AHORA DIOS MANDA QUE TODOS SE ARREPIENTAN
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Hechos 17:30-31 (RV60)
“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.”
Introducción: El Dios que habla otra vez (aprox. 3 minutos)
Introducción: El Dios que habla otra vez (aprox. 3 minutos)
Amigos, el mundo ha cambiado mucho, pero el corazón humano no ha cambiado nada. En cada generación, el hombre ha intentado vivir sin Dios, ha intentado crear su propia moral, su propia verdad, su propio camino. Pero el mensaje de Dios sigue siendo el mismo:
“Dios manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”.
En tiempos antiguos, dice el texto, Dios “pasó por alto” la ignorancia. No porque la ignorancia fuera inocente, sino porque su misericordia esperó. Dios esperó siglos, pueblos, imperios enteros… esperó. Pero ahora, dice la Biblia, ya no hay más excusas.
Vivimos en un tiempo donde el mensaje ha llegado a todos los rincones. Las Biblias están en las manos de millones, las congregaciones cristianas están abiertas, las palabras de Cristo suenan en la radio, en la televisión, en internet… ¡El mundo ha oído hablar de Jesús!
Y sin embargo, el mundo sigue corriendo hacia su perdición.
Dios ya no está en silencio. Él está hablando hoy, y está diciendo:
“Ahora es el tiempo de arrepentirse.
I. El mandamiento de Dios al mundo: “Que se arrepientan” (aprox. 5 minutos)
I. El mandamiento de Dios al mundo: “Que se arrepientan” (aprox. 5 minutos)
Nota cómo dice el versículo: “Dios manda.” No dice que “invita”, no dice que “sugiere”, no dice que “propone”. ¡Dice que manda!
El arrepentimiento no es una opción, es una orden del Dios del cielo.
Pero, ¿qué significa arrepentirse?
No es simplemente sentirse mal, ni derramar lágrimas, ni prometer que mañana serás mejor.
Arrepentirse es dar la vuelta, es cambiar de rumbo, es reconocer que ibas en el camino equivocado y regresar a Dios.
La palabra implica un giro de 180 grados.
Estabas caminando hacia el pecado, y ahora caminas hacia Cristo.
Antes amabas el mundo, ahora amas la verdad.
Antes seguías tus deseos, ahora sigues la voz del Señor.
Y Dios no manda esto a algunos, sino a todos los hombres, en todo lugar.
No importa tu edad, tu religión, tu posición social.
Dios no distingue entre ricos o pobres, entre sabios o ignorantes.
Dice “a todos los hombres en todo lugar”.
Porque todos —absolutamente todos— hemos pecado.
Y el pecado nos separa de Dios.
Puedes vestirte bien, puedes ir al trabajo, puedes tener una vida aparentemente estable… pero si tu alma está sin Cristo, estás separado de Dios.
Y sin arrepentimiento, no hay perdón.
Jesús mismo dijo:
“Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:3).
Por eso este mensaje es urgente.
No te estoy hablando de una religión nueva.
Te estoy hablando de un cambio de corazón.
Un cambio que solo Dios puede producir cuando tú te rindes a Él.
Hay personas que intentan cambiar por sí mismas, dejar malos hábitos, enderezar sus vidas, pero fracasan una y otra vez.
¿Sabes por qué? Porque el arrepentimiento verdadero no viene del esfuerzo humano, sino del Espíritu de Dios que convence al corazón del pecado.
Y quizás esta noche —o este día—, mientras escuchas estas palabras, el Espíritu Santo está tocando la puerta de tu corazón y diciéndote:
“Es tiempo de regresar.”
II. El día establecido: “Dios juzgará al mundo con justicia” (aprox. 8 minutos)
II. El día establecido: “Dios juzgará al mundo con justicia” (aprox. 8 minutos)
El texto dice:
“Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia…”
Amigo, esa frase debería hacernos temblar.
Dios ha establecido un día.
No un gobierno, no un hombre, no un calendario humano. Dios mismo ha fijado un día.
Y ese día está más cerca de lo que imaginamos.
Vivimos como si nunca fuéramos a morir, como si el mañana estuviera garantizado, pero la Biblia dice que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).
Hay un día de juicio.
Ese día no habrá abogados, ni excusas, ni apelaciones.
