Los Hijos del reino

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Como hijos de Dios y coherederos del Reino debemos tener muy en claro que no se trata de un movimiento religioso, mas bien de un encuentro con la verdad de su Reino el cual nos llama a la accion.

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Mateo 13:38 LBLA
38 y el campo es el mundo; y la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno;
Introducción
Jesús no vino a establecer un sistema político, sino un Reino espiritual que en su momento será físico. En el siglo I, el pueblo esperaba un reino terrenal, militar… pero Jesús vino a sembrar un Reino (la semilla), que empieza en el corazón.
En Mateo 13, Él nos habla de parábolas: el sembrador, la cizaña, el grano de mostaza. Todas muestran cómo opera ese Reino: Crece en silencio… Se mezcla temporalmente con la maldad… Y al final, será separado y juzgado por el Rey.
La pregunta que nos debe nos debemos hacer es la siguiente; ¿Qué significa pertenecer al Reino que Jesús anuncia y cómo se manifiesta esa pertenencia en nuestra vida y obra?
Esta interrogante nos invita a reflexionar profundamente sobre la verdadera naturaleza del Reino de Dios, tal como lo enseñó Jesús. No se trata solo de formar parte de una comunidad religiosa o de asumir una identidad externa; implica una transformación interior y una nueva manera de vivir.
Pertenecer al Reino significa adoptar los valores, principios y la visión que Dios tiene para sus hijos, (su eklesía) … esto es permitiendo que su gobierno y voluntad moldeen nuestro carácter y guíen nuestras acciones, nos desafía a considerar cómo se evidencia en nuestra vida cotidiana ademas de nuestras acciones.
No basta con profesar una fe; el verdadero hijo del Reino manifiesta su identidad a través de su manera de amar, de servir, de vivir en justicia y de buscar la paz. Es decir, la pertenencia al Reino se traduce en un estilo de vida que refleja la presencia activa y continua del gobierno de Dios (su Reino), en nosotros… marcando una diferencia en nuestro entorno y en nuestras relaciones.
Significa explorar qué cambios genera en nosotros dicho Reino, cómo se ve ese cambio en nuestras decisiones diarias y en nuestro testimonio ante el mundo (estamos en este mundo, pero no somos del “sistema” de este mundo ).
Nos motiva a preguntarnos si realmente estamos viviendo bajo los códigos del Reino, permitiendo que Cristo reine en nuestro corazón y acciones, y si nuestra vida da frutos que lo confirmen.

I. El Reino de Dios: Soberanía que ya está y que viene

El “Reino de Dios” o “Reino de los Cielos” no es un lugar físico en la tierra, es el gobierno activo de Dios sobre toda la creación.
Es una realidad doble: Ya está presente: comenzó con la venida de Cristo (Mateo 12:28). Aún no se ha consumado: se manifestará plenamente cuando Él regrese (Mateo 25:31–46).
“El campo es el mundo” — significa que el Reino opera y se muestra por medio de la humanidad… Dios está obrando en el mundo… aunque todavía hay cizaña.
➡️ Aplicación: No todo es trigo también esta la cizaña... No todo lo que parece religioso pertenece al Reino. La pregunta no es si estamos “en la iglesia”, sino si el Reino y sus códigos están dentro de nosotros (Lucas 17:21).

II. ¿Quiénes son los Hijos del Reino?

Ser “hijo del Reino” no es una etiqueta. Es una identidad nueva.
No se hereda, no se compra, no se aparenta.
Solo se recibe por nuevo nacimiento (Juan 3:3–8) … “El que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.”

Características de los hijos del Reino:

1. Han sido trasladados del reino de las tinieblas al Reino del Hijo amado

Colosenses 1:13 — “Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado.” [Los Hijos del Reino]
Este traslado no es solo un cambio de lugar espiritual, sino una transformación de identidad. Antes, la vida estaba marcada por la ignorancia, el pecado y la separación de Dios (Efesios 2:1-3). Ahora, los hijos del Reino viven bajo la luz, guiados por el Espiritu de verdad y la gracia de Cristo (1 Pedro 2:9).

2. Viven en dependencia del Espíritu Santo

Romanos 8:14 — “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.”
La vida en el Reino no se basa en esfuerzo humano, sino en la dirección y poder del Espíritu Santo.
Jesús prometió el Espíritu como consolador y guía (Juan 14:16-17).
Pablo enseña que el Espíritu produce en nosotros la capacidad de vivir conforme a la voluntad de Dios (Gálatas 5:16-18).

