Está bien cuestionar a Dios

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Introducción:

Hola amados hermanos, el Señor en Su rica gracia les bendiga en esta preciosa mañana. Es un día maravilloso el que Dios nos regala para seguir disfrutando de su paciencia, Su gracia, amor y perdón por medio de la obra de Cristo a nuestro favor.
Como lo digo cada vez que tengo la oportunidad de predicar, es para mí un gusto, privilegio y responsabilidad muy grande predicar en esta mañana, pues estoy delante de Dios hablando como sí el estuviese escuchando lo que hablaré hoy a ustedes, y también de parte de Dios, pues quiero ser fiel a lo que Su Palabra manda, exhorta, conforta, instruye y corrige.
Bueno, en esta mañana vamos a continuar con otro sermón sobre la serie de mensajes que se llama: «Está bien NO estar bien». Les pregunto: ¿saben qué número de mensaje es este que llevamos?… Es el número 7. Por la gracia de Dios llevamos 7 mensajes con el que vamos a ver el día de hoy.
A manera de recordarles, los 6 temas anteriores que tratamos son:
Está bien estar desanimado/deprimido
Aprendimos que la Biblia nos da permiso para sentirnos abatidos, mostrando cómo grandes siervos de Dios expresaron su angustia más profunda.
Rechazamos la presión de fingir que todo está bien, reconociendo que la honestidad ante Dios es el primer paso para un encuentro verdadero.
Está bien estar triste
Descubrimos que la vida cristiana tiene diferentes estaciones, y la tristeza es una respuesta bíblica y válida a los tiempos de pérdida y tormenta.
Vimos en Jesús el ejemplo perfecto de alguien que experimentó una gama completa de emociones, incluyendo una profunda tristeza, validando así la nuestra.
Está bien llorar
Derribamos la idea de que el llanto es un signo de fe débil, entendiendo que es una parte esencial y bíblica del proceso de sanidad.
Nos aferramos al ejemplo de que "Jesús lloró", lo que nos da el máximo permiso para expresar nuestro dolor y revela el corazón compasivo de Dios.
Está bien tener miedo
Comprendimos que el mandato "No temas" no es una reprensión por sentir miedo, sino una tierna invitación de Dios a encontrar ánimo en Su presencia.
Vimos que la Biblia está llena de personas fieles que sintieron miedo, y que reconocerlo es un signo de humanidad, no de fracaso espiritual.
Está bien tener luchas
Aprendimos que la fe no espera a que la tormenta pase, sino que se ancla en Dios como nuestro Refugio en medio de la crisis.
Entendimos que la lucha es una experiencia total que afecta cuerpo, alma y relaciones, y que es válido presentarle a Dios nuestro "vaso roto" sin máscaras.
Está bien estar enojado:
Aprendimos sobre los Salmos imprecatorios o también conocidos como Salmos de lamento.
Vimos por medio del Salmo 10, como podemos orar a Dios cuando vemos que los impíos y perversos de este mundo pisan los más indefensos, rogando para que Dios haga caer su justicia sobre ellos, no tomando nosotros justicia por nuestras propias manos.
Ahora, el tema de hoy, como lo ven en pantalla es: «Está bien cuestionar a Dios». Y bueno, probablemente este tema, para alguno de ustedes el solo título del sermón puede causarles incomodidad, y más cuando en esta iglesia, nuestro pastor nos ha enseñado que cuestionar a Dios no está bien, o que tal vez, podría ser pecado. Así que, delante de Dios, y con muchos nervios, Dios es testigo del temor que me da predicar sobre este tema, pues no es tan simple como decir esto es blanco o negro, y espero, con la ayuda de Dios, ser fiel a lo que Su Palabra nos enseña; intentando incluso abrir nuestros ojos a las riquezas de las sagradas Escrituras.

