Mentalidad centrada en Cristo

El gozo que satisface el corazon.  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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El sentir de Cristo no se fabrica, se forma. Y cuando se forma, transforma.

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Filipenses 2:5–11 NBLA
5 Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, 7 sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. 8 Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, 10 para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
¿COMO PUEDO TENER ESE MISMO SENTIR DE CRISTO?
INTRODUCCION
¿Alguna vez te has sorprendido por lo opuesto que puedes llegar a ser a Jesús?
Sabes lo que deberías sentir, pero… no lo sientes.
Sabes que deberías pensar como Él, pero tu mente corre hacia la queja, la comparación o la venganza.
Sabes que deberías servir, pero te nace exigir.
Sabes que deberías amar, pero te cuesta perdonar.
Decimos “quiero tener el mismo sentir de Cristo”, pero cuando alguien nos interrumpe, nos critica o no reconoce nuestro esfuerzo, pareciera que el sentir que más domina es el nuestro.
Pablo, escribiendo a los filipenses, nos invita a una locura santa: a pensar como Cristo, a sentir como Cristo, a vivir como Cristo.
Pero cuando leemos el pasaje completo, nos damos cuenta de algo: no se trata de imitar a un héroe moral, se trata de participar de una vida nueva.
Y ahí está la diferencia.
El llamado no es “sé como Jesús” —porque no podemos. El llamado es “deja que el sentir de Jesús viva en ti”.
El texto no dice “esfuércense por ser como Cristo”, dice: «Haya, pues, en ustedes este sentir que hubo también en Cristo Jesús». No es un esfuerzo que se fabrica, es una transformación que se forma.
Y, sin embargo, aquí está la tensión: Queremos ese sentir, pero no queremos el despojo. Queremos la exaltación, pero no el descenso. Queremos los frutos de Cristo, pero sin pasar por Su cruz.
Por eso este pasaje es tan contracultural y tan necesario. Porque Pablo no solo describe lo que Jesús hizo, sino por qué lo hizo: para mostrarnos que el camino del evangelio siempre pasa por la humildad, la obediencia y la entrega.
Así que hoy vamos a ver cómo ese mismo sentir —el sentir de Cristo— puede formarse en nosotros. Un sentir que se despoja, que obedece… y que finalmente exalta a Dios.
IDEA CENTRAL: El sentir de Cristo no se fabrica, se forma. Y cuando se forma, transforma.
DESARROLLO
En filipenses 2 Pablo exorta a los filipenses a adoptar la muerte de Jesus y que ese sea el centro de su perspectiva y mentalidad de vida es decir: Su cosmo/vision la forma de ver el cosmos = la forma de ver el mundo. QUE TODO LO QUE HAGAN, SE A LA LUZ DE LO QUE CRISTO HA HECHO… PÓNGANSE ESOS LENTES.
En lugar de que los filipenses y todos los creyentes vivan para conseguir, conseguir, conseguir - mujeres- elogios, dinero, - El llamado del cristiano es a imitar a Cristo, quien en lugar de conseguir, vino a dar, dar y dar. 
Miren lo que dice el versiculo 8 de lo que pienso es la idea de estos pasajes o el climax…
 Filipenses 2.8
8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Lo que quiero decir es que esta sección DE FILIPENSES desarrolla la idea principal de la sección anterior acerca de tener un mismo sentir/misma mente/ ACTITUD PRACTICAMENTE = “estar en cierto estado de ánimo”
Como creyentes tu y yo tenemos somos llamados a TENER EL MISMO SENTIR. MISMA MENTE/ MISMO ESTAOD DE ANIMO PORQUE TENEMOS… Un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo, un solo espíritu, UN SOLO EVANGELIO… ESTO NO TE LO DIGO INTENTANDO FROZAR LA IDEA DE TENMER UN MISMO EVANGELIO COMO BASE…De hecho es un tema recurrente en la palabra:
Juan 17:20–23
»Pero no ruego solo por estos, sino también por los que han de creer en Mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno. Como Tú, oh Padre, estás en Mí y Yo en Ti, que también ellos estén en Nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste. »La gloria que me diste les he dado, para que sean uno, así como Nosotros somos uno: Yo en ellos, y Tú en Mí, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que Tú me enviaste, y que los amaste tal como me has amado a Mí. ——— 
Efesios 4:1–6
Yo, pues, prisionero del Señor, les ruego que ustedes vivan de una manera digna de la vocación con que han sido llamados.Que vivan con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros en amor, esforzándose- PORQUE NO ES FÁCIL… por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también ustedes fueron llamados en una misma esperanza de su vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos. 
