63D Yo Soy III
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Segunda Clase
Segunda Clase
(RECUERDE ENFATICE DESDE EL PUNTO DE VISTA DE REVELARSE O MOSTRARSE).
(RECUERDE ENFATICE DESDE EL PUNTO DE VISTA DE REVELARSE O MOSTRARSE).
Analicemos la expresión "Yo soy" desde una perspectiva lingüística, escritural y comunicativa, considerando sus usos en distintos idiomas. La expresión "Yo soy" corresponde a una construcción copulativa (sujeto + verbo ser/estar) que es fundamental en la comunicación humana, y sus usos varían según el contexto.
Los cuatro Evangelios canónicos contienen varios dichos que cuentan con la frase griega egō eimi («Yo soy»). Dado que en griego solamente se requiere la forma verbal (eimi) para expresar las palabras «Yo soy», la inclusión del pronombre personal (egō) da protagonismo a las palabras del orador.
Conocer algo es saber todo de el algo. Por ejemplo conoce la gelatina? Conoce los huesos? SE NECESITA UNA PRESENTACIÓN O ETIQUETA
¿Qué sucede si no se distingue entre un veneno y un alimento?
1 Corintios 13:9–12 (RVR60) — 9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. 11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. 12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.
Romanos 11:33–34 (RVR60) — 33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! 34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?
Deuteronomio 29:29 (RVR60) — 29 Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.
1. Declaración de identidad
Uso lingüístico: Sirve para expresar la identidad de una persona, entidad o cosa. Es uno de los usos más básicos y universales del verbo "ser".
Ejemplo en español: "Yo soy Luis."
Ejemplo en inglés: "I am Luis."
Ejemplo en francés: "Je suis Luis."
Cita bíblica: "Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre" (Éxodo 20:2). Aquí Dios declara claramente quién es, identificándose como el libertador del pueblo
Cita 1: "Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas, y las mías me conocen" (Juan 10:14). Jesús destaca su cualidad de ser un guía amoroso y protector.
Cita 2: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (Juan 11:25). Aquí Jesús enfatiza su poder y relación con la vida eterna.
2. Descripción cualitativa
Uso lingüístico: Se utiliza para describir cualidades permanentes o características inherentes. Es fundamental en la comunicación para transmitir información.
Ejemplo en español: "Yo soy alto."
Ejemplo en inglés: "I am tall."
Ejemplo en alemán: "Ich bin groß."
Cita bíblica: "Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas" (Juan 10:11). Jesús se describe como el pastor que cuida y protege a sus seguidores.
Cita 1: "Antes que Abraham fuese, yo soy" (Juan 8:58). Jesús subraya su existencia eterna, anterior a Abraham, vinculándose con el nombre divino.
Cita 2: "Porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis" (Juan 8:24). Jesús resalta la importancia de reconocer su verdadera identidad divina.
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3. Enfatizar una verdad absoluta o autoridad
Uso lingüístico y escritural: En textos sagrados, como en el Evangelio de Juan, "Yo soy" se usa para expresar la autoridad y esencia de Dios, como en las declaraciones de Jesús que exploramos antes.
Ejemplo en español: "Yo soy el camino, la verdad y la vida."
Ejemplo en griego (del Nuevo Testamento): "ἐγώ εἰμι ἡ ὁδὸς καὶ ἡ ἀλήθεια καὶ ἡ ζωή."
Cita bíblica: "Yo soy el que soy" (Éxodo 3:14). Esta es una respuesta de Dios a Moisés, afirmando su existencia eterna y divina.
Cita 1: "Yo soy el primero y el último, y el que vivo; y estuve muerto, mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 1:17-18). Jesús se presenta como eterno y vencedor de la muerte.
Cita 2: "Yo soy Jesús Nazareno, a quien vosotros crucificasteis" (Hechos 22:8). Jesús se identifica directamente con Saulo (Pablo) durante su conversión.
Apóstol Pablo dice: "A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo."
Aquí, Pablo destaca las inescrutables riquezas de Cristo, expresando que son inmensas, profundas y misteriosas, más allá de lo que la mente humana puede comprender completamente. Estas riquezas están disponibles para todos los creyentes y tienen un valor eterno.
Las "inescrutables riquezas de Cristo" se refieren a la abundancia inagotable de bendiciones y atributos asociados con Jesucristo en la teología cristiana.
Según los artículos, estas riquezas incluyen la obra redentora de Cristo (expiación, reconciliación, satisfacción)
1. Sus funciones actuales (como Mediador, Abogado, Sacerdote, etc.)
2. Sus nombres y títulos bíblicos (como Cordero de Dios, Pan de vida, Luz del mundo)
3. y sus cualidades y disposiciones hacia la humanidad (misericordia, amor, poder para perdonar y salvar)
Se describe que estas riquezas son inagotables, comparadas con una mina que nunca se agota o el sol que brilla constantemente.
Los artículos enfatizan que estas riquezas están disponibles para los creyentes, pero requieren dependencia de Cristo para "cobrar el cheque"
Se señala que comprender plenamente estas riquezas es un desafío, comparándolo con explorar una caverna inmensa o seguir un arroyo que se convierte en océano. Finalmente, se menciona que el propósito de los predicadores es declarar estas riquezas a los creyentes3.