3. Producen frutos visibles: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza

Gálatas 5:22-23 — “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” [Los Hijos del Reino]
Estos frutos son evidencia tangible de la obra de Dios en el corazón. Jesús dijo: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:20). El verdadero hijo del Reino no solo profesa fe, sino que su carácter y acciones reflejan la naturaleza de Cristo (Juan 15:5).

4. Reflejan la ética del Reino: justicia, misericordia, humildad y amor al prójimo… incluso a los enemigos

Mateo 5–7 (Sermón del Monte) — Jesús enseña sobre la justicia superior, la misericordia, el perdón y el amor radical, incluso hacia los enemigos.
La ética del Reino va más allá de la moralidad humana. Jesús llama a sus seguidores a ser “la sal de la tierra” y “la luz del mundo” (Mateo 5:13-16), a amar a los enemigos (Mateo 5:44), a practicar la misericordia (Mateo 5:7), y a vivir en humildad (Mateo 5:3-5). La justicia del Reino no es solo externa, sino interna, nacida de un corazón transformado (Mateo 5:20).
Amor al prójimo: Juan 13:34-35 — “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos por los otros.”
Ser hijo del Reino implica una nueva identidad, una vida guiada por el Espíritu, frutos visibles y una ética radical que refleja el carácter de Cristo. No es solo pertenecer a una comunidad religiosa, sino vivir una transformación diaria que impacta el entorno y glorifica a Dios. [Los Hijos del Reino]
➡️ Reflexión: ¿Mis decisiones, mi trato, mis palabras, mi conducta reflejan la naturaleza del Reino (trigo), o del mundo (cizaña)?

III. Los Hijos del Maligno

Jesús fue claro: así como hay buena semilla, también hay mala semilla.
Hay quienes, aunque aparentan piedad, niegan el poder de Dios en sus obras (2 Timoteo 3:5).
La cizaña crece junto al trigo, pero sus obras son distintas.
No se trata de juzgar, sino de discernir en el espiritu… “Por sus frutos los conoceréis.” (Mateo 7:20)
Rasgos de los hijos del maligno:
Se guían por sus deseos, no por la voluntad del Padre. Las personas que siguen sus propios deseos y no la voluntad de Dios reflejan una vida centrada en sí mismas (egoísmo).
La Biblia advierte sobre esto:
Romanos 8:13–14 LBLA
13 porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.
Se complacen en la apariencia, no en la obediencia. La apariencia externa puede engañar, pero Dios busca obediencia genuina.
Jesús condenó la hipocresía de los fariseos: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí.” (Mateo 15:8), y “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de robo y de injusticia.” (Mateo 23:25).
Se acomodan a los valores del mundo, no al Reino. Los hijos del maligno adoptan los estándares del mundo en vez de los valores del Reino de Dios. “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” (1 Juan 2:15).
Pablo nos exhorta: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento...” (Romanos 12:2).
Rechazan la corrección espiritual: La corrección es parte del crecimiento espiritual. Rechazarla revela orgullo y necedad. “El necio menosprecia la corrección de su padre; mas el que guarda la reprensión será prudente.” (Proverbios 15:5). También, “El que ama la corrección ama la ciencia; el que aborrece la reprensión es ignorante.” (Proverbios 12:1).
Pueden tener religión, pero no transformación: La religiosidad vacía no produce cambio real. Pablo advierte: “Teniendo apariencia de piedad, pero negando la eficacia de ella; a éstos evita.” (2 Timoteo 3:5).
Jesús también dijo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7:21).
➡️ Advertencia: Note Bien: Jesús NO dijo que la cizaña no parecería trigo. El problema no es la apariencia, sino el fruto.

