Cena del Señor - Octubre 2025

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¿Estará Dios obrando en mi vida, a mi alrededor? ¿Está Dios participando de alguna manera en las circunstancias que me toca enfrentar? Los eventos que se producen cada día en mi vida son sorpresivos y aleatorios para mí, pero no para Dios. Dios tiene el control de cada situación, y definitivamente, a Él no lo toman por sorpresa.
La mayoría de nosotros hemos participado alguna vez en la organización de un evento, ya sea un encuentro de amigos, una celebración familiar o algún evento parecido. Cuando lo hacemos nos preguntamos cosas como:
¿Dónde nos vamos a reunir?
¿Qué vamos a comer?
¿Vamos a necesitar espacio para niños?
Y más.
Lo cierto es que no podemos simplemente decidir hacer algo y llegar todos al lugar a la hora señalada y disfrutar el momento. Alguien tiene que hacer compras, planificar, preparar todo.
Es allí dónde Dios interviene en nuestras vidas preparando eventos, encuentros, relaciones, actividades y más, aún cuando nosotros no lo notemos.
Considera esta situación, en medio de aquella semana final del ministerio del Señor antes de ir a la cruz. Había que preparar la última cena (anque los discípulos no sabían que lo sería), enmarcada en la celebración de la Pascua.
Lucas 22:7–13 RVR60
7 Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua. 8 Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para que la comamos. 9 Ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos? 10 Él les dijo: He aquí, al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare, 11 y decid al padre de familia de esa casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? 12 Entonces él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad allí. 13 Fueron, pues, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua.
Jesús le encomienda a Pedro y a Juan la preparación del evento. “Vayan y preparen todo para que comamos juntos la Pascua” (v. 8), les diría el Señor.
Podríamos decir que Pedro y Juan, de alguna manera, nos representan a todos nosotros. Hay ocasiones en las que el Señor quiere que hagamos algo, que le sirvamos de alguna forma, y la convicción de cuál es su plan llena nuestro corazón. Pero presta atención a lo siguiente: Dios no deja los detalles librados al azar o dependientes de tu decisión. Él sabe perfectamente lo que quiere hacer.
Pedro y Juan no se iban a tomar la atribución de decidir ellos los detalles de la celebración de la Pascua. Por eso le preguntaron a Jesús: “¿Dónde quieres que la preparemos?”.
¿Podemos nosotros también hacerle al Maestro este tipo de preguntas? ¡Por supuesto que sí! Pero, ¡prepárate para sus repuestas!
¿Qué les respondió Jesús a Pedro y a Juan? Considera los detalles de la respuesta del Maestro (vs. 10-12).
¿Qué tipo de preguntas te provoca su respuesta?
He aquí algunas de las mías:
Algo especial suecedería en el momento en que los discípulos entrarían en la ciudad. Imagínate que eres Pedro, o Juan. Al escuchar la respuesta del Jesús se deben haber mirado significativamente el uno al otro con esa expresión que transmite “Esto es raro”. Jesús no les estaba dando una respuesta “normal” como: “Vayan al este de la ciudad y pregunten por la casa de… Yo ya hablé con él para que nos tenga listo el lugar”. No. La referencia que les da es un hombre con un cántaro de agua. Lo más frecuente era que las mujeres acarrearan los cántaros, así que eso iba a ser bastante particular. Imagino a Juan dándole un fuerte codazo a Pedro en las costillas al ver efectivamente al hombre llevando el cántaro. ¡Yo hubiera estado completamente sorprendido! ¿Cómo supo Jesús que Pedro, Juan y aquel hombre coincidirían en aquel momento y lugar? Así sabe Dios también los quién y cuándo de tu vida.
No iban a tener que entrevistar al hombre del cántaro. Solo necesitaban seguirlo. ¿Te das cuenta los cientos de cosas diferentes que podrían haber ocurrido en aquel momento? El hombre podría haberse encontrado con un amigo que lo invitara a conversar un momento, que tal vez lo invitara a su casa para mostrarle algo. O podría haber recordado algo y desviado su camino. Pero no; Jesús sabía exactamente adónde iría ese hombre. Para Jesús no existían los imprevistos. Su conocimiento divino lo llenaba todo.
Dado que el Maestro no les indica a sus discípulos que vayan “a la casa de” alguien conocido, lo más probable es que ellos no conocieran al dueño de casa (que ni siquiera sería el hombre del cántaro). Entonces, imagínate la situación: entra el hombre con el cántaro, y detrás de él llegan este par de desconocidos con este extraño mensaje: “¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discìpulos?”. Si tù fueras el dueño de casa, ¿cómo reaccionarías? Sí, más y más preguntas, más y más cuestionamientos. Tú no le abres la puerta de tu casa a cualquier persona, simplemente porque te lo diga. Pero, ¡vaya sorpresa!, este hombre no se sentiría intimidado ni invadido al escuchar aquella loca idea. De la misma manera, Dios sabe lo que está haciendo en tu vida. Hay personas que hasta ahora no conoces, a quienes Dios pondrá en tu camino, y a quienes Él ya ha estado preparando hace tiempo para ese encuentro. Jesús tenía --y tiene-- todo preparado.
¿Cómo reaccionaría (recuerda que hasta aquí Jesús les está diciendo lo que sucedería) aquel hombre ante la inesperada pregunta de los discípulos? Diciendo algo así como: “¡Claro! ¡Adelante! ¡Pasen! Este es el lugar que preparé para el Señor y sus discípulos. Preparen la celebración aquí y si necesitan algo me lo hacen saber”. ¡Caramba! ¿Sería que ese señor no tenía esposa? Hasta el día de hoy hablamos del aposento alto. Fue el lugar utilizado para la celebración de la cena, y los discípulos permanecieron allí, utilizándolo, aún cincuenta días después, cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre ellos en el día de Pentecostés, y quién sabe cuánto tiempo más. Me imagino a Pedro y Juan intercambiando miradas asombradas a medida que todo lo que les había dicho el Señor se cumplia.