4. Auto presentación social o formal
Uso comunicativo: Al conocer a alguien, se emplea para presentarse formalmente.
Ejemplo en español: "Hola, yo soy Luis, un placer conocerte."
Ejemplo en japonés: "私はルイスです (Watashi wa Luis desu)."
Cita bíblica: "Yo soy Jesús, a quien tú persigues" (Hechos 9:5). Estas palabras son de Jesús cuando se presenta a Saulo (Pablo) en el camino a Damasco.
5. Uso existencial o filosófico
Uso lingüístico y filosófico: Expresa la existencia en sí misma y la reflexión personal. Un ejemplo famoso es la frase de René Descartes, "Pienso, luego existo", que en esencia comunica "yo soy" en un sentido profundo.
Ejemplo en español: "Yo soy, luego existo."
Ejemplo en latín: "Ego sum, ergo existo."
Cita bíblica: "Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin" (Apocalipsis 22:13). Aquí Jesús describe su eternidad y existencia que abarca todo el tiempo y espacio.
Cita 1: "Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso" (Apocalipsis 1:8). Esta afirmación resalta la existencia eterna de Dios.
Cita 2: "Yo soy aquel que vive; estuve muerto, pero ahora vivo por siempre jamás" (Apocalipsis 1:18). Una declaración que reafirma la existencia continua de Jesús.
6. Uso poético o artístico
Uso escritural y creativo: En literatura o poesía, "Yo soy" se usa para mostrar emociones, metáforas o elementos identitarios.
Ejemplo en español: "Yo soy fuego, yo soy viento."
Ejemplo en inglés: "I am fire, I am wind."
Cita bíblica: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Juan 8:12). Jesús usa una metáfora poderosa para comunicar su papel iluminador en la vida espiritual.
Cita 1: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí" (Juan 14:6). Una metáfora rica que comunica quién es Jesús en relación con la salvación y la comunión con Dios.
Cita 2: "Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto" (Juan 15:5). Una imagen poética que habla de la conexión vital entre Jesús y sus seguidores.
Conclusión:
La expresión "Yo soy" es sencilla pero poderosa. En cada idioma y contexto, refleja algo esencial: la identidad, la descripción, la existencia, la relación con los demás, o incluso lo divino. En este sentido, se convierte en una herramienta básica para comunicarnos y expresar quiénes somos o qué somos.
2. El Evangelio de Juan
Entre las fórmulas «Yo» que caracterizan los discursos de Jesús joánico hay una serie de declaraciones egō eimi en los cuales se suelen identificar cuando menos tres patrones:
1. «Yo soy» con un predicado: Esto pasa cuando Jesús dice «Yo soy» seguido de algo que explica quién es o qué hace. Por ejemplo, en Juan 15:1, Jesús dice: «Yo soy la vid verdadera».
Aquí, la «vid verdadera» es el predicado, que ayuda a entender cómo se describe Jesús: como una planta que alimenta y conecta, muy importante para la vida. Es como si dijera: «Yo soy alguien esencial para ustedes, como una planta que da frutos».
2. «Yo soy» autónomo: En este caso, Jesús dice simplemente «Yo soy» sin agregar nada después que lo explique. Por ejemplo, en Juan 8:28: «Cuando hayan levantado al Hijo del Hombre, entonces sabrán que yo soy».
Aquí, «yo soy» no tiene un complemento porque quiere decir algo profundo: que Jesús es todo lo que necesitan saber, como una declaración completa. Es una forma poderosa de mostrar su identidad divina, diciendo que «Él es» de manera absoluta.
3. «Yo soy» con un predicado implícito: Aquí, Jesús dice «Yo soy», pero no menciona el predicado de forma directa. Tienes que entenderlo por el contexto de lo que está pasando. Por ejemplo, en Juan 18:5, cuando lo buscan, dice «Yo soy». En ese momento, lo que realmente está diciendo es «Yo soy Jesús de Nazaret», pero el predicado está implícito porque todos ya saben a quién buscan.
Además, el texto menciona que, a veces, las declaraciones autónomas («Yo soy») y las implícitas («Yo soy [Jesús de Nazaret]») no tienen una diferencia muy clara en el Evangelio de Juan.
2.1. «Yo soy» metafóricos (RECUERDE ENFATICE DESDE EL PUNTO DE VISTA DE REVERLARSE O MOSTRARSE). En siete ocasiones Jesús hace una autodeclaración en la que la expresión egō eimi se combina con un predicado y forma una imagen o concepto memorables.
