Tu casa está en el cielo (Tema 8)

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Serie: Obra en Construcción
Tema (Sábado)
idea: Un Hogar en el Cielo que Lleva tu Nombre

TEXTO BASE

Juan 14:1–3 RVR60
No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

INTRODUCCIÓN

Amigos, ¿alguna vez han soñado con tener la casa de sus sueños? Quizás una casa con jardín, con ventanas amplias, con un cuarto especial para cada hijo pero los problemas económicos, las deudas, o las limitaciones de la vida no lo han permitido.
La casa sin hogar (Poema)
Autor Desconocido
Alzaron muros de oro y piedra, tejieron techos de resplandor, mas dentro el alma seguía en guerra, faltaba el fuego del puro amor.
Salones grandes, ventanas claras, jardines llenos de resplandor, pero en la mesa las sillas raras, nadie compartía pan ni calor.
¿De qué me sirve la casa hermosa, si Cristo mismo no vive en mí? Mejor choza humilde y luminosa, si el Salvador hace hogar allí.
Hermano, hermana, joven que me escuchas: ¡Jesús te promete que en el cielo hay una casa preparada para ti! Una morada no hecha por manos humanas, ni hipotecada por un banco, sino diseñada personalmente por Cristo para que la disfrutes por la eternidad.

IDEA EXEGETICA DEL SERMON

Juan 14:1–3 RVR60
No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
Jesús, en la última cena, les dice a sus discípulos:
“Μὴ ταρασσέσθω ὑμῶν ἡ καρδία” – “No se turbe vuestro corazón”. La palabra griega tarasso significa “agitarse como las olas de un mar en tormenta”.
Jesús les habla de fe: “Creed en Dios, creed también en mí”. Aquí se revela como igual al Padre, digno de la misma confianza.
“ἐν τῇ οἰκίᾳ τοῦ Πατρός μου μοναὶ πολλαί εἰσιν” – “En la casa de mi Padre muchas moradas hay”. La palabra monai significa morada permanente, no un cuarto pasajero como un hotel.
Luego afirma: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros”. ¡Cristo mismo está diseñando nuestra casa eterna!
Finalmente: “Vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. La meta no es solo la casa: es estar con Jesús.

DESARROLLO TEMÁTICO

I. La promesa de un hogar eterno
Jesús garantiza que nadie quedará sin casa en el cielo.
En el mundo antiguo, una casa era símbolo de seguridad, identidad y pertenencia.
En Cristo, tú no eres huérfano espiritual: tienes un lugar reservado en la eternidad.
Hoy hay personas que no tienen dónde dormir, que viven arrimadas o en alquiler. Pero Cristo dice: “Yo tengo un lugar eterno para ti”. ¡Eso sí que es esperanza!
II. Un lugar preparado personalmente por Cristo
Jesús no delegó esta misión en ángeles. Él mismo dice: “Voy a preparar lugar para vosotros”.
En el contexto de la boda judía, el novio construía un cuarto anexo en la casa de su padre para su esposa. Así Jesús, el novio celestial, prepara la morada para su iglesia.
Eso significa que tu vida tiene valor: no eres un número más, tu nombre está escrito en el plano de la casa celestial.
Cristo no prepara “casas modelo” todas iguales, ¡prepara un hogar personalizado para ti! Y el boleto de entrada no se paga con dinero, sino con la sangre de Jesús en la cruz.
III. La seguridad de la presencia de Jesús
La casa no sería suficiente sin la compañía de Cristo. Él dice: “Para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.
En el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel sabía que la verdadera bendición no era Canaán, sino la presencia de Dios en medio del campamento.
Más importante que la mansión celestial, es que allí nunca más tendrás soledad: Jesús será tu compañero eterno.
En un mundo lleno de corazones rotos, de familias destruidas, de soledad profunda, el evangelio ofrece una relación eterna con el Salvador que nunca abandona.
IV. La puerta sigue abierta, pero no para siempre
Cristo es la puerta de entrada a esa casa
Juan 10:9 RVR60
Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.
En la parábola de las diez vírgenes (Mateo 25), hubo una puerta que se cerró, y muchos quedaron afuera.
Hoy la puerta de la gracia sigue abierta, pero vendrá el día en que se cerrará.
¡No te quedes afuera! Cristo te llama hoy a entrar por la puerta de la fe, a aceptar su salvación y a tener asegurada tu casa en el cielo.

CONCLUSIÓN

Jesús nos promete:
Una morada eterna en la casa del Padre.
Un lugar preparado personalmente por sus manos.
La compañía eterna de Cristo.
Una puerta abierta hoy, pero que un día se cerrará.
Hermanos, ¡no estamos destinados a ser inquilinos en este mundo quebrado! Tenemos un hogar celestial donde no hay llanto, ni dolor, ni muerte.

LLAMADO

Amigo, amiga, joven, hermano:
¿Quieres aceptar la llave de tu casa en el cielo hoy?
¿Quieres entrar por la puerta de Cristo y no quedarte afuera cuando se cierre la gracia?
¿Quieres vivir eternamente en la presencia del Salvador?
Hoy Jesús te dice: “Voy a preparar lugar para ti”. Ese lugar tiene tu nombre escrito, pero solo falta que tú lo aceptes.
Levántate en fe, entrégale tu vida a Cristo ahora. No postergues la decisión, porque mañana puede ser tarde.
Y cuando llegue ese día glorioso, nos mudaremos juntos, no a cualquier casa, sino al hogar que Cristo diseñó con amor eterno.
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