El corazón de un padre piadoso

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1 Tesalonicenses 2:9–12 "9 Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios. 10 Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes; 11 así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, 12 y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria."
Hermanos, todos sabemos que la figura de un padre deja huella. Quizás algunos de ustedes crecieron con un padre presente: alguien que, aunque no fuera perfecto, estaba ahí.
Te levantaba con una mirada, te daba ánimo con un “tú puedes”,
te daba seguridad con un abrazo fuerte.
Y aunque no dijera muchas palabras, su sola presencia lo cambiaba todo.
Cuando un padre está ahí, el hijo camina con más confianza, se atreve a soñar más alto, se siente seguro.
Pero también sabemos lo que pasa cuando esa presencia falta.
Un padre ausente deja un vacío profundo.
Puede estar ausente porque físicamente se fue… o porque, aunque estaba en casa, nunca estuvo realmente. Nunca escuchó, nunca abrazó, nunca animó. Y ese vacío pesa en el corazón de los hijos, que terminan buscando en otros lados la afirmación que nunca recibieron en casa.
Hermanos Un padre presente marca la vida de un hijo para bien.
Un padre ausente también marca… pero con heridas, con inseguridades, con preguntas sin respuesta.
“Todos aquí sabemos, por experiencia propia o por lo que hemos visto, que el papel de un padre es decisivo. Su presencia —o su ausencia— deja huellas profundas en la vida de los hijos.
La semana pasada recordamos que Pablo, al hablar de su ministerio, usó la imagen de una madre tierna: aquella que cuida, se desvela y entrega todo por amor. Vimos que esa ternura es parte esencial del corazón de un líder espiritual.
Hoy, en el mismo pasaje, Pablo completa la imagen. Ya no habla como madre, sino como padre. Porque si la madre representa cuidado y ternura, el padre añade dirección, firmeza y encargo. Con estas dos figuras, juntas, Pablo nos muestra el retrato completo del corazón de un líder fiel.
“Así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.” (1 Tes. 2:11–12, RVR1960)
Pablo está diciendo:
“No fui un apóstol distante,
ni un maestro frío.
Fui como un padre con sus hijos.
Estuve presente.
Caminé con ustedes.
Los animé, los consolé, los encaminé hacia la gloria de Dios.”
Y esto es hermoso, porque esos creyentes eran como niños espirituales, apenas dejando atrás su vida de idolatría, rodeados de persecución, dudas y tentaciones.

¿Qué necesitaban más que nada?

La presencia firme y amorosa de un padre espiritual.
Hermanos, la iglesia de hoy también lo necesita.
Necesita padres espirituales presentes.
No líderes distantes, no creyentes indiferentes, sino hombres y mujeres que reflejen el corazón de Dios:
Ejemplos santos,
voces que animan,
brazos que consuelan,
y manos que guían hacia Cristo.
Y en este pasaje veremos cuatro marcas del corazón de un padre piadoso

El padre enseña más con su vida que con sus palabras

1 Tesalonicenses 2:10 "10 Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes;"
Pablo comienza recordando algo que no se puede discutir: su vida estaba a la vista de todos. No fue un hombre que se llenara de títulos para ganar respeto; al contrario, dice con toda claridad: “Vosotros sois testigos, y Dios también.”
Es decir:
Los creyentes de Tesalónica, que lo vieron en lo cotidiano, podían confirmarlo.
Y Dios mismo, que examina lo más profundo del corazón, podía dar testimonio.
En otras palabras, Pablo está diciendo: “Si quieren saber quién soy, no miren mi currículum, miren mi vida.”
Ese es el verdadero punto de partida del liderazgo espiritual: el ejemplo.
Los hijos —ya sean biológicos o espirituales— pueden escuchar miles de palabras, pero lo que realmente los forma es lo que ven día tras día.
Un padre puede dar grandes discursos, pero sus hijos van a imitar la manera en que trata a su esposa, la manera en que responde a la ira, la manera en que ora cuando nadie lo ve.
Un líder puede predicar sermones elocuentes, pero lo que más marca a la iglesia es cómo vive cuando baja del púlpito.
Un sermón puede olvidarse, pero una vida coherente deja huellas que no se borran.
Como dijo alguien: El ejemplo de un padre es el libro de texto que leen sus hijos.”
Y Pablo lo confirma en 1 Tesalonicenses 2:10 "10 Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes;"
Miremos con calma esas tres palabras que Pablo usa, porque son un tesoro para entender lo que significa ser un padre y un líder espiritual fiel:

🔹 Santo

Ser santo no es vivir aislado en un pedestal religioso.
Es vivir apartado para Dios, con la conciencia de que cada decisión, cada palabra y cada acto se hacen delante de Él.
“Ser santo es que tu relación con Dios se note en cada espacio de tu vida: en la iglesia, en el hogar, en el trabajo, y también en esos momentos donde solo Dios te ve.”
📖 Hebreos 12:14 nos recuerda: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”
El texto dicem Sin santidad, nadie verá a Dios. Ese es el sello de un padre piadoso, del lider espiritual : que sus hijos y la iglesia puedan notar que su vida está marcada por la devoción a Cristo.

