Una Oportunidad que Marco una Diferencia
Pastor
XV AÑOS • Sermon • Submitted • Presented
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· 6 viewsMostrar las distintas oportunidades que se dan alrdedor nuestro y que si las aprovechamos podemos marcar una diferencia como lo hizo Ester para el puebl de Dios
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13 Mardoqueo respondió a Ester, diciéndole: No creas que por encontrarte en el palacio del rey serás la que escape de entre todos los judíos.
14 Si tú guardas silencio en este tiempo, el alivio y el rescate de los judíos surgirá de otro lugar; pero tú perecerás junto con la familia de tu padre. ¿Y quién sabe si para este tiempo fuiste llamada y acercada al reino?
13 Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío.
14 Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?
Ester 4:13–14 (RVR60)
ESTER Mujer judía, del linaje de Benjamín Su nombre significa Estrella Su condicion era Huerfana (Ester 2:7 "7 Y había criado a Hadasa, es decir, Ester, hija de su tío, porque era huérfana; y la joven era de hermosa figura y de buen parecer. Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adoptó como hija suya." ), que Llegó a ser reina del Imperio Persa.
Ester 4:13–14 (RVR60)
ESTER Mujer judía, del linaje de Benjamín Su nombre significa Estrella Su condicion era Huerfana (Ester 2:7 "7 Y había criado a Hadasa, es decir, Ester, hija de su tío, porque era huérfana; y la joven era de hermosa figura y de buen parecer. Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adoptó como hija suya." ), que Llegó a ser reina del Imperio Persa.
A Ester la eligieron por esposa del rey → ASUERO, y en este cargo le fue necesario, por algún tiempo, ocultar su origen judío (Ester 2:10 "10 Ester no declaró cuál era su pueblo ni su parentela, porque Mardoqueo le había mandado que no lo declarase." , Ester 2:20 "20 Y Ester, según le había mandado Mardoqueo, no había declarado su nación ni su pueblo; porque Ester hacía lo que decía Mardoqueo, como cuando él la educaba." ). Sin embargo, esto le permitió gobernar en favor de los suyos.
A Ester la eligieron por esposa del rey → ASUERO, y en este cargo le fue necesario, por algún tiempo, ocultar su origen judío (Ester 2:10 "10 Ester no declaró cuál era su pueblo ni su parentela, porque Mardoqueo le había mandado que no lo declarase." , Ester 2:20 "20 Y Ester, según le había mandado Mardoqueo, no había declarado su nación ni su pueblo; porque Ester hacía lo que decía Mardoqueo, como cuando él la educaba." ). Sin embargo, esto le permitió gobernar en favor de los suyos.
Su primer gran enemigo dentro de la corte fue → AMÁN, primer ministro nombrado por Asuero y cruel enemigo de los judíos (Ester 3:1 "1 Después de estas cosas el rey Asuero engrandeció a Amán hijo de Hamedata agagueo, y lo honró, y puso su silla sobre todos los príncipes que estaban con él." ). Amán hizo que el rey firmara un edicto de destrucción contra los israelitas (Ester 3:9–15 "9 Si place al rey, decrete que sean destruidos; y yo pesaré diez mil talentos de plata a los que manejan la hacienda, para que sean traídos a los tesoros del rey. 10 Entonces el rey quitó el anillo de su mano, y lo dio a Amán hijo de Hamedata agagueo, enemigo de los judíos, 11 y le dijo: La plata que ofreces sea para ti, y asimismo el pueblo, para que hagas de él lo que bien te pareciere. 12 Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes primero, al día trece del mismo, y fue escrito conforme a todo lo que mandó Amán, a los sátrapas del rey, a los capitanes que estaban sobre cada provincia y a los príncipes de cada pueblo, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua; en nombre del rey Asuero fue escrito, y sellado con el anillo del rey. 13 Y fueron enviadas cartas por medio de correos a todas las provincias del rey, con la orden de destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños y mujeres, en un mismo día, en el día trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar, y de apoderarse de sus bienes. 14 La copia del escrito que se dio por mandamiento en cada provincia fue publicada a todos los pueblos, a fin de que estuviesen listos para aquel día. 15 Y salieron los correos prontamente por mandato del rey, y el edicto fue dado en Susa capital del reino.
Su primer gran enemigo dentro de la corte fue → AMÁN, primer ministro nombrado por Asuero y cruel enemigo de los judíos (Ester 3:1 "1 Después de estas cosas el rey Asuero engrandeció a Amán hijo de Hamedata agagueo, y lo honró, y puso su silla sobre todos los príncipes que estaban con él." ). Amán hizo que el rey firmara un edicto de destrucción contra los israelitas (Ester 3:9–15 "9 Si place al rey, decrete que sean destruidos; y yo pesaré diez mil talentos de plata a los que manejan la hacienda, para que sean traídos a los tesoros del rey. 10 Entonces el rey quitó el anillo de su mano, y lo dio a Amán hijo de Hamedata agagueo, enemigo de los judíos, 11 y le dijo: La plata que ofreces sea para ti, y asimismo el pueblo, para que hagas de él lo que bien te pareciere. 12 Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes primero, al día trece del mismo, y fue escrito conforme a todo lo que mandó Amán, a los sátrapas del rey, a los capitanes que estaban sobre cada provincia y a los príncipes de cada pueblo, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua; en nombre del rey Asuero fue escrito, y sellado con el anillo del rey. 13 Y fueron enviadas cartas por medio de correos a todas las provincias del rey, con la orden de destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños y mujeres, en un mismo día, en el día trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar, y de apoderarse de sus bienes. 14 La copia del escrito que se dio por mandamiento en cada provincia fue publicada a todos los pueblos, a fin de que estuviesen listos para aquel día. 15 Y salieron los correos prontamente por mandato del rey, y el edicto fue dado en Susa capital del reino.
