Una Iglesia Ciega y Pobre
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Introducción
Introducción
La ceguera es una condición que afecta a más de 1M de personas en EEUU. Algunas personas sufren de ceguera parcial o total ocasionada por distintas razones:
Traumatismo o lesión grave.
Desprendimiento completo de la retina.
Glaucoma en etapa final.
Retinopatía diabética en etapa final.
Infección ocular interna grave.
Oclusión vascular (falta de flujo sanguíneo en el ojo).
En los EEUU los gastos anuales para el cuidado de de la salud de los ojos es de $50.4B.
De hecho, muchos de nosotros somos contribuyentes a esa suma ya que usamos anteojos, lentes de contacto, tomamos vitaminas como (Vitamina A), Ungüentos o colirio, etc.
Existen varias condiciones que impiden que una persona pueda tener una visión 20/20.
Miopía (no se pueden ver bien los objetos lejanos)
Astigmatismo (problemas de visión causados por la curvatura irregular de la córnea)
Cataratas
Glaucoma
Degeneración macular
Pero hay un problema que afecta la vista y más bien tiene que ver con la condición espiritual de la persona.
De hecho, es la enfermedad ocular más grave pues afecta el destino eterno de una persona.
Jesús habla acerca de esta condición:
13 »Por eso les hablo en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.
Jesús acaba de enfrentar la incredulidad de los escribas y fariseos y sus discípulos quieren saber porque es que la gente no acepta las enseñanzas de Jesús.
Jesús responde diciendo que aunque pueden ver…realmente no ven nada.
Con el tiempo este concepto se convierte en un refrán muy popular, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.
La peor ceguera es aquella que se da cuando una persona puede ver perfectamente pero vive como si estuviera ciego y no quiere ver la realidad de las cosas.
Hoy continuamos nuestra serie en el libro del Apocalipsis y vemos la séptima carta que Jesús escribe a las iglesias de Asia Menor; en este caso a la iglesia en Laodicea. Jesús confronta a esta iglesia y le dice:
17 ’Porque dices: “Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad”. No sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, ciego y desnudo.
Jesús reprende severamente a esta congregación y la acusa de ser no solo pobre sino ciega.
En esta reprensión podemos percibir el disgusto divino contra una iglesia ciega que negaba ver la realidad de su condición tan miserable.
Hoy veremos:
La gran ciudad de Laodicea
La iglesia en Laodicea y su verdadera condición
La invitación a una iglesia ciega y pobre
La gran ciudad de Laodicea
La gran ciudad de Laodicea
Laodicea era una ciudad de abundancia.
Económicamente era muy próspera por su su industria bancaria, medicinal, y textil.
Bancos - se movía mucho dinero.
Medicina - en el templo de Esculapio tenían una escuela de medicina que se especializaba en el cuidado de los oídos y ojos. Producían un colirio / unguento para los ojos y lo exportaban a muchos lugares.
Textil - producían telas de lana negra.
Era una ciudad que sentía gran orgullo por su prosperidad económica.
En 60 d.C. la ciudad fue destruída por un terremoto.
El emperador romano ofreció financiamiento para reconstruir la ciudad pero los padres de la ciudad no la recibieron y dijeron que tenían lo suficiente para reconstruir su ciudad y para ayudar a otras ciudades vecinas que necesitaban ayuda.
Era una ciudad conocida por su agua con tan pésima calidad.
Habían dos ciudades vecinas - Hierapólis y Colosas.
Hierapólis tenía varios manantiales de aguas termales. Mucha gente acudía a bañarse en sus baños públicos y testificaban de sus propiedades curativas.
Colosas tenía agua que descendía del monte Cadmo cuando se derretía la nieve. El agua era limpia y muy refrescante.
En cambio…Laodicea al no tener manantiales naturales tuvo que hace run sistema de aqueductos para traer agua de Hierapólis.
El problema es que las aguas termales contienen altos niveles de minerales - en este caso calcio.
Así que mientras el agua caliente llegaba a Laodicea se enfriaba y se concentraba el contenido de calcio.
Ya cuando llegaba el agua a la ciudad estaba tibia y tenía un sabor y olor bastante desagradable.
De cierta manera nos podemos identificar con esta ciudad.
Vivimos en EEUU, un país del primer mundo.
Tenemos acceso a lo mejor en cuanto avances tecnológicos, y médicos.
Tenemos poder adquisitivo, es decir, aun las personas con muy pocos recursos tienen la oportunidad de comprar ropa, comida, vestido a buen precio.