“...hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua”.

Dios sigue teniendo este control sobre todo, y lo manifiesta en tu vida también.
Tal vez sea bueno que recuerdes que esta no es la primera vez que sucedía algo así. Lucas 19:28-35 nos relata cómo fue que llegaron a tener el burrito en el que Jesús entró a Jerusalén. En esa ocasión, una semana antes de este evento de la cena, Jesús también les indica que vayan, diciéndoles lo que encontrarían y lo que tendrían qué hacer, y hasta cómo tendrían que responder cuando alguien les hiciera preguntas.
El mismo Jesús está obrando en tu vida ahora. Puede ser que a ti todo te sorprenda, pero no le sucede lo mismo a Él. Ya sabe lo que va a suceder mañana, con qué personas te encontrarás, quién te hará una llamada o te enviará un texto, y te puede indicar hasta cómo debes responder.
Esta historia también nos deja en evidencia que todo es del Señor. El burrito y el aposento alto tendrían dueño, pero eran del Señor, y Él dispone de lo suyo cuando quiere y como quiere. Esto no es una excusa para apropiarnos de lo ajeno, pero es un testimonio de la grandeza, la autoridad y el poder del que nos ama y nos salvó.
Deja que Jesús te dirija. Escúchale y obedécele aunque no le encuentres sentido a lo que te dice. Él sabe de qué está hablando. Deja que tu fe crezca al caminar con Él.
Ni antes ni después. Ese es el momento correcto, el adecuado. Nos sentimos incómodos cuando llegamos tarde, y puede suceder también cuando llegamos antes de lo esperado. Tenemos que reconocer que hay un momento adecuado para las cosas, un momento especial y apropiado para que las cosas ocurran.
Dios sabe de tiempos, y las cosas de Dios suceden en el momento preciso que tienen que ocurrir, ni antes ni después.
Lucas 22:14–20 RVR60
Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.
Así sucedió aquella noche en la que Jesús sería arrestado. Se reunió con los discípulos para la celebración de la Pascua, pero el relato bíblico nos anuncia que aquella reunión no tuvo lugar en un momento al azar, producto de la casualidad o siguiendo simplemente “la secuencia natural de los acontecimientos”. Sucedió...