1 Corintios 12:12–13
Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero, todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo. Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres. A todos se nos dio a beber del mismo Espíritu. 
Colosenses 3:14
Sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo de la unidad. 
Salmo 133:1
Miren cuán bueno y cuán agradable es Que los hermanos habiten juntos en armonía.
Romanos 12:4–5
Pues así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo en Cristo e individualmente miembros los unos de los otros. 
Gálatas 3:28
No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús. 
Filipenses 2:1–2
Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión, hagan completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. 
1 Pedro 3:8
En conclusión, sean todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos, y de espíritu humilde;
Hechos de los Apóstoles 4:32 / Lucas?
La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma. Ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común.
1 Corintios 1:10
Les ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos se pongan de acuerdo, y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén enteramente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer
——————- PORQUE ESTO AMADOS ES LOP QUE VA A TRAER EL EVANGELIO
Es parte de algo que Dios quiere hacer por su pueblo y que es una muestra de lo que el es con la trinidad. PADRE, HIJO, ESPÍRITU SANTO. Que siempre ha existido.
Juan 15:26
»Cuando venga el Consolador, a quien yo enviaré del Padre, es decir, el Espíritu de verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de Mí, 
——————————-
Ahora en el contexto, el modelo de la humildad y el sacrificio de Jesús está destinado a reforzar el llamado de Pablo a considerar a los otros más importantes que uno mismo. 
Si tu tienes dudas en como debes de vivir a la luz de la nueva identidad que Dios te ha dado en Cristo a través del Espíritu Santo que te ha dado ¿Qué mejor ejemplo que Jesús? 
Veamos los rasgos de Jesús que se destacan.
Pablo conecta esta sección con la anterior pidiéndonos que pensemos como Jesús lo hizo.
UN SENTIR QUE SE DESPOJA (vv. 5–7)
En 2:6 nos recuerda que Jesús es plenamente Dios, con todos los derechos y privilegios que eso conlleva. 
Todo lo que sigue debe entenderse en este contexto: que Jesús es por naturaleza Dios.
 Su condición divina provee el telón de fondo contra el que deberíamos considerar su ejemplo. 
¿Qué hizo entonces Jesús con todo ese poder y autoridad? 
Aunque tenía derecho a varios privilegios divinos que voluntariamente renunció por amor. Era “totalmente Dios” con “todos los derechos y privilegios” de la divinidad, pero su interés principal no era usar ese poder para beneficio propio
CRISTO, Específicamente, tenía derecho a:
- Negarse a transformarse en hombre - VIVIR EN ESTA TIERRA.
- Exigir que toda la humanidad lo sirviera
- Vivir en paz y seguridad
Pablo lo describe claramente: siendo en forma de Dios, Jesús tenía pleno derecho de permanecer en la gloria del Padre. 
Sin embargo, no lo hizo. Se hizo hombre por amor a nosotros. 
Aunque tenía todo el derecho de exigir que otros satisficieran sus intereses, se negó a aprovecharse de los demás. 
En lugar de exaltarse, se derramó a favor de otros, incluso a costa de su propia vida.
La Biblia nos instruye a tener la misma actitud de Cristo: estar dispuestos a entregar lo que tenemos derecho a reclamar por el bien de los demás.
Jesús no las usó a su favor. No consideró ser igual a Dios como algo por lo cual luchar ni a lo cual aferrarse. 
¿Cuando Jesus decidió humillarse y morir en la cruz?
La decisión de Jesús de humillarse y morir en la cruz ocurrió en un contexto específico: siendo plenamente Dios. 
En lugar de aferrarse a sus “derechos y privilegios”, eligió un camino diferente.
 Pablo describe este camino tanto en términos positivos como negativos. 
Aunque hubiera podido ejercer su derecho divino, eligió no considerar la igualdad con Dios como algo de lo cual sacar provecho. 
