El Juez justos y 3 justos juicios
El evangelio Segun Juan • Sermon • Submitted • Presented
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Leamos (Juan 7:19–31)
Leamos (Juan 7:19–31)
Recordemos la semana pasada: Jesús confrontó a los fariseos y nos enseñó a no juzgar por apariencias, sino con justo juicio (Jn 7:24).
Vimos que la Ley no salva, revela nuestro pecado; y al reconocerlo, vemos nuestra necesidad de Cristo: la salvación es por gracia, no por obras.
El cristiano tiene el derecgho y el deber de discernir, juzgar, pensar y meditarlo todo: la fe es lógica y práctica (Ro 12:1–2).
El problema no es juzgar, sino cómo juzgamos. Antes de mirar la paja ajena, veamos la viga propia (Mt 7:3–5).
Es muy grave juzgar por apariencias, porque muchas veces lo hacemos solo por suposiciones: creemos, pensamos o asumimos sin pruebas. Y cuando juzgamos de esa manera, en realidad estamos quebrantando los mandamientos de Dios.
Hagamos un breve ejercicio sobre cómo discernir y qué ocurre cuando juzgamos mal
Con orgullo, fallamos en amar al prójimo (Lv 19:18; Mt 22:39).
Con mentira/suposición, quebramos no dar falso testimonio (Ex 20:16; Ef 4:25).
Con dureza sin misericordia, negamos el carácter santo de Dios (Lv 19:2; 1 P 1:16; Stg 2:13).
Y, en el fondo, atentamos contra el primer mandamiento: si amáramos a Dios como Juez justo, no fabricaríamos un “dios a medida” (Ex 20:3). Esto nos expone: somos imperfectos ante el justo juicio de Cristo.
Juan 7 está cargado de juicio y, sin embargo, el mensaje de Jesús es sencillo y claro, entendible para todos en el templo. Aquí Jesús no es solo maestro: es el Rey de reyes y Señor de señores, que juzga con justicia perfecta y ofrece gracia como agua de vida.
Un dato clave del texto: en el griego, la palabra que domina el capítulo es krinō (“juzgar”): aparece explícita en Jn 7:24 y 7:51, y la idea recorre todo el capítulo (Juan 7: 12, 15, 20, 25–27, 31, 40–41).
Con esto, este evangelio nos muestra algo que hemos venido notando en cada estudio: la revelación progresiva de Cristo. En los capítulos anteriores lo vimos como maestro y hacedor de milagros, pero aquí aparece con un énfasis distinto: una fuerte carga sobre el juicio. ¿Qué nos enseña esto? Que si hay juicio, debe haber una ley por la cual se juzga; si hay juicio, debe haber un Juez; y si hay un veredicto, debe haber un Rey. ¿quien es ese juez y rey justos? si nuestro Cristo nuestro salvador, a el toda la Gloria.
Ahora vamos a ver cómo este Juez y Rey justo juzga con autoridad, y qué revela ese juicio en tres tipos de personas que encontramos en este pasaje.
1 Tres tipos de personas frente al Rey justo
1 Tres tipos de personas frente al Rey justo
Aquí el justo juicio de Dios se aplica.
a) Los fariseos – Juicio de condenación
a) Los fariseos – Juicio de condenación
Los fariseos eran los líderes religiosos que se consideraban guardianes de la Ley de Moisés. Se gloriaban en conocer la Ley, pero en realidad no la cumplían (Juan 7 19). Jesús ya les había señalado en Juan 5:39–40 que escudriñaban las Escrituras pensando que en ellas tenían vida eterna, pero se negaban a venir a Él para tener vida. Reducían la fe a conocimiento, reglas y apariencia externa, pero rechazaban al verdadero cumplimiento de la Ley: Cristo mismo.
En Juan 7 vemos cómo su corazón se endurece. El evangelista nos muestra que en lugar de recibir a Jesús, lo juzgan con hipocresía y condenación: (Jn 7:19) (Jn 7:30).