«Yo soy el pan de vida» (Jn 6:35, 48) (cf. Jn 6:41, 51: «Yo soy el pan [de vida] que desciende del cielo»)
«Yo soy la luz del mundo» (Jn 8:12) (cf. Jn 9:5)
«Yo soy la puerta (de las ovejas)» (Jn 10:7, 9)
«Yo soy el buen pastor» (Jn 10:11, 14)
«Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11:25)
«Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14:6)
«Yo soy la vid verdadera» (Jn 15:1, 5)
A quién le intersa
Con respecto a la forma y estructura, varios de los «Yo soy» metafóricos o predicativos van seguidos, bien inmediatamente bien en el contexto general, de declaraciones condicionales que subrayan la importancia de seguir a Jesús (Jn 6:35, 51; 8:12; 10:9; 11:25–26; cf. Jn 6:48–50; 15:5–6). A veces, esta declaración condicional precisa las consecuencias de creer, tanto positiva como negativamente (e.g., Jn 8:12: «el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida»). En cuanto al contenido, las imágenes («pan», «luz», «vid», «pastor») asociadas al «Yo soy» operan en un plano material y se centran en realidades tangibles, aunque en un nivel más profundo apuntan más allá de los objetos materiales a la verdadera identidad de Jesús (véase Zimmermann, 126–31). Por lo que respecta a la función * cristológica, es necesario investigar el origen de estos dichos «Yo soy» metafóricos, así como su significado simbólico, que por lo general se puede determinar a partir del contexto joánico más amplio.
Teniendo en cuenta que los «Yo soy» aparecen atestiguados en una serie de tradiciones religiosas del antiguo Oriente Próximo, se ha propuesto una amplia gama de posibles paralelismos formales con las aretalogías de Isis («Yo soy Isis, el gobernador de toda la tierra» [inscripción de Cyme]) o los textos gnósticos de Nag Hammadi (e.g., «Yo soy el primero y el último» [The Thunder: Perfect Mind]), pasando por los declaraciones «Yo» Yahvé en el Antiguo Testamento (por ejemplo, «Yo soy tu escudo» [Gn 15:1]). Algunos estudiosos están deseosos de mantener un amplio contexto religioso para los «Yo soy» predicativos joánicos con el fin de poner de relieve su capacidad para atraer audiencias culturalmente diversas a los mundos textual y metafórico tan característicos del cuarto Evangelio (MacRae; Petersen).
Por lo que hace a las afinidades temáticas, todas las imágenes joánicas que se asocian al «Yo soy» cuentan con llamativos paralelismos en el Antiguo Testamento y la antigua tradición judía (véase Ball), tanto si hablamos de la imagen de Israel como un rebaño (Sal 77:20; 78:52) (véase PASTOR, OVEJAS) como de una vid (Sal 80:8; Jr 2:21; Ez 17:6–8; cf. Is 5:1–7), del *Siervo de Yahvé como «luz de las naciones» que abre los ojos de los ciegos (Is 42:6–7; 49:6; 51:4), o de la *Sabiduría que invita a la gente a comer su pan (Prov 9:5) y a comer y beber de los frutos de su viña (Eclo 24:17–18), de manera que tengan hambre de más y vuelvan a tener sed (Eclo 24:21). El hecho de que entre los posibles referentes de la imagen del «pastor» se encuentren el sucesor de *Moisés (Nm 27:17), *Dios (Ez 34:11–16; Miq 2:12) y su «siervo David» (Ez 34:23), no hace sino destacar la dificultad de relacionar las metáforas joánicas con un pasaje veterotestamentario concreto. Parece probable que Juan se esté inspirando deliberadamente en imágenes que tienen el potencial de evocar más de un referente; lo que todas estas imágenes tienen en común es que provienen de las promesas bíblicas sobre la *salvación divina.
La red de «Yo soy» metafóricos en el Evangelio de Juan tiene igualmente un nexo común que es el tema de la salvación, ya que todos ellos se centran en el papel de Jesús como fuente y dador de vida eterna. Tres de los dichos se refieren explícitamente a Jesús en términos de «vida» (zōē) («el pan de vida» [Jn 6:35, 48, 51]; «la resurrección y la vida» [Jn 11:25]; «el camino, la verdad y la vida» [Jn 14:6]), mientras que otros dos pronunciamientos contienen referencias explícitas a la «vida» en su contexto inmediato (Jn 8:12; 10:9–10). Además, Jesús como pastor da su vida por las ovejas (Jn 10:11, 15), algo que luego se explica: «Yo les [las ovejas] doy vida eterna; y no perecerán jamás» (Jn 10:28). La conexión con la «vida» también se mantiene en el séptimo y último de los dichos «Yo soy», donde se afirma que permanecer en la vid (= Jesús) sustenta la vida de las ramas (= discípulos) y es la fuente de su fruto (Jn 15:1–2, 4–5).
El vínculo entre el tema de la vida y los «Yo soy» de Jesús a veces se demuestra por sus obras milagrosas («señales»). La alimentación de los cinco mil «significa» la identidad de Jesús como el *pan de vida (Jn 6:1–14, 26–27), y su afirmación de ser la luz del mundo es ejemplificada por su posterior curación de un hombre ciego de nacimiento (Jn 9:5–41). Donde mejor se explica el otorgamiento de la vida escatológica por parte de Jesús es en la séptima de las señales joánicas: la resurrección de *Lázaro a la vida física sirve como representación simbólica de la afirmación de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11:25), pero también como una manifestación concreta de su promesa anterior de que «Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán» (Jn 5:25 [cf. Jn 11:38–44]).