Y el rey y Amán se sentaron a beber; pero la ciudad de Susa estaba conmovida." ), pero
Y el rey y Amán se sentaron a beber; pero la ciudad de Susa estaba conmovida." ), pero
Mardoqueo supo del peligro que se cernía sobre su pueblo y acudió a la reina Ester para ordenarle inmediata intervención (Ester 4:12–14 "12 Y dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester. 13 Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. 14 Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?" ).
Mardoqueo supo del peligro que se cernía sobre su pueblo y acudió a la reina Ester para ordenarle inmediata intervención (Ester 4:12–14 "12 Y dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester. 13 Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. 14 Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?" ).
Ester ayunó (Ester 4:16 "16 Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca." ), lo cual indica su sincera piedad, y uniendo su diplomacia de reina con la inteligencia de su primo Mardoqueo, a quien obedeció en todo (Ester 4:17 "17 Entonces Mardoqueo fue, e hizo conforme a todo lo que le mandó Ester." ), obtuvo que el rey dictase otro decreto en favor de los judíos perseguidos (Ester 7:1–10 "1 Fue, pues, el rey con Amán al banquete de la reina Ester. 2 Y en el segundo día, mientras bebían vino, dijo el rey a Ester: ¿Cuál es tu petición, reina Ester, y te será concedida? ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será otorgada. 3 Entonces la reina Ester respondió y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si al rey place, séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda. 4 Porque hemos sido vendidos, yo y mi pueblo, para ser destruidos, para ser muertos y exterminados. Si para siervos y siervas fuéramos vendidos, me callaría; pero nuestra muerte sería para el rey un daño irreparable. 5 Respondió el rey Asuero, y dijo a la reina Ester: ¿Quién es, y dónde está, el que ha ensoberbecido su corazón para hacer esto? 6 Ester dijo: El enemigo y adversario es este malvado Amán. Entonces se turbó Amán delante del rey y de la reina. 7 Luego el rey se levantó del banquete, encendido en ira, y se fue al huerto del palacio; y se quedó Amán para suplicarle a la reina Ester por su vida; porque vio que estaba resuelto para él el mal de parte del rey. 8 Después el rey volvió del huerto del palacio al aposento del banquete, y Amán había caído sobre el lecho en que estaba Ester. Entonces dijo el rey: ¿Querrás también violar a la reina en mi propia casa? Al proferir el rey esta palabra, le cubrieron el rostro a Amán. 9 Y dijo Harbona, uno de los eunucos que servían al rey: He aquí en casa de Amán la horca de cincuenta codos de altura que hizo Amán para Mardoqueo, el cual había hablado bien por el rey. Entonces el rey dijo: Colgadlo en ella. 10 Así colgaron a Amán en la horca que él había hecho preparar para Mardoqueo; y se apaciguó la ira del rey." Ester 8:1–12 "1 El mismo día, el rey Asuero dio a la reina Ester la casa de Amán enemigo de los judíos; y Mardoqueo vino delante del rey, porque Ester le declaró lo que él era respecto de ella. 2 Y se quitó el rey el anillo que recogió de Amán, y lo dio a Mardoqueo. Y Ester puso a Mardoqueo sobre la casa de Amán. 3 Volvió luego Ester a hablar delante del rey, y se echó a sus pies, llorando y rogándole que hiciese nula la maldad de Amán agagueo y su designio que había tramado contra los judíos. 4 Entonces el rey extendió a Ester el cetro de oro, y Ester se levantó, y se puso en pie delante del rey, 5 y dijo: Si place al rey, y si he hallado gracia delante de él, y si le parece acertado al rey, y yo soy agradable a sus ojos, que se dé orden escrita para revocar las cartas que autorizan la trama de Amán hijo de Hamedata agagueo, que escribió para destruir a los judíos que están en todas las provincias del rey. 6 Porque ¿cómo podré yo ver el mal que alcanzará a mi pueblo? ¿Cómo podré yo ver la destrucción de mi nación? 7 Respondió el rey Asuero a la reina Ester y a Mardoqueo el judío: He aquí yo he dado a Ester la casa de Amán, y a él han colgado en la horca, por cuanto extendió su mano contra los judíos. 8 Escribid, pues, vosotros a los judíos como bien os pareciere, en nombre del rey, y selladlo con el anillo del rey; porque un edicto que se escribe en nombre del rey, y se sella con el anillo del rey, no puede ser revocado. 