20250914 - 1050 - SD - JA - Generación de relevo

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Debe haber una conexión generacional a traves de la cruz para que el evangelio sea expresado y aceptado en las generaciones.

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Generación de relevo.

1. El Legado 

La Palabra enseña que Dios se da a conocer a través de sus hijos.
Cada generación tiene un rol fundamental en el plan divino.
Los jóvenes poseen un potencial especial para alcanzar a otros jóvenes,
Los adultos mayores pueden impactar a sus semejantes,
y los niños tienen la capacidad de llegar al corazón de otros niños.
Esto no significa que una generación no pueda hablar a otra distinta, pero sí nos recuerda que, de manera natural, las generaciones se interconectan entre sí para que la multiforme gracia de Dios se exprese por medio de diferentes personas que creen en el mismo Señor
1 Pedro 4:10 RVR60
10 Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
En este contexto aparece La idea de recibir algo y entregárselo a otra persona, es decir, Dejar un legado.
En el latín, legado viene de legatus, que significa enviado, delegado, representante. A su vez, legare significa enviar con misión, delegar o dejar en testamento.
En el griego neotestamentario encontramos términos relacionados: diatheke (testamento o pacto) y paradosis (transmisión, tradición, lo transmitido).

🌳 La historia de Jonathan Edwards

¿Quién fue? Jonathan Edwards (1703–1758) fue un pastor y teólogo norteamericano, uno de los líderes del Gran Avivamiento en Nueva Inglaterra. Vivió con integridad, dedicación a su familia y un fuerte compromiso con la educación y la fe cristiana.
Su legado familiar: Un estudio genealógico realizado por A.E. Winship en 1900 investigó a 1.394 de sus descendientes. Los resultados mostraron que su linaje dejó una huella extraordinaria en la sociedad estadounidense:
300 ministros y misioneros
120 profesores universitarios
110 abogados
60 médicos
60 autores destacados
30 jueces
14 presidentes de universidades
3 senadores de Estados Unidos
1 vicepresidente de Estados Unidos
Todo esto porque Edwards decidió formar a sus hijos en la fe, en disciplina y en educación.
El apóstol Pablo usa este último término cuando escribe a los tesalonicenses:
>>Debemos pasarla pero también retenerla cuando es enseñada.
2 Tesalonicenses 2:15 RVR60
15 Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.
La forma en que nosotros podemos llevar el evangelio y cambiar a las generaciones es a través del legado: la doctrina y la tradición transmitida en Cristo. La tradición, lejos de ser un ritual vacío, involucra necesariamente más de una generación. Por eso hablamos de legado: lo que se transmite de padres a hijos, de ancianos a jóvenes, de jóvenes a niños. de una generación a la siguiente.
Aquí se conecta lo que dice el profeta Joel, y que Pedro retoma en Hechos al explicar el derramamiento del Espíritu:
Joel 2:28 RVR60
28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.
Hechos de los Apóstoles 2:17 RVR60
17 Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Observemos el orden del Espíritu:

Los hijos e hijas profetizarán. Dios los pone como portavoces en su generación.
Los jóvenes tendrán visiones. Ellos son los que proyectan, los que caminan hacia lo que viene.
Los ancianos soñarán sueños. Ellos, aunque quizá no alcancen a ver la plenitud de lo que sueñan, delegan, envían, siembran una palabra y establecen un fundamento para lo que otros vivirán.

¿Por qué los ancianos sueñan?

Porque se encuentran en una etapa en la que su rol principal ya no es emprender, sino sembrar y delegar.
Ellos cargan con la doctrina recibida, con la paradosis (παρά = “al lado de”, “de parte de”) y dosis (δόσις = “dar”, “entregar”). Literalmente significa “lo que se entrega” o “transmisión”. Se traduce comúnmente como “tradición”.), y la entregan a la nueva generación como herencia espiritual.
Esa generación más joven no se sustentará en los sueños, sino que tendrá visiones. Es decir, los jóvenes parten de los sueños de los ancianos; toman lo transmitido y lo caminan hacia adelante, en dirección a lo que Dios les muestra en su tiempo.
De este modo, la obra de Dios no queda encerrada en una época específica, sino que se multiplica de generación en generación. Dios coopera consigo mismo en la historia,
>> usando las generaciones primeras para impulsar a las postreras, de manera que la gracia se haga más abundante. Así se cumple lo que dice la palabra:
Hageo 2:9 RVR60
9 La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos.
Cuando hablamos de casa, hablamos de familia. Y cuando la Escritura habla de lo postrero, habla de los tiempos venideros de esa familia. El principio natural de todas las cosas es que se reproduzcan y crezcan. Por eso el Señor dijo desde el principio:
Génesis 1:28 RVR60
28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread ……en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
La casa de Dios tiene que crecer y multiplicarse.
La generación que sigue después de la primera debe tener un nivel mayor de gloria.
Pero para que eso ocurra, necesitamos encontrar el punto de conexión, el lazo que une lo recibido con lo que vendrá. Ese punto de conexión es la cruz de Cristo.
>>La forma de interconectar las generaciones no se sustenta en un método humano, sino en algo que proviene directamente del Espíritu. Por eso debes:

