (Mateo 5:16; Proverbios 31:30).

2. Un legado de entrega que dedica sus hijos a Dios

Lucas 2:22 "22 Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor"
María había recibido un llamado extraordinario: ser madre del Hijo de Dios. Años después, cuando llega el momento de presentar a Jesús en el templo, no es un acto ritual cualquiera, sino un gesto de entrega total.
Lucas 2:22 dice: “Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la ley de Moisés, le llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor.”
En la cultura judía, la presentación de los hijos era un acto de reconocimiento: los hijos pertenecían primero a Dios, y los padres eran guardianes, no dueños.
María lo entendió claramente.
Ella sabía que Jesús era suyo en carne, pero no en propiedad. Desde el principio, su corazón no se aferró a Él por orgullo ni posesión.
Reconocía: todo lo que Dios da es primero de Él y para Su gloria.
Imagina a María caminando hacia el templo con su niño en brazos.
No hay multitudes, no hay cámaras, no hay aplausos.
Solo fe, obediencia y entrega.
Cada paso representa un sí silencioso a Dios, un reconocimiento de que su legado como madre no estaba en retener, sino en entregar.
Proverbios 22:6: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”
Santiago 1:17: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces.”
Los hijos no son propiedad; son encargos de Dios. Cada madre debe guiar y enseñar, pero sabiendo que el control final pertenece al Señor.
Una mujer de Dios construye un legado cuando sus decisiones están marcadas por entrega y oración, no por miedo o ego.
Cada sacrificio, cada consejo y cada acto de guía hacia Dios siembra un impacto que trasciende el tiempo y las circunstancias.

Un legado que se sostiene en medio del dolor

33Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él. 34Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha 35(y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.

Juan 19:24–25 “Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados. Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.”
Juan 19:26 “Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo.”
Imaginemos la escena: Jesús está en la cruz. La multitud está silenciosa o burlona. Los discípulos que lo habían acompañado durante tres años, llenos de miedo, se han escondido o huido. María, su madre, ya había perdido a José, su esposo y protector, y ahora enfrenta el dolor más profundo que una madre puede experimentar: ver morir a su Hijo, su esperanza, su vida.
Simeón lo había advertido años antes: “Y a ti misma una espada te atravesará el alma” (Lc. 2:35).
Hoy, esa profecía se cumple. Cada golpe, cada palabra de Jesús, cada lágrima, atraviesa su corazón como una espada invisible. Pero, en medio de este sufrimiento desgarrador,
María no huye ni se esconde. Permanece firme al pie de la cruz, entregada a la voluntad de Dios, dependiendo totalmente de Él.
Mientras todos los demás huyen, su fidelidad no flaquea.
Su obediencia no depende de comodidad ni de reconocimiento.
Incluso cuando Jesús encomienda a Juan: “He ahí tu madre” (Jn. 19:27), vemos que su legado no termina con el dolor, sino que su ejemplo de fe y entrega continúa influyendo, mostrando que una mujer de Dios permanece fiel incluso cuando todo a su alrededor parece perderse.
Salmos 34:18: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.”
Isaías 40:31: “Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”
El dolor no destruye un legado; la fidelidad en medio del sufrimiento sí lo construye.
Aunque te sientas sola, abandonada o sobrepasada por la vida, cada acto de obediencia y dependencia de Dios deja una huella eterna.
No se trata de demostrar fortaleza ante otros, sino de permitir que Dios se glorifique a través de tu vida aún en la prueba.
"Mujer, incluso cuando todo parece perdido y estás sola, tu fe y obediencia en Dios escriben un legado que ninguna adversidad puede borrar.