No habrá tiempo para negociar, ni palabras para justificarte.
Ese día, todo secreto será revelado.
Los pensamientos ocultos, las intenciones del corazón, todo saldrá a la luz ante el trono del Dios santo.
La Biblia dice que Él juzgará “con justicia”.
Eso significa que no habrá error, ni favoritismo, ni corrupción.
En los tribunales humanos puede haber injusticia. A veces el culpable sale libre, y el inocente sufre.
Pero ante el tribunal de Dios, todo será justo.
Él no juzgará comparando tu vida con la de otros.
No te preguntará si eras mejor que tu vecino, ni si tenías buenas intenciones.
Te juzgará según su santidad perfecta.
Y ante esa luz, nadie puede quedar de pie.
Cuando Isaías vio un vislumbre de la gloria de Dios, clamó:
“¡Ay de mí, que soy hombre inmundo de labios!” (Isaías 6:5).
Y eso mismo nos pasará a todos los que intentemos presentarnos sin Cristo.
Porque el pecado, aunque el mundo lo disfrace, es real y grave ante los ojos de Dios.
El juicio no es una amenaza vacía, es una advertencia de amor.
Dios no se complace en condenar.
Él advierte para que nadie tenga que perecer.
Así como un padre que ve a su hijo caminando hacia un precipicio grita desesperado “¡Detente!”, así Dios te está hablando hoy:
“Detente antes de que sea tarde.”
Pero aquí está la buena noticia — y es la razón por la cual predico hoy —:
Ese mismo Dios que juzgará al mundo con justicia envió a su Hijo para salvarlo con misericordia.
III. El Juez es también el Salvador: “Por aquel varón a quien designó” (aprox. 8 minutos)
III. El Juez es también el Salvador: “Por aquel varón a quien designó” (aprox. 8 minutos)
El texto continúa:
“…por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.”
¿Sabes quién es ese varón? Es Jesucristo, el Hijo de Dios.
Dios no dejó el juicio en manos de ángeles ni de profetas.
Lo puso en manos de Aquel que primero fue a la cruz.
El mismo que murió por ti será quien juzgue al mundo.
Eso significa que nadie podrá decir: “Dios no entiende lo que viví”, porque el Juez vivió entre nosotros.
Jesús conoció el dolor, el cansancio, la traición y la soledad.
Él no es un juez distante; es un Salvador que sufrió en tu lugar.
Y cuando el Padre lo levantó de los muertos, fue su manera de decirle al mundo:
“Este es mi Hijo, y en Él he puesto toda autoridad para juzgar y para salvar.”
Cristo venció a la muerte.
El sepulcro no pudo retenerlo.
El poder del pecado fue roto en la cruz.
Y ahora, resucitado, Él ofrece perdón, libertad y vida eterna a todo aquel que crea.
¡Qué mensaje glorioso!
El mismo Cristo que un día juzgará al mundo hoy te extiende su mano y te dice:
“Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mateo 11:28)
Hay un solo camino para escapar del juicio: Jesucristo.
No tus buenas obras, no tu religión, no tus promesas.
Solo Cristo.
“Si quieres ir al cielo, debes venir por la cruz.”
Y esa es la verdad.
Cristo no murió para darte una vida más fácil, sino para darte una vida nueva.
Murió para que tus pecados fueran perdonados.
Murió para que el juicio que merecías cayera sobre Él.
Y resucitó para abrirte la puerta de la esperanza.
La cruz no fue un accidente, fue un plan.
El plan perfecto del amor de Dios para rescatarte de la condenación.
IV. El llamado de Dios hoy: “Ahora manda que todos se arrepientan” (aprox. 8 minutos)
IV. El llamado de Dios hoy: “Ahora manda que todos se arrepientan” (aprox. 8 minutos)
Querido amigo, la Biblia no dice “mañana Dios mandará”, dice “ahora manda.”
El llamado es hoy.
No después, no cuando tengas tiempo, no cuando tu vida esté más ordenada.
¡Es ahora!
Cada día que pasa sin Cristo es un día más lejos de Dios. es un paso más hacia el juicio.
Y Dios, en su gran amor, te está diciendo hoy:
“Vuelve a mí antes de que sea demasiado tarde.”
El diablo —ese enemigo del alma— quiere hacerte creer que tienes tiempo, que más adelante tendrás una oportunidad.
