Entendiendo las voces que nos rodean

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El verdadero discípulo de Cristo se caracteriza por reconocer y seguir la voz del Buen Pastor, guiándose por la Escritura, resistiendo el engaño, rechazando las seducciones del mundo, participando en la misión de la Iglesia y usando su propia voz para glorificar a Cristo y edificar a los demás.

Notes
Transcript

Introducción

Vivimos en un mundo lleno de voces. Voces que nos llaman desde la cultura, desde los medios de comunicación, desde nuestras amistades, y aun desde nuestro propio corazón. Y si algo enseña la Biblia, es que no todas esas voces son iguales. Algunas llevan a la vida, otras conducen a la muerte. Algunas son claras y verdaderas, otras son engañosas y destructivas.
El desafío del creyente no es simplemente aprender a escuchar, sino a discernir. Discernir cuál es la voz de Dios, cuál es la voz del engañador, cuál es la voz seductora del mundo, cuál es la voz que la Iglesia debe proclamar, y cuál es nuestra propia voz como creyentes.
Jesús nos dio una imagen preciosa en Juan 10:27.
El cristiano se distingue porque reconoce la voz de su Pastor. No es cualquier voz la que lo guía, sino una voz específica, inconfundible, inmutable.
Por eso hoy vamos a reflexionar en cinco voces:
La voz de Dios.
La voz de Satanás.
La voz del mundo.
La voz de la Iglesia.
La voz del creyente.
Y lo que quiero mostrarte es que, al final, todo se resume en esto: ¿qué voz está gobernando tu vida?

Punto I: La voz de Dios

Si vamos a hablar de voces, tenemos que comenzar con la primera y más importante: la voz de Dios. El autor de Hebreos lo expresa con solemnidad en Hebreos 1:1–2 La primera cosa que debemos afirmar es esta: Dios habla. El Dios verdadero no es mudo. No es como los ídolos que tienen boca y no hablan, ojos y no ven. El Dios vivo es un Dios que se comunica. El verbo griego usado aquí, laleō (la-le-ó), significa hablar con claridad, articular un mensaje. Eso quiere decir que la revelación de Dios no es ambigua, no es una sensación vaga, no es una mera intuición: es comunicación clara.
El texto nos dice que habló “muchas veces y de muchas maneras”. A lo largo del Antiguo Testamento vemos a Dios hablando en sueños, en visiones, en señales, en la zarza ardiente, en la voz de trueno en el Sinaí, en la suave brisa que oyó Elías. Cada manifestación fue real, pero parcial. Cada palabra fue poderosa, pero fragmentaria. Era como si Dios estuviera preparando el escenario para una revelación plena.
En Éxodo 20:1–2 vemos que ese momento fue tan sobrecogedor que el pueblo temblaba y pidió a Moisés que hablara en lugar de Dios, porque no podían resistir la voz divina. Cuando Dios habla, su voz no es opcional, es verdad absoluta, es autoridad suprema.
Pero Hebreos añade algo más: “En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo.” Aquí está la culminación. La voz suprema de Dios se hizo carne. como lo dice Juan 1:14. La palabra “Verbo” traduce el griego Logos (ló-gos), que significa la Palabra suprema, la razón última, el mensaje final. Cristo es la voz definitiva de Dios.
Por eso, cuando Jesús hablaba, la gente percibía algo único, así lo describe Mateo 7: 29.
Cristo no interpretaba las Escrituras como un maestro más, Cristo hablaba como la misma Palabra de Dios encarnada.
Hoy no tenemos a Jesús físicamente entre nosotros, pero tenemos su voz preservada en la Escritura, asi lo afirma 2 Timoteo 3:16–17.
La expresión “inspirada por Dios” traduce el griego theopneustos(the-óp-neus-tos), que significa literalmente “soplada por Dios”. Cada palabra de la Biblia es aliento divino. Por eso, cuando abrimos la Escritura, no estamos leyendo meras palabras de hombres, sino escuchando la voz misma de Dios.