IV. La Coexistencia: el “ya” y el “todavía no”

Jesús explicó que el trigo y la cizaña coexisten hasta la siega final (Mateo 13:24–30).
¿Por qué Dios permite eso?… Porque su Reino está en proceso... Porque su paciencia da oportunidad al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). Porque Él separará al final; no nos toca arrancar antes de tiempo.
Jesús enseñó, a través de la parábola del trigo y la cizaña, que ambos crecerían juntos hasta el momento de la cosecha final (Mateo 13:24–30). En este relato, Jesús deja claro que no es nuestra tarea arrancar la cizaña antes de tiempo, pues existe un propósito en la coexistencia.
¿Por qué permite Dios que el trigo y la cizaña convivan? Primero, porque su Reino está en proceso de manifestación plena, y mientras llega ese día, el mal y el bien existen juntos.
Como dice el apóstol Pablo: “Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.” (1 Corintios 15:23).
➡️ Lección: La iglesia vive entre lo santo y lo caído, entre la gracia y la verdad. Nuestro llamado es a discernir con amor, corregir con gracia y esperar con fe… “Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha.” Eso es madurez espiritual: paciencia sin indiferencia.

V. La Ética del Reino: Evidencia de Transformación

El Reino no es teoría, se manifiesta en la vida diaria. Un hijo del Reino se distingue no por lo que dice, sino por cómo vive.
Frutos del Reino: Perdona en lugar de vengarse.Sirve en lugar de buscar reconocimiento.Da con generosidad.Ama a los enemigos.Busca justicia y misericordia.Camina en humildad.
Mateo 7:21 NTV
21 »No todo el que me llama: “¡Señor, Señor!” entrará en el reino del cielo. Sólo entrarán aquellos que verdaderamente hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
➡️ Reflexión práctica: ¿Qué fruto está saliendo de mi vida? ¿Hay áreas donde aún se nota la cizaña del ego, del orgullo, de la indiferencia?

VI. Implicaciones para la Iglesia Hoy

El Reino NO es individualista… Jesús plantó una comunidad —la iglesia— para reflejarlo en conjunto, como cuerpo del Señor.
Responsabilidades del pueblo del Reino: Discernimiento espiritual: saber identificar frutos y enseñar verdad.
Evangelismo: sembrar buena semilla con amor y paciencia.
Disciplina con gracia: corregir buscando restauración, no humillación.
Unidad y servicio: la buena semilla crece mejor en buena tierra, en comunidad sana.
Discernimiento espiritual: Saber identificar frutos y enseñar la verdad implica pedir a Dios sabiduría y discernimiento, tal como enseña la Palabra: Hebreos 5.14
Hebreos 5:14 LBLA
14 Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal.
Además, Jesús mismo advirtió: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?” (Mateo 7:16). Nuestra responsabilidad es examinar y enseñar conforme a la verdad del Evangelio, no según apariencias.
Evangelismo: Sembrar buena semilla con amor y paciencia refleja el corazón del Reino. Jesús enseñó: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” (Marcos 16:15).
Pablo añade: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.” (1 Corintios 3:6). Debemos compartir el mensaje con perseverancia y ternura, confiando en que Dios dará fruto en su tiempo.
Disciplina con gracia: Corregir buscando restauración, no humillación, sigue el modelo de Jesús: “Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.” (Gálatas 6:1).
Además… Jesús instruyó: “Si tu hermano peca, ve y repréndele a solas; si te oye, has ganado a tu hermano.” (Mateo 18:15)… Así, la disciplina debe ser un acto de amor y restauración.
Unidad y servicio: La buena semilla crece mejor en buena tierra, en comunidad sana. Pablo exhorta: “Esforzaos por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz.” (Efesios 4:3)…
Jesús oró por la unidad de sus seguidores: “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros.” (Juan 17:21).
El servicio mutuo y la unidad son señales vivas del Reino en acción.
➡️ Aplicación: La iglesia del Reino no es un museo de santos, sino un hospital de pecadores transformados.

