El mensaje del rey
El Sermón del monte • Sermon • Submitted • Presented
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El mundo ha sido testigo de discursos que cambiaron la historia. Lo hicieron por su contenido, por el momento histórico en que fueron pronunciados y, sobre todo, por el efecto que tuvieron en generaciones enteras.
Consideremos el discurso de Gettysburg, pronunciado por Abraham Lincoln el 19 de noviembre de 1863. Sus palabras sobre la unión, el sacrificio en la guerra y la libertad civil reconfiguraron el sentido de la democracia y la igualdad en los Estados Unidos, sentando las bases de la solidez que vemos en ese país hoy en día.
"I Have a Dream" de Martin Luther King Jr., del 28 de agosto de 1963. Un clamor por la igualdad, la libertad y la justicia inspiró movimientos por los derechos civiles y transformó la conciencia de generaciones.
¿Y cómo no mencionar el pronunciado por Winston Churchil el 4 de junio de 1940 "Pelearemos en las playas"? Fue un llamado enéérgico a la resiliencia frente a la invasión nazi fortaleció el espíritu británico y unió al mundo contra el totalitarismo.
Se puede ver una marca en cada uno de estos discursos y es que fueron pronunciados en momentos cruciales de la historia, por hombres influyentes en su época y además, tuvieron un impacto en quienes escucharon que incluso perdura hasta nuestros días
Sin embargo, ninguno de ellos —por muy sublime, poderoso, elocuente o cargado de retórica que fuera, y sin importar la firmeza con la que se pronunció— puede equipararse al pronunciado por Jesucristo en una montaña a alos alrededores de Capernaúm en la región de Galilea.
Este es el discurso más asombroso jamás pronunciado sobre la faz de la Tierra. ¿La razón? El mensajero era el Hijo de Dios, su mensaje estaba cargado de una autoridad inigualable y el impacto que tendría, no se puede medir a razón de lo perdurable en el tiempo porque sus implicaciones son eternas.
Hoy nos embarcamos en un recorrido corto, en comparación con otros que ya hemos emprendido en libros enteros de la biblia, por lo que conocemos como El Sermón del Monte. Las palabras del Rey sobre cómo deben vivir los que pretenden pertenecer a su Reino.
En los domingos siguientes estaremos expuestos al despliegue de sabiduría, instrucción, confrontación y aliento de estas poderosas palabras que salieron de la boca de nuestro Señor Jesucristo.
Por hoy, nos ocuparemos de los primeros dos versículos del capítulo 5 y consideraremos algunos aspectos generales de este sermón: la ocasión, el mensajero y también un panorama de su mensaje, el cual esperamos ir desarrollando conforme avanzamos en la serie.
Espero, al terminar este sermón, que el Señor nos haga salir persuadido de la siguiente idea:
Jesús es Rey y los que quieran vivir en su Reino deben oír y obedecer sus palabras.
Los versículos de hoy los abordaremos a la luz de los siguientes encabezados:
La ocasión
El mensajero
El mensaje
La ocasión
La ocasión
Hay varias cosas que necesitamos dejar en firme y que podemos ser tentados a pasar por alto cuando hablamos de este discurso. Podemos estar tan apresurados por irnos a los detalles de cada instrucción que nos olvidamos que todo esto tuvo un escenario geográfico y un momento en la historia que es más que la ambientación, de hecho son elementos cargados de un profundo teológico.
Nada dejado al azar
Nada dejado al azar
Por un lado tenemos la impecable meticulosidad de Mateo. El arreglo cronológico en el que se recoge cada palabra nos da fe de que él además de narrar estaba haciendo teología para su audiencia.
Una cosa que podemos notar es el tremendo paralelo que hay entre los arreglos de los acontecimientos de los capítulos 1-5 con la historia del pueblo de Dios desde el Antiguo Testamento.
Desde el principio Mateo está tratando de conectar la mente de su audiencia con eventos que solo podían ser reconocidos por alguien que conocía la historia del pueblo de Dios.
Un niño que nace y es perseguido por un rey que lo quiere asesinar porque lo considera una amenaza.
Mismo que ha es llevado a Egipto para esperar el momento en que el Señor lo llame para volver a su tierra (2:13-15) y se cumpliese la palabra “De Egipto llamé a mi hijo”, mismo que ha pasado por las aguas del bautismo (3:13-14) y que ha pasado por la prueba del desierto (capítulo 4) para encontrarse ahora a punto de subir a un monte para dar instrucciones sobre lo que Dios espera de su pueblo.
En todo momento Mateo quiere conectar a su audiencia con la idea de que este es un Rey que ha de traer una nueva ley para inaugurar un nuevo reino y habitar allí con su pueblo.