Por el contrario, se despojó y se humilló a sí mismo. 
II. LA IMPLICACIÓN | UN SENTIR QUE OBEDECE (v. 8)
La implicancia es que si Jesús estuvo dispuesto a dejar de lado sus propios derechos en obediencia a los propósitos más elevados del Padre, 
¿por qué no podemos nosotros hacer lo mismo? 
¿Por qué no podemos tener su mismo sentir y considerar a otros más importantes que nosotros mismos? 
Aunque Jesús tenía el mismo poder que Dios para conseguir cualquier cosa que quisiera, eligió no defender sus derechos. 
Lo que Jesús sí hizo se destaca por contraste con lo que no hizo. 
Pablo continúa esto con dos afirmaciones de lo que Jesús sí hizo. 
En lugar de aferrarse a esos derechos, se despojó a sí mismo.
 ¿Cómo? 
Tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los hombres. 
Aquí es donde la cosa toma un curso sorpresivo. 
Pensemos un poco: casi todos los superhéroes de los que leí de niño tenían dos cualidades. 
Primero, tenían apariencia humana. Como Superman, Batman, o el Hombre Araña. 
Pero también había algo que los hacía diferentes; tenían cierto poder especial que los humanos no tenemos. 
Las mismas características se daban en los villanos: también ellos tenían forma humana y algún poder especial. 
Lo que separaba a los buenos de los malos era lo que cada uno hacía con esos poderes. Los villanos usaban su poder para tratar de apoderarse del mundo, mientras que los héroes lo usaban para luchar por la justicia y la verdad. 
¿Cómo se relaciona esto con los Filipenses? 
Bueno, Jesús está en el mismo tipo de posición: es plenamente humano, pero con atributos divinos. 
Surge la pregunta entonces 
¿qué hará Jesús? 
Pablo hace algo brillante en Filipenses 2:7: justo cuando todos esperamos la gran revelación, él baja la velocidad.
 Es como si pusiera todo en cámara lenta. Repite lo que ya dijo sobre Jesús tomando forma humana… y nos deja esperando.
Es ese momento antes del clímax de una historia, cuando el narrador dice: «Así que ahí estoy, sentado en el techo, mirando el horizonte. Y mientras estoy ahí…»
Y uno sabe que algo importante está por pasar. Esa pausa tiene intención. Es el tipo de silencio que prepara el corazón para lo que viene.
Lo curioso es que no todas las traducciones logran captar esa pausa. 
Algunos incluso discuten dónde debe cortarse el versículo, porque en el texto griego, el respiro llega justo antes del 2:8: «Se humilló a sí mismo».
Pablo quiere que miremos dos veces, que no pasemos rápido, que notemos el contraste entre la grandeza del Hijo y su decisión voluntaria de humillarse.
Nos pasa igual cuando hablamos:
«Estaba mirando por la ventana, pensando… y mientras miraba por la ventana…»
Si la frase termina ahí, uno queda con la sensación de que algo grande está por suceder.
Pablo hace eso con maestría. Suspende el momento para que entendamos que la humillación de Cristo no fue un accidente del relato… fue el corazón del plan.
“vaciarse”. El término “se despojó” de la palabra gr. kenoō, señala la renuncia a sus intereses, pero no a su deidad.
John F. Walvoord; Roy B. Zuck
 Pablo enumera dos cosas que hace Jesús, pero la segunda es la más significativa. Cada una se amplía usando una idea secundaria, que describe lo que implica en la práctica cada acción. 
Que Jesús se despojara a sí mismo implica que 
tomó forma de siervo, 
se hizo semejante a los hombres. 
¿Qué significa en la práctica que se haya humillado a sí mismo? 
Que obedeció hasta la muerte más cruel e inconcebible: la crucifixión. 
De modo que la gran pregunta es: 
¿Qué es lo significativo que sigue a la repetición? 
Lo que Jesús hace con todo su poder y autoridad: elige humillarse en lugar de valerse de su poder divino para imponerse. 
Pablo amplía esto en 2:8. Nos dice que Jesús fue obediente hasta la muerte.