Analogía:

Para empezar, quiero compartir esta analogía, en pantalla ven una imagen…
Imaginen a un niño pequeño. Ha visto a su padre, un hombre bueno y fuerte, prometerle algo, y luego el padre toma una decisión que al niño le parece incomprensible, o incluso injusta. El niño, en su inocencia y su dolor, se acerca a su padre, lo mira a los ojos y con el corazón en la mano pregunta: "¿Por qué, papá? ¿Por qué haces esto? ¡No lo entiendo!". Un buen padre no reprime esa pregunta, no se enoja con la honestidad de su hijo. Un buen padre escucha, abraza y con amor intenta explicar, o simplemente abraza la confusión de su hijo, sabiendo que su honestidad es un puente a una relación más profunda.
Hermanos de Roca Mía, hoy vamos a ver que nuestro Dios es un Padre infinitamente mejor que el mejor de los padres humanos. Muchas veces, la vida en Bogotá, en Colombia, en el mundo, nos golpea con realidades incomprensibles. Vemos el mal, la injusticia, el sufrimiento, y nos asaltan preguntas que se sienten incómodas, casi prohibidas: "¿Por qué, Dios? ¿Por qué permites esto? ¿Dónde estás?". Hoy, el libro de Habacuc nos va a enseñar que está bien cuestionar a Dios. No es un signo de debilidad, sino un camino a la fortaleza, la intimidad y una fe incondicional.

Contexto Habacuc:

Para entender la audacia de Habacuc, debemos situarnos en su tiempo. El profeta vivió en las últimas décadas del reino del Sur de Israel, en un periodo de profunda injusticia e idolatría. Israel, el pueblo de Dios, estaba sumido en la corrupción, la violencia y el quebrantamiento de la Ley. Mientras tanto, en el horizonte se alzaba una amenaza terrible: el creciente imperio de Babilonia, un pueblo temible y despiadado, dispuesto a arrasar con todo. En este escenario de doble oscuridad –la interna de su nación y la externa de una potencia invasora–, Habacuc no se dirige al pueblo para acusarlo, como otros profetas. ¡No! Todas sus palabras están dirigidas directamente a Dios, en una lucha personal y profunda por creer en la bondad de Dios en medio de tanta maldad y tragedia.
El libro de Habacuc es una conversación, un diálogo entre el profeta y Dios, estructurado como dos quejas de Habacuc y dos respuestas divinas. La primera queja del profeta es sobre la horrible vida en Israel, donde la ley es ignorada y la injusticia impera, sin que Dios parezca hacer nada. Pero la respuesta de Dios es aún más impactante: Él le revela a Habacuc que usará a la temible Babilonia para traer juicio sobre Su propio pueblo. Esto lleva a la segunda y más profunda queja de Habacuc: ¿Cómo puede un Dios santo usar a una nación mucho más corrupta y violenta, que deifica su propio poder militar, como Su instrumento de justicia? El profeta se planta como un centinela en la atalaya, esperando una explicación.

I. ¿Por qué Dios parece ausente?:

El libro de Habacuc, como muchos salmos de lamento, comienza con la valiente expresión de una perplejidad profunda ante la aparente inacción de Dios. Antes de que podamos encontrar paz, necesitamos tener el valor de verbalizar nuestro dolor y nuestras preguntas más incómodas.

1.1. El Grito del corazón dolido: "¿Hasta cuándo, SEÑOR?" (Habacuc 1:1-3)

Habakkuk 1:1–3 NVI
1 Ésta es la profecía que el profeta Habacuc recibió en visión. 2 ¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo he de quejarme de la violencia sin que tú nos salves? 3 ¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento? Veo ante mis ojos destrucción y violencia; surgen riñas y abundan las contiendas.
Habacuc no comienza su libro con una oración de alabanza o una declaración de fe inquebrantable. No. Él abre su corazón con una serie de preguntas punzantes:
«¿Hasta cuándo, SEÑOR, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo he de quejarme de la violencia sin que tú nos salves? ¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento?» (Habacuc 1:2-3 NVI).
Estas son las mismas preguntas que el corazón humano, golpeado por la realidad, se hace hoy. Son las preguntas de la viuda, en un funeral, gritaba: "¿Dios por qué no intervino y salvó a mi esposo?" Federico Villanueva dice: "Cuando luchamos con nosotros mismos y con aquellos a quienes odiamos, podemos derramar nuestros corazones a Dios. Y cuando estamos solos y tristes, también podemos clamar a él... Pero si es Dios mismo de quien nos quejamos, ¿a dónde vamos entonces? ¿Nos quejamos a Dios contra Dios?".
La buena noticia es que, asombrosamente, la Biblia nos muestra que podemos. Es un lamento contra Dios, pero es en fe.