Con ese trasfondo en mente espero que estemos predispuestos a no perdernos ningún detalle y no porque tengamos que buscar significados y alegorías debajo de las piedras, sino porque se está confirmando con esos detalles que la Biblia no son historias desconectadas sino que cada libro se entrelaza con otro para formar un tejido perfecto en el que se ve glorioso el rostro del Señor Jesucristo.
Aspectos geográficos y audiencia
Aspectos geográficos y audiencia
No se tienen evidencias arqueológicas de cuál de los montos que bordean el mar de Galilea es el que corresponde con este al que subió Jesúús; lo cierto es que esta yendo allí no porque quiera huir de las personas sino porque quiere mostrarles de que se trata realmente el reino de modo que fueran a Él los que realmente deseaban escucharlo.
Según el comentario de David Burt, una monja española de nombre Egeria escribió en sus memorias de viaje a Tierra Santa (381-384 d.C.). Lo notable, señala Burt, es que la comunidad cristiana local le mostró solo tres lugares asociados al Señor en Galilea, indicando que se trataba de tradiciones muy seguras y no de inventos. Basada en ese testimonio fiable, Egeria escribió en sus memorias: “Cerca de allí [de Capernaum], en un monte, se encuentra la cueva a la que el Señor subió y desde la cual pronunció las Bienaventuranzas”
Lo cual podría coincidir con la colina sobre Tabgha también conocida como el Monte Eremos.
El texto nos dice que Jesus se sienta. Y esto no es más que una forma de ejercer autor. Este es si pudiera decirse: El “Sinaí” del nuevo pacto. El nuevo monte donde el Rey hablaría la ley a su pueblo.
La audiencia
La audiencia
Otra cosa llamativa es la doble audiencia que acompañaba a Jesús. Por un lado estaban sus discípulos y por otro una gran multitud que se acercaba para oír.
En efecto, esta ley ya no sería solo para los que estaban cerca, como en el caso de la ley del Sinaí, sino que sería también para los que estaban lejos y para todo el que se acercara a oírla
¡Qué contraste tan glorioso con la escena del Éxodo! Allá, en el Sinaí, el monte humeaba, sonaban trompetas y el pueblo temblaba de miedo, sin poder acercarse para no morir. Aquí, el mismo Dios, hecho carne, invita a una multitud bulliciosa a que se acerque a Él. El Dios temible se ha hecho un Dios cercano, no para disminuir su santidad, sino para revelarnos su gracia y acercarnos a él por medio de ella.
Mis hermanos, esto pone frente a nosotros la realidad de que las cosas que Jesús va a hablar aquí, por más que quedamos verlas como triviales, tienen el peso de ser la voz misma del Dios que habla desde el monte a un pueblo llamado a obedecer.
Y esto nos lleva más de cerca a conocer al que habla, al mensajero.
El mensajero
El mensajero
El texto dice que Jesús se sentó.
Este no es un detalle menor. En la cultura judía las cosas no se veían como en nuestra cultura. Entre ellos, el Rabino o el docto de la ley se sentaba mientras enseñaba, como una señal de autoridad, significaba que las cosas que saldrían de su boca debían ser consideradas como mandatorias. El término en latín para eso es “Ex-cathedra”, desde la silla o desde el asiento, como alguien que tiene autoridad, que es digno de ser oído.
Los judíos solían tener una cátedra en las sinagogas, la catedra de Moisés, donde se sentaba el escriba y el docto de la ley, el escriba o el Fariseo (mateo 23:2-4); pero Jesús se está sentando en un monte alto para proclamar con una autoridad mucho mayor que la de ellos, Él tiene una posición mucho más elevada para hablar a su pueblo. Él tiene autoridad. Ha probado que es el Mesías: ha nacido conforme a la profecía, ha sido afirmado en el bautismo con una voz del cielo, ha sido llevado al desierto para ser tentado y ha vencido, ha sanado a ciegos, cojos y mudos; ahora, frente a ellos se ha cumplido toda profecía, ahora Él se sienta porque esa es su autoridad, la autoridad del Mesías, del Salvador de Su pueblo.
Toda esta autoridad de Jesús se ve reflejada a lo largo de todo el mensaje: “oyeron lo que se les dijo, pero yo les digo”.
Jesús no vino para citar una autoridad, él mismo se está presentando como la autoridad.
Así que no hay razón para trivializar las palabras que aquí se enseñan.
Las enseñanzas del sermón del monte no son un discurso decorativo con buena estructura; son las Palabra del Rey que demandan ser obedecidas.