La eficacia de la voz de Dios

La voz de Dios no es como la nuestra. Nosotros hablamos y a veces no logramos nada. Prometemos y no cumplimos. Pero cuando Dios habla, SE CUMPLE. Su voz es eficaz, creadora, transformadora.
Génesis 1:3 lo dice con toda sencillez y poder, bastó su voz para que surgiera el universo. El Salmo 29:4 lo confirma.
La voz de Dios es irresistible. Cuando Él habla, la creación obedece.
Lo mismo vemos en el ministerio de Cristo. Juan 11:43–44 relata la resurrección de Lázaro.
Ningún ser humano podía traer a Lázaro de vuelta. Estaba muerto, en descomposición. Pero la voz de Cristo venció a la muerte. Y hermanos, un día esa misma voz nos llamó a nosotros, muertos en delitos y pecados, y nos dio vida espiritual.
Isaías 40:8 nos recuerda la permanencia de su voz.
Y Jesús mismo lo dijo en Mateo 24:35.

Aplicaciones de la voz de Dios

Entonces, hay tres realidades que no podemos olvidar al hablar de la voz de Dios.
Primero, obediencia: no basta con escuchar lo que el Señor dice, hay que obedecer. Santiago 1:22 nos recuerda que la fe verdadera se demuestra en la acción.
Segundo, discernimiento: debemos probar toda voz a la luz de la Escritura, porque no toda voz que suena es la voz de Dios. Así lo enseña 1 Juan 4:1, llamándonos a examinar y no dejarnos engañar.
Tercero, deleite: la voz de Dios no se limita a dar mandatos; también es fuente de gozo. Como afirma el Salmo 19:10, sus palabras son más dulces que la miel y más deseables que el oro.
Ilustración
Imaginemos un marinero en medio de una tormenta. El viento sopla, las olas golpean, los truenos ensordecen. En medio del caos, aparece a lo lejos la luz de un faro. Esa luz no se mueve, no se apaga, permanece firme, guiando al puerto seguro.
Así es la voz de Dios en medio de las demás voces: estable, clara, confiable.
Cierre del punto
Recordemos, lo que el Señor dijo en Juan 10:27.
El verdadero creyente se distingue no solo porque escucha, sino porque sigue. La voz de Dios debe ser nuestra brújula, nuestro faro, nuestra guía en medio de todas las demás voces.

Punto II: La voz de Satanás

Introducción
Si ya hemos considerado la voz de Dios —una voz santa, clara y eficaz—, ahora debemos enfrentar la voz contraria: la voz de Satanás. La Biblia no presenta al diablo como un símbolo abstracto del mal ni como un mito cultural, sino como un ser real, personal, astuto y mentiroso. Y desde el principio, Satanás ha usado su voz para oponerse a la Palabra de Dios.
Jesús mismo lo describió en Juan 8:44 con una claridad que no deja espacio para dudas.
Notemos tres cosas:
Satanás es homicida: su voz siempre conduce a la destrucción. (La misma palabra usada aquí aparece también en 1 Juan 3:15, donde se advierte que aborrecer a un hermano es equivalente a homicidio. Esto revela la estrecha conexión entre el odio, el homicidio y la pertenencia al diablo.)
No permanece en la verdad: su voz es inconstante, engañosa.
Es padre de mentira: su voz engendra engaño, es la raíz de toda falsedad.
Jesús llama al diablo “homicida desde el principio” porque desde el engaño en Edén introdujo la muerte en la humanidad, llevando a Adán y Eva a desobedecer y perder la vida que Dios les había dado. Sin embargo, el énfasis del versículo no está en el homicidio como acto visible, sino en la mentira como esencia de su carácter. Se repite que:
no ha permanecido en la verdad,
no hay verdad en él,
que habla de lo suyo cuando miente,
que es mentiroso
que es padre de la mentira.
De este modo, Jesús muestra que la raíz del homicidio y de todo pecado está en la falsedad, pues la mentira es la herramienta con la que el diablo destruye y aleja al hombre de Dios.
La voz de Satanás siempre contradice la voz de Dios. Donde Dios dice “vida”, él dice “muerte”. Donde Dios dice “verdad”, él dice “mentira”. Donde Dios dice “obediencia”, él dice “rebeldía”.