1.2. La Injusticia que nos quema: Corrupción y opresión a la luz del día (Habacuc 1:3-4)

Habakkuk 1:3–4 NVI
3 ¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento? Veo ante mis ojos destrucción y violencia; surgen riñas y abundan las contiendas. 4 Por lo tanto, se entorpece la ley y no se da curso a la justicia. El impío acosa al justo, y las sentencias que se dictan son injustas.
El profeta no se detiene en su dolor personal. Su queja se profundiza al describir la desintegración moral de su sociedad: «Veo ante mis ojos destrucción y violencia; surgen riñas y abundan las contiendas. Por lo tanto, se entorpece la ley y no se da curso a la justicia. El impío acosa al justo, y las sentencias que se dictan son injustas» (Habacuc 1:3-4 NVI). ¡Hermanos, esto describe nuestra sociedad en Colombia, en pleno siglo XXI! La corrupción rampante que entorpece la justicia, las sentencias amañadas, el impío que acosa al indefenso, las riñas, contiendas y el orgullo que dividen familias, barrios y la nación. Nuestro enojo, como el de Habacuc, debe ser una respuesta santa a la injusticia visible. Dios nos permite cuestionar Su aparente silencio ante estas calamidades, no porque dudemos de Él, sino porque anhelamos Su justicia.

II. El Desafío de Nuestra Fe: ¿Cómo puede Dios usar el mal para Sus propósitos?:

La primera queja de Habacuc es intensa, pero la respuesta de Dios es aún más desconcertante. En lugar de resolver el problema de la injusticia en Israel de forma directa, Dios revela un plan que profundiza la perplejidad del profeta, forzándolo a una fe aún más radical.

2.1. La respuesta inesperada: Dios levanta a los Inicuos (Habacuc 1:5-11)

Habakkuk 1:5–11 NBLA
5 «¡Miren entre las naciones! ¡Observen! ¡Asómbrense, quédense atónitos! Porque haré una obra en sus días Que ustedes no la creerían si alguien se la contara. 6 »Porque voy a levantar a los caldeos, Pueblo feroz e impetuoso, Que marcha por la anchura de la tierra Para apoderarse de moradas ajenas. 7 »Imponente y temible es; De él mismo proceden su justicia y su grandeza. 8 »Sus caballos son más veloces que leopardos Y más astutos que lobos al anochecer. Al galope vienen sus jinetes, Sus jinetes vienen de lejos, Vuelan como águila que se precipita a devorar. 9 »Vienen todos ellos para hacer violencia, Su horda de rostros avanza, Recoge cautivos como arena. 10 »Se burla de los reyes, Y los gobernantes le son motivo de risa; Se ríe de toda fortaleza, Amontona escombros para tomarla. 11 »Entonces pasará como el viento y seguirá, Y se le tendrá por culpable, Porque hace de su poder su dios».
La respuesta de Dios es asombrosa: «¡Miren a las naciones! ¡Contémplenlas y quédense asombrados! Estoy por hacer en estos días cosas tan sorprendentes que no las creerán aunque alguien se las explique. Estoy incitando a los caldeos, ese pueblo despiadado e impetuoso... su pecado es hacer de su fuerza un dios» (Habacuc 1:5-6, 11 NVI).
Dios no solo no estaba inactivo, sino que Su plan implicaba usar a Babilonia, una nación más violenta y corrupta que Israel. ¿Cómo puede un Dios santo usar instrumentos tan impíos?
Miremos por ejemplo, por un momento, la audacia de Moisés. Cuando Dios se enojó con Israel y dijo:
Exodus 32:11–12 NVI
11 Moisés intentó apaciguar al Señor su Dios, y le suplicó: —Señor, ¿por qué ha de encenderse tu ira contra este pueblo tuyo, que sacaste de Egipto con gran poder y con mano poderosa? 12 ¿Por qué dar pie a que los egipcios digan que nos sacaste de su país con la intención de matarnos en las montañas y borrarnos de la faz de la tierra? ¡Calma ya tu enojo! ¡Aplácate y no traigas sobre tu pueblo esa desgracia!
¡Y Dios cedió! Esto nos enseña que Dios permite que Sus siervos, en su honestidad, razonen e incluso "argumenten" con Él, porque no nos ve como esclavos, sino como Sus compañeros de pacto, como sus amigos, en palabras del Señor Jesús.

