Tema: La ambición que agrada a Dios

La ambición que agrada a Dios  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Introducción: La Trampa de la Ambición Mundana

¿Qué imagen viene a tu mente cuando escuchas la palabra "ambición"? ¿Es siempre buena? ¿Siempre mala? ¿Dónde está el límite?
Cuando pensamos en la palabra ambición, ¿qué nos viene a la mente? Quizás un escalador de montaña en la cima, un atleta ganando la medalla de oro, o un estudiante graduado con honores. Pero, ¿y si esa ambición tiene un lado oscuro? Piensen en el político sin escrúpulos que promete lo que sea para obtener un voto, o el ejecutivo que pasa por encima de su familia para conseguir un ascenso.
Por ejemplo, Imagínate a una ejecutiva que tiene la oportunidad de un ascenso importante, pero para conseguirlo tiene que mudarse a otra ciudad, lejos de su familia. Ella decide aceptar el trabajo, priorizando su carrera sobre la estabilidad familiar y el bienestar de sus hijos.
¿Te suena familiar? ¿Conoces a alguien así? ¿O acaso te ves reflejado?
La ambición mundana a menudo está manchada por la agresión, el orgullo y el egoísmo.
Todos nosotros, sin importar nuestra edad o profesión, estamos orientados a metas. Queremos lograr, tener éxito, dejar una marca. Esta sala está llena de gente motivada. Pero, ¿hacia dónde nos lleva esa motivación? ¿Qué tipo de ambición es la nuestra?
Jeremías, el profeta, nos advirtió: “¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques.” (Jeremías 45:5).

5¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques; porque he aquí que yo traigo mal sobre toda carne, ha dicho Jehová; pero a ti te daré tu vida por botín en todos los lugares adonde fueres.

¿Significa esto que toda ambición es mala?
La ambición ciega puede destruirnos, pero la Biblia nos presenta un tipo de ambición diferente, una que es noble y santa. El apóstol Pablo, en 2 Corintios 5:9, nos revela la ambición de un verdadero cristiano. Una ambición que no nos destruye, sino que nos eleva. Una ambición que agrada a Dios.

Capítulo 1: Una Ambición Elevada — Agradar a Dios

Lectura del Texto: “Por tanto, procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables.” (2 Corintios 5:9)
La ambición de Pablo tiene su origen en el cielo. No está preocupado por el aplauso de la gente. Él lo dice claramente en 1 Corintios 4:3: “Para mí es de muy poca importancia que sea juzgado por ustedes, o por cualquier tribunal humano.” A Pablo no le importaba lo que pensaran los demás, ni siquiera lo que pensaba de sí mismo, porque él sabía que el corazón del hombre es engañoso.
¿Cuántos de nosotros vivimos para agradar a la gente? ¿Cuántas decisiones tomamos basados en la aprobación ajena y no en la voluntad de Dios?
Pablo nos enseña que el verdadero barómetro de nuestro éxito no está en la aprobación humana, sino en la sonrisa del Maestro, de nuestro Señor. Nuestra ambición debe ser una sola: serle agradables a Él.
Ilustración: Imaginen a un violinista que ha ensayado su pieza por meses. Cuando sube al escenario, no mira a la audiencia. Sus ojos están fijos en su maestro, el que le enseñó. La aprobación que busca no viene de las tribunas, sino de un simple asentimiento de su mentor. Él toca solo para la gloria de su maestro.
Así debemos ser nosotros. Nuestra vida entera debe ser una melodía tocada para agradar al Señor. ¿Estás tocando tu vida para el público… o para el Maestro?

Capítulo 2: Una Ambición Continua — En el Tiempo y en la Eternidad

Pablo no solo tenía una ambición elevada, sino también una ambición amplia. Él dice que esta meta de agradar a Dios no tiene límites: “o ausentes o presentes.” ¿Qué significa esto? Si leemos el contexto, él se refiere a la vida y la muerte. 2 Corintios 5:8 dice: “quisiéramos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Señor.”
¿Estamos tan enamorados de esta vida que nos olvidamos de prepararnos para la eternidad? ¿Vivimos con una visión horizontal o con una visión eterna?
Para muchos de nosotros, la vida en la tierra es tan atractiva, tan llena de promesas, que no nos parece tan emocionante ir al cielo. Pero Pablo nos dice: “Vivo en esta tierra para agradar a Dios, y cuando muera y vaya al cielo, mi meta seguirá siendo la misma: agradar a Dios.” No hay desconexión. Mi vida aquí no es un paréntesis. Es la preparación para la eternidad.
¿Vives tu vida como un “mientras tanto”? “Mientras tanto, estoy en la universidad, voy a tratar de ganar dinero, pero ya luego me enfocaré en las cosas de Dios.” “Mientras tanto, estoy construyendo mi carrera, ya después me dedicaré al servicio.”
El premio que buscamos en la eternidad es ser como Cristo (Filipenses 3:14):

14prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Entonces, ¿por qué no hacemos de eso nuestra meta aquí y ahora?
La ambición que agrada a Dios es una línea continua que va desde hoy hasta la eternidad. No es un interruptor que encendemos cuando envejecemos; es una llama que debe arder ahora.