La primera voz engañosa en el Edén

La primera vez que Satanás habló en la historia humana fue en el Edén. Génesis 3:1 .
El texto señala que la serpiente era astuta. La palabra hebrea es ʿārûm (a-rúm), que significa “sutil, calculador”. Su voz no comenzó con una negación directa, sino con una pregunta que sembraba duda: “¿Conque Dios os ha dicho?”.
Noten cómo actúa Satanás: no comienza con una mentira abierta, sino con una distorsión sutil de la verdad. En lógica a eso se le llama la falacia del hombre de paja. ¿Qué significa eso? Significa tomar lo que alguien dijo, cambiarlo un poco, y luego atacar esa versión torcida, en lugar de lo que realmente se dijo. Eso mismo hizo el diablo en el huerto: tergiversó el mandato de Dios, implantó la duda en el corazón de Eva y, una vez que esa duda estaba sembrada, atacó esa distorsión como si fuera la verdad. En el versículo 4 vemos cómo pasa de la insinuación a la contradicción abierta contra la Palabra de Dios. Por eso debemos estar atentos: muchas veces el engaño no comienza con una mentira descarada, sino con un pequeño giro que parece inofensivo, pero que siembra desconfianza en lo que Dios ha dicho (Genesis 3:4).
Lo que Dios había dicho con claridad en Génesis 2:17, Satanás lo niega rotundamente: “no moriréis”. Esa es la esencia de su voz: contradicción a la voz de Dios.

La voz de Satanás en la tentación de Cristo

Ahora, no solo habló en el Edén. También intentó engañar al mismo Hijo de Dios. Mateo 4:1–3. Aquí Satanás aparece con un título: el tentador. El griego usa la palabra peirazō (pei-rá-zo), que significa “probar con malas intenciones, tentar para hacer caer”.
Después de cuarenta días de ayuno, el Señor Jesús tenía hambre real. Satanás apeló a esa necesidad legítima, pero su intención era desviar a Cristo de la obediencia al Padre. La voz de Satanás siempre busca que usemos lo bueno con un fin torcido, que busquemos satisfacer necesidades legítimas de forma ilegítima.
En los siguientes versículos (Mateo 4:5–6) Satanás incluso cita la Escritura, pero la cita fuera de contexto.
Aquí vemos otra característica de su voz: distorsiona la Palabra de Dios. Satanás no teme usar la Biblia, pero la tuerce. Su voz toma un versículo, lo saca de su contexto y lo convierte en una trampa.

La voz acusadora de Satanás

Además de tentar y engañar, Satanás también acusa. Así lo dice Apocalipsis 12:10.
Satanás es llamado “el acusador de nuestros hermanos”. Su voz no solo susurra tentaciones, también grita acusaciones. Quiere convencernos de que somos indignos, de que no hay perdón, de que nuestro pecado es demasiado grande. Su objetivo es robarnos la seguridad en Cristo y hundirnos en la desesperación.

El carácter opositor de su voz

El nombre Satanás viene del hebreo śāṭān (sa-tán), que significa “adversario, acusador”. Y en 1 Pedro 5:8 se nos advierte sobre ello.
Aquí Pedro usa el término adversario, en griego antídikos(an-tí-di-kos), que significa “opositor legal, fiscal en un juicio”. Es decir, Satanás habla como un abogado acusador, siempre buscando nuestra condena.

Cómo resistir la voz de Satanás

La Biblia nos enseña que no podemos enfrentar esa voz con nuestra fuerza, sino con la Palabra de Dios. En cada tentación del desierto, Jesús respondió con un “Escrito está”. No apeló a su poder divino, sino que se sometió a la Escritura como modelo para nosotros.
Cuando Satanás dijo: “Convierte las piedras en pan”, Jesús respondió en Mateo 4:4.
Cuando Satanás distorsionó el Salmo 91, Jesús contestó en Mateo 4:7.
Y cuando Satanás le ofreció todos los reinos del mundo, Jesús respondió en Mateo 4:10.
Así es como se resiste su voz: sometiéndose a la voz de Dios en la Escritura.
Santiago 4:7 lo resume
Ilustración única
Pensemos en un estafador experto en el mercado. Habla con seguridad, ofrece grandes beneficios, promete riquezas rápidas. Su voz es convincente, atractiva, pero todo lo que dice es falso. Detrás de sus palabras está la ruina de quien le crea.
Así es la voz de Satanás. Puede sonar atractiva, puede sonar razonable, incluso puede sonar “espiritual”, pero siempre es mentira y siempre busca destruir.
Aplicaciones prácticas
De allí surgen aplicaciones prácticas que no podemos pasar por alto:
Debemos recordar que no hay verdad en él. Cada vez que sus palabras contradicen la Palabra de Dios, necesitamos reconocer que es el padre de mentira y no concederle lugar.
Nuestra defensa nunca será nuestra lógica ni nuestras emociones, sino la Escritura fielmente aplicada. La manera de responder a sus engaños es con la Palabra de Dios.
Y frente a sus acusaciones, debemos descansar en la obra de Cristo. Cuando recordamos lo que dice Romanos 8:1 —que ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús—, sus ataques pierden poder sobre nosotros.

