Paja y Viga

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Cuando miramos el error de otro/a persona, no lograremos aconsejar de la manera correcta sino vivimos en claridad de vida, en honestidad y rectitud

Mateo 7:3 "¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?"
Factores importantes:
Humildad:
Te permite ver la viga en tu ojo, antes de encontrar la paja en el ojo ajeno
Te recuerda de donde Dios te saco
Te recuerda los pecados que has tenido que probablemente sean distintos a los de la otra persona, pero incluso peores
Prefiere que Dios trate al otro con gracia
¿De qué manera no somos humildes?
o ¿De qué manera podemos evidenciar cuando la Viga comienza a hablar?
Santiago 3 "Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce. ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad;porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz."
¡Evaluemos porque hacemos esto!
¿Glorifica a Dios lo que hago al hablar de mi hermano/a?
¿Que podrías hacer tu para arreglar la situación de tu hermano/a?
Si por lógica biblica, no quitas tus pecados, errores, faltas de ti mismo antes de hablar sobre los errores de otros, ¿te justifica para hablar de tu hermano?
El único método de hablar sobre la paja o viga de otro, es con el objetivo de edificación, pero eso debe ser hacia el mismo ofensor, no obstante debes CUMPLIR tu primero para saber como corregir, para que no sea murmuración.
Levítico 19:16 "No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová."
Levítico 19:18 "No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová."
Mateo 7:1–2 "No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido."
Dios permite que seas juzgado para que entiendas la lección, ¡no lo hagas mas!
No hay nadie que no reconozca el error de otro, sino lo tiene en su propia vida, sabra detectarlo porque el mismo lo hace.
Romanos 2:1–3 "Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?"
Puedes sentirte con mayor conocimiento al otro, pero lamentablemente no conoces tanto como el otro, eso que crees tener conocimiento es SOLAMENTE ORGULLO. El impulso no es enseñarle a otro, sino que tu enseñanza CORRECTIVA regularmente, es juicio para ti despues.
1 Corintios 4:5 "Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios."
Cuando juzgamos las motivaciones de los demas, nuestras inseguridades nos vuelven sospechosos de los demas, y con el tiempo nos volvemos hasta paranoicos acerca de las motivaciones de los demas. Significado de Paranoico: Con frecuencia sienten que están en peligro y buscan pruebas para apoyar sus sospechas. Tienen dificultad para ver que su desconfianza es desproporcionada para su entorno. Los síntomas comunes incluyen: Preocupación porque los demás tengan motivos ocultos.
Seguramente estaras pensando en quienes tu sabes hablan de ti, sin embargo, en estos momentos TU estas siendo paranoico, porque estás juzgando incluso quien te ha hablado a veces por corrección, muchas justamente, pero AUNQUE asi no fuese, porque estás juzgando, mira primero con consideracion la paja como una VIGA que tuvieses en tu ojo, en tu vida, pues NACEMOS y MORIREMOS con un cuerpo natural y pecador, nunca estaras libre de no estar firme, por eso ACUDE A CRISTO constantemente para ser más como EL. Quien corrigio a su propio pueblo cumpliendo toda la ley. ASI deberias ser tu.
El que piensa criticamente se siente intranquilo hasta que logra demoler al otro o lo ve fracasar. QUE NO SEA el sentimiento que te mueva.
En su gran Sermón del Monte, Jesucristo empleó a veces una herramienta literaria conocida como hipérbole para exponer Su punto de vista. En uno de esos ejemplos, Jesús preguntó: "¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano" (Mateo 7:3-5). Jesús trazó una brillante imagen verbal de alguien que lucha con el delicado asunto de extraer una diminuta partícula de aserrín del ojo de un amigo. En cambio, un trozo considerable de madera en el propio ojo de esa persona obstruía por completo su visión. Semejante hazaña sería imposible. Es evidente que Jesús no hablaba aquí literalmente. En lugar de ello, utilizó la exageración para hacer ver la verdad de que la gente suele ser ciega a sus propios defectos, mientras que se fija mucho en las debilidades de los demás. Este segmento del sermón de Cristo se refería a la tendencia humana natural a ver defectos en los demás y a juzgar su pecado mientras ignoramos, minimizamos o excusamos nuestro propio pecado. Cuando llevaron ante Jesús a la mujer sorprendida en adulteriocastigo-por-el-adulterio.html">adulterio, Él se enfrentó a la misma cuestión diciendo a los escribas y fariseos: "El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella" (Juan 8:7). Jesús no estaba excusando el pecado de la mujer, sino señalando la necesidad de coherencia, honradez y humildad a la hora de juzgar. El Señor quiere que recordemos que la hoja del juicio corta en ambos sentidos. Cuando juzgamos a los demás, también nos condenamos a nosotros mismos. Si no estamos dispuestos a evaluarnos a nosotros mismos con honestidad y precisión, socavaremos nuestro derecho a escudriñar la vida de los demás. Jesús dijo: "No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados" (Mateo 7:1-2; ver también Lucas 6:37-42). Pablo enseñó en 1 Corintios 11:31: "Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados". Lamentablemente, la instrucción de Cristo de "saca primero la viga de tu propio ojo" se interpreta a menudo erróneamente como una prohibición general contra todo juicio. No podemos pasar por alto el hecho de que Jesús dijo que había que quitar tanto la paja como la viga. En efecto, los creyentes están llamados a ayudar a otros cristianos que se enredan en el pecado. Pablo dijo: "Amados hermanos, si otro creyente está dominado por algún pecado, ustedes, que son espirituales, deberían ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad" (Gálatas 6:1, NTV). Pero antes de ayudar a un hermano a volver al buen camino -antes de quitar la paja del ojo ajeno-, debemos afrontar con sinceridad nuestro propio pecado. En la ilustración del Señor, el hecho de que haya una "viga" en nuestro ojo, pero solo una "paja" en el ojo de nuestro hermano, pone al descubierto la hipocresía, la arrogancia y el orgullo que hay en el fondo del asunto. De algún modo, no podemos discernir que nuestros propios pecados son más flagrantemente graves que aquellos en los que nos concentramos en los demás. Criticamos a los demás mientras nos absolvemos a nosotros mismos. Sin embargo, a menudo, los defectos que juzgamos en los demás son los mismos que no podemos admitir en nosotros mismos. El hecho de que el Señor haya elegido una ilustración relacionada con el ojo también guarda relación con la condición espiritual general de una persona: "La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?". (Mateo 6:22-23). El Señor llama a todos los creyentes a llevar una vida santa y piadosa (1 Pedro 1:14-16). Para ello, nunca debemos olvidar que somos propensos a pasar por alto nuestros propios defectos mientras nos aferramos arrogantemente a esos mismos defectos en los demás. Toda impiedad es motivo de preocupación, ya sea en nosotros mismos o en los demás. Si esperamos ayudar y restaurar a otra persona, debemos afrontar honestamente nuestros propios pecados y confesarlos: primero debemos quitarnos la viga de nuestro propio ojo.
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