La iglesia en Laodicea y su verdadera condición
La iglesia en Laodicea y su verdadera condición
Uno podría decir que la iglesia de los laodicenses vivía bajo las condiciones más óptimas que pudieran existir.
Cuando Jesús habla a la iglesia en Filadelfia reconoce su “poco poder”, aludiendo posiblemente a su poca economía - en Laodicea vemos todo lo contrario.
En Laodicea vemos una iglesia que está rodeada de oportunidad económica.
Aparte no vemos que hay persecución de parte de los judíos o romanos.
Pero esta carta de parte de Jesús, de principio a fin, es un constante trueno que revela el disgusto divino contra aquellos que dicen ser el pueblo de Dios.
Jesús se identifica:
14 «Escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: “El Amén, el Testigo fiel y verdadero, el Principio de la creación de Dios, dice esto:
Jesús es el “amén”. Es una palabra que significa “así sea”. La última palabra la tiene Dios.
Jesús es el testigo fiel y verdadero - son las mismas palabras que se usan para describir a Antipas el mártir de la iglesia en Pérgamos. Todo lo que Jesús habla es genuino, verdadero, real - tal y como están las cosas.
Es el principio de la creación de Dios - no quiere decir que él es el primer ser creado por Dios sino es el origen de la creación de Dios. Es decir, por él fueron creadas todas las cosas.
…así que Jesús está a punto de dar fe y testimonio acerca de la condición de esta congregación que se encuentra en un lugar tan prospero.
Jesús revela la condición tan miserable de esta congregación:
15 ‘Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!
16 ’Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de Mi boca.
17 ’Porque dices: “Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad”. No sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, ciego y desnudo.
¿Recuerdan la calidad del agua de Loadicea?
Todos sus habitantes sabían lo desagradable que era ir a la fuente del centro de la ciudad en un día caluroso, queriendo beber agua fría / refrescante, solo para darse cuenta que el agua estaba tibia y con un sabor que provocaba el vómito.
Jesús les dice - ustedes son igual que el agua de su ciudad - no son ni fríos ni calientes.
En este caso el ser frío o caliente no se refiere a una temperatura espiritual donde frío es una persona indiferente al evangelio y caliente es una persona ferviente que busca a Dios.
El enfoque más bien está en el hecho de que como comunidad cristiana son tibios, tienen una temperatura de ambiente, se han adaptada a su entorno.
No reflejan la temperatura de su origen - ya sea frio o caliente - sino que con el pasar del tiempo han perdido esa temperatura de origen y ahora solo muestran la temperatura de su entorno - que es Laodicea.
Jesús examina sus corazones porque son una comunidad que creen que son ricos, creen que no tienen necesidad de nada.
Todo lo tienen.
Están rodeados de prosperidad.
Tienen alimento, techo, vestido, calzado - lo tienen todo y en abundancia.
Se han vuelto autosuficientes.
De pronto me imagino a una persona adinerada que no tienen necesidad de nada.
Satisface cualquier deseo porque tiene suficiente dinero y todo lo puede comprar.
Son igual a los padres de su ciudad que se negaron aceptar la ayuda del emperador para reconstruir la ciudad porque tenían lo suficiente para levantar a su ciudad de entre los escombros.
Vemos una iglesia que ha dejado de confiar en Dios - creen que sus propias fuerzas los ha permitido salir adelante.
Podemos ver a la iglesia Norteamericana reflejada en Loadicea.
Vivimos rodeados de bienes, oportunidades, economía, comodidad, etc.
Vivimos en un país de abundancia.
Tenemos dinero para comer de más, comprar de más, y disfrutar de más de las cosas buenas de esta vida.
Y de pronto podemos pensar que todo esto es producto de nuestro esfuerzo, de nuestro trabajo.
De pronto nos engañamos a nosotros mismos y pensamos que somos ricos, que tenemos todo lo que necesitamos, que hemos construido nuestro imperio, y que hemos forjado nuestro futuro seguro.
Pero el testigo fiel y verdadero revela la verdadera condición de esta iglesia y la describe como - miserable y digno de lástima, y pobre, ciego y desnudo.
Miserable y digno de lástima nos dicen que lejos de tenerlo todo realmente su condición era verdaderamente lamentable. Por fuera parecían ser una gran comunidad pero Jesús examina su corazón y lo único que ve es una vida espiritual vacía.
Vivían en medio de un sistema bancario muy próspero pero ellos eran pobres. Su vida espiritual estaba en bancarrota.
