La gracia que restaura sin aprobar el pecado
El evangelio Segun Juan • Sermon • Submitted • Presented
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· 8 viewsEste estudio presenta a Jesús como el Salvador que une verdad y gracia. En el episodio de la mujer sorprendida en adulterio, Él revela su sabiduría divina frente a la hipocresía humana: no condena al pecador, pero tampoco justifica el pecado. Su palabra expone el corazón, despierta la conciencia y ofrece perdón con un llamado a una vida transformada.
Notes
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Introduccion al capitulo:
Introduccion al capitulo:
El Evangelio de Juan, en su capítulo 8, nos revela a un Jesús cuya autoridad no se impone por la fuerza, sino por la palabra que ilumina, revela y transforma.
El autor, movido por el propósito de mostrar a Cristo como la Luz del mundo, utiliza con frecuencia los verbos que expresan hablar (λέγω, λαλέω) y ser (εἰμί), enfatizando que en Jesús no solo se escuchan palabras divinas, sino que Dios mismo está hablando.
En este diálogo intenso entre el Maestro y los fariseos, el evangelista nos muestra que la voz de Cristo tiene un poder que trasciende el sonido: revela el corazón humano y manifiesta la verdad que libera.
Estas alusiones verbales no son casuales; muestran la intención profunda del autor: la palabra de Jesús juzga y ejercen veredicto y restauran sin aprobar el pecado. Cada verbo pronunciado por Él es una acción redentora: su “decir” comunica gracia, su “ser” revela divinidad, y su “conocer” ofrece comunión. Así, al presentar el encuentro entre Jesús y la mujer adúltera, Juan no solo narra un episodio de misericordia, sino que nos invita a ver en Él al Dios que habla con verdad, perdona con amor y transforma con poder ejerce un veredicto.
Introduccion al pasaje
Introduccion al pasaje
Antes de entrar en el relato de la mujer sorprendida en adulterio, vale la pena mencionar que este pasaje no aparece en algunos de los manuscritos griegos más antiguos del Evangelio de Juan.
Eso ha llevado a ciertos estudiosos a pensar que tal vez fue añadido más tarde por copistas cristianos que deseaban conservar una historia verdadera de Jesús que circulaba entre las iglesias primitivas.
Sin embargo, aunque su ubicación original sea discutida, nada en este relato contradice la enseñanza, el carácter ni el evangelio de Cristo.
De hecho, refleja con perfecta armonía lo que vemos en todo el Nuevo Testamento:
Un Jesús lleno de gracia y de verdad (Jn 1:14), que no aprueba el pecado, pero ofrece perdón al pecador arrepentido.
Por eso, lejos de poner en duda su valor, leemos este pasaje con gratitud, sabiendo que nos muestra, una vez más. el corazón del Salvador:
Un Dios que no vino a condenar, sino a restaurar;
Que no se deja atrapar por la hipocresía de los hombres, sino que responde con la sabiduría y la misericordia del cielo.
LEAMOS Juan 7:53–8:11
LEAMOS Juan 7:53–8:11
1. Juan 7:53–8:1 – Jesús se aparta al Monte de los Olivos
1. Juan 7:53–8:1 – Jesús se aparta al Monte de los Olivos
Tras el fracaso del Sanedrín por arrestar a Jesús, que vimos en Juan 7 cada uno vuelve a su casa; solo Él se retira al Monte de los Olivos.
Este detalle muestra el contraste entre quienes buscan descanso en sus hogares y el Hijo del Hombre, que no tiene dónde recostar la cabeza (cf. Mt 8:20). Probablemente pasó la noche en oración o en Betania, preparándose para otro día de ministerio.
Algo que hay que señalar que Su lugar de descanso habitual cerca de Jerusalén era Betania, en casa de Marta, María y Lázaro, o bien al aire libre en el monte de los Olivos. Muy probablemnente los 12 que lo habian dejado todo por seguir a Jesus se hayan ido a descansar es probable que algunos discípulos se hospedaran con Él en Betania, y otros, como los galileos, permanecieran en lugares provisorios durante las fiestas (la tradición permitía levantar tiendas temporales durante la fiesta de los Tabernáculos, cf. Lv 23:42-43).