Cierre del punto

Hermanos, la voz de Satanás se escucha desde el Edén hasta hoy. Es una voz antigua, persistente, astuta. Pero el creyente no está indefenso. Tenemos la voz de Dios en la Escritura, tenemos al Espíritu Santo en nosotros, y tenemos a Cristo que venció al tentador.
Por lo tanto, no vivamos temiendo su voz, sino aprendiendo a discernirla y resistirla. ¿Porque? (1 Juan 4:4).

Punto III: La voz del mundo

Introducción al punto
Pero después de escuchar la voz de Dios y la voz de Satanás, tenemos que considerar otra voz que también resuena con fuerza: la voz del mundo.
Cuando la Biblia habla del “mundo” en este sentido, no se refiere a la creación material —porque “el Señor vio que era bueno”—, dice en la creacion en el libro de Genesis, sino al sistema de valores, pensamientos y costumbres que se opone a Dios. Es la cultura caída, gobernada por principios que contradicen al evangelio.
La voz del mundo no es nueva. Siempre ha buscado moldear el corazón humano según sus patrones. Pero hoy, más que nunca, vivimos en una sociedad saturada de mensajes, donde la voz del mundo se infiltra en nuestras mentes a través de medios, redes sociales, ideologías y presiones culturales.

La voz del mundo.

El apóstol Juan lo dice con claridad en 1 Juan 2:15–16.
Aquí Juan nos da tres categorías que resumen la voz del mundo:
– la voz que apela a nuestras pasiones desordenadas, a la búsqueda del placer sin control ni santidad.Los deseos de la carne
– la voz que nos incita a la codicia, al materialismo, a querer siempre más de lo que tenemos.Los deseos de los ojos
– la voz que alimenta el orgullo, la autosuficiencia, la necesidad de reconocimiento. La vanagloria de la vida
Estas tres voces suenan con fuerza hoy. El mundo dice: “sigue tu corazón”, “busca tu placer”, “consume más”, “sé famoso”, “vive para ti mismo”. Pero todas estas frases, aunque populares, son ecos de un sistema que se opone a Dios.

La hostilidad del mundo hacia Cristo

Jesús mismo lo advirtió en Juan 15:18–19.
La voz del mundo no es neutral. El mundo no dice: “cada uno con lo suyo”. El mundo se levanta contra Cristo y contra los que son de Cristo. Lo que el mundo aprueba, Dios condena. Y lo que Dios aprueba, el mundo desprecia. Por eso Jesús dijo que habría odio, persecución, rechazo. La voz del mundo siempre grita en contra de la voz de Cristo.

La voz del mundo en sus filosofías

Colosenses 2:8 nos advierte.
El verbo engañar en griego συλαγωγέω sylagōgeō (sy-la-go-gʹe-o) significa literalmente “cautivar, llevar preso como botín de guerra”. Eso es lo que hace la voz del mundo: cautiva la mente con discursos sofisticados, con ideologías atractivas, con filosofías huecas. Promete sabiduría, pero no según Cristo.
Hoy lo vemos en múltiples formas:
relativismo (“no hay verdad absoluta”),
secularismo (“Dios no es necesario”),
hedonismo (“el placer es el fin supremo”),
materialismo (“lo único real y valioso es lo que se puede poseer, comprar o disfrutar de manera tangible”).
Todas estas voces son parte del coro del mundo que busca moldear al creyente a su imagen.

