Rogando por la paz
Tiempo después de Pentecostés • Sermon • Submitted • Presented
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1 Así que recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, 2 por los reyes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida devota y digna. 3 Esto es bueno y agradable a Dios nuestro Salvador, 4 pues él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad. 5 Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 6 quien dio su vida como rescate por todos. Este testimonio Dios lo ha dado a su debido tiempo, 7 y para proclamarlo me nombró heraldo y apóstol. Digo la verdad y no miento: Dios me hizo maestro de los no judíos para enseñarles la verdadera fe.
Introducción
Introducción
Cada año, el 21 de septiembre, se celebra el Día Internacional de la Paz, la no violencia y el cese al fuego. Esta iniciativa de las Naciones Unidas surgió en 1981 con el propósito de dedicar un día para reflexionar y actuar en torno a la paz.
El lema del Día Internacional de la Paz para este año es: «Actúa ahora por un mundo pacífico». Todos nosotros desarrollamos acciones que nos permiten construir un mundo de paz en medio de una realidad desoladora y palpable a nuestros sentidos.
La semana pasada el país se conmocionó con el asesinato de Charlie Kirk, un activista conocido por sus posturas conservadoras e incluso fundamentalistas. Quizás muchas personas no estarían de acuerdo con dichas posturas, pero todos quienes vivimos la fe y nos comprendemos desde la ética cristiana repudiamos el hecho de su muerte, porque ninguna persona debe morir asesinada.
Sin embargo, no podemos dejar de lado a los niños que han sido víctimas de tiroteos, principalmente en las escuelas y universidades. Según Education Week, este año se han registrado 11 tiroteos escolares con muertos y heridos. Llama la atención que un alto porcentaje de perpetradores termina en suicidio, lo cual aumenta el dolor de las familias y de la sociedad. Esto es solo una muestra de lo que vive el país, sin contar la violencia doméstica y la inseguridad urbana.
Pensar en la paz implica pensar en la construcción de una nueva sociedad. Naciones Unidas nos invita a celebrar no solo el Día Internacional de la Paz, sino también la no violencia y el cese al fuego. La no violencia es una filosofía pacifista que invita a repensar la manera de solucionar los conflictos mediante acuerdos pacíficos. Vale la pena anotar que cesar el fuego es importante para salvar vidas, y esto nos confronta con la normativa del uso de las armas en este país.
Ahora bien, ¿cómo podemos nosotros, los cristianos, actuar ahora por la paz?
En primer lugar, debemos saber que ser cristianos implica ser pacifistas por excelencia, y en segundo lugar, debemos reconocer como punto de partida la oración intencional por la paz, que se convierte en acciones concretas.
Revisemos el texto bíblico para acercarnos a estos pensamientos.
Contexto Bíblico
Contexto Bíblico
La primera carta a Timoteo es muy pastoral, orientada al desarrollo de un liderazgo, y sugiere la presencia de falsos maestros: personas que estaban en Éfeso y generaban controversias en lugar de llevar la obra de Dios. Para el escritor de la carta era importante dejar claro que la obra de Dios se vive por la fe y se constituye en el amor que brota de un corazón limpio, una buena conciencia y una fe sincera (1 Timoteo 1:4-5). Pone en medio la ley y la califica como buena si se aplica bien, haciendo un importante énfasis en la gracia de Dios.
Finalizando el capítulo uno, el autor apela a la obediencia a la conciencia y la fe de Timoteo para asegurar que se centrará en la buena pelea. En este contexto, la carta dirige el orden de la adoración; es decir, nos introduce en la adoración como estilo de vida, práctica de fe y devoción, que no se limitará al culto, sino que se evidenciará en el diario vivir.
El texto que hoy leímos es un llamado a la oración. A primera vista, es una invitación a orar por los gobernantes que finaliza en el propósito de Dios; sin embargo, es importante mirar algunos aspectos del pasaje:
El tipo de oración: la carta hace un llamado a la oración. El escritor subraya plegarias, súplicas y acciones de gracias, lo cual nos abre el panorama y el sentido de la oración. El pueblo de Dios es un pueblo que ora, pero debe discernir el contexto para saber cómo orar. No podemos orar dando gracias cuando estamos sufriendo o viviendo en el dolor, ni vivir sin gratitud desconociendo lo que Dios hace en medio nuestro. Comprender esto es muy importante para poder continuar leyendo el texto.