Note que Cristo es el Siervo obediente que halla refugio no en comodidades humanas, sino en la comunión con el Padre. Su retiro anticipa su soledad redentora: el Salvador que ora por los pecadores antes de enfrentarlos. Muestra humildad y obediencia a todo nivel, aun pudiendo quedarse en las mejores casas o habotaciones de la epoca su mejor lugar era un lugar apartado donde poder orar y tener comunion con El Padre
2. Juan 8:2 – Jesús enseña en el templo
2. Juan 8:2 – Jesús enseña en el templo
Al amanecer, Jesús regresa al templo y el pueblo se reúne para oírlo. Como era costumbre, se sienta para enseñar, señal de autoridad rabínica. Su enseñanza atrae a las multitudes, no por espectáculo, sino por verdad divina.
El verdadero Maestro no busca admiración, sino transformación. Cristo no solo instruye mentes, sino que alumbra corazones con la Palabra que salva. Quien viene temprano a Él, encuentra luz antes de que el día comience.
3. Juan 8 3–6 La trampa legalista
3. Juan 8 3–6 La trampa legalista
Durante la Fiesta de los Tabernáculos, una de las celebraciones más alegres y concurridas del calendario judío, Jerusalén se llenaba de peregrinos, música, vino y regocijo. No era extraño que, en medio de tanta multitud y euforia, se dieran excesos morales y descuidos espirituales. En ese contexto festivo , donde el pueblo recordaba la fidelidad de Dios en el desierto, pero muchos vivían desenfrenadamente, surge este episodio: una mujer es sorprendida en adulterio y traída ante Jesús.
Los escribas y fariseos la presentan públicamente y citan la ley de Moisés (Lv 20:10; Dt 22:22) para poner a prueba al Maestro:
Si la absuelve, viola la Ley;
Si la condena, contradice el mensaje de gracia y se enfrenta al poder romano.
El interés de ellos no es la justicia, sino tenderle una trampa. La omisión del hombre culpable evidencia su hipocresía y manipulación.
Muchos hoy señalan y se preguntan por qué los fariseos no trajeron también al hombre implicado en el adulterio. Sin embargo, esa pregunta suele formularse desde los lentes de la posmodernidad, cargada de categorías sociológicas como “machismo” u “opresión de género”.
Esa interpretación no brota del texto, sino que se impone sobre él, distorsionando su sentido.
La aplicación seria del texto, en cambio, pregunta primero:
¿qué pretendían los fariseos según el contexto histórico y legal del siglo I?
El propósito no era aplicar justicia ni defender la pureza moral del pueblo, sino usar la Ley como trampa contra Jesús (v. 6).
Ellos manipulaban el caso: traen solo a la mujer porque no buscaban obedecer la Ley, sino exponer al Maestro.
La omisión del hombre no prueba discriminación, sino maldad premeditada: necesitaban un “caso útil” para tentar al Señor.
Su error no fue de cultura patriarcal, sino de corazón endurecido.
Además, el texto usa el término griego μοιχεία (moicheía), que se refiere específicamente al adulterio cometido por una mujer casada.
Esto indica que, según la Ley mosaica (Lv 20:10; Dt 22:22), tanto la mujer como el hombre debían ser castigados por igual.
El hecho de que solo ella sea presentada muestra que no se estaba buscando justicia conforme a la Ley, sino un pretexto para acusar a Jesús.
Los fariseos, en su afán de aparentar celo por la santidad, violaban la misma Ley que decían defender, convirtiendo un asunto moral en un instrumento político y religioso.
Por lo tanto, no debemos leer este, ni ningun otro texto con los lentes del machismo o del feminismo, sino con los ojos de la verdad bíblica: aquí se revela cómo un corazón endurecido puede revestir de piedad su propia maldad.
Con los lentes puesto de la total honestidad si podems respondernos ¿somos distintos a esos fariseos hoy en dia? yo diria que no ! ¿por que ? Por que de este relato aprendemos es que existe un peligro latente en el corazón humano: el deseo de autojustificarse, torciendo la verdad y manipulando la justicia para encubrir la injusticia.
Por ello un texto que debemos de memorizarnos todos creyente es:
Salmo 139:23–24 "23 Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis inquietudes. 24 Y ve si hay en mí camino malo, Y guíame en el camino eterno."