9 Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes tercero, que es Siván, a los veintitrés días de ese mes; y se escribió conforme a todo lo que mandó Mardoqueo, a los judíos, y a los sátrapas, los capitanes y los príncipes de las provincias que había desde la India hasta Etiopía, ciento veintisiete provincias; a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo conforme a su lengua, a los judíos también conforme a su escritura y lengua. 10 Y escribió en nombre del rey Asuero, y lo selló con el anillo del rey, y envió cartas por medio de correos montados en caballos veloces procedentes de los repastos reales; 11 que el rey daba facultad a los judíos que estaban en todas las ciudades, para que se reuniesen y estuviesen a la defensa de su vida, prontos a destruir, y matar, y acabar con toda fuerza armada del pueblo o provincia que viniese contra ellos, y aun sus niños y mujeres, y apoderarse de sus bienes, 12 en un mismo día en todas las provincias del rey Asuero, en el día trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar." A Amán lo condenaron a morir en la horca que él mismo ordenó levantar para Mardoqueo (Ester 7:10 "10 Así colgaron a Amán en la horca que él había hecho preparar para Mardoqueo; y se apaciguó la ira del rey." ). Desde entonces los judíos conmemoran esta victoria con la fiesta nacional llamada → PURIM (Ester 9:17–32 "17 Esto fue en el día trece del mes de Adar, y reposaron en el día catorce del mismo, y lo hicieron día de banquete y de alegría. 18 Pero los judíos que estaban en Susa se juntaron el día trece y el catorce del mismo mes, y el quince del mismo reposaron y lo hicieron día de banquete y de regocijo. 19 Por tanto, los judíos aldeanos que habitan en las villas sin muro hacen a los catorce del mes de Adar el día de alegría y de banquete, un día de regocijo, y para enviar porciones cada uno a su vecino. 20 Y escribió Mardoqueo estas cosas, y envió cartas a todos los judíos que estaban en todas las provincias del rey Asuero, cercanos y distantes, 21 ordenándoles que celebrasen el día decimocuarto del mes de Adar, y el decimoquinto del mismo, cada año, 22 como días en que los judíos tuvieron paz de sus enemigos, y como el mes que de tristeza se les cambió en alegría, y de luto en día bueno; que los hiciesen días de banquete y de gozo, y para enviar porciones cada uno a su vecino, y dádivas a los pobres. 23 Y los judíos aceptaron hacer, según habían comenzado, lo que les escribió Mardoqueo. 24 Porque Amán hijo de Hamedata agagueo, enemigo de todos los judíos, había ideado contra los judíos un plan para destruirlos, y había echado Pur, que quiere decir suerte, para consumirlos y acabar con ellos. 25 Mas cuando Ester vino a la presencia del rey, él ordenó por carta que el perverso designio que aquél trazó contra los judíos recayera sobre su cabeza; y que colgaran a él y a sus hijos en la horca. 26 Por esto llamaron a estos días Purim, por el nombre Pur. Y debido a las palabras de esta carta, y por lo que ellos vieron sobre esto, y lo que llevó a su conocimiento, 27 los judíos establecieron y tomaron sobre sí, sobre su descendencia y sobre todos los allegados a ellos, que no dejarían de celebrar estos dos días según está escrito tocante a ellos, conforme a su tiempo cada año; 28 y que estos días serían recordados y celebrados por todas las generaciones, familias, provincias y ciudades; que estos días de Purim no dejarían de ser guardados por los judíos, y que su descendencia jamás dejaría de recordarlos. 29 Y la reina Ester hija de Abihail, y Mardoqueo el judío, suscribieron con plena autoridad esta segunda carta referente a Purim. 30 Y fueron enviadas cartas a todos los judíos, a las ciento veintisiete provincias del rey Asuero, con palabras de paz y de verdad, 31 para confirmar estos días de Purim en sus tiempos señalados, según les había ordenado Mardoqueo el judío y la reina Ester, y según ellos habían tomado sobre sí y sobre su descendencia, para conmemorar el fin de los ayunos y de su clamor. 32 Y el mandamiento de Ester confirmó estas celebraciones acerca de Purim, y esto fue registrado en un libro." ). Después de la muerte de Amán, Mardoqueo ocupó el puesto de primer ministro del gran Imperio Persa (Ester 10:3 "3 Porque Mardoqueo el judío fue el segundo después del rey Asuero, y grande entre los judíos, y estimado por la multitud de sus hermanos, porque procuró el bienestar de su pueblo y habló paz para todo su linaje." ) que, según narra la Biblia, «se extendía desde la India hasta Etiopía, sobre ciento veintisiete provincias» (Ester 1:1 "1 Aconteció en los días de Asuero, el Asuero que reinó desde la India hasta Etiopía sobre ciento veintisiete provincias," ).
