Introducción 1 samuel

1a de Samuel  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Narrativa

Estamos frente a un nuevo libro que tiene pensado abordar la época de transición entre los jueces y la monarquía. Si venimos directo de Jueces, traemos fresco el mensaje que dice “en aquella época no había rey en Israel y cada uno hacía lo que bien le parecía”. Asi que la expectativa de algún cambio circustancial es grande.
El capitulo de hoy aborda una historia familiar. Un hombre de nombre Elcana, este hombre probablemente era de una situación economica bastante buena puesta que el texto nos detalla que tenia 2 esposas. El nombre de sus esposas son Penina y Ana, el texto asi mismo nos dice que la primera podía tener hijos mientras que la segunda no. El trabajo de intertextualidad nos llevaría hacía la historia de Sara. En Genesis 16:2 Sara reconoce que el motivo de su esterilidad es el Señor. Sin embargo, ella misma decide como se va a solucionar el asunto. La solución de Sara como sabremos mas adelante lo único que logró fue traer mas problemas. Por otra parte, también tenemos la historia de Raquel, esta también tiene problema de esterilidad pero para ella el problema es Jacob, por eso lo forza a darle hijos. De ella tampoco se dice que haya buscado a Dios. Finalmente, en la historia de la mamá de Sansón, nos damos cuenta que ella sabía perfectamente que era estéril pero lo había tomado con mucha naturalidad. Estas 3 mujeres nos permiten sorprendernos con la forma en la que Ana reacciona.
La historia de esta familia consiste en ir a adorar al “Señor Sabaot” (esta es la primera vez que aparece este termino en el AT) y nos dice que dentro del santuario hay 2 personas ofreciendo los sacrificios: Ofni y Finés que a su vez son hijos del sacerdote Eli. El varón, le da a cada una de ellas su porción. A Penina le da su porción y la de sus hijos e hijas mientras que a Ana le da una sola porción aunque esta es un poco mas generosa. Este hombre de verdad amaba a su esposa ya que el narrador nos da el dato de que “la amaba aunque era estéril”. Sin embargo, este amor no era suficiente puesto que Ana era “atormentada” por la otra mujer a quien el narrador considera “su rival”. El pasaje asegura que cada año ocurría lo mismo, Ana era atormentada hasta el punto de no querer comer y llorar. Su esposo torpemente la consolaba diciendole que la amaba aunque el problema de ella no estaba en la falta de amor sino en la falta de respeto.
Ana decide poner manos a la obra. Se levanta despues de estar comiendo y va al santuario para orar. Su oración está llena de angustia y desconsuelo. Ana decide pedirle al Señor que vea su sufrimiento, ella considera que Dios no ha tenido la gentileza de verla pero por eso ruega que se digne a hacerlo. Ana se sabe olvidada por Él pero si Él se acuerda de ella y le concede un hijo, entonces ese hijo estará siempre delante de Dios. Cerca de Ana se encuentra Eli, quien desde su silla la observa y al verla que solo mueve la boca pero no se oye lo que dice, entonces supone que está ebria y la invita a dejar de tomar ¡Pobre Ana, nadie la entiende! Se supone que en el santuario del Señor podría encontrar cierto consuelo de quienes están ahí pero no es asi. Lo único que recibe es un reproche de parte de la máxima autoridad de ese lugar. Ana tiene que explicarle también al sacerdote cual es la razón por la que está ahi, el sacerdote de inmediato cambia su actitud y la bendice.
Después de hablar con el Señor todo cambia para Ana, el v. 18 dice que desde ese momento su semblante cambió al punto de que se sentó y comió. Ana regresa a su casa y efectivamente Dios el Señor se acuerda de ella, concibe un bebé al que le pone un hijo que se llama Samuel. El nombre Samuel podría traducirse como “Dios escucha”, pero Ana prefiere decir que su hijo lleva ese nombre porque se lo ha pedido a Dios.

Reflexión teológica

¿Cómo afrontamos la humillación, el dolor o la debilidad? Esta mujer no es la primera ni será la última en la Escritura que enfrentará el hecho de ser estéril, tampoco es la única mujer que sufre por el hecho de ser estéril. Otras mujeres como la mamá de Sansón o la sunamita han asimilado esta condición con bastante aplomo. Sin embargo, no es asi para Ana. Un segmento de la cristiandad ha enseñado y asi lo cree, que la voluntad de Dios se acepta pasivamente. Ante un problema como la esterilidad, ahora y en el pasado, simplemente se asume que es natural y que lo único que podemos hacer es echar a andar mecanismos netamente humanos o simplemente esperar pasivos la vountad de Dios. Pero para Ana esto no es suficiente. Ana tuvo el valor y la sensibilidad para ir a arreglar cuentas con quien sabe que le ha cerrado la posibilidad de tener familia.
Desafortunadamente frente a la vulnerabilidad y el dolor muchas veces parecemos mas a Elcaná o a Eli. Por una parte, Elcana piensa que lo que su esposa necesita es “una porción mas generosa” o unas “bonitas palabras”. Sin embargo, para Ana debe haber sido doloroso sentarse a la mesa y ver que solo tenía una porción. No importa que esa porción sea mas generosa que los demás, ella solo tiene una y Penina tiene varias. O mas adelante cuando intenta consolar a Ana, de manera insensible le pregunta si su cariño no es mejor que el de 10 hijos. Aquí ni siquiera se trata de comparar 2 tipos de cariños, se trata de que Elcana está totalmente desconectado de lo que Ana quiere o de lo que Ana necesita. Nosotros podemos estar en los 2 extremos, por una parte ser de los que consuelan de manera hueca y vacía o por parte ser a quienes están intentando consolar de esta manera. Por otra parte, Eli ni siquiera hizo el intento de acercarse a Ana. Elí podría representar a ese poder religioso que desde su silla ve con cierto aire de superioridad a quien está humillado delante de Dios. Parece que el autor está ironizando el comportamiento de los lideres religiosos de todos los tiempos quienes dan respuestas categoricas a problemas que ignoran o no se molestan en conocer.
Este pasaje no es un intento de extorsión al Señor. No nos quiere decir que la clave consiste en llorar y llorar delante de Él para obtener lo que queremos. Es más, si nosotros leemos con detenimiento vamos a notar que el Señor ni siquiera habla o dice algo. Simplemente se mantiene con su silencio expectante que muchas veces es su única respuesta ante nuestro dolor. Quizá nosotros podemos ser mas respetuosos hoy con quien sufre. Solo quien está sufriendo es capaz de dimensionar el misterio de Dios para su vida. Es cierto que nosotros tenemos en Jesús un modelo que nos lleva a salir de nosotros mismos y pedirle al Padre que haga su voluntad por encima de la nuestra. Pero si alguien no lo está logrando no tomemos el papel de Elí o de Elcana. Aprendamos a respetar ese espacio sagrado en el que el Señor se acerca a quien está de rodillas con amargura de corazón y desconsuelo.
Gracias a Dios por la vida de Ana. Porque no aceptó las soluciones sencillas, porque se armó de valor y acudió a desahogar su corazón delante de Dios. Podemos decir que después de este acto de fe tenemos la vida del último juez de Israel y uno de los mas grandes profetas que tuvo el pueblo.
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