2.2. El silencio aparente: ¿Dios tolera el mal? (Habacuc 1:12-17)

Habakkuk 1:12–17 NVI
12 ¡Tú, Señor, existes desde la eternidad! ¡Tú, mi santo Dios, eres inmortal! Tú, Señor, los has puesto para hacer justicia; tú, mi Roca, los has puesto para ejecutar tu castigo. 13 Son tan puros tus ojos que no puedes ver el mal; no te es posible contemplar el sufrimiento. ¿Por qué entonces toleras a los traidores? ¿Por qué guardas silencio mientras los impíos se tragan a los justos? 14 Has hecho a los hombres como peces del mar, como reptiles que no tienen jefe. 15 Babilonia los saca a todos con anzuelo, los arrastra con sus redes, los recoge entre sus mallas, y así se alegra y regocija. 16 Por lo tanto, ofrece sacrificios a sus redes y quema incienso a sus mallas, pues gracias a sus redes su porción es sabrosa y su comida es suculenta. 17 ¿Continuará vaciando sus redes y matando sin piedad a las naciones?
La perplejidad de Habacuc se transforma en una segunda queja aún más intensa. Con la base de la justicia y la santidad de Dios, el profeta presiona: «¡Tú, SEÑOR, existes desde la eternidad! ¡Tú, mi santo Dios, eres inmortal!... Son tan puros tus ojos que no puedes ver el mal; no te es posible contemplar el sufrimiento. ¿Por qué entonces toleras a los traidores? ¿Por qué guardas silencio mientras los impíos se tragan a los justos?» (Habacuc 1:12-13 NVI).
Esta es la pregunta del creyente en los momentos más oscuros de la vida en Colombia, donde la corrupción de nuestros líderes y la impunidad parecen devorar a los justos como "peces del mar" (v. 14). Las "sentencias injustas" (v. 4) que se dictan, los poderosos que "ridiculizan a los reyes y se burlan de los gobernantes" (v. 10), nos llevan a clamar con Habacuc.
Nosotros, como pueblo de Dios, podemos interactuar activamente con Dios con respecto a asuntos de justicia y rectitud en nuestra tierra. Como hemos aprendido en el capítulo anterior, podemos orar para que Dios derribe a los impíos. Así que podemos expresar nuestros lamentos honestos a Dios, tal como lo hizo el profeta Habacuc.
Como el salmista en Salmo 42:9a o 43:2a, que pregunta:
Psalm 42:9 NVI
9 Y le digo a Dios, a mi Roca: «¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué debo andar de luto y oprimido por el enemigo?»
Psalm 43:2 NBLA
2 Ya que Tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has rechazado? ¿Por qué ando sombrío por la opresión del enemigo?
Dios no rechaza estas preguntas. Él las abraza.

III. La Respuesta de Nuestra Alma: Viviendo por Fe en la Soberanía de Dios:

Después de sus dos quejas y las dos respuestas de Dios, Habacuc no recibe una solución inmediata a su situación. Sin embargo, su alma experimenta una transformación profunda. Este profeta se convierte en un modelo de cómo el justo vive por su fe, incluso cuando el cielo se mantiene en silencio y la tierra se desmorona.