Ester ayunó (Ester 4:16 "16 Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca." ), lo cual indica su sincera piedad, y uniendo su diplomacia de reina con la inteligencia de su primo Mardoqueo, a quien obedeció en todo (Ester 4:17 "17 Entonces Mardoqueo fue, e hizo conforme a todo lo que le mandó Ester." ), obtuvo que el rey dictase otro decreto en favor de los judíos perseguidos (Ester 7:1–10 "1 Fue, pues, el rey con Amán al banquete de la reina Ester. 2 Y en el segundo día, mientras bebían vino, dijo el rey a Ester: ¿Cuál es tu petición, reina Ester, y te será concedida? ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será otorgada. 3 Entonces la reina Ester respondió y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si al rey place, séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda. 4 Porque hemos sido vendidos, yo y mi pueblo, para ser destruidos, para ser muertos y exterminados. Si para siervos y siervas fuéramos vendidos, me callaría; pero nuestra muerte sería para el rey un daño irreparable. 5 Respondió el rey Asuero, y dijo a la reina Ester: ¿Quién es, y dónde está, el que ha ensoberbecido su corazón para hacer esto? 6 Ester dijo: El enemigo y adversario es este malvado Amán. Entonces se turbó Amán delante del rey y de la reina. 7 Luego el rey se levantó del banquete, encendido en ira, y se fue al huerto del palacio; y se quedó Amán para suplicarle a la reina Ester por su vida; porque vio que estaba resuelto para él el mal de parte del rey. 8 Después el rey volvió del huerto del palacio al aposento del banquete, y Amán había caído sobre el lecho en que estaba Ester. Entonces dijo el rey: ¿Querrás también violar a la reina en mi propia casa? Al proferir el rey esta palabra, le cubrieron el rostro a Amán. 9 Y dijo Harbona, uno de los eunucos que servían al rey: He aquí en casa de Amán la horca de cincuenta codos de altura que hizo Amán para Mardoqueo, el cual había hablado bien por el rey. Entonces el rey dijo: Colgadlo en ella. 10 Así colgaron a Amán en la horca que él había hecho preparar para Mardoqueo; y se apaciguó la ira del rey." Ester 8:1–12 "1 El mismo día, el rey Asuero dio a la reina Ester la casa de Amán enemigo de los judíos; y Mardoqueo vino delante del rey, porque Ester le declaró lo que él era respecto de ella. 2 Y se quitó el rey el anillo que recogió de Amán, y lo dio a Mardoqueo. Y Ester puso a Mardoqueo sobre la casa de Amán. 3 Volvió luego Ester a hablar delante del rey, y se echó a sus pies, llorando y rogándole que hiciese nula la maldad de Amán agagueo y su designio que había tramado contra los judíos. 4 Entonces el rey extendió a Ester el cetro de oro, y Ester se levantó, y se puso en pie delante del rey, 5 y dijo: Si place al rey, y si he hallado gracia delante de él, y si le parece acertado al rey, y yo soy agradable a sus ojos, que se dé orden escrita para revocar las cartas que autorizan la trama de Amán hijo de Hamedata agagueo, que escribió para destruir a los judíos que están en todas las provincias del rey. 6 Porque ¿cómo podré yo ver el mal que alcanzará a mi pueblo? ¿Cómo podré yo ver la destrucción de mi nación? 7 Respondió el rey Asuero a la reina Ester y a Mardoqueo el judío: He aquí yo he dado a Ester la casa de Amán, y a él han colgado en la horca, por cuanto extendió su mano contra los judíos. 8 Escribid, pues, vosotros a los judíos como bien os pareciere, en nombre del rey, y selladlo con el anillo del rey; porque un edicto que se escribe en nombre del rey, y se sella con el anillo del rey, no puede ser revocado. 9 Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes tercero, que es Siván, a los veintitrés días de ese mes; y se escribió conforme a todo lo que mandó Mardoqueo, a los judíos, y a los sátrapas, los capitanes y los príncipes de las provincias que había desde la India hasta Etiopía, ciento veintisiete provincias; a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo conforme a su lengua, a los judíos también conforme a su escritura y lengua. 10 Y escribió en nombre del rey Asuero, y lo selló con el anillo del rey, y envió cartas por medio de correos montados en caballos veloces procedentes de los repastos reales; 11 que el rey daba facultad a los judíos que estaban en todas las ciudades, para que se reuniesen y estuviesen a la defensa de su vida, prontos a destruir, y matar, y acabar con toda fuerza armada del pueblo o provincia que viniese contra ellos, y aun sus niños y mujeres, y apoderarse de sus bienes, 12 en un mismo día en todas las provincias del rey Asuero, en el día trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar." A Amán lo condenaron a morir en la horca que él mismo ordenó levantar para Mardoqueo (Ester 7:10 "10 Así colgaron a Amán en la horca que él había hecho preparar para Mardoqueo; y se apaciguó la ira del rey." ). Desde entonces los judíos conmemoran esta victoria con la fiesta nacional llamada → PURIM (Ester 9:17–32 "17 Esto fue en el día trece del mes de Adar, y reposaron en el día catorce del mismo, y lo hicieron día de banquete y de alegría. 18 Pero los judíos que estaban en Susa se juntaron el día trece y el catorce del mismo mes, y el quince del mismo reposaron y lo hicieron día de banquete y de regocijo. 19 Por tanto, los judíos aldeanos que habitan en las villas sin muro hacen a los catorce del mes de Adar el día de alegría y de banquete, un día de regocijo, y para enviar porciones cada uno a su vecino. 