Yo soy el Señor tu Dios: Introducción a los 10 mandamientos
Yo soy el Señor tu Dios: La Ley del Dios que redime • Sermon • Submitted • Presented
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· 11 viewsEl Dios que dio la Ley es el mismo que redime y gobierna a Su pueblo. De ahí que podemos decir que el Dios que nos redimió es el mismo que nos guía a vivir para Él.
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Introducción
Introducción
¿Qué es peor, obedecer los diez mandamientos con una motivación y perspectiva equivocada, o no obedecer en absoluto ninguno de los mandamientos?
¿Cuál es la función de la Ley en la vida cristiana?
El escritor español Fernando Savater dijo hace algunos años que, debido a los cambios del siglo XXI, los creyentes deberíamos dedicar un poco de tiempo a considerar la posibilidad de reemplazar algunos de los diez mandamientos, actualizar otros, y reevaluarlos, porque –según él– son anticuados y anacrónicos. Después de todo –sigue diciendo– en el tiempo de Moisés no existía la inteligencia artificial, el internet, ni los avances modernos que tenemos hoy.
¿Quién se atreverá a “actualizar” o “modificar” los mandamientos del Dios eterno?
¿Acaso el paso del tiempo puede cambiar la santidad y el estándar moral de Dios?
La famosa cantante barranquillera Shakira, a inicios de este año, en una de sus giras musicales, presentó su propia versión de los diez mandamientos. En las pantallas de sus conciertos aparecían sus llamados “10 mandamientos de las lobas”, escritos en tablas de piedra. Algunos decían:
No pedirás permiso para ser tú misma.
No reprimirás tu naturaleza salvaje.
Elegirás tu camino sin que nadie te lo imponga.
Esto refleja, por un lado, la necedad del ser humano que intenta ocupar el lugar de Dios. No se trata solamente de creatividad o ingenio, sino de una declaración moral: “Si los cristianos tienen sus mandamientos dados por su Dios, pues aquí están los míos para mis seguidores”.
¿Qué revela esto sobre el corazón humano?
¿No es lo mismo que ocurrió en Edén –querer ser como Dios, decidiendo lo que está bien y lo que está mal?
Vivimos en un tiempo en que se nos está imponiendo una nueva moralidad: una nueva ética, una redefinición del matrimonio, leyes que aprueban el asesinato de niños no nacidos, y una cantidad de ideas que contradicen la Ley moral de Dios.
¿No será que las palabras de Savater se están cumpliendo hoy?
¿Cuántas veces nosotros, como el pueblo de Dios, hemos aceptado esos nuevos mandamientos del mundo?
Como cristianos, todo esto nos alarma (y debería). Nos escandalizamos al ver un mundo que desprecia la Ley de Dios. Sin embargo, antes de apuntar el dedo hacia afuera, deberíamos mirar hacia adentro.
¿Y si no solo el mundo incrédulo, sino también los creyentes hemos despreciado y distorsionado los diez mandamientos?
¿De qué manera tú y yo hemos rechazado la Ley de Dios?
Quizás no abiertamente, pero sí de una manera más sútil, teológica o práctica.
Por ejemplo, algunos cristianos lo hacen teológicamente malinterpretando pasajes como Romanos 6:14 donde Pablo dice que ya no estamos bajo la Ley, sino bajo la gracia, concluyendo equivocadamente que la Ley ya no tiene ninguna función en la vida cristiana. (Antinomianismo)
De ahí que muchos han llegado a decir, y dicen: Jesús me ama y me acepta tal como soy; no necesito cambiar.
Otros, caen en el otro extremo y creen que Dios los ama más porque le obedecen más, y usan la Ley como medio de justificación. (Legalismo) En este caso, la persona mide su espiritualidad por el cumplimiento externo de la Ley.
De la misma manera, hay algunos que separan equivocadamente la Ley y el Evangelio y piensan que en el A.T. era solo ley y justicia, mientras que en el N.T. es solo gracia y amor. De hecho, este pensamiento ha llevado a muchos a creer que el Dios que presentan ambos testamentos son completamente diferentes…
Sin embargo, también despreciamos la Ley de Dios en la práctica, cuando caemos en el relativismo moral. De ahí que hemos pensado en muchas ocasiones cuando pecamos: “Todos somos pecadores. Dios me entiende. El conoce mi debilidad…”
O también cuando separamos la fe y las obras: Lo importante es creer, no importa como vivamos.
¿De qué sirve creer en el Dios santo, si no nos importa vivir en santidad?
¿Es importante estudiar y comprender correctamente los diez mandamientos?
¿Cómo podemos honrar la Ley de Dios sin caer en el legalismo ni en el antinomianismo?