Capítulo 3: Una Ambición Profunda — Motivada por el Tribunal de Cristo

Lectura del Texto: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo…” (2 Corintios 5:10):

10Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.

La motivación de Pablo no era el dinero, ni la popularidad, ni la comodidad. Su motivación era algo mucho más profundo: saber que un día se presentaría ante el Tribunal de Cristo. Este no es un lugar de castigo, porque Cristo ya pagó por nuestros pecados. Es un lugar de recompensa, de evaluación.
¿Te has detenido a pensar que TODO será evaluado? ¿Qué pasaría si hoy estuvieras frente a Cristo? ¿Con qué te presentarías?
La palabra que se traduce como “malo” es phaulos, que significa “sin valor”, “inútil”.
Ilustración: Imagina que construiste una casa con tus propias manos. Pusiste mucho esfuerzo. Pero un día, esa casa es evaluada. Lo que hiciste con madera, heno y hojarasca se consume en el fuego… Pero lo que construiste con oro, plata y piedras preciosas —cosas que hiciste para el reino, que glorificaron a Dios— se queda y se convierte en tu recompensa.
¿Estás construyendo con lo que realmente importa? O estás levantando castillos de arena que el juicio eterno derrumbará en segundos.

Capítulo 4: La Ambición más Noble de Todas — Entregar lo que Queda

(Aquí pasamos a la conclusión, enfocándonos en un llamado a la acción y un cambio de perspectiva basado en los puntos anteriores.)
Transición y Resumen: Hemos recorrido las tres dimensiones de la ambición que agrada a Dios: la ambición elevada que busca agradar al Señor; la ambición continua que se vive en el presente con una visión eterna; y la ambición profunda que se motiva al pensar en el tribunal de Cristo.

Subtítulo 1: La Desolación de las Manos Vacías

¿Se han imaginado alguna vez cómo será ese momento frente a Cristo? Cuando no haya máscaras, ni pretensiones, ni falsos logros. El texto lo describe como un momento de gran tristeza: en otras palabras “Cubriré mi rostro con manos vacías e inclinaré mi cabeza sin corona.” ¿Qué pasa si al llegar a la meta, descubrimos que lo que acumulamos fue “madera, heno y hojarasca” (1 Corintios 3:15)

15Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.

¿Qué pasa si dedicamos toda nuestra energía, talentos y tiempo a construir algo que no tiene valor eterno?

Subtítulo 2: El Llamado a una Entrega Total

La única manera de evitar esa desolación es con una decisión radical, un cambio de corazón. No se trata de trabajar menos, sino de trabajar diferente. Se trata de alinear nuestra ambición con la de Dios. El pasaje continúa con una oración de entrega que debe ser la nuestra: “Oh Señor, de los años que me quedan, Te los entrego en Tu mano. Tómame, quebrántame y muéveme para seguir el patrón que Tú has planeado.” Esto es lo que significa ser un verdadero discípulo: permitir que nuestra ambición sea moldeada por el alfarero, no por el mundo.
Para el estudiante, esto significa que tu ambición no es solo obtener un título, sino usar cada conocimiento y cada habilidad para la gloria de Dios. Para el profesional, significa que tu carrera no es solo una fuente de ingresos, sino una plataforma para servir y llevar el evangelio. Para el padre o la madre, es entender que la ambición no es solo criar hijos exitosos, sino criarlos para que amen y sirvan a Cristo.

Capítulo 5: El Llamado a la Decisión Final

(Aquí se hace un llamado directo a la audiencia, tanto a los creyentes como a los que aún no han entregado su vida a Cristo.)

Llamado a los Creyentes

Si ya eres un hijo de Dios, te desafío hoy a examinar tu corazón. ¿Es tu ambición la de agradar al Señor por encima de todo? ¿Estás viviendo con una perspectiva eterna? ¿O estás construyendo con “madera, heno y hojarasca”? Que el Tribunal de Cristo no sea una fuente de temor, sino la motivación más profunda para vivir una vida de propósito y valor eterno. Hoy, renueva tu compromiso. Entrega lo que queda de tus años a Su servicio.

Llamado a los No Creyentes

Quizás has escuchado estas palabras y sientes que tu vida ha sido un ciclo de ambiciones vacías. Has buscado el éxito, el dinero, el poder, pero en el fondo, sientes un gran vacío. La razón es que fuiste creado para algo más grande. Fuiste creado para tener una relación con tu Creador, y tu ambición más profunda es la de ser un hijo de Dios. El mismo Cristo, que se humilló en la cruz para rescatarnos de nuestra ambición egoísta, te está extendiendo su mano hoy. Te invita a dejar atrás las manos vacías y a recibir una nueva vida en Él. Una vida llena de propósito y una ambición que tiene valor para siempre.

Oración de Conclusión

“Señor, gracias por tu Palabra que nos muestra el camino. Te pido que hoy cambies nuestra ambición. Ayúdanos a vivir para ti, a agradarte en todo lo que hacemos. Si hay alguien aquí que aún no te conoce, hoy abrimos nuestro corazón y te aceptamos como nuestro Salvador y Señor. Cambia nuestra vida, llena nuestro vacío y ayúdanos a vivir con una ambición que te glorifique. En el nombre de Jesús, Amén.”
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