20 Y escribió Mardoqueo estas cosas, y envió cartas a todos los judíos que estaban en todas las provincias del rey Asuero, cercanos y distantes, 21 ordenándoles que celebrasen el día decimocuarto del mes de Adar, y el decimoquinto del mismo, cada año, 22 como días en que los judíos tuvieron paz de sus enemigos, y como el mes que de tristeza se les cambió en alegría, y de luto en día bueno; que los hiciesen días de banquete y de gozo, y para enviar porciones cada uno a su vecino, y dádivas a los pobres. 23 Y los judíos aceptaron hacer, según habían comenzado, lo que les escribió Mardoqueo. 24 Porque Amán hijo de Hamedata agagueo, enemigo de todos los judíos, había ideado contra los judíos un plan para destruirlos, y había echado Pur, que quiere decir suerte, para consumirlos y acabar con ellos. 25 Mas cuando Ester vino a la presencia del rey, él ordenó por carta que el perverso designio que aquél trazó contra los judíos recayera sobre su cabeza; y que colgaran a él y a sus hijos en la horca. 26 Por esto llamaron a estos días Purim, por el nombre Pur. Y debido a las palabras de esta carta, y por lo que ellos vieron sobre esto, y lo que llevó a su conocimiento, 27 los judíos establecieron y tomaron sobre sí, sobre su descendencia y sobre todos los allegados a ellos, que no dejarían de celebrar estos dos días según está escrito tocante a ellos, conforme a su tiempo cada año; 28 y que estos días serían recordados y celebrados por todas las generaciones, familias, provincias y ciudades; que estos días de Purim no dejarían de ser guardados por los judíos, y que su descendencia jamás dejaría de recordarlos. 29 Y la reina Ester hija de Abihail, y Mardoqueo el judío, suscribieron con plena autoridad esta segunda carta referente a Purim. 30 Y fueron enviadas cartas a todos los judíos, a las ciento veintisiete provincias del rey Asuero, con palabras de paz y de verdad, 31 para confirmar estos días de Purim en sus tiempos señalados, según les había ordenado Mardoqueo el judío y la reina Ester, y según ellos habían tomado sobre sí y sobre su descendencia, para conmemorar el fin de los ayunos y de su clamor. 32 Y el mandamiento de Ester confirmó estas celebraciones acerca de Purim, y esto fue registrado en un libro." ). Después de la muerte de Amán, Mardoqueo ocupó el puesto de primer ministro del gran Imperio Persa (Ester 10:3 "3 Porque Mardoqueo el judío fue el segundo después del rey Asuero, y grande entre los judíos, y estimado por la multitud de sus hermanos, porque procuró el bienestar de su pueblo y habló paz para todo su linaje." ) que, según narra la Biblia, «se extendía desde la India hasta Etiopía, sobre ciento veintisiete provincias» (Ester 1:1 "1 Aconteció en los días de Asuero, el Asuero que reinó desde la India hasta Etiopía sobre ciento veintisiete provincias," ).
Ester se distingue sobre todo por su obediencia (Ester 2:20 "20 Y Ester, según le había mandado Mardoqueo, no había declarado su nación ni su pueblo; porque
Ester se distingue sobre todo por su obediencia (Ester 2:20 "20 Y Ester, según le había mandado Mardoqueo, no había declarado su nación ni su pueblo; porque
Ester hacía lo que decía Mardoqueo, como cuando él la educaba." ) y humildad; su admirable discreción (Ester 2:10 "10 Ester no declaró cuál era su pueblo ni su parentela, porque Mardoqueo le había mandado que no lo declarase." , Ester 2:20 "20 Y Ester, según le había mandado Mardoqueo, no había declarado su nación ni su pueblo; porque Ester hacía lo que decía Mardoqueo, como cuando él la educaba." ) y simpatía (Ester 2:7 "7 Y había criado a Hadasa, es decir, Ester, hija de su tío, porque era huérfana; y la joven era de hermosa figura y de buen parecer. Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adoptó como hija suya." , Ester 2:15 "15 Cuando le llegó a Ester, hija de Abihail tío de Mardoqueo, quien la había tomado por hija, el tiempo de venir al rey, ninguna cosa procuró sino lo que dijo Hegai eunuco del rey, guarda de las mujeres; y ganaba Ester el favor de todos los que la veían." ); su preocupación por el bienestar de sus semejantes (Ester 4:5 "5 Entonces Ester llamó a Hatac, uno de los eunucos del rey, que él había puesto al servicio de ella, y lo mandó a Mardoqueo, con orden de saber qué sucedía, y por qué estaba así." ); su valor (Ester 4:11 "11 Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey, saben que cualquier hombre o mujer que entra en el patio interior para ver al rey, sin ser llamado, una sola ley hay respecto a él: ha de morir; salvo aquel a quien el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá; y yo no he sido llamada para ver al rey estos treinta días." , Ester 4:16 "16 Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca." ; Ester 5:1 "1 Aconteció que al tercer día se vistió Ester su vestido real, y entró en el patio interior de la casa del rey, enfrente del aposento del rey; y estaba el rey sentado en su trono en el aposento real, enfrente de la puerta del aposento." ) y diplomacia (Ester 5:4 "4 Y Ester dijo: Si place al rey, vengan hoy el rey y Amán al banquete que he preparado para el rey." , Ester 5:12 "12 Y añadió Amán: También la reina Ester a ninguno hizo venir con el rey al banquete que ella dispuso, sino a mí; y también para mañana estoy convidado por ella con el rey." ); su dureza con los perversos (Ester 7:6 "6 Ester dijo: El enemigo y adversario es este malvado Amán. Entonces se turbó Amán delante del rey y de la reina." ) y su fe (Ester 4:16 "16 Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca." ); y su firme compromiso con los necesitados y perseguidos.