4. Un legado que trasciende generaciones a través del servicio y la oración (Hechos 1:14

Hechos de los Apóstoles 1:14 "14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos."
Después de todos los sufrimientos, después de la cruz y la resurrección de Jesús, María no desaparece. No se retira a un rincón ni deja que el dolor la paralice.
Ella sigue en el aposento alto, orando con los discípulos, con las mujeres y con todos aquellos que habían seguido al Señor. Allí, María muestra algo que trasciende la maternidad: la fidelidad, la constancia y la influencia espiritual de una mujer de Dios.
Imagina la escena: un grupo de discípulos dispersos por miedo, llenos de incertidumbre; y María, con su corazón firme en Dios, orando, perseverando, sosteniendo la fe colectiva.
Ella no solo recuerda los momentos de gloria de Belén o Nazaret; ella mira hacia adelante, hacia la promesa del Espíritu Santo, y acompaña a la iglesia naciente en oración, en unidad y servicio.
📖 Versículos clave para meditar:
Hechos 1:14: “Todos éstos perseveraban unánimes en oración, con las mujeres, y con María la madre de Jesús…”
Lucas 2:51–52: “Y descendió con ellos a Nazaret, y estaba sujeto a ellos… y Jesús crecía en sabiduría, estatura y gracia delante de Dios y de los hombres.”
Filipenses 2:15–16: “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.”
Proverbios 31:26: “Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua.”
Hermanas, María nos enseña que el legado de una mujer de Dios no termina con los hijos, ni con las lágrimas, ni con la pérdida, ni con la prueba. Su vida nos dice:
Cuando otros abandonan, tú puedes permanecer fiel.
Cuando otros dudan, tú puedes sostener la fe.
Cuando otros callan, tú puedes orar y guiar.
María no buscó ser protagonista, no buscó aplausos ni reconocimiento.
Su grandeza estuvo en la obediencia continua, en la entrega a Dios, en la oración constante y en la influencia silenciosa pero poderosa sobre la comunidad de creyentes.
💬 Aplicación:
Mujer, tu mayor legado no está en lo que acumulas, sino en lo que transmites en oración y en ejemplo.
Tus hijos, tu familia, tus amigas, tu iglesia pueden ver en ti un modelo de fe, perseverancia y servicio a Dios, incluso en medio de pruebas y dificultades.
Cada acto de fidelidad, cada oración, cada palabra de ánimo que das construye un legado eterno que impactará generaciones.
"María permaneció, oró y guió con su ejemplo.
Que tu vida, hermana, sea igual: un faro de fe que influencie, sostenga y transforme a tu familia, tu iglesia y tu generación. Tu legado no termina con la cruz, sino que brilla para siempre en los corazones que Dios toca a través de ti."

Conclusión : Levántate y Brilla

Hermanas…
Al contemplar la vida de María, la madre de Jesús, vemos una mujer que enfrentó dolor, pérdidas y pruebas inmensas. Sin embargo, su fe nunca vaciló. Cuando todos se alejaban, ella permaneció firme, orando, sirviendo y confiando plenamente en Dios. (pausa)
Hoy, Dios nos llama a seguir ese ejemplo:
A perseverar en medio de las pruebas.
A depender completamente de Él.
A servir con alegría y gratitud, aun cuando el mundo no lo reconozca.
No importa lo que hayas perdido, no importa cuán difícil sea tu camino… tu valor no depende de los demás, sino del Señor que te ha creado con propósito eterno. (mirar a las mujeres de la congregación)
📖 Filipenses 2:15–16: “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa, en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.”
Hermanas, ¡esa luz puede brillar desde tu hogar, tu trabajo, tu iglesia y tu comunidad! Cada oración, cada acto de servicio, cada sacrificio que haces es un testimonio vivo de tu fe y una inspiración para quienes te rodean.
Que tu vida sea un reflejo de gratitud
Gratitud por tu familia,
Gratitud por tu comunidad,
Y, sobre todo, gratitud por el amor infinito y la fidelidad de Dios.
📖 Salmo 138:8: “Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos.”
¡Hoy te digo, hermana! (pausa enfática) Dios está obrando en tu vida. Él quiere que cada una de ustedes brille con Su luz, dejando un legado eterno de fe, obediencia y amor.
Así que, levántate con fuerza… (hacer gesto de levantarse o animar a la congregación)
Persevera en la oración.
Sirve con amor.
Ama con valentía.
Y permite que tu vida sea un ejemplo que inspire generaciones.
Porque una mujer que sigue a Dios no es débil… ¡es la fuerza más poderosa en la tierra! (pausa para énfasis y respiración)
Mujer, no dejes que el mundo robe lo que Dios ha puesto en ti. Hoy, decide volver a Su diseño, abrazar Su propósito y brillar… porque tu legado es eterno y tu vida tiene un impacto que trasciende el tiempo.
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