El Soldado de Cristo (4)
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14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,
Conexion con la porción anterior
1. Introducción: la armadura y la coraza
1. Introducción: la armadura y la coraza
El apóstol Pablo, al escribir acerca de la armadura de Dios en Efesios 6, utilizó la imagen del soldado romano, figura conocida para sus lectores. Ningún soldado en su sano juicio entraba en combate sin su coraza. Esta pieza protegía el pecho y, por ende, los órganos vitales, especialmente el corazón y la zona abdominal. Un golpe directo o una flecha perdida podían significar la muerte. Por eso, la coraza era indispensable, no un adorno opcional.
Pablo toma esta realidad militar para ilustrar la vida espiritual del creyente. Así como un soldado se aseguraba de cubrir sus áreas vulnerables antes de entrar en batalla, el cristiano debe protegerse contra los ataques del enemigo espiritual. La coraza que Pablo señala no es física, sino espiritual: la coraza de la justicia.
En su comparación, Pablo deja claro que la vida cristiana es un campo de batalla. No basta con estar comprometido (como lo señala el cinto de la verdad), sino que es necesario estar protegido por una vida justa. Sin esta justicia, la fe, la paz, la esperanza de salvación y el uso de la Palabra se debilitan.
2. El significado simbólico de la coraza
2. El significado simbólico de la coraza
La coraza romana cubría dos zonas clave:
El corazón, que en el pensamiento hebreo se asocia a la mente, el centro del razonamiento y la voluntad. La Biblia dice: “Como piensa en su corazón, tal es él” (Prov. 23:7
7 Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. Come y bebe, te dirá; Mas su corazón no está contigo.
También: “Del corazón salen los malos pensamientos” (Mt. 15:19
19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.
Las entrañas, símbolo de las emociones y afectos. La Escritura habla de “entrañas de compasión” o de “cerrar las entrañas” para referirse a la sensibilidad afectiva.
De esta manera, la coraza de justicia protege tanto el pensamiento como las emociones. El enemigo busca atacar esas dos áreas: confundir la mente con mentiras y falsedades, o perturbar las emociones para desviar deseos y pasiones. Si la mente y el corazón están desprotegidos, el creyente queda vulnerable.
El ataque de Satanás se manifiesta así:
Llenar la mente con falsa doctrina, medias verdades o filosofías contrarias a Dios.
Engañar la conciencia hasta endurecerla frente al pecado.
Corromper los deseos, impulsando hacia placeres ilícitos.
Manipular las emociones para producir tristeza indebida, enojo desmedido, ansiedad o deseos equivocados.
Por tanto, quien guarda sus pensamientos y emociones bajo la justicia de Dios se vuelve invulnerable.
3. ¿Qué tipo de justicia protege al creyente?
3. ¿Qué tipo de justicia protege al creyente?
Pablo habla de la “coraza de justicia”, pero surge la pregunta: ¿qué clase de justicia es esta? Se pueden considerar tres posibilidades:
1. La justicia personal (esfuerzos humanos, buenas obras).
2. La justicia imputada (la justicia perfecta de Cristo acreditada al creyente en la salvación).
3. La justicia práctica (la obediencia diaria y vida santa que brota de la salvación).
3.1. La insuficiencia de la justicia personal
3.1. La insuficiencia de la justicia personal
Muchos creen que son aceptos delante de Dios por ser “buenas personas”. Esta confianza en la propia justicia ha sido siempre un engaño del enemigo.
20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Los fariseos en tiempos de Jesús vivían convencidos de que podían alcanzar el cielo por su obediencia legalista. Pero Cristo fue claro: “Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt. 5:20.
La Escritura insiste:
“No hay justo, ni aun uno” (Ro. 3:10.
10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;
“Todas nuestras justicias son como trapos de inmundicia” (Is. 64:6
6 Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.
“Por gracia sois salvos por medio de la fe… no por obras” (Ef. 2:8-9
8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
9 no por obras, para que nadie se gloríe.
Un ejemplo claro es la parábola del fariseo y el publicano (Lc. 18:9-14
9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola:
10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.
11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;
12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.
13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
El fariseo confiaba en sus méritos; el publicano, en cambio, reconoció su pecado y clamó por misericordia. Jesús afirmó que este último salió justificado. El mensaje es claro: la justicia personal jamás puede cubrirnos como coraza.
3.2. La justicia imputada de Cristo
3.2. La justicia imputada de Cristo
Cuando una persona cree en Cristo, recibe por fe la justicia perfecta del Señor. Dios lo reviste con la santidad de Cristo y lo declara justo. Pablo lo expresa con claridad: “No teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (Fil. 3:9
9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;
Esta justicia imputada garantiza nuestra posición eterna delante de Dios. Cuando el Padre nos mira, ve la justicia de Su Hijo. Es un regalo gratuito que nos libra de condenación.