🔹 Justo

La santidad hacia Dios se refleja en justicia hacia los demás.
No basta con decir: SI!! “Amo a Dios” pero en la práctica, soy duro, tramposo o injusto con mi esposa, con mis hijos o con mis hermanos en la fe. y tu responde lo que pasa es QUE SOY FIRME!
Pero no la verdad es que no eres justo, Cuando respondo con sarcasmo, Cuando guardo la lista de ofensas ,
Cuando me niego a perdonar,
Cuando etiqueto a la gente por su peor momento o trato a unos con preferencia y a otros con frialdad. Eso no es “ser firme”: eso es ser injusto.
La justicia es vivir con integridad: que mi relación con Dios transforme la manera en que trato a las personas.
La Justicia no es mi estado de ánimo; es obediencia a Dios en la forma en que trato a las personas.
La justicia no es un tono severo, sino un corazón recto que trata a los demás como Dios me trató a mí.
Y cuando me cuesta, recuerdo el evangelio: “Perdonaos… como Dios también os perdonó en Cristo.” (📖 Ef 4:32). La medida de mi justicia con otros es la misericordia que recibí de Dios.
📖 Miqueas 6:8 lo resume de manera hermosa: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno; y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.”
La justicia, unida a la misericordia y a la humildad, son marcas que dejan huella imborrable en nuestros hijos y en toda la iglesia.
Por ultimo
1 Tesalonicenses 2:10 "10 Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes;"

🔹 Irreprensible

Ser irreprensible no significa ser perfecto. Nadie lo es. Lo que significa es consistencia.
Es vivir de tal manera que no haya una acusación válida que diga: “Tu vida desmiente tu fe.”
Ser irreprensible es que mis palabras y mis hechos caminen de la mano.
Que lo que digo en público tenga el mismo peso que lo que vivo en privado.
Que no haya dobleces, ni contradicciones, ni “dos versiones de mí”: uno en la iglesia y otro en la casa.
📖 Filipenses 2:15 lo explica con fuerza: “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.”
Es decir: en un mundo torcido y oscuro, un padre y un líder espiritual brillan cuando viven su vidas con coherencia. El brillo no es elocuencia, ni carisma, ni títulos: es una vida sin doble cara.
Dejame decirles algo La falta de irreprensibilidad ha sido la tumba de muchos ministerios, familias e iglesias.
Porque un solo pecado oculto, una sola incoherencia, puede derribar años de enseñanza.
Un padre puede instruir a sus hijos en la fe, pero si su vida no lo respalda, sus palabras se vuelven huecas.
Un pastor puede predicar con pasión, pero si su conducta lo contradice, la gente deja de escuchar y el evangelio queda herido.
👉 Pablo entendía que estas tres virtudes —santidad, justicia e irreprensibilidad— eran la plataforma de todo lo demás. Si fallamos aquí, todo lo que enseñemos con palabras se derrumba.
Recuerdo
Hace unos años, un gran amigo mío —que ahora es misionero— me compartió un recuerdo de su infancia. Él me dijo: “Pastor, recuerdo muchos sermones de mi niñez, pero no todos quedaron grabados en mi memoria. Lo que sí nunca olvidé fue ver a mi padre vivir lo que predicaba.”
Hoy, como misionero, él confiesa que cuando quiso apartarse en la adolescencia, lo que lo sostuvo no fueron tanto las clases de escuela dominical, ni siquiera los sermones de la iglesia… lo que lo sostuvo fueron las huellas de su papá. Las huellas de un hombre que vivía con coherencia: santo, justo e irreprensible.
Y él me dijo algo que nunca olvidaré: “Lo que me sostuvo en las pruebas de mi ministerio no fue tanto lo que aprendí en un libro, sino el ejemplo de mi padre.”
Ese es el poder del ejemplo. Ese es el sermón que nunca termina.