Ester hacía lo que decía Mardoqueo, como cuando él la educaba." ) y humildad; su admirable discreción (Ester 2:10 "10 Ester no declaró cuál era su pueblo ni su parentela, porque Mardoqueo le había mandado que no lo declarase." , Ester 2:20 "20 Y Ester, según le había mandado Mardoqueo, no había declarado su nación ni su pueblo; porque Ester hacía lo que decía Mardoqueo, como cuando él la educaba." ) y simpatía (Ester 2:7 "7 Y había criado a Hadasa, es decir, Ester, hija de su tío, porque era huérfana; y la joven era de hermosa figura y de buen parecer. Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adoptó como hija suya." , Ester 2:15 "15 Cuando le llegó a Ester, hija de Abihail tío de Mardoqueo, quien la había tomado por hija, el tiempo de venir al rey, ninguna cosa procuró sino lo que dijo Hegai eunuco del rey, guarda de las mujeres; y ganaba Ester el favor de todos los que la veían." ); su preocupación por el bienestar de sus semejantes (Ester 4:5 "5 Entonces Ester llamó a Hatac, uno de los eunucos del rey, que él había puesto al servicio de ella, y lo mandó a Mardoqueo, con orden de saber qué sucedía, y por qué estaba así." ); su valor (Ester 4:11 "11 Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey, saben que cualquier hombre o mujer que entra en el patio interior para ver al rey, sin ser llamado, una sola ley hay respecto a él: ha de morir; salvo aquel a quien el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá; y yo no he sido llamada para ver al rey estos treinta días." , Ester 4:16 "16 Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca." ; Ester 5:1 "1 Aconteció que al tercer día se vistió Ester su vestido real, y entró en el patio interior de la casa del rey, enfrente del aposento del rey; y estaba el rey sentado en su trono en el aposento real, enfrente de la puerta del aposento." ) y diplomacia (Ester 5:4 "4 Y Ester dijo: Si place al rey, vengan hoy el rey y Amán al banquete que he preparado para el rey." , Ester 5:12 "12 Y añadió Amán: También la reina Ester a ninguno hizo venir con el rey al banquete que ella dispuso, sino a mí; y también para mañana estoy convidado por ella con el rey." ); su dureza con los perversos (Ester 7:6 "6 Ester dijo: El enemigo y adversario es este malvado Amán. Entonces se turbó Amán delante del rey y de la reina." ) y su fe (Ester 4:16 "16 Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca." ); y su firme compromiso con los necesitados y perseguidos.
Ester significa «estrella». Los caracteres elevados como estrellas destacan y son reconocidos. La luz se hace evidente por sí misma. La deposición de Vasti va seguida de la búsqueda de una reina. Fue una búsqueda de unas cualidades demandadas de antemano. No se trataba de «Todo el que quiera puede venir». En este caso se hizo una gran elección. Estamos llenos de gratitud de que los candidatos para el cielo no sean buscados en base de este principio. No es a los hermosos, sino a los pecadores que vino Jesús a llamar. Algunas de las notas en el cántico de María bien pudieran haber sido cantadas por Ester. «Ha puesto sus ojos sobre la pequeñez de su esclava… Ha hecho por mí grandes cosas el Poderoso» (Lc. 1:48, 49). Observemos:
I. Su condición. «Era huérfana», y fue criada por Mardoqueo, su viejo primo (2:7). Nadie parecía estar más alejada que ella, por su nacimiento y circunstancias, de ser una reina. Pero en la misteriosa providencia de Dios acontecen las cosas más impensables. Nadie parecía más impensable como siervo de Jesucristo que Saulo de Tarso. Ni la pobreza, ni la ignorancia, ni la culpa constituyen barreras para la gracia infinita de Dios.
II. Su llamamiento. «Ester también fue llevada a la casa del rey» (v. 8). Ahora está consciente de que ha sido llamada como candidata a la corona. No fueron muchas las que tuvieron esta oportunidad a su alcance, pero seguía siendo una entre otras. En esta carrera solo una podría lograr el premio. Muy diferente es con el llamamiento que nos viene por medio del Evangelio de Cristo. Todos los que reciben este llamamiento pueden también recibir la corona de la vida y de la honra eterna. Todos los que han sido traídos a la «casa del Rey» nuestro se gozarán en su magna presencia llena de gracia.
III. Su carácter. Es evidente que era extremadamente gentil y digna de confianza por el hecho de que agradó al guarda de las mujeres más que todas las demás (v. 9), y que fue fiel a las instrucciones de Mardoqueo de no revelar su nacionalidad. Su implícita obediencia a su tutor es un rasgo a destacar de su espíritu humilde y obediente (v. 20). Esto parece poca cosa, pero es de tal magnitud que Dios, en su providencia, nunca lo pasa por alto. Es lo que somos en el secreto de nuestras propias almas lo que se muestra cuando llega el tiempo de la tensión y de la prueba. «Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él». Es en el corazón bueno y honrado que brota la semilla del reino con fruto de gloria para Dios.
IV. Su elección. «Cuando le llegó a Ester… el tiempo de venir al rey, ninguna cosa procuró sino lo que dijo Hegué eunuco del rey, guarda de las mujeres» (v. 15). Había ciertas cosas necesarias que debían ser dadas a cada una de las candidatas a reina, pero no se les podían negar todas aquellas otras cosas que pudieran desear para su adorno o que pudieran ayudarles a impresionar al rey. Las otras, evidentemente, demandaron muchas otras cosas para perfeccionar sus preparativos, pero es de observar que Ester «ninguna cosa procuró». Decidió satisfacerse con aquellas cosas que el rey había dispuesto. Se dejó enteramente en manos de aquel a quien se le había encomendado la obra de prepararla. No tienen lugar aquí ni sus pensamientos ni sus artificios. Sometámonos así también nosotros al Espíritu Santo, cuyo oficio es santificarnos y equiparnos y prepararnos para la presencia del Rey. Mejor nos será que, como Ester, «ninguna cosa procuremos» aparte de lo que Él ha dispuesto, satisfechos con la vestidura de su justicia, solo la suya.