Estudiar los diez mandamientos es fundamental porque revelan el cáracter santo de Dios, definen el camino de la verdadera libertad, y nos muestran nuestra necesidad permanente de Cristo.
En una cultura donde la moral es relativa y la gracia se distorsiona, necesitamos volver a comprender bíblicamente la Ley de Dios.
El Dios que dio la Ley es el mismo que redime y gobierna a Su pueblo. De ahí que podemos decir que el Dios que nos redimió es el mismo que nos guía a vivir para Él por medio de Su Ley.
Exodo 20:1-2 “Entonces Dios habló todas estas palabras diciendo: Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre”.
El contexto de la Ley
El contexto de la Ley
¿Qué estaba ocurriendo cuando Dios entregó la Ley al pueblo?
Contexto inmediato: Leer Exodo 19:16-20.
Hacer un breve resumen del Éxodo…
El contexto de la Ley es el Éxodo mismo.
Contexto histórico: Pacto Mosaico…
Israel ha sido liberado de la esclavitud en Egipto, van rumbo a la tierra de Canaán para convertirse en un reino nacional. Dios los redimió por pura gracia, de acuerdo al pacto que había hecho con Abraham, y ahora va a darles la ley a través de la cual gobernaría el reino de Israel y toda su vida en la tierra de Canaán.
Audiencia original del libro: La generación que entraría a la tierra prometida con Josué. Debían entender principalmente esto: Ellos son amados por gracia. Por lo tanto, en respuesta a esa gracia, debían responder con obediencia a la Ley.
El contexto de la Ley nos deja ver un principio fundamental en la historia bíblica: La gracia antecede a la Ley.
La Ley fue dada a un pueblo que ya había sido redimido.
Contexto redentor:
Ampliar el panorama…
Pacto Abrahámico - Pacto Mosaico - Nuevo Pacto (La Ley escrita en nuestros corazones)…
La proclamación de la Ley
La proclamación de la Ley
Vers. 1: “Entonces Dios habló todas estas palabras diciendo:”
Notemos que en esta ocasión no es Moisés el que viene al pueblo y les habla de parte de Dios. Es Dios mismo hablando a Su pueblo, proclamando, predicando los diez mandamientos.
Esto nos muestra en primer lugar, la bondad de Dios. El mero hecho de que Dios mismo hablara estas palabras a Su pueblo es un acto de bondad, de amor y de gracia.
En segundo lugar, que Dios haya pronunciado estas palabras también tienen algunas implicaciones que debemos considerar. El puritano Thomas Watson observó algunas de esas implicaciones que son dignas de mencionar:
Debemos escucharlas todas
Debemos escucharlas con respeto
Debemos recordarlas
Debemos creerlas
Debemos amarlas
Debemos enseñarlas
Debemos obedecerlas
Cada palabra de la Ley moral es un mensaje del cielo. Todo lo que Dios dice merece ser recordado. “Nuestros memoria debe ser como el cofre del arca donde se guardaba la Ley”. Cada mandamiento lleva el Nombre de Dios.
Salmo 119:72 “72 Mejor me es la ley de tu boca Que millares de oro y plata.”
¿Quién es entonces este Dios que proclamó la Ley?
El dador de la Ley
El dador de la Ley
Vers. 2: “Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre”.
“Y dijo Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY, y añadió: Así dirás a los israelitas: YO SOY me ha enviado a ustedes. Dijo además Dios a Moisés: Así dirás a los israelitas: EL SEÑOR, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a ustedes. Este es Mi nombre para siempre, y con él se hará memoria de Mí de generación en generación. (Exodo 3:14-15)
El Señor (Yahweh- Yahvé): Este es el nombre personal de Dios. Pero también es Su nombre del pacto. Viene del verbo “ser” y significa: Yo soy el que siempre he sido y seré el que siempre soy. Hace referencia a la aseidad de Dios (Su autoexistencia, Su autosuficiencia, Su eternidad, Su inmutabilidad).
Se repite 8 veces en los 10 mandamientos y cinco de ellas va acompañado del pronombre tu.
Pero también vemos esta misma frase en Génesis 15:7 “7 Y le dijo: Yo soy el SEÑOR, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte esta tierra para que la poseas.”
El dador de la Ley no solo es Dios. Notemos el énfasis de las palabras. De esta manera, Dios les estaba recordando varias cosas, por lo menos:
Que Dios era su dueño, ya no solo por creación, sino de una forma más especial, por redención.
Su compromiso y determinación a cumplir con sus promesas.
La relación favorable y cercana que podían tener y disfrutar con Él. ¡Ahora son Su pueblo y Él es su Dios!
¿Qué significaría esto para ellos?