Bromeamos acerca de hacer algo “hasta la muerte” . Como la promesas de los chavos cuando son novios que se dicen…vamos a estar juntos hasta el final o seremos amigos por siempre.… graduan y bye …JUNTOS HASTA EL FIN DEL MUNDO…
¡pero en este caso fue real! No podría haber sido más humilde ni obediente. 
¿Por qué? Porque hizo mucho más que sufrir la muerte. 
Lo hizo de la manera más dolorosa y humillante: la crucifixión. 
Y aqui viene algo que reflexionar…Nuestra idea del poder está distorsionada por causa del pecado. 
Lo vemos como algo que debemos proteger, no entregar. 
Todos, en algún punto, hemos sentido que alguien se aprovechó de nosotros o nos hizo sentir menos. 
Y cuando por fin tenemos un poco de control o derechos… los defendemos con uñas y dientes.
¿Por qué? 
Porque pensamos que si cedemos, otros ganan y nosotros perdemos. Que si bajamos la guardia, nos pisan. Así funciona el mundo —pero no así funciona Dios.
Jesús, teniendo todo poder, eligió humillarse. 
No lo hizo porque fuera débil, sino porque sabía que en el Reino de Dios, la grandeza se muestra sirviendo, y la victoria llega por medio de la cruz.
Entonces vale la pena preguntarnos:
¿Valió la pena Su humillación? 
¿Valió el dolor, la vergüenza, la traición?
Sí. Porque en esa entrega, el Padre lo exaltó por encima de todo nombre.
Lo que parecía derrota… fue el inicio de la redención.
III. EL RESULTADO | UN SENTIR QUE EXALTA.
En lugar de que alguien se aprovechara de él, Cristo es exaltado de una manera tan maravillosa que sólo Dios pudo haberla pensado. 
Un estudio en sumisión: Este pasaje contiene parte de la más rica teología sobre la encarnación de Jesús. 
Pablo presenta a Jesús como el modelo de lo que significa humillarse a sí mismo y considerar a los demás como más importantes. 
En la economía de Dios, esa elección lleva a la exaltación y al honor. Eso se muestra en agudo contraste con nuestra perspectiva humana, que es la razón por la que Pablo incluye el ejemplo de Jesús. Provee una motivación práctica para seguir su ejemplo. 
Dios responde a la auto-humillación de Jesús exaltándolo a lo máximo.
 Le da un nombre tan maravilloso que está sobre todo otro nombre. 
¿Qué significa eso en la práctica? 
Que ante el nombre de Jesús toda rodilla se doblará. Para su información, toda significa cada una, la totalidad, ninguna excluida. 
Pablo habla lentamente y usa palabras cortas para explicar en detalle lo exhaustivo de la expresión se doble toda rodilla. 
Abarca los tres diferentes reinos de existencia que la audiencia conocía: el humano, los habitantes de la tierra, el celestial, los habitantes divinos, y los habitantes del infierno. 
El análisis deja en claro que Pablo estaba hablando de algo más que sencillamente la raza humana. 
Toda la creación se inclinará ante él un día, no solamente en su presencia, ¡ante su nombre! ¡Imagine un nombre que infunda semejante respeto y honor! 
¿Qué rodillas?
 Toda rodilla ya es un concepto exhaustivo, pero Pablo va mucho más allá para asegurarse que no pensemos que se refiere simplemente a la humanidad.
 Todo ámbito de la creación rendirá honores a Jesús, inclinándose ante su nombre.
 ¿Qué tienen que ver con nosotros la humillación y la exaltación de Jesús? 
¿Está Pablo solamente dando una clase de teología aquí? 
Pablo no está dando una clase teórica. Desde el inicio de esta sección, él nos invita a mirar a Jesús como el modelo a seguir. Ver cómo terminó todo para Él es un motor para nosotros cuando enfrentamos el reto de pensar como Cristo.
Cuando dos personas están en desacuerdo, alguien tiene que ceder. No hay de otra. Y Pablo nos lleva de regreso al comienzo del capítulo: «¿Hay algún estímulo en Cristo? ¿Algún consuelo de amor, alguna comunión en el Espíritu?» ¡Claro que lo hay!
Pero aun sabiendo eso… qué difícil se nos hace poner los intereses de otros antes que los nuestros. Nuestra naturaleza pecadora se resiste, ¿no?