Dado que a Dios se le describe frecuentemente como el único dador de vida * (Dt 32:39; 1 Sm 2:6; Sal 36:10), y algunas de las metáforas joánicas se utilizan en el AT como designaciones para Dios («luz», «pastor»), la identificación de Jesús con estas imágenes que evocan la vida equivale a una apropiación cristológica del papel tradicionalmente atribuido en exclusiva a Dios. La rotundidad de la fórmula («Yo soy») articula así la exclusividad de la afirmación de Jesús de encarnar la presencia reveladora y salvífica de Dios.
2.2. «Yo soy» absolutos. Un segundo patrón de uso se centra en las declaraciones de Jesús en las que egō eimi aparece sin un predicado. En estos casos, que habitualmente se conocen como dichos egō eimi «absolutos», Jesús emplea la frase «Yo soy» sin identificar claramente, por lo que parece, qué es lo que dice ser. Les dice a sus oponentes: «si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados» (Jn 8:24 [cf. Jn 8:28]), y ellos recogen piedras para matar a Jesús al oírle proclamar: «antes que Abraham fuese, yo soy» (Jn 8:58). Y cuando Jesús predice la traición que se avecina, informa a los discípulos en estos términos: «Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy» (Jn 13:19).
Existe un gran debate sobre el origen y significado de estos enigmáticos «Yo soy» absolutos, para los que no existen, a diferencia de sus homólogos metafóricos, paralelismos no judíos. Se ha afirmado que el uso que hace Juan de egō eimi en su forma bipartita es un eco de la revelación del nombre de Dios a Moisés: «Yo soy el que soy» (Ex 3:14a [heb. ’ehyeh ’ăšer ’ehyeh]), que se traduce en la LXX como egō eimi ho ōn («Yo soy el que es») (véase Odeberg, 308–10; Fossum, 127–28). Cabe señalar, sin embargo, que el texto de Éxodo 3:14 en la versión de la LXX da mayor protagonismo a ho ōn que a egō eimi, puesto que el Señor le indica a Moisés que le diga al pueblo: «YO SOY [ho ōn] me envió a vosotros». Si Éxodo 3:14 ha influido en el uso que hace Juan de egō eimi en su forma absoluta, esto probablemente se ha producido indirectamente a través de otras autodeclaraciones divinas en el Antiguo Testamento que pueden proporcionar una explicación más adecuada de las palabras de Jesús.
La clave que parece desbloquear el significado de los «Yo soy» bipartitos de Juan es el uso distintivo de egō eimi en las versiones de la LXX del Cántico de Moisés (Dt 32:39) y las profecías de Deutero-Isaías (Is 41:4; 43:10, 25; 46:4; 51:12; cf. Is 45:18; 52:6) para traducir la proclamación de Jehová de su divinidad exclusiva y soberanía eterna: «Yo soy él» (heb. anî hû’). La presentación de egō eimi como objeto de la fe (Jn 8:24; 13:19) y el conocimiento (Jn 8:28) encuentra su paralelo más cercano en Isaías 43:10 (LXX), donde Yahvé exhorta a Israel a actuar como su testigo, «para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy [egō eimi]» (véase Ball, 188–95; Williams, 271–73). Varios otros paralelismos temáticos y estructurales sugieren fuertemente que Juan ha reflejado de manera consciente el marco y significado de «Yo soy» como la autodeclaración de Dios. En los discursos de juicio de Isaías, algunos de los argumentos que se presentan como prueba de que solo Jehová es Dios se asemejan mucho al contexto de los dichos egō eimi de Jesús. Al igual que Yahvé, Jesús existe desde la eternidad (Jn 8:58; cf. Is 41:4; 43:13; 48:12), es capaz de predecir y controlar los acontecimientos (Jn 13:19; cf. Is 43:9–10; 46:10–11), ofrece la salvación a aquellos que creen en él (Jn 8:28; cf. Is 41:4; 46:4; 48:12), aunque los que le rechazan se enfrentan a la condenación (Jn 8:24). Como elemento central de la afirmación de Jesús está su singular estatus divino: él puede declarar egō eimi porque es la encarnación del Verbo eterno, el emisario celestial, el Hijo, que habla y actúa en unidad con el Padre.
También es posible que cuando Jesús afirma que le ha sido dado el nombre de Dios y que lo ha manifestado durante su misión en la tierra (Jn 17:6, 11, 12, 16), el nombre en cuestión sea egō eimi como una traducción de la declaración hebrea ’anî hû’ (véase Brown, 1:533–38; 2:755–56). Además de la amplia evidencia judía para el uso de hû’ («él») como sustituto para el Tetragrámaton (e.g., 1QS VIII, 13; m. Sukkah 4:5), aquellos casos en los que la LXX dicen egō eimi egō eimi (LXX 43:25; 51:12) bien pudieron haber llevado a Juan a interpretar la segunda aparición como el nombre divino: «yo soy YO SOY» (véase Dodd, 94).