La voz del mundo promete, pero no cumple

El mundo ofrece mucho, pero siempre defrauda. Sus promesas parecen dulces al principio, pero amargas al final.
Romanos 12:2 nos da la clave para no caer en su trampa.
La palabra conforméis en  griego συσχηματίζω syschēmatizō(sis-je-ma-ti-zo) significa “amoldarse externamente, adoptar una forma como quien usa un disfraz”. Eso es lo que el mundo quiere: que usemos su máscara, que hablemos con su voz, que pensemos como él.
Pero Pablo dice: “no os conforméis”. En lugar de eso, debemos ser transformados por la renovación de nuestra mente.

La voz del mundo es pasajera

El apóstol Pablo recuerda en 1 Corintios 7:31.
La palabra “apariencia” viene del griego σχῆμα schēma (sjé-ma), que significa “forma externa, apariencia temporal”. Lo que el mundo ofrece es como un escenario de teatro: luces, decorados, sonidos… pero todo se desmonta cuando cae el telón.
El mundo promete permanencia, pero todo lo suyo es temporal. Lo que hoy es popular, mañana será olvidado. Lo que hoy parece seguro, mañana se derrumba. Solo la voz de Dios permanece para siempre.
Ilustración única
Imaginemos a alguien entrando a un carnaval lleno de luces, disfraces y música. Todo parece alegre, todo parece fascinante. Pero cuando termina la fiesta, las luces se apagan, los trajes se guardan, el ruido se desvanece, y lo que queda es silencio y vacío.
Así es la voz del mundo: ruidosa, llamativa, atractiva por un momento, pero pasajera y hueca cuando se enfrenta a la eternidad.
Aplicaciones prácticas
Entonces debemos ser:
Vigilantes. El mundo nos habla constantemente. Debemos filtrar lo que entra a nuestra mente y corazón. No podemos consumir todo lo que el mundo ofrece sin discernimiento.
Resistentes. No conformarnos a su molde, no aceptar sus máscaras. Debemos vivir con una mente renovada por la Palabra.
Tener una visión eterna. Recordar siempre que lo del mundo se pasa. lo afirma: 1 Juan 2:17.

Cierre del punto

La voz del mundo es fuerte, insistente y seductora. Pero al final, es pasajera. El creyente debe reconocerla, discernirla y decidir seguir otra voz: la del Buen Pastor.
El salmista lo expresó con claridad en Salmo 73:25.
El mundo ofrece mucho, pero no tiene nada eterno. Solo Dios satisface.

Punto IV: La voz de la Iglesia

Introducción al punto
Ya hemos escuchado tres voces: la voz de Dios, la voz de Satanás y la voz del mundo. Pero ahora llegamos a una voz que es absolutamente crucial: la voz de la Iglesia.
La Iglesia no es un invento humano, no es simplemente una institución religiosa ni un club de personas con intereses comunes. La Iglesia es el pueblo redimido por la sangre de Cristo, el cuerpo de Cristo en la tierra, llamado a ser la voz visible y audible del evangelio en el mundo.
Y esto plantea una pregunta: ¿cómo debe sonar la voz de la Iglesia?

La Iglesia como columna y baluarte de la verdad

El apóstol Pablo lo expresa en 1 Timoteo 3:15.
Aquí tenemos dos imágenes poderosas:
Columna – en griego stylos (stí-los), que se usaba para referirse a las columnas que sostenían los templos o edificios públicos. Eran símbolos de firmeza y permanencia. Pablo dice que la Iglesia sostiene la verdad, la mantiene visible, la exhibe ante el mundo.
Baluarte – en griego (je-dra-i-ó-ma), que significa “base sólida, fundamento estable”. La Iglesia no es la fuente de la verdad, pero sí su soporte en el mundo.
Esto significa que la voz de la Iglesia debe ser clara y firme, porque tiene la responsabilidad de sostener y proclamar la verdad revelada en la Palabra de Dios.

La voz de la Iglesia en la misión dada por Cristo

Jesús mismo le dio a la Iglesia una misión que define su voz. Mateo 28:19–20.
Aquí la voz de la Iglesia tiene tres funciones inseparables:
– “id y haced discípulos”. Proclamar el evangelio.
– “bautizándolos”. Administrar los sacramentos o mandatos de Dios.
– “enseñándoles que guarden todas las cosas”. Enseñar toda la Palabra.
Cuando la Iglesia habla de acuerdo con este mandato, habla con la autoridad de Cristo mismo.