El objeto de la oración: el escritor pone por objeto de oración a los reyes y a todas las autoridades. Al contextualizar este texto, la carta nos estaría diciendo:
«Recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, por los presidentes, los congresos, los gobernadores, los alcaldes, concejales y por todas las autoridades, lo que puede incluir policía, bomberos, maestros, etc.»
Es indudable que la carta invita a orar por los dirigentes. Sin embargo, Éfeso era un centro cultural, pluralista y multirreligioso. Esto da lugar a pensar en las cosas por las que se puede dar gracias y aquellas por las que hay que suplicar. Ser una ciudad próspera y garantizar el buen vivir para sus habitantes es motivo de acción de gracias; pero participar de una sociedad multicultural y multirreligiosa podía ser motivo de súplicas, pues esto dificultaba el crecimiento de la obra de Dios que es por fe.
El propósito de la oración: la oración por nuestros dirigentes es para que nosotros, el pueblo, la polis, tengamos paz y tranquilidad y llevemos una vida devota y digna.
Dios no nos llama a orar por orar, tampoco a aceptar ciegamente lo que nuestros dirigentes hacen u ordenan. Dios llama a su iglesia para que ore por los dirigentes para que haya paz y tranquilidad. Esto refuerza la idea de que los dirigentes están para gobernar con justicia. Proverbios 29:2 nos dice:
2 Cuando los justos prosperan, el pueblo se alegra; cuando los impíos gobiernan, el pueblo gime.
Es decir, la oración por los gobernantes es para que sean justos y puedan traer paz y tranquilidad, dos palabras que se asocian al bienestar y al buen vivir. Si no existe esa tranquilidad y paz en la sociedad, es muy difícil llevar una vida de devoción, y se ve afectada la dignidad humana.
Una sociedad en la que sus gobernantes gobiernan para el pueblo y no para sí mismos producirá paz, lo que implica reconocer la pluralidad, avanzar en el respeto y construir caminos de convivencia. Todo esto va más allá de legislar.
El escritor de la carta explica que una sociedad tranquila y en paz no solamente es buena y conviene al ser humano, sino que es la voluntad de Dios. Al mismo tiempo, advierte a Jesucristo como único mediador entre Dios y los hombres. Cristo es el referente de construcción de una nueva sociedad en paz y tranquilidad que dignifica al ser humano.
La verdad, desde este texto, es una expresión de convivencia y gobernanza. El buen gobierno mismo da testimonio del actuar de Dios.
Aplicación
Aplicación
Como iglesia estamos llamados a actuar por la paz. El punto central de nuestra actuación está en la oración consciente, que discierne entre lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, lo que conviene a la sociedad y lo que no.
Orar implica comprender cuándo elevar súplicas y cuándo hacer acciones de gracias. No podemos alegrarnos y dar gracias cuando los gobernantes no hacen lo justo, porque hay personas que sufren, sienten miedo y son perseguidas.
El llamado a la oración por los gobernantes es un llamado a la oración por toda la sociedad, y el principio de la oración radica en la dignidad humana, que se alcanza en su plenitud cuando se logra la paz.
Esta oración debe llevarse a la acción. No se trata solo de orar por los que gobiernan, sino de comprender que el gran gobernante es Dios y que, en ese sentido, tenemos la inmensa tarea de realizar acciones que lleven a la paz.
La iglesia es profeta en este tiempo. Los cristianos necesitamos alzar la voz y ser instrumentos de justicia. El libre comercio de las armas nos está llevando a sumirnos en dolor y miedo. Las múltiples violencias, sumadas a los problemas de salud mental en nuestra sociedad, están carcomiendo a las comunidades.
Al igual que Bonhoeffer, es preciso denunciar todo aquello que no represente los principios del Reino de Dios. Aun así, debemos recordar que la Biblia llama bienaventurados a los pacificadores. Orar de manera actuante por la paz implica construir caminos de reconciliación, ver oportunidades para dignificar al otro y comprender las brechas sociales que generan violencia.
Roguemos por la paz, actuemos por la justicia, y salgamos como instrumentos del Dios que dignifica, para que cada acción nuestra construya un mundo donde la esperanza y la vida florezcan.