2.3. Los «Yo soy» con un predicado implícito. Otra serie de declaraciones egō eimi joánicas se clasifican comúnmente como declaraciones de autoidentificación, ya que se puede suministrar un predicado desde el contexto inmediato (Jn 4:26; 6:20; 18:5, 6, 8). Por lo tanto, la observación de la mujer samaritana: «Yo sé que el Mesías ha de venir» lleva a Jesús a anunciar: «Yo soy, el que habla contigo» (egō eimi ho lalōn soi) (Jn 4:25–26). En otras palabras, Jesús se identifica a sí mismo como el Mesías, el que «declarará todas las cosas» (Jn 4:25). Ofrece una respuesta similar al grupo que le va a arrestar cuando afirman que están buscando a «Jesús de Nazaret»; una vez más resulta apropiado, al menos en términos formales, interpretar las palabras de Jesús como que él es el personaje en cuestión: «Yo soy [Jesús de Nazaret]» (Jn 18:5, 6, 8). Numerosos paralelos con este uso de egō eimi (por ejemplo, 2 Sm 2:20 [LXX]; TestJob 29:4; 31:6; Mc 14:62; Jn 9:9) indican que, como declaración de identidad, no posee necesariamente un significado cristológico.
Es probable, sin embargo, que Juan, en estas ocasiones, interactúe deliberadamente con los distintos significados posibles de egō eimi, desde su uso en el lenguaje cotidiano a su función de contenido más teológico como autodeclaración divina. Por ejemplo, no solo se parecen las palabras de Jesús en Juan 4:26 con la proclamación de Yahvé Is 52:6 [LXX] (egō eimi autos ho lalōn), sino que la posición central de la declaración de Jesús dentro de la escena también da a entender que egō eimi sintetiza todo lo revelado hasta ahora a la mujer acerca de sí mismo (Jn 4:10–26). Del mismo modo, las connotaciones teofánicas del egō eimi de Jesús mientras camina sobre el mar (Jn 6:20) indican que esta ocasión de automanifestación divina («Yo soy; no temáis» [cf. Is 41:10, 13; 43:1]) es lo que permite a los discípulos pasar de las tinieblas (Is 42:16) y alcanzar la seguridad del otro lado (cf. Is 43:16; 51:10). La fuerza polivalente de egō eimi encuentra su manifestación más dramática en el relato del arresto de Jesús, donde la respuesta de los soldados que se echan hacia atrás y caen al suelo (Jn 18:6) demuestra el control soberano de Jesús sobre los acontecimientos que condujeron a su muerte. De hecho, el doble pronunciamiento de Jesús de egō eimi en esta escena sirve como poderoso ejemplo de los reclamos vinculados a esta escurridiza expresión en otros pasajes de Juan, ya que sintetiza la presentación joánica de Jesús como aquel en quien Dios se revela y sus promesas se cumplen.[1]
[1] Williams, C. H. (2016). «YO SOY» DE JESÚS. En J. B. Green, J. K. Brown, & N. Perrin (Eds.), & R. Gómez Pons (Trad.), Diccionario de Jesús y los Evangelios (pp. 1197-1200). Editorial CLIE.
Yo soy, los dichos (ἐγώ εἰμί, egō eimi). Examina los pasajes del Nuevo Testamento en los que Jesús usa la expresión griega “Yo soy” en relación con su divinidad. Este uso es especialmente destacado en el Evangelio de Juan.
Dado que εἰμί (eimi) solo se puede traducir como “yo soy”, la presencia de ἐγώ (egō) sirve para agregar énfasis: “Yo, sí, yo soy”. Jesús usa esta expresión de dos maneras principales, las cuales se hacen eco de la descripción del Antiguo Testamento de Yahweh:
1. En una construcción de predicado simple, como “Yo soy el buen pastor”;
2. En sentido absoluto, sin una expresión predicativa, de modo que se traduzca simplemente como “yo soy”.
“Yo soy” en Éxodo 3:14
La frase “Yo soy” reflejada en Éxodo 3:14, en la que Dios se presenta a Moisés con una expresión generalmente traducida como “Yo soy El que soy”. El nombre personal de Dios reflejado en el tetragrámaton, YHWH (יהוה, yhwh), se relaciona con esta construcción hebrea. La frase tenía la intención de transmitir la eternidad, la autoexistencia y la inmutabilidad que le pertenecen solo a Dios.
La Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento, muestra la apertura de la frase en Éxodo 3:14 como ἐγώ εἰμί (egō eimi), que equivale a un título para Dios en otra parte del Antiguo Testamento (por ejemplo, Is. 43:10, 25; 45:18; 46:4; 51:12; 52:6).
Implicaciones Cristológicas
El uso de Jesús de ἐγώ εἰμί (egō eimi) en el sentido absoluto (“Yo soy”) se basa en Éxodo 3:14 y otros pasajes del Antiguo Testamento donde la frase claramente se refiere a Dios. Al usar la expresión, Jesús parece identificarse explícitamente con Yahweh, afirmando su eternidad, autoexistencia e inmutabilidad, y afirmando tener la presencia de Yahweh en la Tierra. Jesús emplea este sentido absoluto de ἐγώ εἰμί (egō eimi) en los evangelios, particularmente en el evangelio de Juan (Mateo 14:27; Marcos 6:50; 14:62; Lucas 22:70; Juan 8:24, 28, 58; 13:19; 18:6). El uso constante del tiempo presente “Yo soy”, en lugar del tiempo pasado “Yo era”, sugiere que la frase tiene inmutabilidad a la vista. Muchas traducciones proporcionan la palabra “él” (“Yo soy él”) para evitar un incómodo final de la frase; sin embargo, este término no está presente en el texto griego.