La voz de la Iglesia en la historia bíblica

Veamos algunos ejemplos de cómo la Iglesia habló con poder en el libro de Hechos.
En Hechos 2, el día de Pentecostés, Pedro se levantó con los once y proclamó el evangelio. Hechos 2:37–38.
La voz de la Iglesia produjo convicción de pecado y llevó a tres mil personas al arrepentimiento y la fe.
En Hechos 15, la Iglesia enfrentó un debate crucial: ¿deben los gentiles circuncidarse para ser salvos? La respuesta de la Iglesia fue guiada por el Espíritu Santo. Hechos 15:28.
La voz de la Iglesia, bajo la dirección del Espíritu, trajo claridad y unidad en un momento de crisis.

La voz de la Iglesia frente a los peligros

Ahora, debemos decirlo con franqueza: no toda voz que se presenta como “iglesia” habla de parte de Cristo. A lo largo de la historia, muchas comunidades han levantado su voz, pero en vez de ser columna de la verdad se convirtieron en eco del mundo o en instrumentos de confusión.
Jesús mismo advirtió a las iglesias en Apocalipsis. A la iglesia de Laodicea le dijo en Apocalipsis 3:16.
Una iglesia tibia, una iglesia que adapta su voz para no incomodar al mundo, una iglesia que guarda silencio en medio del pecado, es una iglesia que pierde su lugar en la misión de Dios.

Cómo debe sonar la voz de la Iglesia hoy

Efesios 4:11–12 nos recuerda que Cristo mismo constituyó ministerios para un propósito claro.
La voz de la Iglesia, entonces, debe ser una voz que edifica, que perfecciona, que equipa a los creyentes. No es una voz para entretener, ni para complacer al mundo, ni para buscar popularidad. Su tarea es edificar en la verdad.
Ilustración única
Volvamos al ejemplo del faro. El faro no compite con las luces de la ciudad, ni se adapta a los gustos del turismo. Su única tarea es emitir una luz clara y firme para que los barcos no se pierdan ni se estrellen.
Así debe ser la voz de la Iglesia: clara, fiel, inmutable. Su tarea no es agradar al mundo, sino guiarlo a Cristo.
Aplicaciones prácticas
Fidelidad doctrinal. La Iglesia debe hablar siempre conforme a la Escritura. Si deja de predicar la Palabra, deja de ser voz de Dios.
Unidad en la verdad La Iglesia habla con fuerza cuando lo hace unida alrededor del evangelio, no cuando se divide por intereses humanos.
Valentía profética La voz de la Iglesia debe ser amorosa, pero también valiente, denunciando el pecado y proclamando la verdad aunque sea impopular.

Cierre del punto

Hermanos, la voz de la Iglesia no es una opción más entre tantas. Es un mandato divino: ser columna y baluarte de la verdad. Cuando la Iglesia habla fielmente, el mundo escucha la voz de Cristo a través de su pueblo. Pero cuando la Iglesia calla o distorsiona el mensaje, deja de ser luz y pierde su propósito.
¡Que Iglesia del Señor sea conocida no por su silencio, ni por su adaptación al mundo, sino por ser una voz clara y firme que proclama a Cristo crucificado y resucitado!!

Punto V: La voz del creyente

Introducción al punto
Hemos escuchado la voz de Dios, la voz de Satanás, la voz del mundo y la voz de la Iglesia. Ahora nos toca considerar una última voz, más cercana, más personal, la voz que todos los días usamos y escuchamos: la voz del creyente.
¿Por qué es importante hablar de nuestra propia voz? Porque la Escritura enseña que de la abundancia del corazón habla la boca. Lo que decimos revela lo que somos. Nuestra voz no es neutral: puede ser instrumento de edificación o de destrucción, puede reflejar la verdad de Cristo o puede contradecirla.

La voz del creyente revela el corazón

Jesús lo dijo con fuerza en Mateo 12:34:
La palabra griega para “abundancia” es περίσσευμα perisseuma(pe-rís-seu-ma), que significa “lo que rebalsa, lo que sobra”. Es decir, lo que hablamos es el desborde de lo que llevamos dentro. No podemos ocultar por mucho tiempo lo que hay en nuestro corazón: tarde o temprano nuestra voz lo revela.
Si nuestro corazón está lleno de Cristo, nuestra voz será voz de gracia, de verdad, de testimonio. Pero si nuestro corazón está lleno de egoísmo y pecado, nuestra voz reflejará eso.