Ellos ya no eran esclavos de Egipto. Habían sido testigos del gran poder de Dios a través del éxodo mismo, en el mar rojo…
Para ellos, significaba que podían estar seguros de que el Señor los llevaría a la tierra prometida y que cumpliría con las promesas del pacto. Pero al mismo tiempo, que ellos podían echar todas sus cargas ante Él porque Él era Su Dios, podrían relacionarse con Él a través de los medios que proporcionó, los cuales, les señalaban a Cristo (ceremonias y sacrificios).
¿Qué significa esto para nosotros hoy?
Si Dios es nuestro Dios, significa que podemos estar seguros de que Él mismo nos llevará a salvo a la verdadera Tierra Prometida. Que cumplirá todas sus promesas. Que nunca dejará de ser nuestro Dios.
Podemos decir con el salmista: Salmo 16:2 “2 Tú eres mi Señor; Ningún bien tengo fuera de Ti.”
Podemos decir con Job: Job 19:25-27 “Yo sé que mi Redentor vive, y al final se levantará sobre el polvo. Y después de desecha mi piel, aún en mi carne veré a Dios; al cual yo mismo contemplaré, y a quien mis ojos verán y no los de otro.
Podemos decir con Pablo: Romanos 8:38–39 “38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Filipenses 4:19 “19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”
Ese Dios, fue el que los sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre… (Recordar la redención)
La manera en la que se presenta Dios en este prefacio es sumamente importante, es la base teológica para comprender correctamente los mandamientos. De ese modo, la Ley no es solamente un código moral, sino la expresión misma del Dios que nos amó y nos salvó para ser su pueblo…
La importancia de la Ley
La importancia de la Ley
Pudieramos mencionar muchas razones por las que la Ley es importante…
Revela el carácter santo de Dios
Romanos 7:12 “12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.”
Cada mandamiento expresa algo de Dios: Su santidad, fidelidad, justicia, veracidad, amor, pureza, por lo cual, estudiarlos es conocer quién es Dios y no solo qué exige.
De la misma manera, en esta época donde se relativiza el bien y el mal, los mandamientos reafirman el estándar absoluto de la santidad divina.
Revela el pecado del ser humano
Romanos 3:20 “20 porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.”
La ley revela la realidad del corazón…
Nos conduce a Cristo
Gálatas 3:24 “24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.”
Señalan a Aquel que los cumplió perfectamente…
Nos guía en la santificación
Salmo 19:7-9 “La Ley del SEÑOR es perfecta, que restaura el alma; el testimonio del SEÑOR es seguro, que hace sabio al sencillo. Los preceptos del SEÑOR son rectos, que alegran el corazón; el mandamiento del SEÑOR es puro, que alumbra los ojos. El temor del SEÑOR es limpio, que permanece para siempre; los juicios del SEÑOR son verdaderos, todos ellos justos;
Nos enseña a amar a Dios y al prójimo
Juan 14:15 “Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos”.
La obediencia a la Ley no es el medio de salvación. Es la respuesta correcta y agradecida a la redención.
Romanos 13:10 “10 así que el cumplimiento de la ley es el amor.”
“El amor requiere normas y dirección para operar. El amor debe ser encaminado, pero su dirección no debe ser interpretada de manera subjetiva… Los mandamientos son los rieles sobre los cuales marcha la vida potenciada por el amor de Dios derramado en el corazón por el Espíritu Santo. El amor impulsa el motor; la Ley provee la dirección. Son mutuamente dependientes. La idea de que el amor puede operar sin la Ley es producto de la imaginación. No solo es mala teología, sino que es una psicología deficiente. Tiene que tomar prestado de la Ley para darle ojos al amor”. – Sinclair Ferguson
1 Juan 2:3-4 “Y en esto sabemos que lo hemos llegado a conocer: si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo lo he llegado a conocer, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él.
Conclusión
Conclusión
Así que, los diez mandamientos no comienzan con un mandamiento en sí. Comienzan con un recordatorio del Evangelio mismo… De manera que, antes de exigir obediencia como tal, el Señor proclamó libertad. Antes de darnos los mandamientos, nos dio Su bendita gracia.
Recordemos entonces que el Dios que ha dado Su Ley, es el mismo que nos ha redimido, por lo tanto, debemos obedecerla con gozo y gratitud…
Historia del hombre inglés en 1850…
Aplicaciones
Aplicaciones
Cristológica:
Cristo es el Dios del Sinaí que se hizo hombre y habitó entre nosotros. Juan 1:14 “14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”
Cristo cumplió perfectamente la Ley en nuestro lugar. Mateo 5:17 “17 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.”
Él recibió la condenación que la Ley demanda por nuestros pecados. Gálatas 3:13 “13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),”
Cristo explicó la Ley en el Sermón del Monte, la interpretó correctamente.
Eclesiológica:
Leer 1 Pedro 1:14-21
Evangelística:
Llamado al arrepentimiento…