Cuando era la hora…

En el momento preciso. Aquello estaba preparado, anticipado, había sido planificado cuidadosamente. Jesús sabía que aquel era “el momento”.
Lucas nos extiende el relato añadiendo el parlamento del Señor al sentarse a la mesa y el momento en que toma la copa por primera vez, al comienzo de la cena.
Debemos tomar en cuenta que aquel fue un banquete, un evento que debe haber perdurado por algunas horas. Los evangelistas Mateo y Marcos nos relatan lo que podría considerarse “más importante” para nosotros, lo que conocemos como “la institución de la Cena del Señor” (ver los títulos aportados por Sociedades Bíblicas), pero hubieron más conversaciones, más comentarios, tal vez risas, historias, conversaciones. Lucas nos aporta un poco más, demostrando por qué Jesús ordenó que aquel momento fuera recordado especialmente, volviendo a repetir sus momentos más valiosos.

I. Jesús está señalando la llegada del momento más importante de la historia de la humanidad.

Sí, leíste bien, el momento más importante de la historia de la humanidad. ¿Cuál es ese? Es la crucifixión de Jesucristo. Ese es el evento central de la historia de la humanidad, el más significativo, con más resultados, el más impactante de todos.
Jesús se sienta a la mesa rodeado de sus discípulos y empieza diciendo:
Lucas 22:15 RVR60
15 Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!
La primera frase de su especie de bienvenida a la celebración de la Pascua suena normal. Es lo que escucharíamos o diríamos al comienzo de una celebración de cumpleaños o un aniversario: “¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua...!”. Es probable que los apóstoles esperaran una frase parecida. Suena a “¡Gracias a todos por venir!”. Pero no, el hecho es que no terminó allí. El Maestro sabía algo que los discípulos no.

...antes que padezca!

Jesús había estado anticipando y esperando que llegara aquel momento. No habría “siguiente Pascua” el año siguiente para Él y los discípulos, porque en pocas horas estaría arrestado y siendo sometido a juicio por los judíos.
Jesús sabe que ese momento, cuando padezca, el momento de su sufrimiento, cuando estuviera cargando con la paga por tus pecados y los míos, cuando estuvieran recibiendo el peso de la ira de Dios en su muerte en la cruz, sería el momento que haría la diferencia a nivel eterno en las vidas de millones de millones. Aquel no era un momento más de la historia, simplemente el devenir del destino, la suma de las múltiples casualidades de la vida. No, aquel evento había sido planificado, anticipado, anunciado, previsto y preparado. El sufrimiento de Jesús en la cruz es el centro de la historia, no solamente para la raza humana sino para cada persona que cree en Él recibiendo la vida eterna como recompensa.

II. Jesús está anticipando el momento futuro cuando los que creen en Él celebren en su presencia.

El Maestro está enlazando aquí pasado, presente y futuro, lo que fue, lo que es y lo que ha de venir. El tiempo de la anticipación, de las profecías y la preparación había terminado. Había llegado el momento de la concreción de lo anunciado, conforme al plan. Pero eso trazaba la línea que anticipaba el futuro glorioso que llegaría a concretarse en el cielo.
Lucas 22:16 RVR60
16 Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios.
Sí, Jesús anuncia el banquete que se celebrará en el Reino de Dios. Allí volverá a celebrar la Pascua con los suyos (incluídos tú y yo), pero le llamaremos “La Cena de Bodas del Cordero”, una fiesta a la que estamos invitados todos los que creemos en Él.
Anda, imagínalo, anticipa tú también ese momento en el que te sentarás a la mesa con Jesús para celebrar el resultado de su sacrificio.
Estas palabras de Jesús son un anuncio, una invitación. A partir de ellas, todos los que creemos en Él anticipamos el precioso momento en que se concreten.
Para reafirmar y enfatizar esta invitación, el Maestro tomó en sus manos la copa.
Lucas 22:17–18 RVR60
17 Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; 18 porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.
Aquí Lucas habla de dos oportunidades en las que Jesús toma la copa con el propósito de señalar algo importante. En este primer caso, está enfatizando lo que acababa de decir al hablar de la Cena en general. Anima a los discípulos a tomar juntos, a alegrarse, a compartir, anticipando el momento en el que volverán a tener fiesta en el Reino.
Los hijos de Dios beberemos vino con Jesús en su casa, en su presencia, tendremos fiesta en su Reino, por haber creído en Él, porque Él pagó el precio por nosotros en la cruz del Calvario.