3.3. La justicia práctica: vivir lo que hemos recibido
3.3. La justicia práctica: vivir lo que hemos recibido
Aunque la justicia imputada asegura nuestra salvación, no significa que podemos vivir de cualquier manera. Esa justicia es la base para la justicia práctica, es decir, vivir una vida santa en obediencia a Dios.
Pablo mismo, después de hablar de la justicia de Cristo, declara su anhelo de “conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos” (Fil. 3:10.
10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,
Reconoce que aún debe avanzar en santidad y conformarse más a Cristo.
La verdadera coraza de justicia que protege al creyente en la batalla espiritual no es solo la imputación posicional de Cristo, sino la práctica diaria de la santidad. Un cristiano que no vive rectamente, aunque esté salvo, se expone a ataques y derrotas espirituales.
4. El peligro de una coraza de papel
4. El peligro de una coraza de papel
Muchos creyentes, en lugar de una vida de santidad, intentan cubrir sus áreas vulnerables con sustitutos superficiales: programas, métodos, psicología, técnicas humanas. Eso es como ponerse una coraza de papel: no resiste el ataque real.
Los problemas del cristiano —en el matrimonio, en la vida personal, en la iglesia— a menudo se deben no a la falta de recursos externos, sino a la falta de santidad personal. Cuando hay pecado no confesado, actitudes equivocadas, resentimientos guardados, descuido en la oración y en la Palabra, la vida espiritual se debilita.
Consecuencias de vivir sin justicia práctica:
Consecuencias de vivir sin justicia práctica:
1. Se pierde el gozo: David lo experimentó tras su pecado, clamando “vuélveme el gozo de tu salvación” (Sal. 51:12
1. Se pierde el gozo: David lo experimentó tras su pecado, clamando “vuélveme el gozo de tu salvación” (Sal. 51:12
12 Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente.
2. Se pierde el fruto espiritual: el creyente se seca como rama separada de la vid (Jn. 15:6
2. Se pierde el fruto espiritual: el creyente se seca como rama separada de la vid (Jn. 15:6
6 El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
3. Se pierde la recompensa eterna: Juan advierte: “Mirad por vosotros, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo” (2 Jn. 8
3. Se pierde la recompensa eterna: Juan advierte: “Mirad por vosotros, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo” (2 Jn. 8
8 Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo.
4. Se deshonra el nombre de Dios: un testimonio incoherente empaña la gloria de Cristo frente al mundo.
4. Se deshonra el nombre de Dios: un testimonio incoherente empaña la gloria de Cristo frente al mundo.
5. El llamado a una vida santa
5. El llamado a una vida santa
La verdadera victoria contra Satanás depende de la santidad personal. Pedro lo expresó: “Amados, os ruego… que os abstengáis de los deseos carnales que combaten contra el alma” (1 P. 2:11
11 Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma,
La batalla es real: los deseos carnales pelean contra nuestra vida espiritual. La estrategia es clara: abstenerse del pecado y vivir en integridad.
El creyente es un peregrino en este mundo. Nuestra ciudadanía está en los cielos (Fil. 3:20
20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;
Por lo tanto, no debemos enredarnos en los asuntos de esta vida como soldados distraídos (2 Tim. 2:4
4 Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.
La coraza de justicia implica mantenernos apartados del mundo, consagrados a Dios, caminando en pureza.
6. Aplicaciones prácticas
6. Aplicaciones prácticas
Examen personal: ¿Estoy viviendo en obediencia? ¿Estoy confesando mis pecados? ¿Hay áreas de mi vida donde alimento deseos pecaminosos?
Vida familiar: Muchos problemas matrimoniales y familiares no se resuelven con consejería externa, sino con santidad personal de cada miembro.
Iglesia: Lo que más necesita la iglesia no son programas nuevos, sino creyentes comprometidos a vivir en santidad.
Testimonio: Una vida justa habla más fuerte que mil palabras. La conducta íntegra abre puertas para que el evangelio sea creído.
7. Conclusión
La coraza de justicia es esencial en la batalla espiritual. No se trata de confiar en nuestras obras ni de contentarnos solo con la justicia imputada. Se trata de vestirnos cada día de justicia práctica, viviendo en santidad.
Un soldado romano jamás iría a la guerra sin coraza. Un cristiano tampoco puede enfrentar a Satanás sin santidad. Proteger la mente y las emociones bajo la obediencia a Dios es la clave para permanecer firmes.
La exhortación final es clara: pongámonos la coraza de justicia. Vivamos en rectitud delante de Dios, apartándonos del pecado, confesando nuestras faltas, y caminando en obediencia. Solo así seremos invulnerables ante el enemigo, experimentaremos el gozo, produciremos fruto, recibiremos recompensa y daremos gloria al Señor.