V. Su corona. «Y el rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y halló ella gracia y benevolencia delante de él (…) y puso la corona real en su cabeza» (v. 17). Su humildad y fe son ahora recompensadas con una manifestación pública del favor del rey: es coronada de gloria y honra, aunque no hizo más que obedecer. El camino al trono estaba abierta para ella siempre que el rey la amara. Qué privilegio ser amados por un rey, por el Rey del Cielo. El amor de Dios nos abre el camino al corazón y al hogar de Dios. La corona es el símbolo de honor y de poder. Pentecostés fue el día de la coronación de los primeros discípulos, cuando la lengua de fuego reposó sobre cada uno de ellos, y todos recibieron la autoridad regia del Cielo, viniendo a ser partícipes del Rey de la Gloria y a compartir su Reino sobre la tierra. Hallar su «favor» es hallar su corona.
VI. Su valor. «Y si perezco, que perezca» (4:16). Había venido ahora un tiempo de prueba, cuando todo el poder y la autoridad que poseía le eran necesarios para la salvación de aquellos que habían sido condenados a morir. Amán había logrado que se promulgara la sentencia de muerte sobre todos los judíos; Mardoqueo apela a Ester como la única esperanza que tenían, pero la ley prohibía a todos llegarse al rey sin invitación, bajo pena de muerte. Sin embargo, Ester consagra su vida a este gran objeto, y se lanza a la brecha. Fue un paso osado. Pero aunque la ley estaba en contra de ella, sabía que el corazón del rey estaba por ella. Este es también nuestro aliento a darnos por la salvación de otros. Si, como Ester, hemos llegado a la honra y al poder por la gracia de nuestro rey, es también «para una ocasión como esta», un tiempo de salvación para otros. Toda la autoridad y poder que hayamos recibido es absolutamente necesaria para esta gran obra. La ley de la carne estará siempre contra nosotros al allegarnos al Rey como salvadores de almas. Démonos, como Ester, enteramente a ello. «Si perezco» en una obra bendita como ésta, entonces es un objeto digno y bendito por el que morir. Pero no pereció. «No perecerá quien en Él confía».
VII. Su victoria. Ella obtuvo favor. Le fue extendido el cetro de oro. Luego el rey le dijo: «¿Qué tienes, reina Ester, y cuál es tu petición?», etc. (cap. 5:1–3). Ella se identifica entonces con los judíos, y ruega por su propia vida y por la vida de ellos (cap. 7:3, 4). Su petición queda abundantemente satisfecha; el enemigo es vencido, y su pueblo es salvado. Ella ve del fruto del trabajo de su alma, y queda satisfecha. Este gran logro nos recuerda a uno mayor que Ester, que, cuando la ley estaba en contra nuestra, se humilló a Sí mismo en la presencia de Dios en aquel terrible lugar llamado Calvario, diciendo, por así decirlo: «Y si perezco, que perezca». Pero Dios le resucitó de entre los muertos, haciéndole Príncipe y Salvador. El camino a tales victorias es la propia negación. Si queremos ser salvadores de otros, solo puede ser mediante el sacrificio de nosotros mismos para este fin. Para ello hemos sido llamados a su reino. «Recibiendo el fin de vuestra fe, la salvación de almas» (1 P. 1:9, griego).
Ester significa «estrella». Los caracteres elevados como estrellas destacan y son reconocidos. La luz se hace evidente por sí misma. La deposición de Vasti va seguida de la búsqueda de una reina. Fue una búsqueda de unas cualidades demandadas de antemano. No se trataba de «Todo el que quiera puede venir». En este caso se hizo una gran elección. Estamos llenos de gratitud de que los candidatos para el cielo no sean buscados en base de este principio. No es a los hermosos, sino a los pecadores que vino Jesús a llamar. Algunas de las notas en el cántico de María bien pudieran haber sido cantadas por Ester. «Ha puesto sus ojos sobre la pequeñez de su esclava… Ha hecho por mí grandes cosas el Poderoso» (Lc. 1:48, 49). Observemos:
I. Su condición. «Era huérfana», y fue criada por Mardoqueo, su viejo primo (2:7). Nadie parecía estar más alejada que ella, por su nacimiento y circunstancias, de ser una reina. Pero en la misteriosa providencia de Dios acontecen las cosas más impensables. Nadie parecía más impensable como siervo de Jesucristo que Saulo de Tarso. Ni la pobreza, ni la ignorancia, ni la culpa constituyen barreras para la gracia infinita de Dios.
II. Su llamamiento. «Ester también fue llevada a la casa del rey» (v. 8). Ahora está consciente de que ha sido llamada como candidata a la corona. No fueron muchas las que tuvieron esta oportunidad a su alcance, pero seguía siendo una entre otras. En esta carrera solo una podría lograr el premio. Muy diferente es con el llamamiento que nos viene por medio del Evangelio de Cristo. Todos los que reciben este llamamiento pueden también recibir la corona de la vida y de la honra eterna. Todos los que han sido traídos a la «casa del Rey» nuestro se gozarán en su magna presencia llena de gracia.