3.1. Escribir la Visión y esperar (Habacuc 2:1-4)

Habakkuk 2:1–4 NVI
1 Me mantendré alerta, me apostaré en los terraplenes; estaré pendiente de lo que me diga, de su respuesta a mi reclamo. 2 Y el Señor me respondió: «Escribe la visión, y haz que resalte claramente en las tablillas, para que pueda leerse de corrido. 3 Pues la visión se realizará en el tiempo señalado; marcha hacia su cumplimiento, y no dejará de cumplirse. Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá. 4 »El insolente no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por su fe.
Frente a la incomprensible respuesta de Dios, Habacuc no se desespera ni abandona. Al contrario: «Me mantendré alerta, me apostaré en los terraplenes; estaré pendiente de lo que me diga, de su respuesta a mi reclamo» (Habacuc 2:1 NVI).
¡Qué imagen tan poderosa! Habacuc se posiciona como un centinela de la fe, dispuesto a esperar, a observar, a escuchar. Y Dios responde: «Escribe la visión... Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá. El insolente no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por su fe» (Habacuc 2:2-4 NVI).
Aquí está la clave, hermanos: Dios honra la honestidad de nuestra queja y nos invita a esperar Su respuesta con fe. Como señala Villanueva F., "Dios no quiere cristianos 'Sí Señor, sí Señor'". Él valora nuestra voz, nuestras preguntas, porque la honestidad genera intimidad.
Lo mismo ocurre con otras relaciones: cuanto más abiertos somos con una persona sobre lo que realmente sentimos y pensamos, más vulnerables nos volvemos. Pero también, cuanta más oportunidad tenemos de estar más cerca de la persona con la que nos estamos abriendo.
Esta es probablemente una razón por la que la honestidad de los salmos de lamento no es común en las oraciones de los cristianos de hoy. Muchos solo quieren una relación "casual" con Dios, una relación superficial y vacía. Pero para aquellos que desean profundizar en Dios, no hay otro camino que ser genuino y honesto.

3.2. La alabanza incondicional: Regocijarse en el Señor a pesar de dodo (Habacuc 3:17-19)

Habakkuk 3:17–19 NVI
17 Aunque la higuera no florezca, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; 18 aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador! 19 El Señor omnipotente es mi fuerza; da a mis pies la ligereza de una gacela y me hace caminar por las alturas. Al director musical. Sobre instrumentos de cuerda.
La última manifestación de la fe transformada de Habacuc es asombrosa. Sin que nada cambie en su situación externa –la invasión babilónica es inminente y la tierra devastada–, el profeta irrumpe en un himno de alabanza incondicional: «Aunque la higuera no florezca, ni haya frutos en las vides... aun así, yo me regocijaré en el SEÑOR, ¡me alegraré en Dios, mi libertador! El SEÑOR omnipotente es mi fuerza; da a mis pies la ligereza de una gacela y me hace caminar por las alturas» (Habacuc 3:17-19 NVI).
Esta es la cima de la fe. Como dice Villanueva F., el libro de Habacuc termina sin la prometida liberación externa, pero "algo había sucedido en su corazón: se había acercado más a Dios". Esta alabanza solo se entiende en el contexto de sus lamentos iniciales. Incluso el mismo Jesús, en la cruz, clamó el Salmo 22:1: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (NVI), demostrando que la sumisión perfecta no anula nuestra capacidad de cuestionar honestamente, sino que la integra en una fe más profunda.
Lo que encontramos en la experiencia del profeta es que Dios no solo permite que su pueblo vierta sus lamentos directamente a él y no solo les responde, sino que también usa estos como una forma de fortalecer la fe de su pueblo. Sin un compromiso activo con Dios, no habrá ningún avance en nuestra relación con él. Son los más cercanos a Dios quienes son más honestos con él, aquellos como Jeremías, Isaías y Jesús mismo.

Una aclaración necesaria con cuestionar a Dios:

Es importante recalcar que no todas las preguntas y lamentos dirigidos a Dios son aceptables para él. Por ejemplo, Dios condenó las murmuraciones de los israelitas en el desierto. De hecho, muchos de su pueblo fueron muertos como resultado (ver Núm. 11:1–4, 33).
Numbers 11:1–4 NVI
1 Un día, el pueblo se quejó de sus penalidades que estaba sufriendo. Al oírlos el Señor, ardió en ira y su fuego consumió los alrededores del campamento. 2 Entonces el pueblo clamó a Moisés, y éste oró al Señor por ellos y el fuego se apagó. 3 Por eso aquel lugar llegó a ser conocido como Taberá, pues el fuego del Señor ardió entre ellos. 4 Al populacho que iba con ellos le vino un apetito voraz. Y también los israelitas volvieron a llorar, y dijeron: «¡Quién nos diera carne!
O también podemos encontrar otro ejemplo en Malaquías 2:13-17
Malachi 2:13–17 NBLA
13 »Y esta otra cosa hacen: cubren el altar del Señor de lágrimas, llantos y gemidos, porque Él ya no mira la ofrenda ni la acepta con agrado de su mano. 14 »Y ustedes dicen: “¿Por qué?”. Porque el Señor ha sido testigo entre tú y la mujer de tu juventud, contra la cual has obrado deslealmente, aunque ella es tu compañera y la mujer de tu pacto. 15 »Pero ninguno que tenga un remanente del Espíritu lo ha hecho así. ¿Y qué hizo este mientras buscaba una descendencia de parte de Dios? Presten atención, pues, a su espíritu; no seas desleal con la mujer de tu juventud. 16 »Porque Yo detesto el divorcio», dice el Señor, Dios de Israel, «y al que cubre de iniquidad su vestidura», dice el Señor de los ejércitos. «Presten atención, pues, a su espíritu y no sean desleales». 17 Ustedes han cansado al Señor con sus palabras. Y dicen: «¿En qué lo hemos cansado?». Cuando dicen: «Todo el que hace mal es bueno a los ojos del Señor, y en ellos Él se complace; o: ¿Dónde está el Dios de la justicia?».
Así que, antes que nada, creo que debemos recordar que este tipo de oración no es usual para los cristianos, o al menos, espero que no oremos así todo el tiempo.
Las clases de oración que hemos visto surgieron de experiencias de exposición constante al dolor y al sufrimiento. Segundo, estas oraciones ocurren dentro del contexto de una relación creciente entre Dios y los creyentes. Los que oran simplemente están siendo honestos sobre lo que realmente sienten acerca de Dios. Entienden que para preservar su relación y hacer que crezca más profundamente, tienen que ser honestos con el Señor. La honestidad y la autenticidad ante Dios son la clave. Como dice el filósofo cristiano Kierkegaard, "Lo más importante es ser honesto con Dios".

Conclusión:

Amados hermanos de Roca Mía, hoy hemos aprendido que está bien cuestionar a Dios. Habacuc nos mostró que:
Nuestra queja es válida: Es legítimo, e incluso necesario, expresar nuestra perplejidad y dolor ante la aparente inacción de Dios frente a la injusticia que nos rodea.
Dios responde a nuestras preguntas: Él no se enoja con nuestra honestidad, sino que nos desafía a confiar en Su soberanía y sabiduría, incluso cuando Sus planes superan nuestra comprensión.
La fe nos transforma: El proceso de cuestionar a Dios con honestidad y esperar Su respuesta nos lleva a una intimidad profunda y a una alabanza incondicional, una fe que se regocija en Él a pesar de las circunstancias.
La fe no significa tener todas las respuestas, sino confiar en que Aquel que sí las tiene es bueno. Es traer nuestra confusión, nuestro dolor, nuestra ira, y depositarlos a los pies de un Dios que nos escucha, nos transforma y nos hace caminar en las alturas, incluso cuando el valle está en sombras.

Aplicaciones y preguntas de reflexión:

Vamos ahora con estas dos aplicaciones y preguntas de reflexión para cerrar nuestro sermón.

Aplicaciones:

El diario de Habacuc: Esta semana, lleva un "Diario de Habacuc". Escribe tus quejas y preguntas más honestas a Dios sobre aquello que te genera dolor o perplejidad. No lo edites, solo sé real. Luego, en ese mismo diario, escribe una declaración de fe, por pequeña que sea, anclada en que "el Señor omnipotente es mi fuerza".
Intercesión radical por Colombia: En tu grupo pequeño o en familia, elijan una noticia de Colombia que muestre una profunda injusticia (corrupción, violencia, desigualdad). En lugar de solo lamentarse o criticar, oren juntos, clamando con Habacuc 1:2-4 y 1:12-13, pidiendo a Dios que "se levante" y "haga Su obra" en nuestra nación. Terminen con la alabanza incondicional de Habacuc 3:17-19, declarando que se regocijarán en el Señor, pase lo que pase.

Preguntas para reflexionar:

El camino a la intimidad con Dios es la honestidad. ¿Tienes preguntas para Dios que has tenido miedo de hacerle porque podría rechazarte? Si es así, escríbelas. Ahora acércate a Dios en oración y sé honesto con él acerca de tus preguntas y cómo te sientes.
¿Qué situación de injusticia en tu vida personal (familiar, laboral) o en nuestra amada Colombia te ha hecho gritar: "¿Hasta cuándo, Señor?"? ¿Has permitido que esa pregunta se convierta en apatía o en un cuestionamiento honesto a Dios.
Demos gracias a Dios, oremos mis amdos hermanos…
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