En pasajes donde Jesús hace una declaración de “Yo soy”, la reacción negativa de sus oponentes refuerza la opinión de que la frase equivale a un reclamo de deidad. Por ejemplo, Juan 18:6 registra que aquellos que vinieron a arrestar a Jesús “retrocedieron y cayeron al suelo” cuando se identificó con las palabras “Yo soy”. Juan puede presentar este evento como una teofanía, ya que las personas reaccionan como si la presencia de Dios se manifestara ante ellos. Cuando Jesús se describe a sí mismo como “yo soy” en Juan 8:58, los judíos intentan apedrearlo porque interpretan sus palabras como un reclamo blasfemo de deidad. Según Guthrie, “parece poco problable, por lo tanto, que la declaración de 8:58 pretende transmitir de manera extraordinaria cualidades exclusivamente divinas como la inmutabilidad y la preexistencia” (Guthrie, New Testament Theology).
Además de los Evangelios, Apocalipsis registra a Jesús usando la frase “Yo soy” (en la construcción del predicado simple, en lugar del sentido absoluto). En Apocalipsis 2:23 Jesús dice: “Yo soy el que escudriña la mente y el corazón”; en Ap. 22:16 Él dice: “Yo soy la raíz y el linaje de David” (Guthrie, New Testament Theology).
Los dichos “Yo Soy” en el Evangelio de Juan
Jesús usa la frase “Yo soy” para describirse en siete metáforas en el evangelio de Juan. Estas simples construcciones de predicados proporcionan información sobre la visión de Jesús de sí mismo:
• “Yo soy el pan de vida” (6:35, 48; ver también 6:41, 51).
• “Yo soy la luz del mundo” (8:12; 9:5).
• “Yo soy la puerta” (10:7, 9).
• “Yo soy el buen pastor” (10:11, 14).
• “Yo soy la resurrección y la vida” (11:25).
• “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (14:6).
• “Yo soy la vid verdadera” (15:1; ver también 15:5).
Jesús conecta selectivamente algunas de estas afirmaciones con las siete señales registradas en el evangelio de Juan. Por ejemplo, poco después de alimentar a los 5,000 (6:5–14), afirma ser el “pan de vida” (6:35). Justo antes de sanar al hombre nacido ciego (9:6–7), Jesús se llama a sí mismo la “luz del mundo” (9:5). Inmediatamente antes de resucitar a Lázaro de entre los muertos (11:43–44), Jesús afirmó ser “la resurrección y la vida” (11:25).[1]
[1] Miller, J. E. (2014). I Am Sayings. En J. D. Barry & L. Wentz (Eds.), Diccionario Bíblico Lexham. Lexham Press.
DIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO, NOMBRES DE
Las palabras más comunes para Dios en el AT son el nombre Jehová (6639 veces) y Elohim («Dios», 2750 veces). La siguiente discusión se enfoca en los nombres menos frecuentes para Dios.
Adón
El Heb. ʾāḏôn significa «señor», con la connotación de superioridad, y se usaba tanto con humanos como con soberanos divinos. En el AT indica el poder y control de Jehová sobre todos y todo. La forma Adonay (ʾăḏōnāy) se usa exclusivamente con Jehová. La terminación -āypodría ser enfática («el Señor de todo»). La traducción tradicional «mi Señor» asume un plural de majestad, con una vocal final alargada para distinguirlo de otros «señores», tanto humanos como divinos. Cuando se usa independientemente de Jehová, asume el carácter de un nombre separado, pero la referencia al Dios de Israel siempre es clara (p.ej., Gn 18:27; Ex 5:22; 34:9; Is 6:1). Finalmente llegó a ser pronunciado en lugar del nombre sagrado Jehová.
Baal
El Heb. ba‘al también significa «señor», pero con un matiz de posesión; entre otras traducciones están «maestro» y «esposo». Frecuentemente se usa con referencia a dioses no israelitas en general y como el nombre del dios cananeo de la tormenta en particular. La única evidencia clara de Baal como título para Jehová es el nombre Be’alyah (1 Cr 12:5[TM 6]; «Jah es Señor»). No es posible determinar si otros nombres que incorporan Baal se entendían inicialmente como nombres que se referían a Jehová. Por ejemplo, el hijo de Saúl Es-baal («hombre de Baal», 1 Cr 8:33; 9:39) también pudo haber sido llamado Ísui («hombre de Jehová» (?)»; cf. 1 S 14:49), pero está claro con la substitución de bōšeṯ(«vergüenza»), en casi todos esos nombres, que los deuteronomistas entendían el elemento teofórico como el dios cananeo. A Es-baal se le llama Is-boset en toda la historia deuteronómica (p.ej., 2 S 2:8, 10, 12, 15), y al hijo lisiado de Jonatán, Meribaal (1 Cr 8:34; 9:40), se le llama Mefi-boset (p. ej., 2 S 4:4). Finalmente, se ha sugerido que Oseas 2:16[18] («En aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baali») rechaza el uso establecido de Baal para Jehová como Señor. Por otro lado, el contexto es el matrimonio, y ambos términos hebreos deberían traducirse como «esposo», pues el profeta rechaza el último para evitar cualquier confusión posible con la deidad pagana.