Por eso me encanta cómo lo dice Paul Tripp: «El evangelio de Jesucristo es el mejor diagnóstico de la condición humana y la única cura. Recuerda que la efectividad de una cura está directamente ligada a la precisión del diagnóstico».
Y ahí está el punto de Pablo: «Compórtense de una manera digna del evangelio» (Filipenses 1:27).
El diagnóstico es claro: egoísmo. La cura: el despojo.
Y si lo piensas, ¿no consiste justamente en eso la vida cristiana? Tu matrimonio lo necesita. Tu crianza lo necesita. Tus amistades, tu trabajo, tu relación con tus padres, tu ministerio… todos lo necesitan.
Necesitamos despojarnos. Primero delante de Dios: menguar para que Él crezca.
En Filipenses 2:6, la palabra “despojarse” viene del verbo griego kenóo, que significa vaciarse. Es una autorrenuncia que tiene dos movimientos asombrosos: el kénosis (descender de la divinidad a la humanidad) y la tapeinósis (descender de la humanidad hasta la muerte).
Eso es lo que Cristo hizo: renunció voluntariamente a los privilegios de Su gloria, sin dejar de ser quien era. No perdió sus atributos divinos, sino que cambió de papel y posición.
Y en ese cambio de papel hay una lección poderosa para nosotros. Cuando entendemos lo que significa despojarnos, dejamos de ser solo víctimas de las circunstancias. El despojo nos saca del papel de la autocompasión —ese “pobrecito yo” que se siente siempre pasado por alto— y nos mueve al papel de siervos redimidos, participantes del plan de Dios. Nos libera del ego que exige reconocimiento, del orgullo que se aferra a tener la razón, y del miedo que nos hace vivir a la defensiva.
Porque el que se despoja no se queda vacío… se llena de Cristo. Y el que se llena de Cristo ya no necesita demostrar su valor, porque sabe que fue amado, escogido y exaltado junto con Él.
Y todo con un propósito: mostrarnos cómo se ve el amor que se entrega. Pablo presenta a Cristo como el ejemplo supremo de alguien que puso los intereses de otros por encima de los suyos, renunciando a lo que le correspondía por derecho, sin dejar de ser Dios.
Ese es el llamado: vivir así. Despojarnos como Él. Porque en el Reino de Dios, el camino hacia arriba siempre empieza bajando.
Despojos centrados en el evangelio
Despojarse del derecho a tener la razón. Ah, ese placer casi celestial de tener la última palabra. Nos encanta ganar discusiones, aunque perdamos la paz, el tiempo y la relación. En el matrimonio, discutimos “por principios”… hasta que ya nadie se acuerda cuál era el principio. Y en la iglesia, bueno, a veces defendemos “la sana doctrina” con un tono que ni Cristo usaría. Pero mira a Jesús: siendo la Verdad, no fue al Calvario con argumentos, sino con amor. Se calló ante sus acusadores porque su meta no era tener razón… era salvarnos. El evangelio nos enseña que la razón sin amor no edifica —y muchas veces, solo agranda el ego.
2. Despojarse del orgullo del reconocimiento. Nos encanta servir… siempre y cuando alguien lo note. Si hay aplausos, testimonio en redes y diploma de “siervo del mes”, estamos dentro. 
Pero cuando nadie agradece, cuando el servicio es invisible y el “gracias” no llega… ahí se revela si servimos por Cristo o por aprobación. Jesús sirvió en silencio, lavando pies que lo traicionarían en unas horas. Y lo hizo sabiendo que el Padre lo veía. Porque el evangelio nos recuerda esto: el Padre ve lo que el público no ve, y eso basta.
3. Despojarse del control. Nos encanta sentir que tenemos el control. Amamos planear, decidir, predecir… y luego nos frustramos cuando Dios “no coopera con nuestro calendario”. Pero Cristo, siendo igual a Dios, no usurpó nada. No trató de controlar la historia; se sometió al plan del Padre, aunque el plan pasara por la cruz. Y mientras nosotros hacemos corajes porque “las cosas no salen como queremos”, Jesús nos muestra que la paz no está en el control… sino en la confianza. A veces soltamos el control, pero seguimos dirigiendo desde el asiento del copiloto: “Señor, toma el volante… pero gira donde yo te diga”. El evangelio nos enseña que la fe no es dar instrucciones, sino entregar las llaves.