Aplicación

Por eso este primer rasgo de un padre piadoso no es opcional. Si queremos ser líderes espirituales, si queremos ser padres que forman discípulos, debemos comenzar aquí: con un ejemplo santo, justo e irreprensible.
Pregúntate:
¿Qué imagen están guardando tus hijos de ti?
¿Qué recuerdos espirituales tendrán de ti los más jóvenes de la iglesia?
¿Podrías hoy, como Pablo, decir: “Vosotros sois testigos, y Dios también”?
“No subestimes el poder de un ejemplo. Una vida piadosa predica un sermón que nunca termina.”
El primer razgo es que El padre enseña más con su vida que con sus palabras

Punto 2: El padre que está cerca gana el corazón de sus hijos

📖 “Así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos…” (1 Tesalonicenses 2:11a, RVR1960)
Pablo cambia ahora la imagen. La semana pasada vimos la ternura de una madre; pero aquí él habla “como un padre con sus hijos” (v. 11).
La diferencia es clara:
La madre refleja cuidado y ternura.
El padre representa cercanía, dirección y formación.
Y fíjate en la frase clave: “como el padre a sus hijos.” Pablo no se presenta como un maestro distante ni como un jefe que da órdenes desde arriba. Dice: “Me acerqué a ustedes como un padre que trata con cada hijo.”
Un padre verdadero no se limita a proveer pan o techo. Su presencia es lo que da seguridad. Su ejemplo es lo que forma carácter. Sus palabras, dichas con amor, se convierten en dirección de vida.
Pablo actuó así en Tesalónica. No los trató como a un grupo anónimo.
Caminó con ellos,
los conoció por nombre, compartió su vida.
Mostró que eran amados, no un número.
Hermanos, esto nos toca a todos:
Padres: La pregunta no es si están en la misma casa que sus hijos, sino si están en su corazón. No basta con llegar tarde y dejar dinero en la mesa. Los hijos necesitan verlos cerca, escucharlos, caminar a su lado.
Un padre ausente deja heridas profundas; un padre presente, aunque imperfecto, deja huellas de fe.
Líderes espirituales: ¿Somos accesibles para la iglesia? ¿O parecemos jefes intocables?
Un líder distante genera desconfianza. Un líder cercano gana corazones, porque la gente siente: “Aquí puedo abrir mi vida, y me van a escuchar con amor.”
Iglesia, Discipular no es dar discursos. Es caminar con alguien.
No se trata de tratar a las personas como “uno más”, sino como hijos amados en la fe.
Un padre ausente deja heridas profundas. Un padre cercano, aunque sea imperfecto, deja huellas de fe. Un líder distante genera desconfianza, pero un líder cercano gana corazones.
📖 “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente… no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.” (1 Pedro 5:2–3) 👉 Liderar es cuidar, no imponer.
📖 “Antes fuimos tiernos entre vosotros… teniendo así gran afecto por vosotros, quisimos entregaros no solo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.” (1 Tesalonicenses 2:7–8) 👉 Pablo no solo enseñó, entregó su vida. La cercanía fue su método de discipulado.
La enseñanza es clara: el padre que está cerca gana el corazón de sus hijos, el líder que se acerca gana la confianza de la iglesia.
Más que grandes discursos, necesitamos presencia.
Más que palabras bonitas, necesitamos caminar al lado de aquellos que Dios nos confió.
“La distancia enfría los corazones; la cercanía los enciende con fe.”

Punto 3: El padre usa sus palabras para animar y consolar

1 Tesalonicenses 2:11 "11 así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros,"
En la cultura grecorromana del primer siglo, el padre era visto principalmente como una figura de autoridad: firme, incluso severa. Se esperaba de él disciplina y corrección. La ternura no era el rasgo más asociado a la paternidad.
Pero Pablo sorprende. Dice que, como un padre con sus hijos, él exhortaba y consolaba a los creyentes de Tesalónica. Aquí vemos el corazón de un padre piadoso: firme en la verdad, pero cercano en el amor.