El
El Heb. ʾēl es el equivalente hebreo de la palabra semítica común para «Dios» (cf. Ugar. ʾilāh, Fen. ’l). El derivado más probablemente es de la raíz verbal ’wl, «ser fuerte, dominar». Aunque el término frecuentemente significa simplemente «dios» en el AT, hay algunas veces en que preserva el nombre de una deidad aparte de Jehová. En Génesis 33:20 Jacob dedica un altar en Siquem a ʾēl ʾĕlōhê yiśrāʾēl, «El, el dios de Israel», en tanto que en 46:3 un dios se identifica con Jacob como ʾēl ʾĕlōhê ʾā,îḵā, «El, el dios de tu padre». Por lo tanto, no debería ser sorprendente que el nombre Jacob fuera cambiado a «Isra-El» después de su encuentro nocturno con «un hombre» (¿Dios?) en el Jaboc (Gn 32:22–30[23–31]) o que a la primera confederación tribal se le llamar «Israel». Esto indica que Elera la deidad que adoraba el grupo (o los grupos) que preservaba las historia patriarcal y que la identificación de Jehová con «el dios de Abraham, Isaac y Jacob» en Éxodo 3:6 representa una asimilación posterior de dos deidades originalmente distintas.
Frecuentemente, a ʾēlinmediatamente le sigue un epíteto, p. ej., «El, que ve» (’ēl roʾî, Gn 16:13; cf. 22:14) y «El, eterno» (’ēl ʿôlām, Gn 21:33; cf. Is 40:28; Jer 10:10). La frase ʾēl bêṯ-ʾēl de Génesis 35:7 podría significar simplemente «el dios de Betel», pero la evidencia de El como el dios de los patriarcas, especialmente Jacob, apoya la traducción «El de Betel». De manera similar, ʾēl bĕrîṯ de Jueces 9:46 se entiende mejor como «El del pacto»; baʿal bĕrîṯ («señor del pacto», Jue 8:33; 9:4) probablemente es un epíteto de El. Estos «nombres con El» están asociados con lugares específicos (p.ej., pozo del Viviente-que-meve (Beer-lahai-roi), Beerseba, Bet-el, Siquem), y generalmente se interpretan como manifestaciones locales de El.
El Elyón
El adjetivo ʿelyôn comúnmente se aplicaba a reyes y dioses, y El Elyón (Heb. ʾēl ʿelyôn) también es un título apropiado para el dios alto del panteón cananeo («El, el altísimo»). En Génesis 14:19, a El Elyón se le llama «creador de los cielos y de la tierra» (qōnēh šāmayim wāʾāreṣ). Esta es una ampliación de «El, creador de la tierra» (’l qn ’rṣ) que aparece en una inscripción fenicia del siglo VIII a.C. de Karatepe y en una inscripción neopúnica, y se refleja en el nombre divino dElku-ni-ir-ša de un mito hitita descubierto en Boghazköy. En cuanto a ubicación, aparte de Salmos 78:35, la fórmula completa aparece solamente durante el encuentro de Abraham con Melquisedec, rey de (Jeru)salén (Gn 14:18–20, 22). Sin embargo, se divorcia de Jerusalén en las 50 veces que Elyon aparece sola (cuatro se ponen en un plano paralelo con El), y en Salmos 78:35, el contexto es el viaje en el desierto. Aparte de la identificación de Abraham de (El) Elyon con Jehová, las dos se vinculan solamente en el Salterio (Sal 7:17[18]; 18:13[14] [= 2 S 22:14]; 21:7[8]; 47:2[3]; 38:18[19]; 91:9; 92:1[2]; cf. Sal 97:9 y los vínculos con el otro nombre, Elohim, del Salterio Elohista: Sal 46:4[5]; 50:14; 57:2[3]; 73:11; 78:56).
El Shaddai
Aparte de la Biblia, este nombre aparece en Ugarit y en una inscripción talmúdica de Teimā. La inscripción de Deir ‘Alla menciona a un grupo de dioses llamados los šdyn. El El Shaddai bíblico (Heb. ʾēl) tradicionalmente se traducía como «Dios Todopoderoso» por la influencia del pantokrátōr de la LXX y del omnipotens de la Vulgata. El elemento šadday generalmente se explica como un doble de šaḏ («pecho, montaña»). La traducción «El de las montañas» encaja bien con la descripción ugarítica de la residencia de El en la(s) montaña(s) cósmica(s) y en las «montañas de El» (harĕrê-ʾēl) de Salmo 36:6(7). Ya que El era el dios de los patriarcas, es significativo que cinco de los seis casos de la fórmula completa aparezcan en Génesis (Gn 17:1; 28:3; 35:11; 43:14; 48:3). La función de Shaddai como un epíteto de El se refleja más adelante con su aparición de 13 veces simultáneamente con El (p. ej., Nm 24:4, 16; Job 8:3; 13:3) y dos veces con Elyón, otro de los títulos de El (Nm 24:16; Sal 91:1). El hecho de que se haya considerado un nombre divino antiguo se evidencia con el hecho de que 31 de los 41 casos de Shaddai por sí solo se encuentran en el libro de Job, que deliberadamente usa arcaísmos. La autorrevelación de Jehová a Moisés como El Shaddai en Éxodo 6:3 es parte de la identificación bíblica general de Jehová con El (cf. Gn 17:1; Rt 1:21; Is 13:6; Jl 1:15).