Solo la gracia de Cristo puede purificar las intenciones del corazón. La Ley puede señalar la acción, pero solo el Evangelio transforma la motivación.
Jesús no mira solo lo que hacemos, sino por qué lo hacemos, y su gracia libera al creyente de vivir aparentando bondad para vivir en verdad.
4. Juan 8:6–8 – El silencio que confronta
4. Juan 8:6–8 – El silencio que confronta
Jesús se inclina y escribe en la tierra. No se nos dice qué escribió, porque el acto mismo es el mensaje: su silencio es juicio, y su gesto revela autoridad divina.
Frente a la malicia humana, Cristo responde con majestad serena. Luego se levanta y declara:
“El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra.”
Si pudiéramos ponerle un título a este versículo, bien podría ser: “La gracia que desenmascara la hipocresía con una sola frase.”
Muchos intérpretes suponen que Jesús escribía los pecados de los acusadores o sus nombres, pero el texto no lo afirma. Más que eso, este momento es una revelación de su identidad mesiánica.
El Evangelio de Juan nos muestra nuevamente a Jesús como Dios hecho carne:
El mismo que escribió la Ley con su dedo en piedra (Dt 9:10),
ahora escribe sobre el polvo, recordándonos que conoce la fragilidad del ser humano formado del polvo (Gn 2:7).
El Dador de la Ley ahora está frente a quienes la distorsionan; el Legislador se inclina ante la tierra para mostrar que la justicia divina no puede separarse de la misericordia.
Jesús no ignora el pecado, pero tampoco permite que la justicia sea usada sin amor. Su silencio no es indiferencia, sino sabiduría redentora: revela que solo Él tiene autoridad para juzgar y poder para perdonar.
5. Juan 8:9 – La conciencia despertada
5. Juan 8:9 – La conciencia despertada
Los acusadores se marchan uno por uno, comenzando por los más ancianos. Sus conciencias, confrontadas por la palabra de Jesús, los dejan sin argumento. El texto no sugiere arrepentimiento, sino derrota moral. Quedan solo Jesús y la mujer: el pecador y el Salvador frente a frente.
La voz de Cristo revela lo que la conciencia calla. Nadie puede mantenerse erguido ante la santidad de Dios. Pero cuando todos se van, solo queda Jesús, el único justo que no abandona al pecador, sino que lo espera.
6. Juan 8:10–11 – Gracia que salva y transforma
6. Juan 8:10–11 – Gracia que salva y transforma
Jesús se incorpora y pregunta: “¿Ninguno te condenó?” — “Ninguno, Señor.” — “Ni yo te condeno; vete y no peques más.”
Él no justifica el pecado, pero ofrece perdón y un llamado a la santidad. Es una absolución acompañada de mandato: la gracia no encubre la culpa, la destruye.
El contraste de los verbos usados por Juan es revelador: los hombres querían condenar para rerefereirse a la actitud de los fariseos se usa (katakrínō que significa juzgar con sentencia), pero Jesús no juzga para destruir, sino que para su accion se usa (krínō que sigmifica decidir, pesar, resolver, fallar, decretar ) esto es para redimir.
En Él, el juicio se transforma en salvación. El mismo que tiene autoridad para dictar sentencia la retiene, porque sabe que la condena que ella merecía caerá sobre Él en la cruz.
Aquí resplandece el evangelio: no hay pecado tan grande que la misericordia de Cristo no pueda perdonar, pero tampoco hay gracia verdadera que deje intacto al pecador. La salvación se manifiesta precisamente en el aborrecimiento del pecado y en el deseo de una vida nueva.
El perdón no es una excusa para seguir igual, sino la evidencia de haber sido alcanzado por el amor que nos libra de la condena y nos llama a la santidad.
Síntesis final
Síntesis final
La escena nos muestra el corazón del Evangelio:
La Ley revela la culpa, los hombres acusan, pero solo Cristo puede perdonar y regenerar.
Frente a los fariseos que usan la verdad como arma, Jesús la usa como medicina.
El relato termina con la mujer en pie ante su Redentor: no por inocencia, sino por gracia.
Cristo no ignora el pecado; lo enfrenta en la cruz, donde la justicia y la misericordia se besan.