Dos palabras claves menciona pablo

Exhortar : significa literalmente “llamar al lado”. No es gritar desde arriba ni señalar desde lejos, sino ponerse junto a alguien para animarlo a seguir en la dirección correcta. Es decir: “Camino contigo. No estás solo.”
Consola: es aliviar el dolor, traer ánimo en medio de la debilidad, como llevar un remedio.
Hermanos, Pablo no solo corregía: también levantaba.
No solo enseñaba doctrina: también acompañaba en la vida diaria. Como un padre que, después de disciplinar, abraza a su hijo y le dice: “Hijo, sé que puedes levantarte otra vez. No estás solo.”
1 Tesalonicenses 2:11 "11 así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros,"
Ahora Es interesante el orden de estas 2 palabras juntas,exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros,"
Ambas son inseparables. Sus palabras tienen doble misión: dar dirección y dar fuerzas.
La exhortación marca el rumbo.
El consuelo sostiene en el camino.
Pero ojo Separadas, se desequilibran:
Una exhortación sin consuelo puede sonar dura y muchas veces lleva a desanimar.
Un consuelo sin exhortación puede volverse permisivo.
Pablo une las dos, mostrando el equilibrio perfecto de un padre que ama: corrige, pero al mismo tiempo consuela.
Aplicacion
Un padre piadoso —y todo líder espiritual— entiende que sus palabras pueden aplastar o levantar.
Una palabra dura e imprudente cierra el corazón.
Una palabra sabia y oportuna abre camino a la restauración.
Como dijo Warren Wiersbe: “El ánimo cristiano no es una anestesia que adormece, sino un estímulo que despierta.”
Por eso, necesitamos líderes y padres que hablen con verdad y ternura: que exhorten sin herir y que consuelen sin adormecer.
👉 Cuando un padre anima y consuela, refleja la voz de nuestro Padre celestial.

📍 Punto 4: Un padre guía a vivir dignamente de Dios

📖 “…y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.” (1 Tesalonicenses 2:12, RVR1960)
Aquí Pablo llega al punto más alto. Como un padre con sus hijos, no solo exhorta ni consuela: encarga.
Y ese encargo no es cualquier cosa: andar como es digno de Dios.
“Andar” en la Biblia significa estilo de vida, no un acto aislado.
Pablo les recuerda que su manera de vivir debía estar a la altura de lo que ya eran en Cristo.
Vivir “como es digno de Dios” no es hacer méritos para que Él nos acepte, sino mostrar con nuestra vida que ya somos sus hijos, llamados a su reino y a su gloria.
Efesios 4:1 lo confirma: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados.”
Pablo sabe que los hijos espirituales necesitan más que buenos deseos.
Necesitan alguien que los levante, les mire a los ojos y les diga:
“Tú puedes caminar en santidad, porque perteneces al reino de Dios y estás destinado a su gloria.”
Hermanos El padre piadoso no se conforma con ver a su hijo caído en el suelo. No basta con darle un abrazo. Lo levanta y lo impulsa a seguir adelante.
Así es Dios con nosotros, no levanta,y nos impulsa.
Un famoso comentariasta Stott dijo “El gran objetivo del ministerio pastoral no es simplemente consolar al pueblo de Dios, sino conducirlo a una vida digna de su vocación celestial.”
Ese es el sello de un padre piadoso: formar hijos que no solo reciban consuelo, sino que anden dignamente del Señor.

Aplicación

Queridos hermanos, este es el clímax del pasaje:
Padres: tu mayor éxito no será el título universitario de tus hijos, ni la casa que logren comprar, ni su estabilidad económica. Tu verdadero triunfo será verlos caminar con Dios.
Líderes espirituales: tu ministerio no se mide por programas o números, sino por vidas transformadas que reflejan la gloria del Señor.
Iglesia: todos hemos sido llamados. El estándar no es vivir “más o menos bien”. El estándar es vivir como hijos de un Dios santo, trasladados del reino de las tinieblas a la luz admirable de Cristo.
👉“El padre piadoso no solo consuela a sus hijos en el suelo: los levanta para que caminen hacia la gloria.”

(Paréntesis: Aplicación a los padres en la dedicación de sus hijos)

Queridos padres que hoy presentan a sus hijos, este pasaje tiene un peso especial para ustedes. Pablo dice que un padre exhorta, consuela y encarga a sus hijos a andar como es digno de Dios. Eso es exactamente lo que Dios les llama a hacer en sus hogares:
No solo proveer pan, sino dar ejemplo santo.
No solo consolar con un abrazo, sino guiar con la Palabra.
No solo cuidar en lo físico, sino apuntar al llamado eterno de Dios.
Sus hijos serán testigos de sus vidas. Ellos los verán cada día, y también Dios los ve.
Por eso, esta dedicación no es solo un acto simbólico. Es un compromiso real: criar a sus hijos en disciplina y amonestación del Señor (Efesios 6:4). Y el fruto más grande que un padre puede ver es lo que dijo el apóstol Juan: 📖 “No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad.” (3 Juan 4).
Padres, ese es el anhelo de Dios para ustedes, y hoy como iglesia los rodeamos en oración para que puedan cumplir este llamado.