La voz del creyente debe edificar

Efesios 4:29 nos da una instrucción clara.
El mandato es absoluto: ninguna palabra corrompida. La palabra griega usada aquí es σαπρός sapros (sa-prós), que significa “podrido, corrupto, inútil”. El creyente no puede darse el lujo de hablar palabras podridas, dañinas, hirientes. Nuestra voz debe ser instrumento de gracia, de edificación, de ánimo.

La voz del creyente como testimonio

Romanos 10:9 nos recuerda que la voz del creyente tiene una dimensión confesional.
No basta creer en silencio: la fe verdadera se confiesa con la boca. La voz del creyente es testimonio público de lo que Cristo ha hecho en su vida.
Por eso la voz del creyente no debe ser una voz tímida, sino una voz que proclama con valentía: ¡Jesús es el Señor.!

El poder de la lengua

Santiago dedica todo un capítulo al poder de la lengua. Santiago 3:5–6 lo dice así.
La lengua es pequeña, pero poderosa. Puede encender un bosque entero. Así es nuestra voz: puede destruir familias, amistades, iglesias. Por eso debe estar bajo el control del Espíritu Santo.

La voz del creyente en la defensa de la fe

1 Pedro 3:15 añade otra responsabilidad.
La voz del creyente debe ser una voz apologética: lista para defender la fe, lista para dar razón de la esperanza, lista para explicar por qué creemos en Cristo. Pero debe hacerlo con mansedumbre y reverencia, no con arrogancia.
Ilustración
Imaginemos un manantial de agua pura en medio del desierto. Un viajero sediento llega y bebe, y encuentra vida. Pero si ese manantial está contaminado, el agua se vuelve mortal.
Así es la voz del creyente: puede ser manantial de gracia que da vida, o río contaminado que destruye. Todo depende de lo que hay en nuestro corazón.
Aplicaciones prácticas
La voz del creyente debe ser:
Una voz que bendice. El creyente debe aprender a usar su voz más para bendecir que para maldecir.
Una voz que proclama. No debemos callar el evangelio. Nuestra voz debe ser instrumento de testimonio.
Una voz coherente Santiago 3:9. Lo que decimos debe reflejar lo que creemos. No podemos cantar alabanzas el domingo y maldecir en la semana. Nuestra voz debe ser coherente con nuestra fe.

Cierre del punto

Dios nos dio voz para Su gloria. Hemos escuchado la voz de Dios, resistido la voz de Satanás, discernido la voz del mundo, nos hemos unido a la voz de la Iglesia. Ahora nuestra responsabilidad es que nuestra voz personal sea eco de la voz de Cristo.
El salmista lo expresó en Salmo 19:14.
Que la voz del creyente no sea de queja, murmuración o pecado, sino una voz que glorifique al Señor y edifique a los demás.

Conclusión General del Sermón

Hoy hemos escuchado cinco voces:
La voz de Dios – suprema, santa, eficaz.
La voz de Satanás – mentirosa, acusadora, destructiva.
La voz del mundo – seductora, pasajera, hostil.
La voz de la Iglesia – columna y baluarte de la verdad.
La voz del creyente – personal, que debe bendecir y testificar.

El desafío del discernimiento

Hermanos, vivimos en un mundo saturado de voces. Algunas son ruidosas, otras son sutiles. Pero Jesús nos dio la clave: Juan 10:27.
El verdadero creyente no se guía por la voz del mundo ni por la voz de Satanás, sino por la voz del Buen Pastor.

Aplicación pastoral

Cuando Satanás te acuse, escucha la voz de Cristo que dice: “Consumado es”.
Cuando el mundo te seduzca, recuerda que sus deseos pasan, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Cuando la Iglesia hable, únete a su voz fiel en la predicación del evangelio.
Y cuando abras tu boca, que tu voz personal sea eco de Cristo.

Llamado final

¿qué voz estás siguiendo hoy? ¿Qué voz gobierna tu vida?
Que esta sea nuestra oración: “Señor, que mi voz sea eco de la tuya. Que mis palabras, mi testimonio y mi vida entera apunten a Cristo, el Buen Pastor, cuya voz es la única que da vida.”

Oración

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