VII. Vivir como Hijos del Reino:

El Reino de Dios Activo Hoy en Nosotros
Vivir como hijos del Reino es experimentar la gracia y la verdad de Cristo en cada aspecto de nuestra vida. El Reino de Dios no es solo una promesa futura, sino una realidad presente que transforma nuestro ser y nuestra manera de relacionarnos con los demás.
Jesús afirmó: “El Reino de Dios está entre ustedes” (Lucas 17:21), subrayando que su obra se manifiesta en y a través de sus hijos hoy.
Vida devocional centrada en Cristo
La vida devocional es el canal por el cual recibimos la gracia y la verdad de Jesús.
Permanecer en Cristo implica una relación viva y continua, donde su vida fluye en nosotros. “Permanezcan en mí, y yo en ustedes” (Juan 15:4). En este vínculo, su gracia nos capacita para vivir conforme al Reino, y su verdad nos guía cada día.
Oración diaria que busca transformación, no solo bendición
La oración en el Reino es un diálogo transformador. No es solo pedir favores, sino abrir el corazón para ser moldeados por Dios, como enseña Pablo: “No se conformen a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente” (Romanos 12:2).
Orar en la gracia del Hijo nos lleva a reflejar su carácter y voluntad, permitiendo que el Reino se expanda en nosotros y a través de nosotros.
Lectura bíblica enfocada en las enseñanzas del Reino
La Palabra revela el corazón del Reino y la obra del Hijo. Jesús nos invita: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33).
Meditar en la Escritura nos ayuda a comprender el propósito de Dios y a vivir en la verdad que libera (Juan 8:32), alineando nuestro corazón con el diseño divino.
Discernimiento por frutos
El Reino se evidencia en los frutos de nuestra vida. Jesús dijo: “Por sus frutos los conocerán” (Mateo 7:16).
La gracia nos capacita para mostrar amor, paciencia y bondad, mientras la verdad nos confronta y nos llama a la autenticidad.
Preguntarnos si nuestro carácter refleja a Cristo es una práctica constante para los hijos del Reino.
Autoevaluación continua: ¿mi carácter refleja a Cristo o al mundo?
La autoevaluación surge de la humildad y la dependencia de la gracia. Pablo exhorta: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe” (2 Corintios 13:5). Reconocer nuestras áreas de debilidad y permitir que la verdad del Hijo nos transforme es evidencia de la obra activa del Reino en nosotros.
Disciplina espiritual
· Arrepentimiento frecuente: El arrepentimiento es una respuesta a la gracia, reconociendo nuestra necesidad continua de la obra de Cristo. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).
· Rendición de cuentas: La verdad se fortalece en comunidad. “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados” (Santiago 5:16). La transparencia y el acompañamiento mutuo permiten que el Reino crezca en unidad y restauración.
· Servicio humilde: El servicio expresa la gracia del Reino. Jesús enseñó: “El que quiera ser el primero, debe ser el siervo de todos” (Marcos 10:44). Servir con humildad muestra que el Reino está activo en nosotros y que la grandeza se mide por la entrega.
Paciencia y misericordia
La paciencia y la misericordia son manifestaciones vivas del Reino en nosotros. Pablo escribió: “Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso” (Lucas 6:36). No se trata de condenar ni justificar el pecado, sino de dar espacio al Espíritu para obrar en cada persona, como lo hace en nosotros. “No juzguéis, para que no seáis juzgados” (Mateo 7:1).
Dar espacio al Espíritu para obrar en otros como lo hace en ti
Reconocer que el Reino de Dios avanza conforme al tiempo y el método de Dios, confiando en su gracia y verdad, y permitiendo que el Espíritu Santo transforme a cada uno según su voluntad. “El viento sopla de donde quiere... así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:8).
Así, vivir como hijos del Reino es permitir que la gracia y la verdad del Hijo sean la raíz y el fruto de nuestra vida diaria, reflejando a Cristo y expandiendo el Reino de Dios aquí y ahora.
➡️ Desafío: Empieza un hábito esta semana que demuestre que perteneces al Reino: orar por tu enemigo, reconciliarte con alguien, servir a un necesitado, perdonar de corazón.
VIII. Conclusión: El Llamado del Reino
El Reino de Dios ya está en acción.Cristo nos invita a vivir como hijos, no solo como espectadores.Ser hijo del Reino es más que asistir a algún lugar donde hay una reunión religiosa, es encarnar el carácter del Rey.No se trata de perfección, sino de dirección.Cada día el Espíritu nos forma, nos poda y nos hace fructificar.
📖 “El Reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.” (1 Corintios 4:20)
Llamado final / Aplicación
¿A qué reino perteneces realmente?¿Hay áreas donde el Señor te está mostrando que hay cizaña por arrancar?¿Qué fruto te está pidiendo que produzcas hoy?
Reflexiones para la semana
¿Qué hábito espiritual puedo iniciar hoy para demostrar mi pertenencia al Reino?¿Cómo puede mi iglesia distinguir entre buena semilla y cizaña sin perder compasión?¿Qué paso práctico puedo dar para extender el Reino en mi entorno?
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