2. Pasando la Antorcha

Volviendo a la idea anterior, ya hemos visto cómo el profeta Joel anuncia, y Pedro confirma en Pentecostés, que:
Joel 2:28 RVR60
28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.
Hechos de los Apóstoles 2:17 RVR60
17 Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños;
El punto aquí es que para que realmente la antorcha se pase de una generación a otra, no basta con un acto mental ni con estrategias humanas. Se trata de algo que nace del Espíritu y debe ser guiado por el Espíritu Santo. Pasar la antorcha generacional es una obra espiritual.
Ahora, seguir al Espíritu demandará un costo. La Palabra de Dios dice:
1 Corintios 6:19–20 LP:EMD
19 ¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que han recibido de Dios y que habita en ustedes? Ya no son los dueños de ustedes mismos. 20 Han sido rescatados a buen precio; glorifiquen, pues, a Dios con el cuerpo.
De la misma manera, cada generación no se pertenece a sí misma, sino que le pertenece al Señor. Cuando los padres entienden esta verdad —que sus vidas y la de sus hijos le pertenecen a su Creador— y cuando los hijos también lo comprenden, entonces se dispone el terreno para que Dios construya sobre un fundamento sólido.
“Esto nace de verdaderos hombres que han Decidido Vivir la palabra de Dios y la enseñan de esa manera a sus familias, No hay doblés, No es fingido, es algo que los hijos pueden ver que sus padres lo hacen y funciona”
Jesús mismo enseñó que no podemos edificar sobre arena:
Mateo 7:24–27 RVR60
24 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25 Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.
Las generaciones no pueden edificar sobre la arena de:
La falta de compromiso,
de la falta de comunicación,
de la ausencia de amor o de las apariencias.
Porque cuando venga la tormenta, esa casa caerá.
>> Por eso La Palabra advierte:
Salmo 127:1 RVR60
1 Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia.
El centro para que realmente la antorcha se pase de generación en generación tiene que provenir imperativamente del Espíritu.
En este orden de ideas, la Escritura nos habla de la reciprocidad y de la entrega que debe existir en cada generación.
Pablo exhorta a los padres:
Colosenses 3:21 RVR60
21 Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.
Efesios 6:4 RVR60
4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.
Es curioso que en Colosenses, la palabra “padres” está dirigida específicamente a los hombres, a los padres como cabeza de hogar.
Esto refleja un contexto histórico en el que recaía sobre ellos la responsabilidad de instruir.
Sin embargo, el principio aplica a ambos: tanto padre como madre tienen la responsabilidad de no exasperar a sus hijos, sino de guiarlos con amor y en el temor del Señor.
No se trata de posiciones de mayor o menor importancia, sino de entender los roles que Dios ha puesto en la casa. La Biblia afirma:
Proverbios 22:6 RVR60
6 Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
Este es el llamado de los padres:
soñar con sus hijos, visionar junto a ellos y, sobre todo, profetizar sobre sus vidas en la dirección de Dios. Porque aunque no siempre conoceremos las formas específicas en que el enemigo buscará atacar a nuestros hijos, el Señor que todo lo sabe equipa a la generación mentora para dar a la nueva generación las herramientas necesarias.
No podemos ignorar que los ataques cambian con el tiempo. Lo que enfrentaban los niños hace 50 años no es lo mismo que enfrentan hoy. Pero el mismo Espíritu que fortaleció a los padres es el que fortalecerá a los hijos.
Ahora, un punto determinante para que la antorcha no se pierda es:
La falta de amor, de paciencia y de consagración.
La Palabra dice que los padres deben criar a sus hijos en la disciplina y amonestación del Señor. La ira proviene de esfuerzos humanos, de métodos meramente carnales. Pero el llamado es a educar en el Señor, en la dependencia del Espíritu.
Esto implica enseñar a los hijos no solo lo que sabemos de Dios, sino cómo conocer a Dios por sí mismos. Que no vivan de nuestra fe prestada, sino que descubran al Señor en su propia experiencia.
Deuteronomio 6:6–7 RVR60
6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.
El orden de Dios es claro: primero la Palabra debe estar en el corazón del padre y de la madre. No podemos transmitir lo que no vivimos. Solo cuando la Palabra es real en nosotros podemos repetirla a nuestros hijos, enseñándoles a amar y conocer al Señor.
“Habla con tus hijos de su futuro, de lo que Dios ha hecho en tu vida, de sus milagro y de la fidelidad de Dios”
Por eso, pasar la antorcha trasciende lo humano: es el Espíritu quien da la capacidad, tanto a los padres como a los hijos, para enfrentar su tiempo y levantar una nueva generación. El mismo Espíritu que nos ayuda hoy a solventar nuestras luchas será el que ayude a nuestros hijos mañana a sostener su fe.
Así se construye un verdadero legado: una antorcha que pasa de mano en mano, encendida por el Espíritu de Dios, para iluminar el camino de las generaciones.
>>Hemos aprendido hasta aquí que Dios desea cooperar con las generaciones, que en su plan eterno todos tienen un lugar: jóvenes, adultos, ancianos y niños. Cada etapa de la vida es importante dentro de la historia de salvación. Todos hemos sido convocados a conocer a Cristo y a entregarnos a Él, porque no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino que somos propiedad del Señor.
Ahora bien, si los padres han hecho su parte —profetizar, soñar, enseñar a los más jóvenes a tener visión—, entonces los hijos podrán caminar con dirección. Sin embargo, hay un punto crucial: la responsabilidad de recibir la antorcha.>>