III. Jesús destaca el valor de la dádiva de Dios.

A todos nos gustan las dádivas, nos gusta recibir. Al mismo tiempo, los regalos son tal vez el lenguaje más elocuente para comunicar el amor. Todos les hacemos regalos a las personas que amamos.
Lucas 22:19 RVR60
19 Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.
El pan… Es algo normal, común y corriente desde hace muchos siglos en las mesas de los humanos. ¿Qué tiene de especial? No mucho. Hoy en día algunos los evitamos por motivos dietéticos. Pero Jesús aquí no estaba hablando de dieta saludable sino transmitiendo un poderoso mensaje de parte de Dios. ¿Puede el pan transmitir un mensaje? Sí, puede, y uno tremendamente poderoso. Jesús inclinó la mirada, vio el pan, pero vio mucho más que el pan. Vio sus manos tomando el pan, vio su cuerpo, que en pocas horas sería roto, castigado, lastimado, desangrado hasta la muerte. Los discípulos todavía no lo sabían, pero aquel cuerpo que estaban viendo frente a ellos estaba por ser roto, sacrificado.
Pero aquella violencia no era el producto de las malas intenciones de los judíos ni de las malas decisiones de las autoridades romanas. En aquel pan, Jesús vio su cuerpo...

...que por vosotros es dado;...

Dado, no tomado. Dado, no arrebatado.
Sí, el amor se expresa dando, y esto suena claramente como esto otro:
Juan 3:16 RVR60
16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Sí, el amor hecho dádiva de Dios.
Romanos 6:23 RVR60
23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
¿Te das cuenta cómo en todos estos pasajes se expresa la manera en que Dios ha expresado su amor por ti y por mí, enviando a su Hijo a morir en nuestro lugar?
Sí, ¡hoy celebramos el incomparable amor de Dios!
Cuando participemos del pan, esto es lo que tiene que llenar nuestro corazón: la dádiva de Dios.

IV. Jesús anuncia el establecimiento de un Nuevo Pacto, un acuerdo nuevo entre Dios y los humanos.

Esto sucedió al final de la Cena, y también fue de los momentos que jamás se borrarían de la memoria de aquellos humildes discípulos.
El Maestro va a hacer otra comparación y otro anuncio.
Lucas 22:20 RVR60
20 De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.
La copa no era lo más importante: lo importante era su sangre.
Dios ya había establecido un pacto de sangre con los suyos, porque...
Hebreos 9:22 RVR60
22 …y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.
Dios nos ha invitado a establecer un pacto con Él. Un pacto es un acuerdo entre dos partes, en el que cada una de las partes se compromete a hacer algo o aportar algo. Dios se compromete a perdonarnos, limpiar nuestro historial criminal, por así llamarlo, reconciliarnos con Él y devolvernos a la condición orignal para la que nos creó. Nuestra parte consiste en comprometernos con Él como Señor y Dueño de nuestras vidas, dejando de vivir para nosotros mismos y dedicándonos a vivir para Él.
El pacto con Dios fue sellado con la sangre de Jesús. ¿Has aceptado la invitación de Dios a vivir en una relación de pacto con Él?
Al acercarte a la mesa del Señor, participa con respeto y temor de Dios, reconociendo la cruz como el centro de la historia y anticipando aquel momento en que celebremos todos juntos en su presencia.
1 Corintios 11:23–26 RVR60
Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
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