Conclusión

Hemos visto el retrato de un padre piadoso según Pablo:
Vive como ejemplo santo.
Cuida de manera cercana.
Anima y consuela con palabras de vida.
Y guía a sus hijos a andar dignamente de Dios.
Querida iglesia, este llamado no es solo para los padres biológicos. También es para los líderes espirituales, para los maestros, para cada creyente que influencia a otros.
La verdadera paternidad espiritual no se trata de títulos ni posiciones, sino de vidas que inspiran, abrazan, levantan y guían hacia Cristo.
📖 Filipenses 2:15 nos recuerda que debemos ser hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.”
Hermanos, que al final de nuestra vida podamos mirar atrás y decir con gozo: “Mis hijos, mis discípulos, mi iglesia… caminan en la verdad.”
Ese es el corazón de un padre fiel. Ese es el modelo de Pablo. Ese es el reflejo de nuestro Padre celestial.

🌿 Programa – Momento de Dedicación de Bebés

📖 Enseñanza de la Dedicación (3 minutos)

*"Querida iglesia, ahora entramos a un momento muy especial: la dedicación de nuestros niños. Quiero explicar brevemente qué significa esto, para que todos, especialmente los padres, tengan claridad.
Primero, lo que NO es la dedicación:
No es bautismo. La Biblia enseña que el bautismo es un acto de fe personal, cuando alguien ya cree en Jesús.
Tampoco garantiza la salvación. La salvación es un regalo que cada persona recibe cuando pone su fe en Cristo.
No sustituye la fe futura de sus hijos. Ellos un día tendrán que decidir por sí mismos seguir al Señor.
Entonces, ¿qué SÍ es la dedicación? Es un acto de fe y gratitud, donde los padres reconocen que sus hijos son un regalo de Dios. El Salmo 127:3 dice: “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.”
Al dedicar a sus hijos, ustedes están diciendo: ‘Señor, Tú nos has confiado esta vida, y prometemos criarla en Tus caminos.’
También es un compromiso. Deuteronomio 6:6-7 nos recuerda: “Y estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.”
En otras palabras, la fe no se enseña solo en la iglesia, sino en la casa, en el día a día, en cada conversación y en cada ejemplo.
Queridos padres: hoy no solo presentan a sus hijos al Señor; hoy el Señor les recuerda que sus hijos son Su herencia, y ustedes son Sus mayordomos. La iglesia les acompaña, pero ustedes son los primeros pastores en el hogar.”*

✋ Compromiso de los Padres

Pastor: “Ahora quiero hacerles unas preguntas a ustedes, los padres. Si están de acuerdo, respondan juntos: ‘Sí, lo haremos.’”
¿Se comprometen a criar a sus hijos en el temor y en el amor de Dios? 👉 Padres: “Sí, lo haremos.”
¿Se comprometen a enseñarles las Escrituras y modelar la fe en su hogar? 👉 Padres: “Sí, lo haremos.”
¿Se comprometen a guiarlos a Cristo como su único Salvador? 👉 Padres: “Sí, lo haremos.”

🙏 Oración de Dedicación (general)

*"Padre Celestial, hoy nos reunimos delante de Ti con gratitud. Reconocemos que estos niños no son solo un regalo, sino una herencia tuya. Gracias por confiar en estos padres la preciosa tarea de criarlos en Tus caminos.
Señor, te pedimos que pongas en el corazón de cada papá y mamá la sabiduría, la paciencia y el amor que necesitan cada día. Que sus hogares sean lugares donde se respire fe, esperanza y consuelo.
Bendice a estos pequeños: guárdalos en su salud, protégelos en su caminar y, en el tiempo correcto, llévalos a conocer a Cristo como su Salvador personal.
Como iglesia, también nos comprometemos a acompañarles, a orar por ellos y a ser un apoyo en su crianza.
Todo lo ponemos en Tus manos, en el nombre de Jesús. Amén."*

🙌 Oración Breve por Cada Niño (cuando sube cada familia)

"Señor, hoy presentamos a [nombre del niño/niña] delante de Ti. Te pedimos que lo guardes todos los días de su vida, que lo bendigas con salud, amor y propósito. Que desde pequeño pueda sentir Tu amor y, en su tiempo, conocerte como su Salvador. Bendice también a sus padres, dales sabiduría y fe para guiarlo en Tus caminos. En el nombre de Jesús, Amén."
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