III. Su carácter. Es evidente que era extremadamente gentil y digna de confianza por el hecho de que agradó al guarda de las mujeres más que todas las demás (v. 9), y que fue fiel a las instrucciones de Mardoqueo de no revelar su nacionalidad. Su implícita obediencia a su tutor es un rasgo a destacar de su espíritu humilde y obediente (v. 20). Esto parece poca cosa, pero es de tal magnitud que Dios, en su providencia, nunca lo pasa por alto. Es lo que somos en el secreto de nuestras propias almas lo que se muestra cuando llega el tiempo de la tensión y de la prueba. «Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él». Es en el corazón bueno y honrado que brota la semilla del reino con fruto de gloria para Dios.
IV. Su elección. «Cuando le llegó a Ester… el tiempo de venir al rey, ninguna cosa procuró sino lo que dijo Hegué eunuco del rey, guarda de las mujeres» (v. 15). Había ciertas cosas necesarias que debían ser dadas a cada una de las candidatas a reina, pero no se les podían negar todas aquellas otras cosas que pudieran desear para su adorno o que pudieran ayudarles a impresionar al rey. Las otras, evidentemente, demandaron muchas otras cosas para perfeccionar sus preparativos, pero es de observar que Ester «ninguna cosa procuró». Decidió satisfacerse con aquellas cosas que el rey había dispuesto. Se dejó enteramente en manos de aquel a quien se le había encomendado la obra de prepararla. No tienen lugar aquí ni sus pensamientos ni sus artificios. Sometámonos así también nosotros al Espíritu Santo, cuyo oficio es santificarnos y equiparnos y prepararnos para la presencia del Rey. Mejor nos será que, como Ester, «ninguna cosa procuremos» aparte de lo que Él ha dispuesto, satisfechos con la vestidura de su justicia, solo la suya.
V. Su corona. «Y el rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y halló ella gracia y benevolencia delante de él (…) y puso la corona real en su cabeza» (v. 17). Su humildad y fe son ahora recompensadas con una manifestación pública del favor del rey: es coronada de gloria y honra, aunque no hizo más que obedecer. El camino al trono estaba abierta para ella siempre que el rey la amara. Qué privilegio ser amados por un rey, por el Rey del Cielo. El amor de Dios nos abre el camino al corazón y al hogar de Dios. La corona es el símbolo de honor y de poder. Pentecostés fue el día de la coronación de los primeros discípulos, cuando la lengua de fuego reposó sobre cada uno de ellos, y todos recibieron la autoridad regia del Cielo, viniendo a ser partícipes del Rey de la Gloria y a compartir su Reino sobre la tierra. Hallar su «favor» es hallar su corona.
VI. Su valor. «Y si perezco, que perezca» (4:16). Había venido ahora un tiempo de prueba, cuando todo el poder y la autoridad que poseía le eran necesarios para la salvación de aquellos que habían sido condenados a morir. Amán había logrado que se promulgara la sentencia de muerte sobre todos los judíos; Mardoqueo apela a Ester como la única esperanza que tenían, pero la ley prohibía a todos llegarse al rey sin invitación, bajo pena de muerte. Sin embargo, Ester consagra su vida a este gran objeto, y se lanza a la brecha. Fue un paso osado. Pero aunque la ley estaba en contra de ella, sabía que el corazón del rey estaba por ella. Este es también nuestro aliento a darnos por la salvación de otros. Si, como Ester, hemos llegado a la honra y al poder por la gracia de nuestro rey, es también «para una ocasión como esta», un tiempo de salvación para otros. Toda la autoridad y poder que hayamos recibido es absolutamente necesaria para esta gran obra. La ley de la carne estará siempre contra nosotros al allegarnos al Rey como salvadores de almas. Démonos, como Ester, enteramente a ello. «Si perezco» en una obra bendita como ésta, entonces es un objeto digno y bendito por el que morir. Pero no pereció. «No perecerá quien en Él confía».
VII. Su victoria. Ella obtuvo favor. Le fue extendido el cetro de oro. Luego el rey le dijo: «¿Qué tienes, reina Ester, y cuál es tu petición?», etc. (cap. 5:1–3). Ella se identifica entonces con los judíos, y ruega por su propia vida y por la vida de ellos (cap. 7:3, 4). Su petición queda abundantemente satisfecha; el enemigo es vencido, y su pueblo es salvado. Ella ve del fruto del trabajo de su alma, y queda satisfecha. Este gran logro nos recuerda a uno mayor que Ester, que, cuando la ley estaba en contra nuestra, se humilló a Sí mismo en la presencia de Dios en aquel terrible lugar llamado Calvario, diciendo, por así decirlo: «Y si perezco, que perezca». Pero Dios le resucitó de entre los muertos, haciéndole Príncipe y Salvador. El camino a tales victorias es la propia negación. Si queremos ser salvadores de otros, solo puede ser mediante el sacrificio de nosotros mismos para este fin. Para ello hemos sido llamados a su reino. «Recibiendo el fin de vuestra fe, la salvación de almas» (1 P. 1:9, griego).