Después de eso se dice que el Señor, abriendo la boca les enseñaba. Y esta no es una redundancia del lenguaje; lo que muestra es que el Señor está ahora promulgando. Pero ¿por qué está hablando con esta autoridad? Porque Él está dando las leyes para su Reino. En el sermón del monte Jesús está promulgando las leyes de su propio reino.
El Señor vino no para establecer una nueva forma de ley sino para elevar la que estaba y mostrarnos que sólo en Él podremos cumplirla.
La justicia que deben exhibir los hijos del Reino es superior a cualquier moralidad o justicia propia, una justicia perfecta que no podemos producir, que está fuera, que está en Él.
El mensaje
El mensaje
Habiendo establecido el majestuoso escenario y la autoridad inigualable del Mensajero, debemos ahora asomarnos al mensaje que Él proclama. Y lo que encontramos no es una colección de dichos al azar, sino una obra maestra de coherencia, un edificio teológico perfectamente estructurado que podemos llamar: la constitución del Reino de los Cielos.
Jesús, el nuevo Moisés, despliega el diseño completo de la vida en su Reino. Y de manera asombrosa, este diseño sigue un patrón que nos recuerda a la misma estructura de la Ley dada a Moisés, el Pentateuco.
1. El Pueblo del Reino (Como un nuevo Génesis): Noten que el sermón no empieza con una lista de "qué hacer", sino con una descripción de "quiénes son" los ciudadanos del Reino. En las Bienaventuranzas (5:3-16), Jesús define a su pueblo. Como en Génesis se nos presenta el origen de un pueblo llamado por Dios, aquí se nos presenta el carácter del nuevo pueblo de Dios. ¿Quiénes son los que pertenecen a este Reino? No los poderosos, no los autosuficientes, sino los pobres en espíritu, los que lloran, los mansos, los que tienen hambre y sed de justicia. Primero se define al pueblo. Es interesante que antes de dar los 10 mandamientos el Señor dice al pueblo en el monte en Exodo 20: “Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.” y esto no es más que el recordatorio de que antes de comenzar a obedecer una lista de reglas, necesitamos saber quiénes somos, cuál es nuestra identidad y quién es el Dios al que servimos.
2. La Justicia del Reino (Como un nuevo Éxodo y Levítico): Luego, desde 5:17 hasta 7:12, Jesús expone la ley de su Reino. Si Éxodo y Levítico dieron a Israel las leyes para ser un pueblo santo, Jesús aquí nos da la ética del Reino. Pero es una ley superior. Es aquí donde escuchamos esa frase que lo cambia todo: "Oísteis que fue dicho... pero yo os digo". Jesús no anula la ley antigua, la lleva a su cumplimiento, a su intención original. Demanda una justicia que va más allá del acto externo y penetra hasta el corazón. Ya no se trata solo de no matar, sino de no airarse. No solo de no adulterar, sino de no codiciar. Es una justicia del Reino que, como leemos en 5:20, debe superar la de los escribas y fariseos, porque es una justicia interna, del corazón, una justicia perfecta. Toda esta ley contiene el cómo relacionarnos con los mandamientos de Dios, con las posesiones materiales y cómo practicar correctamente las disciplinas espirituales en el Reino.
3. La Decisión ante el Reino (Como un nuevo Deuteronomio): Finalmente, al igual que Moisés en Deuteronomio pone al pueblo frente a una decisión de vida o muerte, Jesús concluye su sermón (7:13-27) con una serie de advertencias y elecciones ineludibles. Nos presenta las dos puertas, los dos caminos, los dos árboles y sus frutos, y los dos cimientos. El mensaje no es solo para ser admirado, es para ser obedecido. Es un llamado a la acción, a una decisión radical. No basta con decir "Señor, Señor", hay que ser un oidor y, sobre todo, un hacedor de la palabra.
¿Pueden ver la estructura del Sermón? Es realmente preciosa:
Estos son los que componen el reino → esto es lo que están llamados a hacer → ¿Obedecerán?
Este es, el glorioso mensaje que el Rey proclamó desde el monte: un llamado a formar parte de su pueblo, a vivir bajo su justicia perfecta y a tomar la decisión de seguirlo solo a Él.
El sermón del monte no son buenos consejos o palabras opcionales para una vida moral, son los mandatos del Rey para los llamados a su reino.
La pregunta para ti amigo sigue siendo la misma ¿Escucharás y obedecerás el llamado del Rey o seguirás viviendo de acuerdo a tu propia ley? Debes saber que si oyes su voz y vienes a Él tendrás vida eterna, pero si rehúsas, habrá una horrenda expectación de juicio.