Vivían en la capital de la oftamología del mundo antiguo pero ellos estaban ciegos - eran los ciegos que viendo no podían ver.
Vivían en medio de la industria de textiles / telas y vestían al mundo entero mientras que ellos ante la presencia de Dios estaban desnudos.
Es aquí donde nos damos cuenta que aveces las cosas no son lo que parecen.
A veces por fuera las cosas se ven bien, hermosas, prosperas, sinceras - pero Dios al examinar el corazón sabe que las cosas no son así.
Por fuera unos lucen como gente segura de su fe y llenas de piedad pero en verdad sus vidas están vacías y alejadas de Dios.
La invitación a una iglesia ciega y pobre
La invitación a una iglesia ciega y pobre
Así que tenemos una iglesia que cree estar rica, cree que lo tiene todo y que nada le falta, pero es reprendida porque Jesús ve detrás de la careta que muestra a los demás.
Pero aunque la reprensión contra esta iglesia es severa nos damos cuenta que Jesús lo hace para despertar a su pueblo y llamarlos al arrepentimiento.
18 ’Te aconsejo que de Mí compres oro refinado por fuego para que te hagas rico, y vestiduras blancas para que te vistas y no se manifieste la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos y que puedas ver.
19 ’Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Sé, pues, celoso y arrepiéntete.
Jesús les dice - ven a mi y compra oro refinado. Tus bancos tienen oro y puedes ir siempre y cuando lleves algo de valor. Pero debes mejor venir a mi y comprar este oro finísimo que solo yo te puedo dar.
Jesús les dice - ven a mi y compra vestiduras blancas para cubrir tu desnudez. Tu ciudad produce telas de lana negra en cambio yo te doy vestiduras blancas (representando la justicia de Dios) y podrás cubrir tu desnudez.
Jesús les dice - ven a mi y compra colirio para tus ojos. Tu ciudad produce colirio que exportan al mundo entero para la salud de los ojos. En cambio de mi puedes comprar colirio que te permitirá ver tu verdadera condicíon.
Ahora, la primera pregunta que viene a la mente es, ¿Jesús les acaba de decir que son miserables, que son pobres, cómo pues ahora les dice ven a mi para comprar?
La respuesta es que esta compra no tiene nada que ver con el intercambio de dinero por ciertos bienes o servicios.
1 «Todos los sedientos, vengan a las aguas; Y los que no tengan dinero, vengan, compren y coman. Vengan, compren vino y leche Sin dinero y sin costo alguno.
En verdad si vamos a Jesús no tenemos que llevar dinero porque podemos ir a comprar sin dinero.
En verdad el llamado solo es - ir a Jesús; vayamos a Jesús.
El llamado es acercarnos a Jesús.
El llamado es reconocer que no lo tenemos todo.
El llamado es reconocer que sin él somos miserables, sin él somos pobres, sin él somos ciegos.
En cambio con él lo tenemos todo - no porque todo lo recibimos sino porque con él nada nos falta.
Jesús termina y muestra la imagen de una puerta que solo se puede abrir por dentro.
20 ’Yo estoy a la puerta y llamo; si alguien oye Mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo.
21 ’Al vencedor, le concederé sentarse conmigo en Mi trono, como yo también vencí y me senté con Mi Padre en Su trono.
Jesús está afuera y toca.
Nosotros estamos dentro y escuchamos al que toca.
Jesús toca a la puerta mediante su llamado al arrepentimiento.
El ser humano debe abrir la puerta.
…y al abrir la puerta gozará de un gran banquete.
Lo increíble de este banquete es que lo ofrece el que toca a la puerta y no el anfitrión.
Cuando nos invitan a una casa los anfitriones no esperan que llevemos la cena - somos sus invitados.
En cambio Jesús nos dice - tu solo abre la puerta y yo me encargo de la cena.
Cenaremos juntos.
Tendremos tu y yo comunión como amigos, como hermanos, por toda la eternidad.
Conclusión
Conclusión
Hoy podría decir que cada uno conoce su propia condición ante Dios.
La realidad es que podríamos estar ciegos ante nuestra propia condición.
Pero aunque estemos ciegos ante nuestra pobreza espiritual - Dios nos da la gracia suficiente para escuchar como toca a la puerta de nuestro corazón y nos llama al arrepentimiento.
Nos llama a abrir la puerta de nuestro corazón y nuevamente experimentar ese momento de comunión íntima y cercana con nuestro amado salvador.