Eloah
Forma extendida de El y posiblemente el singular de Elohim, el Heb. ʾĕlōah se usa tanto como un apelativo de «dios», como un nombre divino. Así como con El y Elohim, algunos casos son ambiguos, pero ʾĕlōah claramente es un sustantivo en 2 Crónicas 32:15; Salmos 114:7; Isaías 44:8; Daniel 11:37–39. La mayoría de casos de Eloah como nombre aparecen en la poesía de Job (que incluye todas las 41 veces de Job), donde pone en plano paralelo a Shaddai con El. Aparte de Job, Eloha se entiende que es Jehová.
Temor de Isaac
A «paḥaḏ de Isaac» se le atribuye ayudar a Jacob durante su estadía con Labán (Gn 31:42), y Jacob invoca al «paḥaḏ de su padre Isaac» como un aval del tratado posterior con su suegro. El contexto y contenido requieren de un matiz de protección divina, descartando posibles derivados que signifiquen ya sea «clan» o «muslo» (cf. Gn 24:2; 9; 47:29). La traducción tradicional como «temor de Isaac» denota el temor que Dios infunde en otros, como un medio para proteger a Isaac y a Jacob (cf. «el temor de Jehová en 1 S 11:7; Is 2:10, 19, 21). Es más una descripción de la actividad de Dios que un nombre.
El Santo
El Heb. qāḏôš hace énfasis en la alteridad esencial de la divinidad en general y de Jehová en particular: De los 44 casos, 31 están como «El Santo de Israel». Es un término favorito en Isaías (30 veces: 25 con la fórmula completa; otras 3 se refieren a Israel en el mismo versículo). A menudo se utiliza en el contexto de la pecaminosidad de Israel, por esa razón acentúa el contraste con Jehová (p.ej. Sal 78:41; Is 1:4; 30:12; 37:23; Jer 51:5; Os 11:12[12:1]). El vocativo de Salmos 71:22 indica que podría utilizarse como un nombre divino, como lo hace el paralelo de Eloah en Habacuc 3:3.
El Fuerte de Jacob
El adjetivo ʾabbîr significa «fuerte, poderoso» y se usa con humanos y animales. El animal fuerte por excelencia era el toro (cf. el paralelismo de Is 34:7; Sal 22:12[13]), y muchos traducen la frase ʾăḇîr yaʿăqōḇ como «el Toro de Jacob», haciendo referencia al epíteto del «Toro» por El en Ugarit. En Génesis 49:24 la frase se vincula en relación con El Shaddai (v. 25b) y con «El, tu padre» (v. 25a). Esto probablemente representa la preservación de otro recuerdo de El como el dios de Jacob, que hace énfasis en el poder de la deidad de cuidar del patriarca. No obstante, todos los demás ejemplos explícitamente identifican al «Fuerte» con Jehová (Is 49:26; 60:16; Sal 132:2, 5; cf. Is 1:24, «el Fuerte de Israel»). La orientación masorética, sin una daguesh en la consonante de en medio, desasocia al epíteto del simbolismo del toro del rito israelita del norte y busca evitar confusión con Baal.
Véase más en las entradas individuales.
Bibliografía. A. Alt, «The God of the Fathers,» in Essays on Old Testament History and Religion (1967, repr. Sheffield, 1989), 1–77; F. M. Cross, Canaanite Myth and Hebrew Epic(Cambridge, Mass., 1973), 31–75; O. Eissfeldt, «ʾāḏôn, ʾaḏōnāy,» TDOT 1.59–72; T. J. Lewis, «The Identity and Function of El/Baal Berith,» JBL115 (1996): 401–23.[1]
[1] McLaughlin, J. L. (2016). DIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO, NOMBRES DE. En S. Pagán, D. G. Ruiz, & M. A. Eduino Pereira (Eds.), Diccionario Bíblico Eerdmans (pp. 498-500). Editorial Patmos.
Lo que los académicos descubrieron detrás del velo fue un Jesús creado a su propia imagen conforme a sus propios prejuicios. Los liberales del siglo XIX descubrieron un Jesús “liberal”; los existencialistas descubrieron un héroe existencial; y los marxistas descubrieron un revolucionario político. Los idealistas descubrieron un Jesús idealista y los pragmáticos descubrieron un Cristo pragmático. Buscar detrás o más allá del Nuevo Testamento es salir a cazar gamusinos equipado con los focos del orgullo y el prejuicio.
R. C. Sproul