El Juicio y veredicto del rey justo:
En Juan 7:34 Jesús les dijo a los fariseos: «Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir». Y más adelante, en Juan 8:21, volvió a declararles: «Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir».
Con estas palabras, Cristo los estaba juzgando con claridad: su incredulidad y dureza de corazón los dejaba fuera de la vida eterna.
Los fariseos habían hecho de Dios un “juez a su medida”: uno que castigaba a otros, pero que nunca los confrontaba a ellos. Usaban la Ley como un arma contra los demás, en lugar de verla como un espejo de su propia incapacidad. Se presentaban como defensores de la justicia, pero al mismo tiempo ignoraban que ellos mismos eran incapaces de cumplir la Ley de Dios. Habian formado un dios a su medida.
¿Por qué muchos crean un “Jesús a su medida”?
¿Por qué muchos crean un “Jesús a su medida”?
a) Por vergüenza de su pecado → prefieren un Cristo que no los confronte (Jn 3:20).
b) Por dureza de corazón → resisten la verdad y se aferran a su orgullo (Heb 3:13).
c) Por miedo a perder sus deseos o su estatus → no quieren renunciar a lo que aman del mundo (Jn 12:42–43).
d) Por desconocer el amor de Cristo → nunca han experimentado su gracia transformadora (Ro 5:8).
e) Por ignorancia de la Palabra → crean un “Cristo” inventado porque no conocen al verdadero revelado en la Escritura (Os 4:6; Jn 5:39).
f) Por seguir la presión de la cultura → adoptan un “Jesús” que se acomoda a las modas y a las voces humanas, en lugar de al Cristo de la Biblia (Ro 12:2).
b) Los que oyeron y no creyeron – Juicio de incredulidad
b) Los que oyeron y no creyeron – Juicio de incredulidad
En Juan 7 vemos otro grupo distinto a los fariseos: la multitud. A diferencia de los líderes religiosos, ellos no buscaban activamente matar a Jesús, pero tampoco creyeron en Él. Escucharon sus palabras y vieron sus obras, pero permanecieron en la incredulidad.
estos aparecen en (Jn 7:27). (Jn 7:41–42).
Este grupo no es abiertamente hostil como los fariseos, pero su problema es diferente: oyen, pero no creen. Su incredulidad nace de juicios superficiales:
Se aferran a ideas humanas (“sabemos de dónde es”).
Se enredan en interpretaciones parciales de la Escritura.
Buscan un Mesías según sus expectativas, no al Cristo revelado por Dios.
En contraste note que los fariseos rechazan a Cristo por orgullo y dureza de corazón; creen que no lo necesitan porque confían en la Ley. Pero esta multitud lo rechaza por ignorancia e incredulidad; escuchan, pero no disciernen espiritualmente, porque no tienen el Espíritu Santo que les abra el corazón (Jn 6:44).
En Juan 7 la multitud no recibe un juicio tan directo como el de los fariseos, pero su incredulidad queda expuesta. Jesús les muestra que hablan de lo que no entienden (Jn 7:27–29) y que no conocen realmente al Padre que lo envió.
Esto en sí mismo ya es un juicio: el Rey justo deja al descubierto la superficialidad de su fe. Sin embargo, no los condena en ese momento, sino que les da una oportunidad de escuchar, reflexionar y volverse a Él.
Aquí vemos la misericordia de Cristo: aunque juzga la incredulidad, lo hace llamando a los oyentes a salir de ella. Como dice Juan 3:18, el que no cree ya está bajo condena, pero al mismo tiempo la invitación a creer permanece abierta.
Hoy también muchos no rechazan a Cristo con odio abierto, sino con indiferencia. Dicen: “Sí, creo en Jesús”, pero lo reducen a un maestro moral, un ejemplo de bondad o un personaje histórico. Conocen de Él, pero no creen en Él de corazón (Ro 10:9–10).
¿Por qué muchos crean un “Jesús a su medida”?
