Mayordomos tóxicos no cuidan de sí mismos

Alef Zain Gama Sandoval
Mayordomía tóxica  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Introducción

Robert Murray McCheyne fue un joven pastor escocés del siglo XIX cuya vida, aunque breve, dejó una profunda huella en la historia cristiana. Desde su conversión a los 18 años, tras la muerte de su hermano mayor, vivió con una conciencia aguda de la eternidad y una pasión incesante por servir a Dios. Su ministerio en la iglesia de St. Peter’s, en Dundee, se caracterizó por su amor a la oración, su predicación centrada en Cristo y su cercanía pastoral con los pobres y enfermos. Era conocido por su disciplina casi ascética y su convicción de que “es mejor desgastarse que oxidarse”. Sin embargo, esa entrega constante lo llevó al límite físico; su cuerpo, frágil desde joven, comenzó a debilitarse por el exceso de trabajo y la falta de descanso, aunque él consideraba cada esfuerzo como una ofrenda a Dios.
En 1839, McCheyne viajó a Palestina junto con su amigo Andrew Bonar como parte de una misión para la Iglesia de Escocia. El viaje lo agotó profundamente, pero continuó sirviendo con la misma intensidad al regresar. Cuando una epidemia de fiebre tifoidea azotó Dundee, Robert no dudó en atender personalmente a los enfermos, hasta que contrajo la enfermedad él mismo. Murió el 25 de marzo de 1843, con apenas 29 años. Su muerte conmocionó a su congregación y a toda Escocia: multitudes asistieron a su funeral, y muchos testificaron que su ejemplo encendió en ellos un nuevo fervor espiritual. Aun en su ausencia, su vida siguió dando fruto: poco después, se produjo un avivamiento en su iglesia, y su plan de lectura bíblica —diseñado para leer toda la Biblia en un año— continúa siendo usado en todo el mundo.
Andrew Bonar, su amigo más cercano, publicó un año después Memoir and Remains of Robert Murray M’Cheyne, donde plasmó tanto su admiración como su dolor. En sus reflexiones escribió que Robert “fue una vela que ardió por ambos extremos”: su luz fue brillante, pero se consumió demasiado pronto. Bonar meditó sobre lo que Dios podría haber hecho con él si hubiera vivido más tiempo, y llegó a la conclusión de que el celo sin sabiduría puede acortar incluso el ministerio más santo. Sin embargo, reconoció también que Dios a veces concentra en pocos años lo que otros logran en toda una vida. De esa tensión nació su enseñanza más duradera: servir con pasión, pero con prudencia; amar a Dios con todo el corazón, pero sin olvidar que el cuerpo también es instrumento del Espíritu.

El amor por uno mismo también es importante

TEXTO: Mar 12:28-34
Los pilares de la ley:
El pilar de la ley de Dios: Amar a Dios con todo tu ser
El segundo pilar: Amar a tu prójimo como a ti
El tercer pilar: Amarte a ti mismo como a tu prójimo
Cuando el mayordomo se descuida, está rompiendo un pilar de la ley

El mayordomo tóxico descuida

Su relación con Dios: 1 Sam 15:10-11
Sus principales herramientas de servicio:
- Cuerpo: 1 Cor 13:3
- Mente: 1 Rey 19:4-8
- Alma: Sal 42:5-6
Su salvación: Fil 2:12-13

El crecimiento lo da Dios

TEXTO: Mar 4:26-27
Vídeo: The Last Knit - https://www.youtube.com/watch?v=M6ZjMWLqJvM
El crecimiento lo da Dios
El desarrollo lo da Dios
El tiempo es de Dios
El mayordomo prudente:
Trabaja y descansa
Traba y suelta
Trabaja y confía
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