4. Despojarse del deseo de venganza. Nos fascina decir “yo perdono, pero no olvido”… que es básicamente no perdonar con buena memoria. Nos gusta imaginar “cómo se sentiría” que el otro pagara lo que hizo. Pero Cristo, que sí tenía todo el derecho a vengarse, eligió callar. No devolvió mal por mal, sino bien por mal. El evangelio nos enseña que el perdón no borra la justicia, la traslada: de tus manos a las manos de Dios. Cuando perdonas, no finges que no dolió; declaras que Jesús ya cargó con eso. Y eso, hermano, hermana… libera.
5. Despojarse del yo para abrazar el nosotros. Vivimos en la era del “yo”: “Yo merezco”, “yo necesito”, “yo siento”, “yo tengo derecho”. Hasta los comerciales lo dicen: “porque tú lo vales”. Y claro, eso suena bonito… hasta que hay que compartir el control remoto, ceder en el matrimonio o cambiar un pañal. Jesús no vino gritando “¡mírenme!”, sino sirviendo en silencio. En un mundo que dice “sé tú mismo”, el evangelio responde: “entrégate por los demás”. El matrimonio florece cuando uno decide morir a sí mismo. La crianza da fruto cuando sembramos con paciencia y lágrimas. La iglesia crece cuando dejamos de pelear por posiciones y empezamos a servir por convicción.
Porque cuando el “yo” muere, nace el “nosotros”. Y cuando Cristo vive en nosotros, el despojo ya no duele tanto… porque deja de ser pérdida, y se convierte en libertad.
El evangelio no nos llama solo a admirar a Cristo, sino a imitarlo. No se trata de renunciar a todo por culpa, sino de entregarlo todo por amor. Porque cuando nos despojamos, no perdemos… ganamos más de Cristo. Y eso cambia todo.
Cuando Dios nos llama a comportarnos de la manera digna del evangelio ese es el punto… 
El concepto de despojarnos implica un proceso espiritual profundo de transformación personal. 
Según el apóstol Pablo, como nuevas criaturas en Cristo, debemos despojarnos de todo lo perteneciente a nuestra vieja y corrupta carne: hábitos pecaminosos, actitudes incorrectas, motivos impuros.
 Sin embargo, no basta solo con despojarnos de la vieja vida; por la gracia de Dios y el poder del Espíritu Santo, debemos vestirnos intencionalmente del “nuevo hombre”, incorporando las cualidades de la vida de Cristo en nosotros.
Este proceso se asemeja a los atletas griegos que corrían despojados para no ser obstaculizados. 
La epístola a los Hebreos nos aconseja despojarnos de dos tipos de cosas: estorbos y pecados. 
Hay elementos que, aunque no sean pecaminosos, pueden entorpecer nuestro camino espiritual. Por ello, es crucial orar y pedirle al Espíritu Santo que nos revele qué cosas nos están estorbando para poder evitarlas.
Este despojo es como prepararse para una carrera, donde es necesario prescindir de todo aquello que nos frenaría. 
Al igual que los atletas que eliminan el peso extra para moverse con agilidad, nosotros debemos estar dispuestos a eliminar lo que nos impide avanzar espiritualmente. 
El ejemplo de Jesús no solamente nos desafía, también proyecta una visión de la recompensa que viene por someternos humildemente a Dios. 
Vemos la misma relación entre humildad y exaltación bosquejada en Santiago 4:10 y 1 Pedro 5:6
El camino a la exaltación es la humildad, el servicio a los otros. 
Pablo lo comprende totalmente y lo enfatiza usando la experiencia de Jesús como el ejemplo supremo. 
En lo que respecta al flujo de pensamiento del apóstol en este capítulo, su idea principal de tener el mismo sentir sigue siendo el mismo. 
El ejemplo de la humillación y exaltación de Jesús en el contexto presente está destinado a motivar a los filipenses a tomar en cuenta su llamado a tener el mismo sentir.