3. Recibiendo la Antorcha

En una carrera de relevos:

no basta con que el primer corredor corra rápido. Si el segundo corredor no recibe el testigo, la carrera se pierde. De la misma forma, el éxito del plan de Dios depende de que cada generación reciba la antorcha del evangelio y corra con la misma pasión, la misma fidelidad y el mismo compromiso.
Se dice que una estrategia en la carrera de relevos es que el primero y el último atleta son los mejores de la serie, La iglesia primitiva fue el primer Corredor y tú eres el último.
Por eso, hijos, la Biblia también establece responsabilidades específicas para los hijos. El primer mandamiento con promesa está en la Ley de Moisés:
Éxodo 20:12 RVR60
12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.
La honra aquí no es una sugerencia, es un imperativo divino.
El término griego para honra es timē, que significa estimar, valorar, respetar, reconocer el gran valor de alguien.
“La honra implica reconocer que nuestros padres tienen un valor, no solo por lo que han vivido, sino porque son instrumentos de Dios para guiarnos.”
Pero lo normal en las generaciones —y donde muchas veces se rompe el legado— es que los hijos desprecien o minimicen lo que recibieron. Se escuchan frases como: “Mi papá no entiende”, “Mi mamá no sabe de qué habla”. Esa actitud va en contra del mandato de Dios. Honrar significa reconocer que lo que recibimos de ellos es un mapa de vida, una herencia espiritual que nos advierte de los peligros y nos señala los caminos correctos.
La honra también reconoce que nuestros padres tienen sueños que vienen de Dios, y que esos sueños son dados como instrucciones para que podamos caminar en obediencia. Por eso Pablo vuelve a citar este mandamiento en el Nuevo Testamento:
Efesios 6:1–3 LP:EMD
1 Ustedes, los hijos, obedezcan a sus padres como procede que lo hagan los creyentes. 2 El primer mandamiento que lleva consigo una promesa es precisamente este: Honra a tu padre y a tu madre, 3 a fin de que seas feliz y vivas largos años sobre la tierra.
La honra no solo es un mandato, es una promesa de bendición.
Aquellos que honran y valoran la generación anterior también serán valorados por la generación que sigue. El resultado será largura de vida y bienestar, porque tendrán la capacidad de transmitir lo que recibieron a otros.
Esta obediencia, dice Pablo, debe ser “en el Señor”. No se trata de una obediencia ciega a cualquier instrucción, sino de una obediencia en la óptica del Señor. Muchas veces obedecer requerirá sacrificios y decisiones difíciles, pero se hace por amor a Dios.
El libro de los Proverbios también insiste en este principio:
Proverbios 1:8–9 RVR60
8 Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre; 9 Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, Y collares a tu cuello.
Aquí encontramos los roles complementarios: el padre trae instrucción, la madre dirección. Ambas cosas son necesarias para que la casa funcione, para que la antorcha sea pasada y, sobre todo, recibida.
Finalmente, el relevo generacional solo se consuma cuando hay dos movimientos al mismo tiempo: los padres que entregan la antorcha en obediencia al Espíritu, y los hijos que la reciben con honra y obediencia en el Señor. Allí las generaciones se encuentran en la cruz de Cristo, y se cumple el propósito por el cual existen: avergonzar al diablo, salvar a los perdidos, edificar la Iglesia y vivir en plenitud nuestro propósito, generando así un legado santo que permanece de generación en generación.
Cuida el legado.
Padre, pásalo a tus hijos
Hijo, recíbelo de tus padres
¿Preguntas?
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