Pero la Biblia dice:
“He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.” (2 Corintios 6:2)
Mañana no te pertenece.
Muchos pensaron que tendrían un mañana y ya no están aquí.
Pero tú estás aquí, escuchando este mensaje, y eso no es casualidad.
Dios te trajo para hablarte directamente al corazón.
V. El arrepentimiento que lleva a vida
V. El arrepentimiento que lleva a vida
Arrepentirse no es solo decir “lo siento”.
Es reconocer delante de Dios:
“Señor, he pecado contra ti, necesito tu perdón, necesito tu gracia, necesito que me salves.”
El arrepentimiento verdadero te lleva a la cruz.
Ahí ves el precio del pecado.
Ahí ves la santidad de Dios y el amor que entregó a su Hijo por ti.
En la cruz, Cristo llevó lo que tú merecías.
Sus manos clavadas fueron por tus pecados.
Su sangre derramada fue el pago por tu culpa.
Y su resurrección es la prueba de que el precio fue pagado en su totalidad.
Cuando te arrepientes y crees en Él, algo ocurre:
Dios borra tu pasado, limpia tu conciencia y te da un nuevo comienzo.
Ya no eres un pecador condenado, sino un hijo perdonado.
Por eso el evangelio no es una religión más; es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.
VI. El llamado de Dios exige obediencia, no indiferencia (aprox. 5 minutos)
VI. El llamado de Dios exige obediencia, no indiferencia (aprox. 5 minutos)
El texto dice:
“Dios manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan.”
No dice “invita”, ni “sugiere”, ni “aconseja”.
Dice: “manda.”
Y cuando Dios manda, el hombre debe obedecer.
El Creador del universo no le pide permiso a su creación para hablarle.
Él da un mandato: “Arrepiéntete.”
Y obedecer ese mandato es la diferencia entre la vida y la muerte.
En un mundo lleno de opiniones, Dios no nos deja una opción más en la mesa; nos deja una orden que requiere respuesta.
Cada persona, en todo lugar, está bajo la misma voz que resuena desde el cielo:
“Vuelve a mí.”
Desobedecer este mandato no es simplemente rechazar una idea religiosa.
Es rebelarse contra el Dios que te dio la vida, contra el Dios que te sostiene cada día.
Y esa desobediencia tiene un precio eterno.
Pero, ¡oh, qué grande es la misericordia de Dios!
Porque el mismo Dios que manda que te arrepientas también promete vida a todo el que obedece.
Él no manda para condenarte, sino para salvarte.
El mandato de arrepentirse es en realidad una puerta abierta a su gracia.
Cuando el hombre se humilla ante Dios, confiesa su pecado y abandona su camino, Dios lo recibe con brazos abiertos.
No importa el pasado, no importa lo que hayas hecho, si hoy obedeces la voz de Dios, Él perdonará tu pecado y te dará vida eterna.
VII. La bendición de obedecer: la salvación del alma (aprox. 3 minutos)
VII. La bendición de obedecer: la salvación del alma (aprox. 3 minutos)
Cuando Dios manda que te arrepientas, lo hace porque Él sabe lo que viene si no lo haces.
Hay juicio, hay condenación, hay separación eterna.
Pero cuando obedeces, cuando te vuelves a Él con fe sincera, hay perdón, hay paz, hay vida.
El arrepentimiento no es una carga, es un regalo.
No es el final de tu vida, es el comienzo de una vida nueva.
Porque al obedecer el mandato de Dios, el alma encuentra su verdadero descanso en Cristo.
Jesús dijo:
“El que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” (Juan 5:24)
Eso es lo que Dios quiere darte hoy: vida.
No una vida religiosa, sino una vida reconciliada con Él.
Una vida con propósito, limpia, renovada, eterna.
Y todo comienza con una palabra: obediencia.
Dios manda, tú respondes.
Dios habla, tú escuchas y obedeces.
Esa obediencia no es un rito, no es un trámite; es la rendición del corazón al Señor que te creó.
Hoy, si oyes su voz, no endurezcas tu corazón.
Obedece al Señor, arrepiéntete y cree en Cristo Jesús.
Esa obediencia traerá la bendición más grande que un ser humano puede recibir: la salvación de su alma.