Conclusión: No es echarle ganas, es dejar que Él te forme
Entonces… ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo se tiene el mismo sentir de Cristo cuando todo en nosotros quiere lo contrario? Porque seamos honestos: tú y yo no lo logramos.
Queremos pensar como Cristo, pero reaccionamos como Pedro con la espada. Queremos servir como Cristo, pero nos frustramos cuando no nos agradecen. Queremos amar como Cristo, pero a veces nos sentimos más como Jonás: enojados, justificando por qué no podemos amar al que Dios ama.
Y entonces, claro, pensamos: “Ok, voy a echarle ganas”. Pero eso es como decir: “Voy a cuidar un jardín gritándole al zacate para que crezca”. No crece porque lo empujes; crece porque lo cuidas. Así funciona la salvación. Pablo lo dice en Filipenses 2:12: «Ocúpense en su salvación con temor y temblor». No para ganarla, sino para cuidar lo que Dios ya plantó en su corazón.
Recuerdo una vez que compré una planta suculenta —esas que prometen ser “imposibles de matar”. Mentira. La mía duró tres semanas. No porque no tuviera vida, sino porque no la cuidé. No la puse al sol, no la regué bien, y la llené de cosas encima. Y así pasa con nuestro corazón: Cristo ya plantó Su vida en nosotros, pero hay que cuidar que el ego, el orgullo o la culpa no la ahoguen.
Pablo no dice “échale ganas”, dice “cuida lo que Dios está haciendo en ti”. Cuidar significa reconocer que no somos los jardineros principales —el Espíritu Santo lo es. Nosotros solo quitamos la hierba, protegemos la raíz y confiamos en que Él dará el crecimiento.
Y eso cambia todo. Porque cuando entiendes el contexto del evangelio, dejas de juzgarte tan rápido. Sin contexto, si escuchas a alguien decir: “Jorge no quiere ir a trabajar”, pensarías: “Qué flojo”. Pero si te digo que Jorge tenía 39 de fiebre cuando lo dijo, ya entiendes el contexto. Así también el evangelio nos da contexto. Dios no ve solo tus fallos, ve la historia completa: ve a Cristo en ti, obrando aun cuando tú no puedes.
Por eso Pablo no empieza con “Compórtense de manera digna del evangelio” sin antes recordarte lo esencial: «Aquel que comenzó la buena obra en ustedes la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús».
¿Lo ves? Él no te pide algo que tú tengas que fabricar, sino algo que Él mismo está formando. Nuestra tarea no es producir el sentir de Cristo, sino cuidar el terreno donde el Espíritu lo está cultivando. No es correr más rápido, es soltar el peso que impide correr. No es esforzarte más, es rendirte mejor.
Así que cuando falles —porque fallaremos— no corras a esconderte, corre a Cristo. Cuando te sientas lejos del mismo sentir, recuerda: Él sigue obrando. Y un día, cuando el proceso termine, cuando el jardín florezca por completo, cuando ya no quede orgullo que arrancar ni ego que regar, podrás mirar atrás y ver que todo el tiempo el verdadero jardinero fue Él.
El sentir de Cristo no se fabrica, se forma. Y cuando se forma, transforma.
Te alabo y exalto tu nombre por haberte despojado voluntariamente de tu plenitud, y por asumir misericordiosamente nuestra naturaleza débil y degradada, con la capacidad de sufrir y morir, A fin de poder llenarnos al vaciarte tú mismo, poder salvarnos mediante tus sufrimientos, poder levantarnos por tu humillación, poder fortalecernos mediante tu debilidad, Y por tu muerte poder llevarnos a una inmortalidad gloriosa.
Tomás de Kempis (Escritor ascético)
Cuarto, Jesús se despojó a sí mismo de sus riquezas eternas.
John F. MacArthur
Quinto, Él se despojó a sí mismo por un tiempo de su relación única, íntima y directa con su Padre celestial, incluso hasta el punto de que Él lo desamparara.
John F. MacArthur
Tercero, Jesús se despojó a sí mismo del ejercicio voluntario de algunos de sus atributos divinos, mas no de la esencia de su deidad.
John F. MacArthur
Segundo, Jesús se despojó a sí mismo de la autoridad divina que podía ejercer con independencia.
John F. MacArthur
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