Comunión en Comunidad
Tiempo después de Pentecostés • Sermon • Submitted • Presented
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41Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. 42Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
43Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. 44Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; 45y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. 46Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 47alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.
Introducción
Introducción
El primer domingo de octubre la iglesia celebra el Domingo de Comunión Mundial. Esta iniciativa nació en una iglesia presbiteriana de Pittsburgh y, con el tiempo, se extendió a través del Consejo Federal de Iglesias durante la Segunda Guerra Mundial como símbolo de esperanza en un mundo dividido.
Hoy la mesa del Señor es un signo visible de la comunión de todas las iglesias que confesamos a Cristo. Nos recuerda y nos anuncia que Cristo está siendo predicado en muchos países, ciudades y pueblos, y que nosotros somos parte de la iglesia vigilante que espera su regreso.
En este sentido, la comunión está íntimamente ligada a la comunidad: somos comunidad porque estamos en comunión con Dios. La comunión es la raíz: nuestra unión con Cristo. La comunidad es el fruto: la vida compartida en amor, servicio y perdón.
La Iglesia del Señor es una comunidad que vive en comunión con Cristo y que se expande por el mundo anunciando el amor de Dios y la esperanza para la humanidad. Esta Iglesia tiene sus raíces en Jerusalén: después de la ascensión, los discípulos se reunieron en un aposento alto, esperando la promesa del Espíritu Santo, que llegó en Pentecostés.
Las dudas sobre lo que estaba pasando en Pentecostés encontraron respuesta a través de la predicación de Pedro en donde tres mil personas se convirtieron al Señor. La comunidad de los ciento veinte se va fortaleciendo y va tomando forma y el pasaje que hoy leímos nos presenta esas características que han marcado la identidad de la Iglesia.
El pasaje de Hechos 2 nos muestra que, a pesar del desafío de integrar a tantas personas, la comunidad permaneció firme en lo esencial: “la enseñanza apostólica, la comunión, el partimiento del pan y la oración” (v. 42).
Revisemos cómo el texto describe cuatro marcas comunitarias de la iglesia y su impacto para nosotros hoy.
1. La enseñanza de los apóstoles
1. La enseñanza de los apóstoles
La nueva comunidad debía comprender que no era simplemente una prolongación del judaísmo. Aunque este proceso tomó tiempo, la enseñanza apostólica ya se distanciaba de la enseñanza clásica judía porque interpretaba la vida y obra de Jesús como cumplimiento de las promesas de Dios.
Los apóstoles transmitieron el evangelio de Cristo con sentido práctico, formando un estilo de vida marcado por la fe y la obediencia. El versículo 43 señala que el pueblo estaba asombrado por los prodigios y señales realizados. Al abrir los ojos de la fe, entendieron el mensaje de Cristo y dieron testimonio poderoso en su nombre.
Aplicación contextual. Para nosotros hoy, la enseñanza apostólica es la Palabra de Dios. A lo largo de los siglos hemos desarrollado teologías que intentan explicar la fe sencilla en la cruz. Nuestra iglesia debe permanecer firme en la Palabra, en el amor que Cristo nos enseñó y en el servicio al que hemos sido llamados.
2. La comunión
2. La comunión
Otro aspecto que marca la identidad de la iglesia es la comunión. El versículo 45 afirma que “todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones, y las compartían según la necesidad de cada uno”.
La comunión, vista así, tiene que ver con la construcción de un bienestar general y comunitario. Compartir lo que se tenía era un acto de solidaridad y amor que aseguraba que nadie pasara necesidad.
Aplicación contextual. La comunión no es un concepto abstracto; se define en el amor al prójimo cuando me identifico con él. Nuestra iglesia necesita crecer en comunión de manera que nadie quede solo en su necesidad. La mano extendida de cada uno es la mano extendida de Dios, que crea lazos de amor y fraternidad.
3. El partimiento del pan
3. El partimiento del pan
Fruto de la enseñanza y de la comunión, el versículo 46 dice que “perseveraban unánimes cada día en el templo y partían el pan en las casas, comiendo juntos con alegría y sencillez de corazón”.
El partimiento del pan tiene un doble sentido: las comidas compartidas en la vida diaria y la Cena del Señor como sacramento. La mesa se convierte en el lugar práctico y ético de la comunión, donde se evidencia la provisión abundante de Dios.
Aplicación contextual. La mesa representa la generosidad de Dios. Es lugar de encuentro, de alegría y reconocimiento mutuo como familia. La mesa del Señor es símbolo de comunión y amor, un acto de adoración comunitaria en el que experimentamos los valores del Reino.
4. La oración
4. La oración
Finalmente, la oración es el fundamento de la vida comunitaria. El versículo 46 recuerda que no dejaban de reunirse en el templo, y el 47 afirma que “el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”.
La oración es el estilo de vida del creyente piadoso. No podemos comprender la Palabra, vivir la comunión ni partir el pan sin una vida de oración y adoración.
Aplicación contextual. La vida de oración es el corazón del culto. No solo compartimos la mesa con generosidad y alegría: adoramos al Dios que nos sostiene y nos capacita para el servicio.
Conexión con la Teología Reformada
La tradición reformada ha llamado a estos cuatro elementos “los medios de gracia”: Palabra, sacramentos y oración (Catecismo Menor de Westminster, preg. 88–96). Son los medios que Dios nos ha dado para edificar su iglesia.
Como afirma la Confesión de Fe de Westminster:
“La comunión de los santos consiste en que todos los creyentes participan de Cristo y de todos sus bienes” (26.1).
Esto es lo que Hechos 2 nos describe: una comunidad que vive en Cristo, compartiendo sus dones en la vida diaria.
Conclusión
Conclusión
Una comunidad que sigue la enseñanza apostólica —que no es otra más que la de Cristo—, que vive en comunión, que comparte la mesa y que persevera en la oración, es una comunidad que atrae a otros. Estas son las marcas de la iglesia viva que el mundo necesita.
Hoy, al acercarnos a la mesa del Señor, preguntémonos: ¿estamos aportando a la visión comunitaria de Cristo o nos hemos aislado de ella? Recordemos que no somos un pequeño grupo exclusivo, sino parte del gran cuerpo de Cristo.
En este Domingo de Comunión Mundial, celebramos no solo con nuestra congregación, sino con hermanos y hermanas en todos los continentes. En Cristo somos un solo cuerpo y una sola familia, llamados a proclamar su amor y su paz.
Dios nos llama a vivir sabiendo que la raíz de nuestra comunión con Él se fortalece en los frutos de la comunidad.