¿Por qué muchos crean un “Jesús a su medida”?
a) Por vergüenza de su pecado → prefieren un Cristo que no los confronte (Jn 3:20).
b) Por dureza de corazón → resisten la verdad y se aferran a su orgullo (Heb 3:13).
c) Por miedo a perder sus deseos o su estatus → no quieren renunciar a lo que aman del mundo (Jn 12:42–43).
d) Por desconocer el amor de Cristo → nunca han experimentado su gracia transformadora (Ro 5:8).
e) Por ignorancia de la Palabra → crean un “Cristo” inventado porque no conocen al verdadero revelado en la Escritura (Os 4:6; Jn 5:39).
f) Por seguir la presión de la cultura → adoptan un “Jesús” que se acomoda a las modas y a las voces humanas, en lugar de al Cristo de la Biblia (Ro 12:2).
c) Los que creyeron – Juicio de gracia y salvación
c) Los que creyeron – Juicio de gracia y salvación
En medio de la oposición de los fariseos y la incredulidad de la multitud, el evangelista nos dice:
“Y muchos de la multitud creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que éste ha hecho?” (Jn 7:31).
Aquí aparece un grupo diferente. No todos rechazaron a Jesús. Algunos, al ver sus obras y oír sus palabras, creyeron. Pero atención: la fe de ellos no nació de un juicio humano más acertado, sino de la gracia soberana de Dios que abrió sus corazones.
Los fariseos rechazaron por orgullo y legalismo.
La multitud incrédula rechazó por ignorancia y superficialidad.
Pero los que creyeron recibieron la gracia del Rey justo que, siendo Juez, se convirtió también en su Salvador.
El apóstol Pablo lo señala eficazmente (Ef 2:8–9).
Creer en Cristo no es un mérito, es un regalo de amor. Es como cuando alguien sediento recibe un vaso de agua fresca: no se lo ganó, no lo produjo, simplemente lo recibió. Así actúa la gracia de Dios en los que creen.
Y esa fe no es un adorno superficial. Cuando alguien cree, recibe algo mucho mayor: la dignidad que el pecado había arrebatado. El que cree deja de ser esclavo para ser hijo; deja de estar perdido para ser hallado; deja de vivir bajo condena para vivir en libertad.
No es que buscan a Cristo solo para arreglar su matrimonio, sus finanzas o su salud. Eso sería un “Cristo a la medida”. El verdadero creyente busca a Cristo por amor a Él mismo, y al hacerlo descubre que Dios es un Padre bueno que cuida de todas sus necesidades.
El juicio del Rey justo sobre estos que creyeron fue un juicio de gracia y salvación. No los encontró perfectos, pero los encontró en Cristo. Y eso cambia todo.
Preguntas sobre qué significa creer verdaderamente en Cristo (Juan 7)
Preguntas sobre qué significa creer verdaderamente en Cristo (Juan 7)
a) Los que creyeron en Juan 7:31, ¿lo hicieron solo porque vieron milagros o porque reconocieron su necesidad de salvación?
b) ¿Puede alguien tener conocimiento sobre Jesús (como la multitud que decía “sabemos de dónde es”, v. 27) y aun así no creer realmente en Él?
c) ¿Qué diferencia hay entre los que emitieron opiniones sobre Jesús (vv. 27, 41–42) y los que realmente creyeron en Él (v. 31)?
d) Si Cristo es el Rey justo y Juez verdadero (v. 24), ¿es suficiente admirar sus obras, o debemos también arrepentirnos y someternos a su autoridad?
e) En capítulos anteriores, muchos siguieron a Jesús porque comieron pan (Jn 6:26). ¿Qué nos enseña esto sobre el peligro de buscar a Cristo solo por beneficios temporales y no por quién Él es?
f) Pedro dijo en Juan 6:68–69: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.” → ¿Qué diferencia hay entre esta confesión y la fe superficial de la multitud?
g) ¿Creer en Cristo es solo un acuerdo intelectual, o implica un arrepentimiento sincero y dependencia total de su gracia?
Entonces ¿Cristo es el Juez justo? se merecian ese tipo de juicio
